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Barbara Hintermann, jefa de la delegación del CICR en Colombia.
¿Cuál fue el papel del CICR en la liberación de Clara Rojas y Consuelo González?
En Colombia, los grupos armados organizados toman rehenes con objetivos políticos y financieros. En la mayoría de los casos, los mantienen en cautiverio durante semanas, meses y años en condiciones muy duras. La situación también es muy difícil para los familiares y los seres queridos de los rehenes, pues rara vez reciben noticias de ellos. La espera es muy angustiante.
El primer intento de liberación de Clara Rojas y Consuelo González fue difundido en los medios de comunicación. El Gobierno de Venezuela tuvo mucha participación en todo el proceso y una comisión internacional, integrada por representantes de siete Gobiernos, acompañó las etapas iniciales de ese primer intento de liberación. El CICR siguió de cerca las negociaciones y actuó como intermediario neutral, facilitando la operación.
Si bien Clara y Consuelo no fueron liberadas inmediatamente, el CICR siguió trabajando activamente con todas las partes para que se concretara su pronta liberación. Había delegados del CICR tanto en Caracas como en San José de Guaviare (Colombia). Estos últimos sirvieron como enlace para efectuar la última etapa de la entrega de las rehenes. Mi colega en Caracas y yo mantuvimos contactos estrechos con los Gobiernos venezolano y colombiano, respectivamente, y nos ocupamos de los detalles logísticos. Por mi parte, me reuní con el Ministro colombiano de Defensa y el Comandante General de las Fuerzas Armadas para obtener las garantías de seguridad necesarias en la zona donde se iba a realizar la entrega. Se decidió que una comisión menos numerosa que la inicial participaría en la liberación de las rehenes, que se realizaría bajo los auspicios del CICR.
"Clara Rojas dijo que sólo cuando vio el símbolo de la Cruz Roja en los helicópteros se convenció de que finalmente sería liberada."
Una vez obtenidas las garantías de seguridad generales, la misión humanitaria, encabezada por el CICR, se desplazó rápidamente. El 10 de enero por la mañana, dos helicópteros con el emblema de la Cruz Roja despegaron de San José de Guaviare, para trasladar al lugar de la entrega a dos delegados del CICR y miembros de la comisión internacional. Era importante que estuviera el emblema de la Cruz Roja, porque era un signo visible para todos los actores de que la misión era totalmente neutral y humanitaria. De hecho, Clara Rojas dijo que sólo cuando vio el símbolo de la Cruz Roja en los helicópteros se convenció de que finalmente sería liberada.
¿El CICR participa en la liberación de otros rehenes?
Sí. De hecho, el CICR, como intermediario neutral e imparcial, ha participado en la liberación de cientos de rehenes en Colombia. La primera liberación fue en 1980, luego de la toma de rehenes en la embajada de la República Dominicana en Bogotá. El CICR mantiene contactos frecuentes y un diálogo confidencial con todas las partes en el conflicto, incluidas las FARC-EP, para recordarles su obligación de respetar las normas fundamentales del derecho internacional humanitario y, como organización humanitaria neutral e imparcial, hace todo lo posible para que los rehenes sean liberados. A fin de garantizar la protección de los rehenes y realizar las entregas de la mejor manera posible, las gestiones para lograr las liberaciones por lo general se realizan de forma discreta y confidencial, pero en total transparencia y con el consentimiento de todas las partes interesadas.
La toma de rehenes está prohibida por el derecho internacional humanitario, y el CICR continuará buscando todos los mecanismos posibles para que se los libere inmediatamente. Sin embargo, el CICR conoce la realidad en el terreno, y la liberación de los rehenes puede tomar bastante tiempo. En su diálogo confidencial permanente con los actores armados, el CICR insiste para que, si no se los libera inmediatamente, se los trate con humanidad y se les permita comunicarse con sus familiares a través de los mensajes de Cruz Roja. Sin embargo, hasta ahora no se ha permitido el acceso del CICR a los rehenes, y tampoco hemos tenido mucho éxito en lo que respecta al intercambio de mensajes entre los rehenes y sus familiares.
La delegación del CICR en Colombia tiene cinco subdelegaciones y seis oficinas. Unos 60 delegados trabajan en las zonas más afectadas por el conflicto armado. Esta presencia en el terreno le permite al CICR establecer contactos con la mayoría de las unidades de las FARC y de otros grupos armados para abordar diversas cuestiones humanitarias.
El CICR también ha participado en la liberación de miembros de las fuerzas armadas colombianas que estaban en poder de los grupos armados organizados. Aunque la privación de la libertad de estos miembros no constituye una infracción del derecho internacional humanitario, el CICR también ha ofrecido sus buenos oficios para facilitar su liberación, con fines humanitarios.
¿Cuál es el futuro de estos rehenes?
