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6-03-2009 Reportaje México: la importancia del apoyo a los familiares de personas detenidas En todo el mundo, las mujeres enfrentan graves problemas cuando algún miembro de su familia, sobre todo hombre, es arrestado a raíz de un conflicto armado u otras situaciones de violencia. En México, Eva tuvo que hacer frente a esta realidad cuando su esposo fue arrestado por su participación en las movilizaciones sociales de 2006 en la ciudad de Oaxaca. Ella aceptó contar su historia. Con mucha dignidad evoca su sufrimiento y todas las dificultades que enfrentó a lo largo de esta separación. Recuerda que lo primordial en ese momento era resguardar a su hijo ante la tensa situación que se vivía en Oaxaca, buscar la forma de visitar a su esposo y estar segura de que se encontraba bien. La incertidumbre sobre la suerte de su ser querido, así como el futuro de su familia, eran un dolor presente todo el tiempo. Poco después de su detención, cuando su esposo fue trasladado al penal de alta seguridad del Altiplano, en el Estado de México, las primeras complicaciones aparecieron con los numerosos trámites jurídicos y administrativos que tuvo que realizar para visitar por primera vez a su esposo. "Para poder ver a mi esposo, tuve que comprobar el concubinato, porque solo estábamos casados por la iglesia", comenta Eva. Pero, en Oaxaca, este trámite resultó muy dificultoso y burocrático. Sin embargo, después de muchos esfuerzos, Eva finalmente pudo obtener el ansiado documento que le permitiría visitar a su esposo. Apenas resuelto este obstáculo, fue necesario buscar medios económicos que le permitieran cubrir los gastos del transporte. La distancia hasta el Estado de México era de 400 kilómetros, y Eva realizaba este recorrido dos veces por mes, desde Oaxaca al penal y viceversa. "Venir al Altiplano también era un problema, porque no somos una familia económicamente solvente", comenta Eva. Adriana Alarcón, delegada adjunta de la Delegación del CICR en México, explica: "En estos casos, las necesidades más apremiantes son de carácter económico. Esto debido a que, con muy pocas excepciones, las personas privadas de la libertad son hombres, los cuales tenían la responsabilidad económica de sus familias. A partir de la detención, la carga económica recae directamente sobre las esposas o madres. Esto representa una carga adicional para ellas, que ya tienen la responsabilidad de ocuparse de sus hijos, la mayor parte de las veces, menores de edad". Con siete meses de embarazo, la situación de Eva era particularmente precaria, ya que tuvo que asumir sola la responsabilidad de hacerse cargo de su familia. Al igual que otros familiares de personas privadas de libertad, Eva no estaba preparada para asumir los gastos y las necesidades de la familia. A pesar de contar con el apoyo de su familia, tomó la iniciativa de acercarse a algunas organizaciones humanitarias nacionales y extranjeras que pudieran prestarle asistencia. Sin embargo, la ayuda recibida no alcanzó para cubrir sus necesidades económicas inmediatas, por lo que tuvo que organizarse para buscar un trabajo y así poder sacar a su familia adelante. Eva agrega que el apoyo psicológico y moral que recibió de algunas de estas organizaciones "fue muy bueno, pues en ese momento lo necesitaba mucho". Eva demoró ocho días para realizar todos los trámites administrativos que le exigían las autoridades. Por fin, el 12 de diciembre, llegó al penal con grandes expectativas de poder reunirse con su esposo. Sin embargo, las visitas se convirtieron en capítulos tortuosos de una larga novela de mortificaciones. "Cuando conté con toda la documentación que me pedían, tuve que esperar una semana para poder verlo. Siempre me decían que el siguiente día y el siguiente día. Así estuve todo el tiempo. Cuando pude verlo, el 19 de diciembre, tuve que esperar todo el día, desde la mañana hasta la siete de la noche". En los dos meses posteriores, Eva visitó a su pareja en varias ocasiones. Pero debido al estrés por los constantes viajes, así como los procedimientos habituales de ingreso al penal, incluyendo la revisión corporal y la exposición a los rayos X, el médico diagnosticó sufrimiento fetal, por lo que fue necesario adelantar el parto. Para lograr la recuperación de su bebé, Eva debió afrontar además una terapia de estimulación. "Para el CICR es imprescindible restablecer el contacto entre la persona detenida y sus familiares. Para esto, no sólo se necesita el permiso de las autoridades, sino poder realizar las visitas de familiares de manera efectiva, lo que a veces se ve truncado por razones puramente económicas. Es por esta razón que el CICR realiza intervenciones confidenciales ante las autoridades responsables cuando las visitas de familiares son negadas o restringidas. Al mismo tiempo, ofrece a las familias el reembolso de los boletos del transporte dos veces por mes. Esto en el caso de México", señala la delegada regional adjunta del CICR. Eva recuerda que también enfrentó momentos difíciles a la hora de buscar respuestas a las preguntas de su hijo mayor. "Yo no sabía cómo explicarle que su papá no iba a estar con él", señala Eva. En alguna ocasión, el niño vio a su padre por televisión y exclamó: "¡Mira mamá, mi papá está en la televisión! ¡Está con un policía y está contra la pared!". "Yo tuve que decirle que no era su papá, que lo que pasaba es que trabajaba en la ciudad de México". El niño se alegró en ese momento y le dijo a su madre que eso era muy bueno, porque así podría traerle "un carrito y otros juguetes". Pero al paso de los días y al ver que su papá no regresaba, le dijo: "¡Ya no quiero nada, yo quiero que vuelva mi papá!" |