Avraham Tiger es el jefe de paramédicos de una estación de emergencias del Magen David Adom (equivalente israelí de la Cruz Roja o la Media Luna Roja) de Sderot, una ciudad de alrededor de 30.000 habitantes a pocos kilómetros de Gaza. Sus habitantes han sufrido ataques con cohetes casi a diario durante varios años. Durante la crisis del último invierno, llegaron a caer 80 cohetes por día en la ciudad. Las alarmas y las sirenas sonaban a cada rato, de día y de noche, para alertar a los pobladores de que debían buscar un lugar seguro. Hay refugios antiaéreos por todas partes, incluso en las paradas de ómnibus. Hoy en día, la situación está más calma, pero todavía sigue habiendo ataques con cohetes lanzados desde la Franja de Gaza.
Con nueve años de experiencia en este trabajo, Avraham lo ha visto todo, en especial, el sufrimiento que la guerra provoca en la población civil. “Uno de los peores días fue cuando nos llamaron de un lugar en el que habían impactado proyectiles de mortero”, dice Avraham. “Y resultó que el herido era un amigo mío. Pero no pude hacer nada por él: falleció de inmediato.”
A Avraham le preocupa mucho cómo afectan el estrés y el trauma de la guerra a los niños en general y a sus hijos en particular. “Hay mucha violencia en la ciudad. Algunos niños dejan la escuela debido a la tensión reinante. Muchos piensan que sus padres no pueden protegerlos. El miedo lo domina todo. Mis hijos siguen durmiendo en colchones en una habitación que, según creo, es la más segura de la casa. Prefieren dormir allí aunque la situación se haya calmado. Yo también prefiero que duerman allí.” En una oportunidad, cayó un cohete cerca de la puerta de su casa. Un tiempo después, él y sus hijos plantaron una Santa Rita en el mismo sitio del impacto. “Quise que mis hijos se sintieran seguros, que vieran que pueden llevar una vida normal.”
Ahora que han cesado los ataques, el trabajo en la ambulancia se ha vuelto más o menos rutinario. Reciben las llamadas habituales tras un accidente de auto, un paro cardíaco y otros incidentes de ese tipo. Sin embargo, hay una tarea que Avraham sigue realizando: transportar fuera de la Franja de Gaza a los enfermos graves que necesitan tratamiento médico especializado. “Es común que llevemos fuera de la Franja a recién nacidos, niños con cáncer o pacientes hospitalizados en unidades de terapia intensiva. Para mí, es una tarea como cualquier otra”, asegura. Las operaciones conjuntas, denominadas ‘operaciones espalda con espalda’ —en las cuales los equipos de las ambulancias palestinas de Gaza cooperan con sus pares israelíes— son imprescindibles, ya que las ambulancias de Gaza no están autorizadas a ingresar en Israel. Hay que cambiar a los pacientes de ambulancia en el puesto fronterizo de Erez.”
Prepararse para una futura escalada del conflicto también forma parte del trabajo de Avraham. El Magen David Adom entrega equipos de primeros auxilios y capacita a maestros de escuelas primarias y jardines de infantes, así como a residentes de distintos barrios. “Saber detener la hemorragia de una herida de metralla o un miembro mutilado puede ser crucial para salvar una vida”, explica Avraham. “Los primeros seis o siete minutos son críticos, y ése es el tiempo que tardamos en llegar con la ambulancia.”
“Soy optimista en cuanto al futuro pero, claro, es sólo una manera de decir", comenta Avraham. “No basta con tener esperanza, con desear que vengan tiempos mejores, con que haya paz. Creo que es imprescindible hacer algo por los demás. Yo necesito que mi vida tenga sentido, no pensar sólo en mí, y el trabajo que hago, en medio del peligro, me hace sentir pleno”.