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23-05-2007  Informe de actividad  
Actividades operacionales más destacadas
Pierre Krähenbühl, Director de Actividades Operacionales. Informe de actividad del CICR 2006, mayo de 2007.

Zonas de conflicto y desafíos a la acción humanitaria
El año 2006, se caracterizó por el recrudecimiento de algunos conflictos y por la violencia generalizada, que infligieron sufrimientos indecibles a innumerables hombres, mujeres y niños. Aunque algunos conflictos fueron objeto de atención y debate constantes, para muchos de los que trabajan en el ámbito humanitario no fue nada fácil transmitir el verdadero significado de una guerra para quienes tienen que soportar sus múltiples consecuencias.

Irak es un ejemplo especialmente elocuente de esa dramática realidad. A diario se denuncian asesinatos atroces, que son cada vez más el resultado de la violencia sectaria. Sólo en los meses de julio y agosto de 2006, perdieron la vida unas 6.000 personas en Bagdad y en el centro de Irak. Mucha gente no comprende lo que esas cifras significan, por que nada se sabe de la identidad de las víctimas ni del dolor de sus familiares.

Lo mismo puede decirse sobre las innumerables personas afectadas por conflictos en todo el mundo: población civil, detenidos, desplazados, mujeres, niñas o familiares de personas desaparecidas, en lugares como Asia central, Cáucaso septentrional, Chad, Colombia, República Democrática del Congo, Haití, Israel y los territorios palestinos, Líbano, Myanmar, Nepal, Somalia, Sri Lanka, Sudán (Darfur) y Uganda.

Muchos de los conflictos de 2006 se caracterizaron por la existencia de diversas formas de enfrentamientos, a menudo entrelazadas o superpuestas, con participación y repercusiones locales, regionales e internacionales. Entre ellos encontramos un número limitado de guerras interestatales y un número creciente de conflictos internos muy complejos, donde participan múltiples actores con motivaciones diversas y una gran variedad de reivindicaciones.

El año 2006 se caracterizó asimismo por la influencia creciente de los actores no estatales, cuyo papel ha suscitado intensos debates en los últimos años. Durante mucho tiempo los actores no estatales tendían a estar presentes en número limitado, en cualquier contexto de los conflictos internos, y a adoptar la forma de guerrillas o movimientos de liberación nacional, participando en las clásicas hostilidades insurreccionales. Sin embargo, el año pasado se observó, con regularidad, en distintas zonas en conflicto, la fragmentación de estos actores no estatales en diversas subfacciones, bajo nuevos mandos o entidades poco estructuradas. Algunos adquirieron proporciones transnacionales, enfrentándose con ciertos Estados, a nivel internacional. Los atentados "terroristas" y las operaciones de lucha contra el "terrorismo" fueron, una vez más, la tónica de este fenómeno creciente.

Los factores económicos siguieron influyendo sobremanera en la dinámica de los conflictos. Persistió la competencia por el acceso a los mercados y a los recursos naturales indispensables como el petróleo, y algunos grupos se enfrascaron en diversas formas de voracidad económica. La realidad, en muchos países, siguió siendo la fragilidad o el colapso generalizado de los servicios públicos como la sanidad, el suministro de agua y la asistencia social.

A nivel internacional, en los contextos más propensos a conflictos, los acontecimientos se vieron influenciados por la proliferación de armas, la degradación del medio ambiente, la escasez de agua y de tierras de cultivo y por las migraciones de zonas rurales hacia zonas urbanas. Esto último contribuyó a un aumento de las nuevas formas de violencia urbana, haciendo más difícil la distinción entre violencia política y delincuencia.

Los conflictos actuales tienden a ser largos, a prolongarse hasta volverse crónicos y, en muchos casos, se caracterizan por su baja intensidad. Pero incluso los conflictos de baja intensidad tuvieron repercusiones considerables en la población civil, tanto en lo que se refiere al número de personas muertas, heridas, detenidas o separadas de sus familiares o desaparecidas, como a sus consecuencias indirectas, por ejemplo, el hecho de que las personas que necesitaban atención médica con urgencia no pudieran a acceder a los centros médicos debido a los enfrentamientos.

La interconexión entre muchos de los factores mencionados, tanto a nivel local como internacional, siguió complicando el análisis de situaciones específicas y generales, así como el planteamiento de respuestas adecuadas. El principal reto es y seguirá siendo entender correctamente la diversidad de situaciones de conflicto y de violencia, y responder adecuadamente a las múltiples necesidades de las personas afectadas.

