Un ambiente opresivo como la cárcel pone al límite a las personas; algunas, después de haberlo perdido todo, se disponen a dejar que el lado humano aflore para llevar su vida con dignidad. Éste es el caso de Liliana Barrueta, quien brinda esperanza y consuelo a las internas enfermas del penal "Santa Mónica", en Chorrillos.
"Es un trabajo de todos los días, sin horario. Se van los doctores y tenemos que seguir colaborando, especialmente cuando hay emergencias e incluso en horas en las que no hay atención", afirma Liliana Barrueta, principal promotora de salud en dicho centro penitenciario. Ella fue seleccionada entre varias candidatas para formar parte de un grupo de promotoras que representan un vínculo entre el área de salud y la población penitenciaria.
"En el penal somos 12 promotoras de salud, que damos charlas preventivas sobre tuberculosis y VIH/Sida, difundimos información tanto entre las internas como sus familiares sobre la gravedad de las enfermedades y los contagios, y nos acercamos de tal manera que ganamos su confianza", comenta Liliana.
"Que tengamos promotores en salud formados no ha significado que bajara el número de personas con tuberculosis y VIH/Sida, pero, al contrario, tenemos un número mayor de personas con dichas enfermedades identificadas. Esto es bueno, ya que gracias al trabajo de los promotores de salud se han podido detectar los casos que se consideraban ocultos. Finalmente, esto contribuye a que podamos tratar tempranamente la enfermedad" comenta la Dra. Raquel Pino, una de las médicas que impulsó el programa.
"Liliana es un motor en el interior del penal, contamos con ella, es nuestro brazo derecho y las chicas confían en ella", dice la Dra. Pino. Inmediatamente después se acerca Juana de Dios, una interna con tuberculosis, para comentar que Liliana es como una madre para ellas. "Sus palabras de ánimo, de amor, nos dan calma y nos hacen sentir que somos personas de verdad, que vale la pena luchar contra las enfermedades. Ella se irá dentro de poco ", nos dice con tristeza.
En unos meses, Liliana Barrueta cumplirá su sentencia y saldrá del penal. Pero, en lugar de estar feliz, tiene sentimientos encontrados y hasta se ha enfermado. "Las chicas en el penal son difíciles, una no llega con facilidad a ellas, tienen miedos, mucha furia y están decaídas. Después de que me vaya, ¿quién las va a cuidar?", se pregunta.
Hay personas que encuentran en el abismo la salida para su existencia. Liliana la ha encontrado ayudando a sus compañeras. "Las internas son como vasos de cristal que necesitan apoyo y amor para no quebrarse", dice. Ella también necesita seguir adelante para no quebrarse.
En 2003, el CICR evaluó conjuntamente con la oficina de Coordinación Nacional de Salud penitenciaria la necesidad de formar promotores de salud que contribuyeran al el trabajo de los 26 médicos de plantilla, además de los profesionales de la salud contratados, para los 84 penales existentes en el país. Así, se organizó el primer programa piloto de formación de promotores de salud en la cárcel de Lurigancho. Posteriormente, se hicieron otros talleres en los centros de detención de Castro Castro, el Milagro, Santa Mónica y en otras regiones del país.
En la actualidad existen 87 promotores de salud, seleccionados de la población carcelaria, con condiciones y capacidad para trabajar en coordinación con las unidades de salud penitenciaria.