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Jordi Raich Curco, jefe de la delegación del CICR en Sudán.
Cuando, en marzo de este año, el Tribunal Penal Internacional presentó una acusación contra el presidente de Sudán, Omar Al Bashir, el Gobierno reaccionó expulsando a trece organizaciones no gubernamentales internacionales (ONG). ¿Qué repercusiones ha tenido esta medida en la situación humanitaria en Sudán, y en especial, en Darfur?
La expulsión de las trece ONG de Darfur y de otras regiones de Sudán ha afectado a las organizaciones humanitarias y su labor en el país. Darfur y las regiones distantes han sido las zonas más afectadas, ya que son escasas las ONG que realizan actividades en esos lugares y, por ende, la gente tiene acceso a muy pocos servicios.
Junto con el Gobierno sudanés, los organismos de las Naciones Unidas y sus otros asociados buscan ahora nuevas formas de mantener los programas que se encuentran en curso e iniciar otros. Los actores humanitarios que aún se encuentran en Sudán celebraron varias reuniones con una misión conjunta (integrada por representantes del Gobierno y de las Naciones Unidas) enviada a Darfur para evaluar la situación y encontrar la forma de responder a las necesidades.
Se considera que la situación está controlada y que será posible satisfacer las necesidades principales (alimentos, salud y agua potable) hasta finales de mayo.
¿Qué efectos tuvo la partida de las ONG en las operaciones del CICR en Darfur?
En Darfur, el CICR continúa centrando sus actividades en las zonas rurales y remotas, donde la población sigue padeciendo graves necesidades. Este enfoque apunta hacia un doble objetivo: responder a las situaciones de emergencia mediante la provisión de asistencia (alimentos, artículos domésticos y servicios médicos) a las personas gravemente necesitadas, y ayudar a proteger los medios de sustento de las personas en riesgo, a fin de que no dependan de la ayuda en forma permanente. Por lo tanto, se concentra en mejorar la producción agrícola y los servicios veterinarios, rehabilitar los puntos clave de abastecimiento de agua y apoyar a las clínicas y servicios para las personas amputadas.
El CICR viene coordinando su labor con otros miembros del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Sudán, especialmente la Media Luna Roja Sudanesa (MLRS), su principal asociado en el país. Con la salida de las ONG, la MLRS se enfrentó, de pronto, con grandes exigencias y está funcionando al límite de su capacidad para llenar el vacío que dejaron las instituciones expulsadas.
¿El CICR ha debido cambiar su estrategia a causa de los últimos acontecimientos?
No diría que la estrategia ha cambiado. Nuestras operaciones principales siguen desarrollándose como antes, tanto en Darfur como en el resto del país. En todo momento, tenemos 16 equipos sobre el terreno que operan desde once oficinas permanentes en todo el país. Sudán es nuestra principal operación en el mundo y, debido a la escala de nuestras actividades, en Darfur estamos al límite de nuestra capacidad.
Aunque la prioridad de la Institución sigue siendo la respuesta a situaciones de emergencia, el CICR interviene en situaciones donde las vidas corren peligro y en las que su intervención puede mejorar la situación de las personas. La actual campaña del CICR contra el brote de meningitis en la zona de Jabal Marra occidental, en la región de Darfur, es un ejemplo de este tipo de intervenciones. Esta actividad imprevista responde a una necesidad que se presentó de improviso, en una región donde el CICR es una de las pocas organizaciones que tiene presencia y capacidad para encarar el problema. La campaña se realiza en cooperación con Médicos sin Fronteras de Suiza, el Ministerio de Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Organización Mundial de la Salud.
El objetivo de la campaña es vacunar al 65% de la población de entre 2 y 30 años en la región afectada por el brote. Hasta ahora, hemos inmunizado a casi 36.000 personas (prácticamente el 80% de la población destinataria de la campaña).
¿Cuáles son los principales desafíos que el CICR ha afrontado últimamente durante sus actividades?
La seguridad sigue representando un obstáculo a las actividades que desearíamos realizar en ciertas partes del país. Nos preocupa el deterioro de las condiciones de seguridad en ciertas zonas de Darfur, y exhortamos a las diferentes comunidades y partes a respetar a los trabajadores humanitarios. Además, pronto comenzará la estación de las lluvias, que genera limitaciones logísticas y deteriora el estado de las carreteras, lo cual restringirá los movimientos del CICR, sobre todo en las partes central y meridional de Sudán.
Un problema que el CICR aborda una y otra vez, sobre todo en relación con los medios de comunicación, es la forma de generar interés no solamente en Darfur, sino en todo Sudán. Aunque Darfur ha ocupado el centro de la escena durante varios años, han surgido necesidades y situaciones de emergencia en otros lugares del país.
Por ejemplo, durante los últimos meses, el grupo armado ugandés conocido como el Ejército de Resistencia del Señor, ha atacado la zona fronteriza entre la República Democrática del Congo y Uganda. A consecuencia de ello, los pobladores huyen de sus aldeas. Mientras que los civiles congoleños se refugian en Sudán, los pobladores sudaneses escapan a lugares más seguros dentro de su propio país. El CICR y la MLRS intervinieron activamente en la distribución de socorros de emergencia y en el restablecimiento del contacto entre familiares separados durante la huida.
¿El CICR sigue presente en Sudán meridional, a pesar de que hace cuatro años se celebró el Acuerdo de Paz Amplio?
El CICR mantiene una misión en Sudán meridional, región en la que tiene presencia desde 1986. A pesar de la relativa estabilidad que se aprecia desde la firma del acuerdo, las tensiones y los enfrentamientos ocasionales dejan a la gente en la indigencia.
En Sudán meridional, que atraviesa la transición entre la guerra y la paz y el desarrollo, el CICR se concentra en responder a las necesidades de índole humanitaria y en promover el derecho internacional humanitario (DIH). Los delegados del CICR documentan presuntas infracciones del DIH y establecen diálogos confidenciales con los interlocutores pertinentes en la región de la frontera norte/sur y en Sudán meridional acerca de la forma de evitar nuevas infracciones.
Parte de la asistencia que la Institución presta en Sudán meridional se orienta a solucionar algunos efectos residuales de la prolongada guerra que finalizó con la firma del acuerdo.
Unas 35.000 personas discapacitadas en Sudán meridional, incluidas muchas víctimas de la guerra, ahora tienen acceso a servicios de atención médica y de asistencia en un moderno centro ortopédico de derivación, situado en Juba. Construido y equipado por el CICR a un costo de 1,8 millones de dólares EE.UU., el establecimiento proporciona prótesis y órtesis a personas amputadas y discapacitadas. El CICR sigue participando en la labor del centro y presta apoyo a la formación de su personal a fin de mantener la buena calidad de los servicios.
La capacidad del centro de rehabilitación le permite tratar a 60 pacientes hospitalizados de todo Sudán meridional en cualquier momento y, cuando esté en pleno funcionamiento, podrá atender a hasta 100 pacientes por mes.