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8-10-2009  Reportaje  
México: esperanza y solidaridad tras la devastación de los huracanes
Anna Summer es voluntaria de la Cruz Roja Mexicana, actividad que la ha enfrentado con diversas situaciones que han fortalecido su espíritu de humanidad. Anna comparte su participación y la solidaridad de la gente frente a los embates de la naturaleza, situaciones ocasionadas por el paso de los huracanes Dean en México e Ike en los Estados Unidos.

©Cruz Roja Mexicana
Anna Summer ayuda a evacuados por un huracán.

"He asistido a varios operativos de desastres en México y en otras partes del mundo. Sin embargo, la presencia del huracán Dean en mi país y el huracán Ike en Estados Unidos han sido de gran importancia en mi vida, sobre todo, en mi desarrollo personal y laboral", relata Anna.

Durante el huracán Dean en 2007, la voluntaria formó parte de una unidad de respuesta rápida, que llegó antes del huracán para prevenir lo que pudiera pasar. "Esta experiencia fue muy distinta a lo que había vivido dentro de la Cruz Roja y fueron muchos los sentimientos encontrados", afirma.

"Al principio fue miedo, ya que no sabía a qué me iba a enfrentar, tenía que dejar a mi familia, mi casa y la gente que conozco para vivir en carne propia la presencia de un huracán, situación que nunca en mi vida me habría imaginado. Pero al mismo tiempo era una gran emoción, ir a un lugar desconocido y ver lo que es y ocasiona un huracán", detalla Anna.

El equipo estuvo en la ciudad de Felipe Carrillo Puerto, en el estado de Quintana Roo, y por la noche llegó el huracán, que azotó todo lo que había a su alrededor. Se cayeron árboles, postes de luz, letreros; no dejaba de llover y el viento soplaba con una fuerza inusual. "Fue una noche bastante larga, pero el verdadero trabajo y la impresión llegaron después", afirma.

©Cruz Roja Mexicana
La voluntaria Anna colabora con la Cruz Roja Mexicana.

"Al salir de la casa en la mañana y ver cómo quedó el lugar me impactó, es decir, en mis recuerdos esta el antes y el después de un sitio que ubico a la perfección. No era un cuadro agradable. Las calles estaban llenas de basura, casas destruidas, pedazos de inmuebles por doquier o árboles arrancados de la tierra, restos de estructuras o cosas que en algún momento estuvieron intactas", evoca.

Sin embargo, no todo es desolación. Lo más alentador es la gente, asegura la voluntaria. "Gente barriendo las calles, llevando agua o comida a los demás, ayudando para reconstruir lo que la furia de la combinación entre viento y agua puede ocasionar", describe.

Para Anna, de esta experiencia lo que más la satisface es que la gente sepa que no está sola en esos momentos difíciles y que no todo está perdido. "Si bien es cierto que las personas que agradecen tu apoyo es una manera de reconocer tu trabajo y esfuerzo, sin duda la sonrisa que te ofrecen es algo invaluable para mí, es algo que me enorgullece y me hace sentir bien", señala.

Más tarde, su vocación de servicio la llevó a salir de México. La presencia del huracán Ike en la localidad estadounidense de Galveston, Texas, en 2008, ha sido una de las experiencias que la han marcado.

En el operativo, que fue organizado por la Cruz Roja Americana y en el que iban como apoyo, ayudaron no sólo en las tareas propias de respuesta al desastre sino también como intérpretes. "Nuestro apoyo fue determinante, ya que muchos son inmigrantes que no tienen papeles. Decenas de latinos no se querían acercar al gobierno estadounidense, incluso no lo hacen ni en época de desastres. Nosotros ofrecíamos más confianza", detalla.

Al igual que en el huracán Dean, la solidaridad de la gente fue lo que más conmovió a Anna. "Se unían las personas del vecindario para ayudarse mutuamente, para reconstruir sus casas. Los muebles que se sacaban de la mayoría de las casas estaban totalmente inservibles. El agua estancada ocasionó la descomposición de las cosas", recuerda.

En ese contexto, Anna y sus compañeros proveyeron comida a los damnificados, hablaron con ellos, los escucharon y les transmitieron mensajes de fortaleza para seguir adelante.

"Me impresionó que aunque estuvieran pasándola mal por las carencias y la pérdida de sus pertenencias, muchas de las personas conservaban aún la esperanza y ánimos de que todo iba a salir bien. Así pensaba la gran mayoría de la gente", asegura.

"Me siento orgullosa de representar fuera de mi país a una institución como lo es Cruz Roja Mexicana. La gente nos abrazaba y no agradecía el que estuviéramos ahí no sólo por el hecho de hablar su propio idioma, sino porque se podían desahogar con nosotros o simplemente bromear en un idioma familiar", relata.

Visite el sitio web de la Cruz Roja Mexicana

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8-10-2009