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19-11-1999 Declaración oficial Un paso en la buena dirección El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja acaba de celebrar su última Conferencia de este segundo milenio; una conferencia sin igual, que seguirá surtiendo efectos durante los próximos cuatro años. El Movimiento puede estar orgulloso de ello.
El primer proyecto del Plan de Acción era ambicioso, y con razón. El papel del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es, a veces, señalar los asuntos a los que, en su opinión, los Gobiernos deberían dar prioridad y promover sus programas en favor de las víctimas de los conflictos. Tras cuatro días de debates a menudo intensos, se logró un extraordinario consenso. Huelga decir que, cuando más de cien Estados - algunos con puntos de vista muy firmes- participan en un proceso de redacción, los compromisos son inevitables. El consenso es extraordinario porque, aunque las delegaciones reflexionaron y discutieron sobre cada palabra y cada coma, finalmente se logró un consenso aceptable en todos los puntos. La sola intensidad con que los Estados debatieron la redacción del Plan de Acción y de otros textos fue alentadora. Demostró la seriedad con que realizaban el ejercicio. El Plan no vincula a los Estados jurídicamente, pero sí los obliga moral y políticamente a acatar lo que se ha decidido. Creo que en esta Conferencia especialmente ha quedado de relieve la madurez del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Habría podido ser una Conferencia en busca de titulares baratos en la prensa en los que se condenara esto o aquello. Y la tentación era grande, dadas las graves violaciones que se cometían en Chechenia y en otros lugares del mundo mientras se realizaban los debates. Pero, al fin y al cabo, ¿qué efecto habrían podido surtir? Muy poco. No, una de las fortalezas del Movimiento y de la Conferencia es la capacidad de conseguir el apoyo de los Gobiernos. Lograr que los Gobiernos y la enérgica sociedad civil obren de común acuerdo. Se avanza quizás más lentamente, pero ello es, con creces, mucho más significativo y continuo. La decisión de comenzar la Conferencia con un concierto y un espectáculo públicos y de abrir, por primera vez, las sesiones plenarias de la Conferencia a la prensa muestra la seguridad y la apertura de un Movimiento que se compromete con la sociedad. Dicho esto, ¿qué se decidió en la Conferencia? ¿Cuáles fueron sus logros? El Plan de Acción comienza con un examen general de la protección de las víctimas de los conflictos armados mediante un mayor respeto del derecho internacional humanitario. Luego, considera la acción humanitaria en tiempo de conflicto armado y otros desastres y, en conclusión, señala las acciones destinadas a fortalecer la asociación estratégica entre los Estados y las Sociedades Nacionales para mejorar las condiciones de vida de las personas vulnerables. El Plan insta a poner mayor empeño en enseñar a los combatientes, en tiempo de paz, el comportamiento que de ellos se espera en caso de conflicto. Durante la Conferencia, refrendaron el amplio Plan de Acción más de 380 promesas de los Estados y las Sociedades Nacionales, promesas que se inspiraron en el Plan de Acción, y que son compromisos claros y prácticos de mejorar uno o más aspectos claves de interés. Pero lo que aumenta su importancia y su valor es el hecho de que los Estados y las Sociedades Nacionales se hayan comprometido a informar a la próxima Conferencia, dentro de cuatro años, sobre lo que han logrado poner por obra. Esto es vital. Cuando me enteré del elevado número de promesas - muchas más de las que los organizadores esperaban -, vino a mi mente la imagen de una gran multitud de personas que, actuando cada una en representación de Sociedades Nacionales y Estados, daban un decisivo paso adelante en busca de un objetivo común. Espero que, al leer este texto, compartan ustedes esta visión y contribuyan, junto con el Movimiento, a construir un mundo en el que la guerra cause menos horrores y en el que se brinde protección y ayuda a las personas más vulnerables de nuestras sociedades. En conclusión, deseo citar la Declaración aprobada por aclamación al final de la Conferencia y que, en mi opinión, aprehende su espíritu: “El 'poder de la humanidad' es la fuerza del compromiso personal y de la acción colectiva. Ambos elementos deben movilizarse para aliviar el sufrimiento y garantizar el respeto de la dignidad humana y la construcción de una sociedad más fraternal". Las palabras y las promesas son el preludio de la acción. Nos preparan y nos infunden ánimo para ir hacia adelante. Pero son, sobre todo, un reto. Desafían al Movimiento a poner por obra sus planes y promesas con la energía y la dedicación que las víctimas de los conflictos esperan y exigen del Movimiento en el umbral del tercer milenio. |