Actividades operacionales: resumen, planteamiento y retos temáticos
En 2006, el CICR continuó desplegando sus operaciones en numerosas zonas de conflicto, con un total de 12.000 efectivos trabajando en zonas sumamente diversas y, a menudo, sensibles, impredecibles y peligrosas.

Durante todo el año, el CICR combinó sus esfuerzos para aliviar el sufrimiento humano provocado por crisis prolongadas, a menudo olvidadas, en países como Chad, Haití, Nepal, República Centroafricana, Somalia y Yemen, con intervenciones rápidas en crisis humanitarias incipientes o repentinas como en Líbano, Israel, los territorios ocupados y autónomos, Sri Lanka y Timor Leste, entre otros.

Como en años anteriores, las actividades operacionales del CICR sobre el terreno respondieron a necesidades y situaciones diversas. El acceso a las poblaciones en zonas de conflicto siguió siendo motivo de gran preocupación. Las visitas a las personas detenidas se efectuaron siguiendo las modalidades habituales de trabajo del CICR, en unos 80 países. Sin embargo, las divergencias entre el CICR y las autoridades pertinentes, en lo relativo al acceso a los detenidos de seguridad, en la Federación de Rusia y en Myanmar, no se resolvieron. Los servicios de búsqueda de personas y de restablecimiento del contacto entre familiares siguieron siendo de vital importancia. Gracias a ellos, fue posible que personas detenidas en cárceles de Israel o de Irak recibieran la visita de familiares, o que algunas familias separadas se volvieran a reunir en la República Democrática del Congo o en Sri Lanka.

El CICR redobló sus esfuerzos para resolver la cuestión de las personas desaparecidas. Sus familiares, que en general son mujeres, tienen diversas necesidades que deben satisfacerse, como la necesidad, y el derecho, a conocer el paradero de un ser querido, identificar los restos mortales, darles una sepultura digna, y recibir asistencia económica y jurídica. El CICR participó en varios programas relacionados con esa cuestión en los Balcanes, Oriente Medio, Cáucaso meridional, América Central y del Sur, Nepal y Sri Lanka.

Se pusieron en práctica estrategias que combinan actividades de protección y asistencia en favor de personas civiles afectadas por situaciones de conflicto y de violencia. Entre esas estrategias figuran los programas para desplazados internos en Colombia, Líbano, Liberia, Nepal, Sri Lanka, norte de Uganda, y otros países. En otros contextos, como en Darfur (Sudán), la colaboración con otros organismos condujo al CICR a dar prioridad a las necesidades de la población local de zonas rurales remotas.

Además, el CICR consolidó su capacidad de responder de manera más eficaz a las necesidades específicas de mujeres y niñas. Los programas puestos en marcha en la República Democrática del Congo, que combinan tratamiento médico, asesoramiento basado en la comunidad y actividades de prevención fueron los más completos. En muchos países, como Liberia, Nepal, Pakistán, Sudán y Yemen, se reforzó la capacidad de análisis y de respuesta.

La aceptación por todos los actores, la proximidad a las víctimas de conflictos armados y la seguridad de su personal siguieron siendo primordiales en la capacidad de actuar del CICR. Desde el punto de vista de la seguridad, 2006 también fue un año difícil, con la pérdida de tres colegas, uno en Darfur, uno en Senegal y uno en Haití. También hubo cuatro casos de secuestro: en Etiopía, Haití y en los territorios palestinos ocupados y autónomos. El CICR siguió sin tener noticias de dos colaboradores, uno de ellos desaparecido en Sudáfrica, el año 2001, y otro secuestrado en su casa de Chechenia, el año 2003. En general, el CICR continuó desempeñando su labor en entornos muy complejos e inestables, como Irak, donde se siguió aplicando un enfoque específico de gestión de la seguridad, a fin de poder realizar una serie de actividades importantes, como las visitas a detenidos y las acciones destinadas a responder a situaciones de emergencia graves.

Los riesgos de que la acción humanitaria sea rechazada por algunos actores que cuestionan su legitimidad o de que se utilice con fines no humanitarios siempre están presentes. A la luz de estas circunstancias, el CICR se esfuerza por demostrar las ventajas concretas de su proceder neutral, independiente e imparcial a través de sus decisiones operacionales y sus estrategias sobre el terreno.

