Tener conciencia de los peligros a veces no es suficiente para evitar que las personas sean víctimas de las municiones racimos. "Cuando estalló la guerra, nos fuimos", dice Shadi. "Cuando regresamos a casa desde Beirut, cuando terminaron los enfrentamientos, teníamos poco dinero y tuvimos que ocuparnos de nuestros cultivos de naranjos o perderíamos toda la cosecha. Sabía que había bombas racimo esparcidas por el lugar, entonces pedí que las quitaran, pero los equipos de desminado estaban ocupados en otro lugar. No podía esperar, entonces traté de limpiar el terreno solo, y una bomba explotó."