Señor presidente:
Hace varios años que la comunidad internacional viene intensificando sus esfuerzos por reconocer las necesidades de la mujer y mejorar su vida. El ejemplo más reciente de esta tendencia es la iniciativa adoptada por la Asamblea General de consolidar diferentes entidades del sistema de las Naciones Unidas, con miras a promover los derechos y el bienestar de las mujeres en todo el mundo.
Por su parte, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) reconoció, hace unos diez años, la necesidad de que sus actividades operacionales contemplasen y respondiesen mejor a las necesidades y vulnerabilidades específicas de las mujeres y las niñas en los conflictos armados. Por consiguiente, en la XXVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, celebrada en 1999, el CICR adoptó un plan de acción encaminado a mejorar el enfoque de las necesidades de protección y asistencia de las mujeres y las niñas afectadas por los conflictos armados. Asimismo, se comprometió a acentuar, en todas sus actividades, el respeto especial hacia las mujeres y las niñas consagrado en el derecho internacional humanitario. Es importante señalar que ese compromiso incluye la intervención activa del CICR ante todas las partes en un conflicto armado, con miras a lograr que respeten la categórica prohibición de todas las formas de violencia sexual.
Hoy, el CICR ha elaborado un enfoque multidimensional destinado a identificar y encarar las necesidades de las mujeres y niñas afectadas por los conflictos armados y otras situaciones de violencia. Ante todo, en este enfoque se reconocen los múltiples impactos que los conflictos causan en la vida de las mujeres. Además de exponerlas a los riesgos de sufrir lesiones físicas, la guerra también puede poner en peligro su acceso a la salud, obligarlas a huir de su hogar, separarlas de sus familiares o afectar su acceso al agua potable o a los alimentos. Las guerras a veces privan a las familias de su principal sostén de familia, dejando a las mujeres la responsabilidad de mantener a sus familiares por sí solas. Al mismo tiempo, las restricciones culturales y sociales pueden limitar su movilidad y restarles visibilidad, lo cual dificulta su acceso a la ayuda humanitaria.
En vista de estas realidades, el CICR adopta una respuesta multidisciplinaria para responder a las vulnerabilidades específicas de las mujeres y prestarles apoyo en el desempeño de los importantes y diversos papeles que asumen en sus comunidades. La resistencia y las capacidades de las mujeres, que les permiten participar en las soluciones que les están destinadas, incluso en mecanismos de autoprotección o en programas de apoyo a los medios de subsistencia, merecen nuestro reconocimiento. A continuación, citaré algunos ejemplos que ilustran el enfoque del CICR.
En ciertos contextos, es alarmante el elevado número de mujeres y niñas que han sido sometidas a actos de violencia sexual, en particular a la violación. Los programas de apoyo del CICR permiten examinar los diferentes niveles de causalidad y el impacto de la violencia sexual, y responder a necesidades médicas, psicológicas, sociales y económicas. El más innovador de estos programas consiste en la creación de centros de apoyo psicológico apoyados por el CICR, donde las víctimas de la violencia sexual u otras situaciones traumáticas pueden entrevistarse con una consejera psicosocial local formada por el CICR. Esas reuniones brindan a las víctimas la oportunidad de hablar sobre su trauma, identificar sus necesidades y examinar posibles cursos de acción. En caso necesario, las consejeras pueden derivar a las mujeres a los servicios médicos o jurídicos, como así también mediar entre la víctima y sus familiares a fin de reducir los riesgos de la estigmatización o el rechazo.
Los enfrentamientos prolongados suelen causar ingentes números de hombres desaparecidos, detenidos o muertos. Muchas mujeres quedan separadas de sus esposos y desprovistas de apoyo económico y afectivo. Además, algunas tradiciones culturales impiden a las mujeres realizar actividades económicas y, por ende, obtener alimentos. El CICR responde a las necesidades de las familias encabezadas por mujeres proporcionándoles alimentos, productos de higiene y artículos domésticos de primera necesidad. En cooperación con las ONG locales, también prestamos apoyo a proyectos destinados a generar ingresos que permitan a las mujeres recuperar su independencia económica. Por último, a menudo intervenimos ante los organismos públicos a fin de facilitar el acceso a los programas de bienestar social de las mujeres que reúnen los requisitos para ello.
Numerosos conflictos han forzado a las familias a huir de su hogar, dejándolas más pobres que nunca. Sin el acceso a la tierra, muchas mujeres y niñas no tienen más remedio que realizar trabajos ocasionales o prostituirse para sobrevivir. El CICR ayuda a las personas civiles mediante una amplia variedad de actividades, como proyectos de abastecimiento de agua potable, campañas de vacunación y apoyo a las actividades de generación de ingresos tales como el cultivo de huertas. Las huertas son administradas enteramente por mujeres, que forman un grupo de interés económico, cultivan los terrenos y comparten los gastos y los ingresos. El CICR también presta apoyo a las actividades de formación de parteras tradicionales, las cuales son, en muchos casos, la única fuente de atención de la salud reproductiva para las mujeres y los recién nacidos. Por último, facilitamos la participación de las mujeres en las reuniones comunitarias, a fin de garantizarles la oportunidad de expresar sus opiniones y mantenerse informadas.
Sr. Presidente:
Deseamos aprovechar esta oportunidad para reafirmar la importancia de incorporar las necesidades, las perspectivas y las capacidades de las mujeres y las niñas en todos los procesos de adopción de decisiones operacionales. Si bien el CICR se esfuerza constantemente por mejorar la protección de las mujeres y niñas durante los conflictos armados, también reconoce la necesidad de crear programas separados que respondan a otras necesidades concretas, sean éstas de índole social, psicosocial, sanitaria o económica. Además, seguiremos prestando apoyo a las mujeres que se ponen al frente de sus familias y comunidades para afrontar la devastación causada por los conflictos, y que emprenden la reconstrucción de sus vidas tras haber atravesado situaciones de violencia.
Para concluir, quisiéramos recalcar la urgente necesidad de poner fin a los actos de violencia sexual perpetrados en relación con los conflictos armados. Con tal fin, estamos dispuestos a colaborar con todos los Estados Partes en los Convenios de Ginebra comprometidos con la supresión de este crimen de guerra y con el castigo de quienes lo cometen.
Gracias por su atención.