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29-05-2009  Reportaje  
República Democrática del Congo: "Mamá África" y sus 158 niños
Hace quince años que Mamá Bona se ocupa niños separados de sus familiares a causa de los conflictos que ha atravesado la República Democrática del Congo. Cuando no encuentra una familia que reciba a los niños no acompañados o huérfanos, los alberga en su propia casa.

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-cd-e-00967
Goma, Mamá Bona, voluntaria de la Cruz Roja de Congo-Kinshasa, cuida de niños no acompañados y huérfanos.

"Cada vez que hay una guerra en este país, muchas mujeres resultan muertas, o son violadas, y muchos niños quedan solos. No tienen hogar y viven como vagabundos." En su precaria vivienda en la aldea de Sake, Kivu Norte, Mamá Bona, de 49 años, habla con su habitual convicción. Hace quince años que los voluntarios de la Cruz Roja se ocupan de la búsqueda de niños perdidos a causa de los repetidos conflictos que ha sufrido el país. Los niños son congoleños o ruandeses. Mamá Bona sabe muy bien de qué está hablando.

"Este es la pequeña Baraka", dice, mostrando una beba que llora mientras la amamanta una joven sentada en frente de Mamá Bona. "En noviembre pasado, con otros voluntarios estábamos sepultando cadáveres que habían quedado abandonados en los caminos o en los campos. Me encontré con ella. Había encontrado a la beba junto al cuerpo de su madre, que había dado a luz poco antes de que la mataran. Me preguntó qué hacer. Le dije: "estás amamantando a tu bebé, ¿no es cierto? Entonces, toma a esta beba también. Yo te voy a ayudar".

Todo comenzó a principios de los años 1990, después de que la guerra en Ruanda se extendiera al este de la República Democrática del Congo. Cuando se produjeron los numerosos desplazamientos de población, miles de niños quedaron abandonados. "La Cruz Roja abrió un orfanato en Kirotshe. Después de registrar los datos de los niños, tratamos de reunirlos con sus familiares. Pero rápidamente nos dimos cuenta de que un orfanato no era la mejor solución. Los niños se sentían abandonados y, además, no teníamos espacio suficiente. Entonces decidimos recurrir a las familias de acogida."

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-cd-e-00968
Mamá Bona con sus hijos y sus nietos, y los niños no acompañados y huérfanos que tiene a su cargo.

Estas familias de acogida para niños no acompañados o huérfanos resultó una solución natural. En la RDC, como en muchos países africanos, la noción de familia es flexible, y con frecuencia los niños son criados por toda la aldea donde viven.

Habitualmente, Mamá Bona se pone en contacto con el líder de la comunidad y, juntos, identifican a las familias que podrían acoger al niño. En el mejor de los casos, el niño puede quedarse en ese hogar hasta tanto se logre ubicar a algún pariente. Pero muchos niños terminan creciendo junto a su nueva familia.

Ayudar a los niños: una bendición

"Dios me ha dado la bendición de ayudar a los niños", dice Mamá Bona con una sonrisa. "Hasta ahora hemos tenido 158 niños. Aquí todos me conocen. La gente me trae cada niño no acompañado que encuentra." Mamá Bona supervisa a varios voluntarios de la Cruz Roja que mantienen el contacto con entre 10 y 15 familias cada uno. Cuando hay algún problema, los voluntarios siempre recurren a ella.

"Cuando un niño está enfermo y necesita un medicamento, o cuando no tiene comida suficiente o no hay dinero para pagar la escuela, las familias de acogida vienen a verme. A veces es difícil. Soy viuda, tengo pocos recursos. Pero de alguna manera siempre me las ingenio para ayudar", dice con orgullo Mamá Bona. "La gente confía en mí. Siempre hay alguien dispuesto a donar ropa, comida, lo que sea."

Ese día, Noella Senawema, que cuida a la pequeña Baraka, tiene un grave problema. La beba está enferma, y no tiene alimento para darle. En realidad, la niña parece desnutrida. "Noella no tiene suficiente leche para dos bebés", explica Mamá Bona. "Es viuda, a causa de la guerra, y tiene seis hijos. No puede comprar la leche para bebés."

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-cd-e-00963
Goma. Centro Covedec para niños perdidos o huérfanos.

Un voluntario de la Cruz Roja le da dinero para comprarla y le dice que vaya lo más pronto posible el centro local de nutrición. "Baraka se pondrá mejor", afirma.

"Mamá África"

Cuando no puede encontrar una familia de acogida, Mamá Bona abre las puertas de la casa que tiene en un barrio popular de Goma, la principal ciudad de Kivu Norte. Hace años que cuatro niños ruandeses, de entre ocho y dieciséis años, viven con ella y "todos van a la escuela", agrega con orgullo.

También está la pequeña Stéphanie. "Tenía apenas tres días cuando su madre murió a causa de una herida de bala", recuerda Mamá Bona. "Mi hija mayor acababa de dar a luz. Se ofreció para ocuparse de Stéphanie, que ahora, a los dieciocho meses, es una hermosa niña."

Con doce hijos propios y tantos nietos que ha perdido la cuenta, además de los otros tantos niños que ha colocado en familias de acogida, Mamá Bona bien merece el nombre de "Mamá África".

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