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Bogota: una mujer sostiene la fotografía de un familiar retenido como rehén.
Naturalmente, esperamos que sean liberados tan pronto como sea posible. En Colombia, se habla mucho de la posibilidad de iniciar un "acuerdo humanitario", es decir desmilitarizar una zona determinada para lanzar el diálogo entre el Gobierno colombiano y las FARC acerca de la liberación de los rehenes y de los detenidos. Como organización humanitaria neutral e imparcial, el CICR puede, como ha hecho en el pasado, actuar como intermediario neutral para facilitar la liberación de los rehenes y los detenidos. En caso de que se concrete ese "acuerdo humanitario", el CICR sin duda tendrá un importante papel que cumplir. Apoyamos toda iniciativa destinada lograr un mayor respeto del derecho internacional humanitario y reducir así las consecuencias del conflicto en el plano humanitario.
¿El conflicto tiene otras consecuencias en el plano humanitario?
El conflicto armado interno en Colombia es, sin duda, el más largo de la historia contemporánea. Los enfrentamientos armados entre el Estado y los diversos actores armados no estatales, las amenazas, las ejecuciones sumarias, la violencia sexual, el reclutamiento forzado de niños y el empleo de minas antipersonal han tenido consecuencias persistentes en el plano humanitario, sobre todo durante los últimos quince años, que han sido muy perjudiciales para el desarrollo social y humano de Colombia.
Miles de personas están detenidas, por motivos relacionados con el conflicto armado, en cárceles colombianas y en centros transitorios de detención. El CICR tiene acceso a todos esos lugares de detención, y los delegados se entrevistan con los detenidos y evalúan sus condiciones de detención en forma regular.
Como en la mayoría de los conflictos armados, los civiles en general han sido objeto de la violencia armada. Miles de personas que nunca han participado directamente en el conflicto armado siguen desaparecidas, y sus familiares y seres queridos esperan ansiosamente saber qué les ha sucedido. El mero hecho de no saber si un familiar está vivo o muerto tiene consecuencias psicológicas gravísimas en una persona.
El conflicto armado en Colombia también ha provocado el mayor desplazamiento mundial de civiles. Según las cifras del Gobierno y de organizaciones civiles, entre dos y tres millones y medio de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares debido a amenazas, hostilidades armadas y reclutamiento forzado. En la mayoría de los casos, las personas desplazadas son campesinos que se ven obligados a buscar refugio en los suburbios de las grandes ciudades. La adaptación a un entorno urbano puede ser muy difícil y, en la mayoría de los casos, las personas desplazadas no pueden satisfacer sus necesidades básicas y las de sus hijos, ya que no logran encontrar trabajo inmediatamente. El CICR, en colaboración con el Programa Mundial de Alimentos, realizó un amplio estudio sobre las condiciones económicas de la población internamente desplazada en ocho ciudades, que concluyó a fines de 2007. Aunque el Gobierno ha hecho mayores esfuerzos en los últimos años para dar asistencia a estas víctimas a mediano y a largo plazo, aún queda mucho por hacer. La mayoría de las personas internamente desplazadas siguen viviendo en condiciones de extrema pobreza, sobre todo durante los primeros meses de reasentamiento.
El desplazamiento interno también tiene un efecto particular en los niños y en las mujeres, así como en los grupos minoritarios. Actualmente, las poblaciones afrocolombiana e indígena son las más afectadas por los desplazamientos internos. Tienen fuertes lazos culturales con sus tierras, y el desarraigo puede ser muy devastador. Los niños y las mujeres tienen necesidades específicas. Más de la mitad de las personas internamente desplazadas son menores de dieciocho años. Muchos departamentos (es decir, divisiones regionales administrativas) no tienen capacidad de absorber esas grandes cantidades de personas, y la mayoría de los niños tiene que esperar bastante tiempo antes de volver a tener acceso a los servicios educativos y médicos. Además, muchos hogares están encabezados por mujeres solas, cuyos maridos han muerto en los combates o están desaparecidos, lo que hace más difícil su lucha cotidiana por sobrevivir. Algunas mujeres también son víctimas de violencia sexual.
El CICR ha dado muchas respuestas a las necesidades permanentes de la población internamente desplazada. En los últimos diez años, el CICR ha prestado asistencia a más de un millón de personas internamente desplazadas, a las que ha entregado ayuda alimentaria y no alimentaria. La delegación del CICR en Colombia continuará ayudando a estas víctimas durante los primeros meses del desplazamiento. Sólo en 2007, el CICR prestó ayuda a casi 70.000 personas desplazadas. Además, el CICR hará todo lo posible para persuadir y movilizar al Estado y a las organizaciones de la sociedad civil a fin de que presten servicios sociales y asistencia de mayor calidad a la población desplazada.