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21-12-2005 Artículo de prensa Presidente Kellenberger: entrevista con el periódico "Süddeutsche Zeitung" El presidente del CICR habla sobre el papel de la Institución por lo que atañe a las visitas a lugares de detención administrados por Estados Unidos, las actividades que despliega en África y su participación en la respuesta al terremoto en Asia meridional y al maremoto. Nota: este artículo fue publicado en el "Süddeutsche Zeitung", el 21 de diciembre de 2005 y se reproduce aquí con la amable autorización de dicho periódico.
SZ: Señor Kellenberger, EE.UU traslada a presuntos terroristas a lugares secretos. ¿Qué sabía el CICR al respecto? SZ: ¿Qué hace el CICR al respecto? Kellenberger: Mantenemos un diálogo con el Gobierno de Estados Unidos. SZ: ¿Y con los gobiernos europeos? Éstos también estaban parcialmente enterados del asunto. Kellenberger: Por lo que atañe a esta cuestión, nuestro interlocutor es el Gobierno de EE.UU. Queremos visitar a todos los presos detenidos en conexión con la denominada guerra contra el terrorismo. SZ: Se diría que el diálogo no aporta gran cosa. Kellenberger: Al contrario, pero se da el caso de que no tenemos acceso a todos los presos. Seguramente se trate de un reducido número. Pero el CICR visita a miles de presos en Guantánamo, Afganistán e Irak. En Guantánamo pasamos entre cuatro y cinco semanas cada tres meses. SZ: A pesar de la intervención del CICR, los presos siguen detenidos allí. ¿No le resulta frustrante? Kellenberger: Si nos dejáramos ganar por la frustración por no poder lograr hacer todo en el tiempo deseado, tendríamos que cesar nuestra labor. Las visitas realizadas por el CICR en Guantánamo no han sido en vano. Hemos obtenido algunos logros. En cambio, con respecto al estatuto jurídico de los presos no hemos avanzado mucho con EE.UU. SZ: El CICR denunció públicamente los actos de tortura cometidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib, después de que se diera a conocer la situación debido a una indiscreción. ¿No deberían haber reaccionado mucho antes? Kellenberger: Meses antes de que se publicara un informe confidencial del CICR –de hecho sin nuestro consentimiento–, gracias a las conversaciones mantenidas con EE.UU habíamos logrado que mejoraran las condiciones de detención. Sólo hablamos públicamente de los hechos cuando se trata de violaciones graves y sistemáticas del derecho internacional humanitario y cuando las repetidas conversaciones confidenciales con las autoridades no prosperan. Además, es preciso que nuestros propios colaboradores puedan dar fe de los hechos y que no se perjudique al preso. Hemos de atenernos a unas normas de confidencialidad muy rigurosas, ya que cabe el peligro de que no podamos volver a visitar a los presos y de que no se les permita seguir manteniendo el contacto con sus familiares. Sin embargo, el oportunismo no ha lugar en nuestra Institución. En las conversaciones confidenciales hablamos claro. SZ: ¿Y no fomenta la política de discreción una nueva categoría de presos, que están a merced de la arbitrariedad del poder del Estado? Kellenberger: Insistimos para que todos los presos tengan derecho a un estatuto jurídico claro. Cuando se trata de presos en el marco de un conflicto armado hay que aplicar el derecho internacional humanitario. También este tema forma parte de nuestro diálogo con EE.UU. SZ: Las actividades del CICR se financian mediante donativos. La mayor parte procede de EE.UU. ¿Teme usted por su presupuesto? Kellenberger: No. EE.UU juzga al CICR con arreglo a la eficacia de su labor humanitaria. SZ: ¿En base a qué criterios? Kellenberger: A nuestros donantes les interesa la rapidez con la que intervenimos después de una catástrofe y la eficacia con la que ayudamos a las víctimas de un conflicto. El año pasado visitamos más de 2.400 prisiones en 80 países, es decir a unos 600.000 reclusos. En Darfur (Sudán) somos una de las pocas organizaciones humanitarias que siguen trabajando en zonas rurales poco seguras. En 2005 distribuimos agua potable para 600.000 personas y socorros de emergencia para unas 300.000, así como víveres para 100.000 personas. SZ: África absorbe la mayor parte de sus actividades. ¿Por qué se repiten los conflictos allí? Kellenberger: Un gran problema es que la comunidad internacional ha descuidado a África durante mucho tiempo. Muchos estados africanos son muy frágiles