¿Por qué visitar a los prisioneros?
Visitar a las personas privadas de libertad en relación con conflictos es una tarea de protección fundamental del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
El principio de las visitas es que, como las personas hechas prisioneras o detenidas durante un conflicto o a consecuencia de éste son consideradas como enemigos por sus captores, necesitan la intervención de un organismo neutral e independiente que garantice que sean tratados con humanidad, retenidos en condiciones dignas y que tengan la posibilidad de intercambiar noticias con sus familiares.
Durante la Primera y la Segunda Guerras mundiales, innumerables prisioneros –estadounidenses, británicos, franceses, alemanes o de otras nacionalidades- se beneficiaron de estas visitas y del envío de paquetes y mensajes desde sus hogares. Esta labor continúa en la actualidad; de ello son ejemplo las visitas a prisioneros de guerra capturados en el conflicto entre Etiopía y Eritrea o en el Sahara occidental.
Humanidad, imparcialidad, neutralidad...
El principio fundamental del derecho internacional humanitario, incluidos los Convenios de Ginebra y todos los demás tratados que protegen a las personas durante los conflictos, es que no se hace distinción entre una u otra parte; no hay diferentes grados de trato humanitario reservados para ciertos grupos según sus supuestos méritos; no hay víctimas "buenas" o "malas", "dignas" o "indignas": todos los prisioneros tienen derecho ser tratados con humanidad.
El papel del CICR
El CICR fue creado hace casi 140 años para resolver los problemas de un grupo específico de víctimas de la guerra: los soldados heridos. Pero poco tiempo después, la Institución, gracias a su neutralidad ampliamente reconocida, pudo confeccionar listas con los datos de los prisioneros capturados en la guerra franco-prusiana de 1870. El simple hecho de transmitir estas listas representaba un enorme alivio para los familiares, y ésta sigue siendo una de las funciones esenciales del CICR en tiempo de guerra.
Con los años, el CICR aumentó sus actividades en este ámbito, y en los Convenios de Ginebra de 1949 revisados, la comunidad internacional le encomendó explícitamente el cometido de garantizar que se aplicaran las normas estipuladas en esos Convenios. Estas normas protegen específicamente a los prisioneros de guerra.
El CICR también tiene el derecho reconocido de ofrecer sus servicios para visitar a otra categoría de personas detenidas durante conflictos y tensiones internas, los detenidos llamados "de seguridad" o "políticos". En innumerables casos, el CICR ha logrado persuadir a los beligerantes en conflictos de todo el mundo de que trataran a estos detenidos de conformidad con los principios humanitarios establecidos en los Convenios de Ginebra, adoptados por casi todos los países del mundo.
Este principio ha permitido al CICR, en su carácter de intermediario específicamente neutral en los conflictos, insistir en tener acceso a los prisioneros de todas las partes, sean miembros de la fuerza de paz de la ONU en Bosnia, soldados de EE.UU. en Yugoslavia, o soldados británicos en Irak, por citar sólo unos pocos ejemplos. Y este mismo principio subyace a las acciones del CICR cuando visita a los talibán o a los miembros de al-Qaeda retenidos por las fuerzas estadounidenses o las fuerzas afganas –ni más, ni menos.
La experiencia ha demostrado que el respeto de las normas humanitarias fundamentales en tiempo de guerra no sólo contribuye a prevenir o, al menos, a limitar las atrocidades, sino también a restablecer la confianza y a facilitar la reconciliación en la etapa posterior al conflicto. La falta de respeto de las normas, en cambio, puede conducir a una espiral viciosa de crueldad en la que nadie resulta vencedor.
Objetivo de las visitas del CICR
En primer lugar, lo que NO pretenden lograr es la liberación de prisioneros (salvo en casos particulares, por estrictas razones de salud u otros motivos humanitarios).
Los procedimientos habituales del CICR, que se explican a las autoridades detenedoras antes de las visitas, comprenden el registro de los datos de los prisioneros, la evaluación de todas las instalaciones que usan o que las autoridades se proponen destinarles, una conversación privada con algunos de ellos o con todos, para examinar los problemas que puedan tener con respecto a su trato o sus condiciones de detención, y la entrega de formularios normalizados para escribir mensajes breves a sus familiares (que, después de que las autoridades detenedoras los hayan aprobado, serán distribuidos por el CICR, en la medida de lo posible). Si los prisioneros están de acuerdo, sus problemas se plantean de inmediato ante las autoridades, a fin de tratar de solucionarlos.
Los informes escritos por el CICR después de cada visita se entregan a las autoridades detenedoras, ya que el objetivo no es publicarlos. La razón de este proceder es que los problemas relacionados con la detención se solucionan mejor a través de un diálogo constructivo basado en la confianza mutua, que a través de su publicación en los medios, pues ésta inevitablemente conlleva el riesgo de que los temas se politicen. Por ello, el CICR no comenta públicamente cuestiones como los posibles problemas relacionados con el traslado de prisioneros o sus condiciones de detención.