Las mujeres sufren particularmente la tragedia de las personas desaparecidas, ya que muchas veces es el hombre jefe de hogar el que desaparece. Las esposas y las madres deben mantener a sus familias con pocos recursos. Las que no reciben apoyo de familiares o de la comunidad por lo general quedan sumidas en la pobreza. En la mayoría de los contextos, no hay un reconocimiento oficial de la condición de persona desaparecida, por lo tanto los familiares no tienen derecho a recibir el apoyo que suele otorgarse a viudas y huérfanos. Las actividades de asistencia del CICR están destinadas a las personas que han quedado en condiciones de mayor vulnerabilidad debido a la desaparición de un ser querido; es decir que las mujeres jefas de hogar y los huérfanos son la prioridad.