Paralelamente, el CICR dio gran importancia al mantenimiento del diálogo bilateral y confidencial con actores estatales y no estatales influyentes. Además, prosiguió sus esfuerzos por promover el DIH y demostrar su pertinencia en las formas contemporáneas de los conflictos armados. Y, más fundamental aún, procuró garantizar el respeto del DIH por las partes en estos conflictos.

Durante el año reseñado, las asociaciones del CICR con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja fueron decisivas en países como Afganistán, Colombia, la República Democrática del Congo, Irak, Líbano, Somalia y Yemen. En estos y en otros contextos, las Sociedades Nacionales desempeñaron, con frecuencia, un papel fundamental a la hora de responder con rapidez a las necesidades o de acceder a las poblaciones de zonas remotas.

La coordinación con otros organismos humanitarios siguió siendo esencial. Al respecto, el CICR combinó la sólida afirmación de su propia identidad y de los obvios beneficios de su enfoque operacional específico, neutral e independiente, con una estrategia proactiva de coordinación sobre el terreno, basada en la realidad y en las necesidades locales. Varias delegaciones empezaron a interactuar con organismos dependientes de grupos temáticos de la ONU o con equipos del Comité Permanente entre Organismos en distintos países.

África
El cuerno de África volvió a plantear una serie de retos operacionales especialmente delicados y complejos. Por tercer año consecutivo, Sudán representó la operación de mayor envergadura del CICR. En Darfur, las operaciones se desarrollaron en un clima de inseguridad creciente, debido a la continua fragmentación de los grupos armados involucrados. Por su parte, el CICR siguió ayudando a prevenir nuevos desplazamientos de población, combinando actividades de protección y asistencia.

Durante todo el año reseñado, el CICR incrementó sus operaciones en Chad. Durante la primavera, se ocupó de los detenidos y de las urgencias médicas en la zona de la capital. En las regiones orientales, atendió, a lo largo del año, las necesidades cada vez mayores de las personas desplazadas y de los heridos de guerra.

En la vecina República Centroafricana se asistió a un recrudecimiento de la violencia armada desde comienzos de 2006. El CICR decidió ampliar sus operaciones y su presencia sobre el terreno. El mes de abril, abrió una oficina en Paoua y, a finales de año, estaba prevista la apertura de otra oficina en Kaga Bandoro.

Somalia sufrió una serie de crisis y emergencias muy intrincadas, lo que obligó al CICR a multiplicar sus actividades. A principios de 2006, desarrolló con éxito un plan de prevención de la sequía, y, más tarde, su labor se centró en paliar las consecuencias de las repentinas inundaciones. Estas actividades se llevaron a cabo en un escenario de importante agitación política relacionada con el conflicto, que provocó numerosos heridos de guerra y desplazados; éstos fueron atendidos por el CICR y la Media Luna Roja Somalí.

A medida que se fue consolidando la transición política en la República Democrática del Congo, el CICR continuó prestando apoyo a las numerosas familias afectadas por los enfrentamientos armados y los actos de violencia, principalmente en las provincias orientales del país.

En África occidental, el CICR siguió desempeñando una importante labor en Côte d’Ivoire.

Oriente Medio y África del norte
En general, Oriente Medio padeció, el año 2006, más inestabilidad que ninguna otra región del mundo. Irak sufrió un dramático deterioro de la seguridad interna, sobre todo en la región de Bagdad y sus alrededores. La población civil se enfrenta día a día a multitud de riesgos derivados de las operaciones militares, los atentados suicidas, los secuestros, los asesinatos y las torturas, por nombrar unos pocos.

El despliegue de la acción humanitaria en un entorno tan peligroso fue una empresa muy delicada, en la que fueron necesarios el diálogo, los contactos y el diseño de programas. El CICR, en colaboración con sus asociados locales, sobre todo la Media Luna Roja de Irak, visitó a miles de detenidos y presos y suministró socorros de emergencia a los hospitales y a otros grupos vulnerables, como los desplazados internos. El inadmisible secuestro de una treintena de voluntarios de las Sociedades Nacionales, a finales de 2006, puso en evidencia la dificultad de trabajar en este contexto.

En Israel y en los territorios ocupados y autónomos, la decisión de varios miembros de la comunidad internacional de congelar la ayuda financiera a la Autoridad Palestina obligó al CICR a multiplicar sus operaciones, debido al claro deterioro de las condiciones de vida y de seguridad, principalmente en la franja de Gaza. El CICR incrementó sobre todo su apoyo médico, incluido el apoyo a los servicios médicos de emergencia de la Media Luna Roja Palestina.

