El mercado de Al Fasher es un sitio bullicioso y polvoriento donde la ciudad estalla en brillantes colores. Pilas de tomates rojos maduros, canastos llenos de zanahorias naranja, montones de limones amarillos y de largos quingombós verdes están exhibidos sobre grandes planchas tendidas en el piso, a la espera de los compradores.
"Somos muy afortunados de tener ahora una gran variedad de frutas y hortalizas", me cuenta Soaade, mi colega, mientras nos abrimos camino entre los comerciantes y tratamos de esquivar a grupos de niños que nos quieren vender bolsas de plástico para hacer las compras. "Hubo semanas en que sólo comimos tomates y berenjenas. Había pocas frutas y hortalizas", dice, mientras me maravillo por el color y el tamaño de las naranjas. Aquí se depende mucho de las cosechas; es posible pasar de la abundancia de frutas y hortalizas a la hambruna.
Al ritmo de las siembras y las cosechas
En la subdelegación del CICR en Al Fasher, capital del estado del norte de Darfur, se están haciendo preparativos para la principal actividad de la temporada: la distribución de semillas. Algo que todos esperan. Los próximos meses son cruciales para la población de Darfur que vive en Jebel Marra y Jebel Si: en esa época tienen que sembrar la tierra si desean cosechar a fin de año. "Hay que sembrar a mediados de junio, antes de que lleguen las lluvias, si no, se pierde la temporada", explica Philippe, responsable de lo que el CICR llama "seguridad económica":
Este año, el CICR distribuirá semillas y alimentos a las personas que se han visto obligadas, a causa del conflicto, a dejar su tierra y refugiarse en las montañas. "Cuando se sintieron en peligro, estas personas huyeron a las montañas y desde entonces han compartido la tierra y los alimentos con las familias que las recibieron", agrega Philippe.
Sin embargo, la tierra de las montañas no es tan fértil como la de los valles; por lo tanto, el CICR decidió ayudar. La Institución evalúa si la personas afectadas por una nueva situación —en este caso, el conflicto y el desplazamiento— tienen los medios suficientes para subsistir. Si no los tienen, el CICR define la ayuda que necesitan para alcanzar una economía doméstica sostenible mínima. Por eso, el CICR en general se refiere a esta ayuda como "seguridad económica".
"Hemos analizado cómo el conflicto afecta a la población de la zona y confirmado que, al haberse desplazado de sus tierras, no tienen un medio de subsistencia. Tienen que compartir los magros recursos de sus anfitriones", dice Philippe.
En las próximas semanas, los residentes de Jebel Marra y Jebel Si recibirán semillas que les entregará el CICR. Para que puedan subsistir hasta la próxima cosecha, el CICR también les entrega raciones de alimentos. Como dice Philippe, esto "les ayuda a tener fuerzas para la dura tarea que tendrán que emprender. Además, les asegura que no se quedarán sin comida y que no tendrán que comerse las semillas".
Si la cosecha es buena, más de 130.000 personas que, según la evaluación del CICR, están en una situación desesperada, tendrán alimentos por unos ocho meses.
Todos contribuyen
En cooperación con el Ministerio de Agricultura y centros de investigación agrícola asociados al Ministerio, el CICR también prestará apoyo a los campesinos instalados cerca de la ciudad de Al Fasher brindándoles capacitación, herramientas y asistencia técnica para producir semillas de variedades locales de mijo en 2009. El CICR luego comprará una parte de la cosecha y la redistribuirá a los campesinos de Jebel Marra y Jebel Si; de ese modo, les ayudará a aumentar la producción.
El principal desafío para el CICR y los diferentes organismos presentes en Darfur es respetar el estricto calendario de las temporadas de la región. Todo debe ser planificado y ejecutado de manera oportuna, incluida una evaluación de la cosecha para definir qué se deberá modificar para la temporada del año siguiente.
En esta zona de Darfur, el CICR trabaja siguiendo las temporadas de siembra y cosecha. Superando los obstáculos que interponen los precarios caminos y las duras condiciones generales, el CICR planta semillas de esperanza en el corazón de la gente que, por un momento, se sintió desolada en su refugio en la montaña.