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19-02-2003  Declaración oficial  por Jacob Kellenberger
Conferencia Internacional sobre las personas desaparecidas: discurso de apertura

Presidente del CICR




Excelencias, señoras y señores:

En todos los conflictos armados y las situaciones de violencia interna desaparecen personas. Si bien es cierto que las causas pueden ser múltiples, en la mayoría de los casos se originan en violaciones del derecho internacional humanitario o de los derechos humanos. Prevenir las desapariciones, restablecer el contacto entre familiares dispersos y esclarecer la suerte que han corrido las personas dadas por desaparecidas son tareas que el Comité Internacional de la Cruz Roja desempeña desde sus primeros años de existencia. Pero una voluntad política insuficiente por parte de los beligerantes o, simplemente, el estado de desorganización general que reina en las comunidades afectadas por un conflicto armado o una situación de violencia interna suelen impedir que el CICR lleve a cabo su labor. De hecho, otras organizaciones, gubernamentales y no gubernamentales, tropiezan con las mismas dificultades.

La Conferencia Internacional que hoy se inicia reúne a casi la totalidad de las organizaciones, instituciones y expertos que se preocupan por encontrar una solución al problema de las personas desaparecidas. Así pues, este encuentro constituye una etapa importante de un proceso permanente cuyos objetivos son:

  • examinar todos los medios que permitan prevenir las desapariciones en conflictos armados y responder a las necesidades de los familiares que han perdido contacto con sus seres queridos;
  • definir normas prácticas comunes para prevenir las desapariciones, así como acciones complementarias para remediar este grave problema;
  • sensibilizar acerca de esta cuestión a las autoridades gubernamentales, las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales, así como a otros dirigentes y líderes de opinión.

El personal del CICR en el mundo ha desplegado constantes esfuerzos para movilizar a expertos y peritos, a fin de determinar la índole de los problemas que se plantean y proponer los medios para abordarlos de manera efectiva. Puedo asegurarles que todos los colaboradores de la Institución se han mostrado muy favorables a este proyecto y esperan que contribuya de manera significativa a reforzar la protección de las personas que se ven confrontadas a situaciones de conflicto armado o de violencia interna, así como a fortalecer el apoyo que necesitan las que sufren las consecuencias de esas situaciones.

El CICR ha tomado esta iniciativa porque, en el transcurso de los años y en todas las regiones del mundo, ha sido testigo del desasosiego que invade a los familiares de personas desaparecidas cuando no tienen manera de saber lo que ha sucedido a sus seres queridos. Los delegados del CICR, en particular, han podido comprobar que la separación de familiares y la falta de noticias sobre algunos de ellos abren brechas entre las comunidades y las naciones. Con frecuencia, esta situación ensombrece, durante años o incluso décadas, la vida de las personas y las relaciones entre las comunidades. Impide restablecer la seguridad, el equilibrio y el diálogo y obstaculiza la reconciliación. Urge actuar porque conocemos la realidad de los conflictos armados modernos: la falta de respeto a los civiles y otras personas protegidas, así como los ataques intencionados contra ellos, han sido devastadores para miles de familias y dividido a muchas comunidades. Apremia actuar resueltamente para prestar una ayuda más eficaz a las personas que han perdido a un ser querido sin que siquiera se haya reconocido el dolor causado por esa desaparición. Sólo adoptando medidas urgentes y claras se podrá evitar que otras familias sufran las mismas humillaciones y adversidades.

El CICR es plenamente consciente de que ni él ni ninguna organización humanitaria puede, por sí solo, impedir la desaparición de personas o satisfacer todas las necesidades de los familiares de las personas desaparecidas.

Respetar el derecho humanitario e impedir que se cometan actos ilícitos es un deber de todas las partes implicadas en una situación de violencia armada. Sin embargo, las autoridades gubernamentales y los dirigentes son los únicos que pueden tomar medidas para prevenir las desapariciones y, llegado el caso, hacer frente a las consecuencias. Las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan en el ámbito humanitario o en defensa de los derechos humanos deben darles su apoyo, bajo diferentes formas: persuasión, presión y, eventualmente, acciones ante la justicia. Se debe fomentar el diálogo constructivo, así como la aplicación efectiva de medidas prácticas, entre todas las partes, incluidos los familiares de personas desaparecidas y sus comunidades.

