©ICRC/Barbara Lecq
Moyenne Sido, República Centroafricana. Junto con la Cruz Roja de República Centroafricana, el CICR está distribuyendo colchones, utensilios, mosquiteros y herramientas agrícolas.
Miles de refugiados han llegado a Moyenne Sido, una pequeña aldea en el norte de la República Centroafricana, a unos 170 km de Kaga-Bandoro.
Se suponía que Moyenne Sido sería sólo un alto en el camino a casa, pero el bandidaje y el riesgo de caer en una emboscada tendida por estos bandoleros modernos hacen que todo intento de continuar el trayecto se vuelva muy peligroso.
En esta parte de República Centroafricana, la vida es muy dura, ya que algunos tipos de cultivos de subsistencia son imposibles porque es una zona semidesértica. Por otro lado, el riesgo de ataques de los bandidos limita las actividades tradicionales como la caza, la pesca y la recolección de frutas en un radio de cinco kilómetros alrededor del poblado.
Las personas desplazadas y las familias anfitrionas están conviviendo en Moyenne Sido. Deben compartir la pobreza, exacerbada por la inseguridad, la falta de infraestructura y la ausencia de organismos gubernamentales que satisfagan al menos las necesidades más básicas. Como consecuencia, las personas mayores, los huérfanos, los discapacitados y las mujeres jefas de familia luchan por sobrevivir.
Jacob Ndangou, 80 años, está solo. No tiene familia ni sustento. Vive con un miedo permanente, y sus noches son horriblemente largas. No tiene los medios ni la fuerza física para trabajar en el campo. Construirse un refugio está totalmente fuera de sus posibilidades.
Mbizoa Juldas vive con su esposa y su familia en una pequeña casilla en Saramba, una pequeña aldea no muy lejos de Moyenne Sido. Tiene 30 años, pero sufre una discapacidad física severa, probablemente a causa de la polio. Solía desplazarse en un triciclo que ahora está averiado. Por lo tanto, "en cuatro patas" se las arregla para cultivar un pequeño lote, que le permite alimentar a su familia.
Ante la gran cantidad de refugiados y las dificultades que estaban sufriendo, los pocos voluntarios de las filiales de la Cruz Roja de esa zona lanzaron un programa de apoyo. Identifican a las personas con necesidades y les construyen refugios con ramas de árboles. La mayoría de estos voluntarios han estado refugiados en los campamentos de Yoroungou. "Nos sentimos heridos en nuestro orgullo si no podemos ayudar a los hombres y las mujeres con los que hemos compartido tantas dificultades."
Para apoyar los esfuerzos de las autoridades locales de la Cruz Roja de República Centroafricana, el CICR ha lanzado una operación de socorro conjunta con esta Sociedad Nacional. Distribuyen artículos básicos (como colchones, utensilios, jabón y mosquiteros) y herramientas para el cultivo de la tierra. Hasta ahora, el programa ha beneficiado a unas 700 familias, casi 3.000 personas. Para el presidente de la Cruz Roja de República Centroafricana, "este programa de socorro es la culminación de un proceso que nos ha hecho recuperar nuestro orgullo de ser voluntarios".