¿Cómo describiría la evolución del conflicto en Darfur, desde que comenzó en 2003?
La crisis que actualmente vive Darfur comenzó en 2003, entre las fuerzas gubernamentales y las de oposición. Ese enfrentamiento ha provocado una situación desastrosa en el plano humanitario; la población civil es la que paga el precio más alto.
La situación en Darfur es compleja, aunque por lo general se la ha descrito de manera muy simple. Pero los conflictos rara vez son simples; por lo general tienen múltiples aspectos. Desde 2004, se han iniciado varios procesos de paz y se han tomado algunas medidas políticas, pero hasta ahora no han dado resultado. Mientras tanto, el conflicto armado en el terreno ha continuado, y las condiciones de seguridad son cada vez peores. La fragmentación de los grupos armados ha debilitado su cadena de mando, y los enfrentamientos entre tribus por los territorios y los recursos son cada vez más frecuentes. Además, la ilegalidad se ha esparcido a muchas partes de Darfur, lo que crea un terreno fértil para los delitos contra la población civil y las organizaciones humanitarias.
La crisis en Darfur ha dejado de ser aguda; ahora es crónica. Los enfrentamientos tienen lugar en un entorno cada vez más fragmentado, lo que crea un "patchwork" de situaciones que van desde la inseguridad total a una estabilidad más bien frágil.
¿Cuál es el efecto del conflicto actual en la población civil de Darfur?
Como siempre, la población civil es la que paga el precio más alto del conflicto. La inseguridad y la violencia recurrente siguen siendo la principal preocupación de la población de Darfur, más que el acceso a los alimentos, el agua o la atención médica. La violencia afecta a todas las tribus, más allá de la etnia, aunque en diferentes grados y con diferentes consecuencias.
Muchas personas huyen de las zonas donde hay enfrentamientos activos o donde la inseguridad es constante, hacia lugares más lejanos aún; algunas son recibidas en aldeas vecinas, mientras que otras no tienen más opción que instalarse en campamentos superpoblados. Los servicios que se ofrecen en los campamentos también son un factor de atracción. La población de las zonas rurales atraviesa una situación muy difícil, no sólo porque a veces es objeto de ataques directos, sino porque las rutas de migración están bloqueadas, por lo cual no tienen acceso a los mercados ni a la atención médica, y tampoco tienen agua en cantidad suficiente para el consumo personal y para los animales.
Si continúa la inseguridad, estas personas no podrán volver a sus tierras e incluso se producirán nuevos desplazamientos. La población no podrá dedicarse a los cultivos ni al comercio de animales, por lo cual no podrán reanudar su vida normal. Por otro lado, en algunas zonas hay cierta estabilidad; allí la población logra vivir en condiciones satisfactorias y algunas personas que se habían desplazado están volviendo, poco a poco, a sus hogares.
¿Cuáles son los principales desafíos para la acción humanitaria del CICR en Darfur?
La inseguridad que impera en las zonas rurales y urbanas ha restringido el acceso de las organizaciones humanitarias a las personas que necesitan su ayuda, sobre todo en las zonas rurales. La fragmentación y la proliferación de grupos armados han convertido en un enorme desafío la tarea de obtener garantías de seguridad. Por otra parte, la situación se ve agravada por el aumento de la delincuencia que ataca a las organizaciones humanitarias, lo que incluye el secuestro de vehículos, el robo de equipos de telecomunicación y, a veces, ataques contra el personal.
Las precarias condiciones de seguridad hacen muy difícil la planificación y la realización de las actividades en el terreno. Esto significa que el acceso a las comunidades de las zonas rurales, expuestas a los mayores peligros, por lo general es esporádico, si es que ese acceso existe. El CICR hace todo lo posible para superar estas dificultades y está presente y activo en las tres provincias de Darfur. Para ello, adapta sus actividades al entorno, que es impredecible, y mantiene un enfoque flexible para hacer frente a la inseguridad cuando intenta llegar hasta las comunidades rurales que necesitan ayuda.
Los equipos del CICR trabajan constantemente con todas las partes en el conflicto a fin de obtener las garantías de seguridad necesarias para realizar las actividades. En los meses pasados, pudimos volver a algunas zonas que estaban inaccesibles debido a las condiciones de seguridad e incluso logramos reanudar nuestras actividades para ayudar a la población antes de que comience la temporada de lluvias. Sin embargo, esto no significa que tenemos el acceso asegurado; debemos seguir fortaleciendo nuestra presencia para lograr que nos acepten todos los actores en el terreno, para llevar nuestra ayuda a cada vez más personas.
¿Cómo se aplica el derecho internacional humanitario en el contexto de Darfur?
Mientras continúe el conflicto, las normas del derecho internacional humanitario son aplicables y deben ser respetadas por todos.
La inobservancia de las normas básicas de ese derecho es un tema que nos preocupa mucho. No hablo de normas muy complicadas, sino de los principios humanitarios básicos, que son comprendidos y respetados por todas las culturas, por ejemplo el principio de que los civiles no deben ser objeto de los ataques. El derecho internacional humanitario prohíbe atacar, destruir, saquear, robar o inutilizar los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, como las fuentes de agua, las reservas de alimentos y las cosechas.
Usted ha trabajo en muchos países, como Sri Lanka, Serbia, Etiopía e Irak. ¿Qué siente al irse de Sudán, después de 19 meses?
Me voy con sentimientos mezclados, muy difíciles de describir. Por un lado, siento que hemos tenido logros importantes, si pienso, por ejemplo, en la eficiencia y la rapidez con que el CICR pudo responder a las necesidades básicas de más de 100.000 personas desplazadas en Gereida, a comienzos del año. Por otro lado, los hechos terribles que, en diciembre de 2006, provocaron la retirada de las organizaciones humanitarias son inaceptables.
Si bien sé que la situación puede cambiar rápidamente, me reconforta salir de Sudán en un momento en que el acceso al terreno ha mejorado y nuestra presencia y actividades pueden reforzarse en algunas zonas. Sin embargo, me sigue preocupando el alto número de personas vulnerables afectadas por el conflicto a las que no hemos podido llegar para prestarles ayuda. Y me preocupa la seguridad de nuestros colaboradores en el terreno, pues se mueven en un entorno muy volátil e impredecible.
Estoy convencida de que la acción que despliega el CICR es sumamente valiosa, gracias a la impresionante energía y al compromiso de sus colaboradores nacionales y extranjeros, que prestan ayuda a la población civil afectada por la violencia en Darfur. Espero que sigan teniendo la fuerza y el coraje necesarios para luchar incansablemente en pos del objetivo del CICR de prestar asistencia a las personas vulnerables en Darfur y hacer respetar los principios humanitarios.