El CICR está convencido de que, para prestar una mejor protección a las personas que corren el riesgo de desaparecer y proporcionar una asistencia adecuada a los familiares que desconocen el paradero de un ser querido, la primera medida que ha de adoptarse consiste en reafirmar vehementemente las leyes y las normas de derecho internacional y de derecho interno que rigen en la materia, y respetarlas. El derecho humanitario debe ser el límite infranqueable para toda parte implicada en una confrontación armada. Para las personas afectadas por la guerra, ha de ser una garantía incondicional contra las arbitrariedades y los actos de violencia gratuita. Debe constituir el baluarte de la preservación de la justicia y de la dignidad humana en todas las circunstancias.

Eso significa, concretamente, que las personas civiles y los grupos vulnerables, sean éstos poblaciones desplazadas, aisladas o sitiadas, no serán objeto de ataques intencionados y que se pondrán medios a su disposición para que se mantengan en contacto con sus familiares. Significa que las personas detenidas serán tratadas humanamente, tendrán derecho a un juicio equitativo y podrán mantenerse en contacto con sus seres queridos. Significa que los restos de las personas caídas en combate serán tratados con respeto y entregados a sus familiares. Significa que no se impedirá, sino que se facilitará, la acción de las organizaciones humanitarias, para que puedan prestar protección y asistencia a las personas que no participan o han dejado de participar en los combates. Por último, significa que las familias que desconocen el paradero de un ser querido recibirán una asistencia apropiada y que se hará todo lo posible para mitigar su sufrimiento.

El CICR no escatimará esfuerzos para instar a un mayor respeto del derecho internacional humanitario y de todas las normas susceptibles de contribuir a evitar las desapariciones y a responder a las necesidades de los familiares de las personas desaparecidas. Además, fortalecerá sus procedimientos prácticos en relación con el restablecimiento del contacto entre familiares, ayudando a elucidar la suerte que han corrido las personas dadas por desaparecidas y prestando asistencia a sus familiares.

Estoy convencido de que otras organizaciones también pueden contribuir en esta acción. Se esperan resultados positivos de la labor que lleva adelante el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, así como de la elaboración, en este contexto, de un proyecto de instrumento normativo jurídicamente vinculante sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Por otra parte, los constantes esfuerzos desplegados por las asociaciones y las organizaciones que representan los intereses de los familiares de las personas desaparecidas incitarán a que los Gobiernos y las organizaciones internacionales velen por un mayor respeto y presten un mejor apoyo a las personas afectadas. Todos estos esfuerzos son indispensables, pues constituyen el único medio de mejorar y consolidar la acción que actualmente se realiza. Espero que los trabajos preparatorios de la conferencia que hoy se inicia, así como sus resultados, sirvan de acicate para la suscripción de acuerdos y la definición de directrices y modos de proceder más eficaces en materia de prevención y asistencia.

Iniciamos hoy una etapa importante de este complejo proceso cuyos objetivos son fortalecer las medidas susceptibles de evitar las desapariciones, ayudar a los familiares que deben afrontar enormes dificultades, así como impedir la división en las comunidades porque se les niega la posibilidad de hacer uso de derechos fundamentales: el derecho a saber la verdad y de recibir luego la ayuda necesaria para aceptarla. Ciertamente, este proceso tropezará con graves dificultades y obstáculos. No obstante, estoy persuadido de que los trabajos de esta conferencia afirmarán, en todos los presentes, la voluntad de obrar concretamente para superarlos. Hagámoslo por el bien de las incontables víctimas de la violencia devastadora de la guerra y por el bien de todas las personas que podrían estar expuestas a esta amenaza en el futuro.


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19-02-2003