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Bomba racimo sin detonar en un campo de tabaco, al sur del Líbano.
Un mes después del cese de las hostilidades entre el Hezbolá e Israel, Husein Ali Ahmed Ali podaba un limonero en el jardín de su casa en Yohmor, en el sur de Líbano. Los bombardeos habían destruido la vivienda, y Husein la estaba reconstruyendo.
Cuando Husein, de 70 años, tocó el árbol, una bombeta cayó sobre su cabeza: la explosión le lesionó el cráneo y lo lanzó hasta el otro extremo del jardín. Milagrosamente, sobrevivió; pero el lado izquierdo del cuerpo le quedó paralizado, y no puede hablar.
"Era una persona fuerte, y su espíritu era el de un hombre en su plenitud. Era tan activo y tenía tanta energía... en realidad, su fuerza le salvó la vida", dice Suad, una de las cuatro hijas de Husein.
Durante la guerra, Husein y su esposa, Mothmina, huyeron a Qa'ata, en las montañas. Fue una decisión prudente, porque, durante los bombardeos, su casa se incendió y el pequeño jardín quedó cubierto por unas 200 submuniciones que no explotaron. Cuando cesaron las hostilidades, Husein y Mothmina regresaron para evaluar los daños, y reconstruir su casa y sus vidas.
El matrimonio comenzó las reparaciones después de que los desminadores limpiaron las municiones sin estallar que habían quedado en las ruinas de la casa y en el jardín. Las obras de reconstrucción ya estaban avanzadas, pero había mucho por hacer antes de que el invierno les impidiera salir al exterior.
El 9 de septiembre, temprano por la mañana, Husein y su esposa estaban tomando café delante de la casa. Husein se puso de pie y dijo a Mothmina que había que podar el limonero.
"Se acercó al árbol y tomó las ramas que quería podar, cuando la submunición cayó sobre su cabeza. La explosión lo lanzó hacia mi madre. Por muchos días, creímos que no sobreviviría", dice Suad.
Ésta es una historia común en el sur de Líbano, o tal vez, no tanto. Husein y su esposa son personas mayores, sus hijas y sus tres hijos son adultos, casi todos están casados y tienen hijos. A diferencia de otras víctimas, Husein ya no necesita preocuparse por alimentar a sus hijos y a sus 18 nietos; no tiene que trabajar en campos infestados de municiones sin estallar para que su familia pueda comer.
A pesar de las continuas actividades de desminado, grandes zonas del sur del Líbano todavía se encuentran atestadas de mortíferas submuniciones. Si los desminadores no recorren previamente las zonas, los agricultores no pueden llegar hasta los olivares ni llevar el ganado a las pasturas.
Tres meses después del incidente, Mothmina no se dedica más que a cuidar a su esposo mutilado. Hay dulzura en su rostro y su mirada, pero ha enmudecido. Ahora, su hija Suad cuida de ambos.
"Desde que presenció la explosión, mi madre ya no es la misma", dice Suad. "Está traumatizada; parece desorientada y está perdiendo la memoria".
El Centro para la Coordinación de Actividades relativas a las Minas de las Naciones Unidas (UNMACC) estima que, en el sur de Líbano, quedaron esparcidas sobre la tierra alrededor de un millón de submuniciones. Según la ONU, en diciembre de 2006, ya se habían eliminado casi 79.000 bombetas, pero finalizar las tareas de limpieza llevaría al menos un año más.