desde el punto de vista económico, social y político. Si el mundo no invierte con tenacidad en la paz, cabe el peligro de que una vez terminado un conflicto, comience otro. También me parece muy importante que, en muchos estados africanos, mejore el sentido de la responsabilidad de los dirigentes para con la respectiva población. SZ: ¿Se compromete suficientemente la comunidad internacional? Kellenberger: El mundo occidental ha reconocido que el compromiso es importante. Pero habría que hacer más. SZ: ¿Cómo por ejemplo? Kellenberger: Hay que crear o fortalecer las instituciones políticas, la infraestructura, los servicios de salud, la formación y la economía. Hay que lograr que la sociedad civil sea más sólida para que no caiga en manos de personas que no tienen ningún interés en la paz. Esto requiere perseverancia. También las autoridades de los países en cuestión deben emplearse a fondo para ello. Asimismo, las empresas pueden aportar su contribución contrayendo un compromiso social. SZ: Desde hace poco, el propio CICR también se financia con donativos de compañías. Kellenberger: Usted se refiere a nuestro Grupo de Apoyo Empresarial. Hay que tener en cuenta la proporción. Siete grandes compañías suizas contribuyen con entre tres y cuatro millones de francos suizos al año a nuestro presupuesto general de mil millones de francos suizos. El CICR continuará recibiendo entre el 80% y el 90% de sus fondos de los Estados y de la Comisión Europea, lo que es lógico ya que los Estados encomiendan ciertas tareas al CICR, como por ejemplo la atención a los presos. Queremos diversificar nuestras fuentes de financiación e intercambiar conocimientos con las empresas, por ejemplo en el ámbito de la informática, la logística, la gestión y por lo que atañe a las perspectivas de desarrollo. El propio CICR con sus 12.000 colaboradores es una empresa bastante grande. SZ: El CICR también desea atraer como donantes a empresas fuera de Suiza, hecho que disgusta a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y a las organizaciones privadas porque todas compiten por los donativos. Kellenberger: De disgusto no he oído nada. No obstante, no ampliaremos el Grupo de Apoyo Empresarial antes de haber obtenido el acuerdo de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja. Es verdad que son precisamente las organizaciones pequeñas las que dependen en gran medida de los donativos privados. Cara a los donantes, las organizaciones humanitarias tendrán que demostrar más que nunca que cumplen lo que prometen. El que lo logra, no se habrá de preocupar por el dinero. SZ: ¿Recibe el CICR dinero suficiente? Kellenberger: Sí. Pero tenemos que alcanzar nuestros objetivos. SZ: ¿Cuáles son los objetivos para 2006? Kellenberger: Queremos obtener el acceso a las víctimas de los conflictos armados en el mundo entero, que precisan ayuda y protección. Hay algunas zonas a las que no logramos llegar, por ejemplo, partes de Afganistán e Irak. Deseo que también a éllas podamos llegar. Asimismo, son importantes las medidas que permiten mejorar el respeto de las normas del derecho internacional humanitario. SZ: Hace casi un año que tuvo lugar el maremoto en Asia. ¿Cuál es la situación allí ahora? Kellenberger: No puedo juzgar todos sus aspectos. El CICR se ocupó durante los primeros meses de la ayuda de emergencia en Aceh y en el noreste de Sri Lanka. Son zonas en conflicto donde ya estábamos presentes. En la reconstrucción participan otras organizaciones, entre otras, muchas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. SZ: ¿Y cuál es la situación en la zona siniestrada por el terremoto que sacudió Pakistán y la India? Muchas organizaciones humanitarias se quejan de que no reciben apoyo suficiente. Kellenberger: No puedo hablar en nombre de terceros. Gracias a su presencia en la región, el CICR estuvo en medida de actuar rápidamente. Concentró su ayuda en el distrito de Muzzafarabad, sito en la zona de Cachemira administrada por Pakistán. En el ámbito médico trabajamos en estrecha colaboración con la Cruz Roja Alemana. El CICR se ha propuesto cubrir las necesidades básicas de unas 200.000 personas, aproximadamente el 25% de la población del distrito. Hasta la fecha, hemos atendido a 180.000 personas. Deberíamos poder garantizar el apoyo durante el invierno. Pero sigue habiendo mucha necesidad de ayuda. Entrevista: Judith Raupp
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