El mes de julio, se desencadenó en Líbano un conflicto a gran escala entre Israel y Hezbolá. Un mes de operaciones militares se saldó con un gran número de muertos, la destrucción generalizada de la infraestructura y desplazamientos de población. El CICR desplegó una amplia operación destinada, en una primera fase, a suministrar a la Cruz Roja Libanesa los medios necesarios para prestar servicios médicos de emergencia, y en una segunda fase, a suministrar socorros de urgencia en el sur del Líbano, gravemente afectado por el conflicto. Para ello, la Institución contó con las aportaciones de sus asociados en el Movimiento. También colaboró con el Magen David Adom en el norte de Israel, prestando atención médica a las personas civiles víctimas de los misiles lanzados por Hezbolá.

Asia y el Pacífico
Un deterioro análogo tuvo lugar en Sri Lanka, el verano de 2006. El Gobierno y los Tigres de Liberación del Eelam Tamil se enzarzaron en intensos enfrentamientos militares en varios frentes. En un país que todavía arrastra las consecuencias del maremoto de diciembre de 2004, esta escalada de la violencia planteó nuevos retos a los organismos humanitarios. El CICR reforzó sus programas de asistencia y protección para tratar de acceder a la población civil atrapada en las regiones afectadas. Desafortunadamente, el acceso de los organismos humanitarios se convirtió en una manzana de la discordia entre las partes, lo que acarreó serias restricciones.

Las actividades operacionales del CICR en Afganistán también sufrieron algunos cambios, en 2006. Hubo que prestar asistencia médica a un número cada vez mayor de heridos de guerra, a causa de los violentos enfrentamientos militares en el sur y el este del país. En este sentido, fue fundamental el apoyo del CICR a los hospitales de Kandahar y Jalalabad, y a las actividades de primeros auxilios de la Media Luna Roja Afgana, basadas en la comunidad.

Una nota más positiva fue la situación en Nepal, que experimentó una notable mejoría, gracias al fin de las hostilidades y a la liberación de los presos. Esto permitió al CICR dedicar su programa de protección –antes centrado en las visitas a los detenidos– a la cuestión de las personas desaparecidas. El CICR también pudo reducir su presencia en la zona de Cachemira administrada por Pakistán, donde llevaba a cabo su labor tras el terremoto de 2005.

Por otra parte, en Myanmar, el CICR se enfrentó a crecientes dificultades. Sus divergencias con las autoridades, que habían conducido a la suspensión de las visitas a los detenidos, siguieron sin resolverse y, en octubre, el Gobierno solicitó al CICR que cerrara cinco de sus oficinas sobre el terreno. Tras varios intentos infructuosos por aclarar esta cuestión a través del diálogo, el CICR publicó, en noviembre, una declaración en la que explicaba las dificultades a las que se enfrentaba y solicitaba a las autoridades que encontraran una salida a esa situación.

En términos generales, el CICR ahondó su conocimiento de las organizaciones multilaterales y regionales de Asia, a fin de consolidar su diplomacia humanitaria en esta importante región del mundo.

Europa y América
En 2006, el CICR continuó llevando a cabo una importante operación en Colombia, sobre todo para satisfacer las necesidades de las personas recién desplazadas, que resultaron ser más numerosas de lo que se esperaba.

En la Federación de Rusia, pese al diálogo entablado y a las representaciones, a menudo al más alto nivel, el CICR no logró resolver sus diferencias con las autoridades por lo que atañe a la cuestión de las visitas a los detenidos y a los lugares de detención, en relación con la situación en Chechenia. Esas visitas se suspendieron en otoño de 2004, por la reticencia de las autoridades a respetar las modalidades habituales de trabajo del CICR durante sus visitas a los detenidos. El CICR lamenta profundamente la falta de progresos tangibles a este respecto.

En 2006, se produjeron algunos cambios en relación con las detenciones efectuadas por Estados Unidos, como la sentencia del Tribunal Supremo, el mes de junio, y la subsiguiente adopción de la Ley de 2006 relativa a las Comisiones Militares. El CICR celebró la decisión de Estados Unidos de aplicar en lo sucesivo el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949 en todas las operaciones de detención efectuadas por el Departamento de Defensa. Además, la administración estadounidense reconoció la existencia de un programa secreto de detenciones de la CIA. En octubre, el CICR visitó a catorce sospechosos de Al-Qaeda, que habían sido trasladados a la base naval de Guantánamo.

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23-05-2007