En los últimos nueve años, el CICR ha prestado asistencia humanitaria a casi un millón de personas afectadas por el conflicto armado en Colombia, víctimas del desplazamiento forzado: la cercanía de los combates, la violencia o las amenazas, obligan cada año a miles de colombianos a abandonar sus hogares y sus medios de subsistencia.
Según el Informe de Actividad del CICR en 2005, el desplazamiento afecta especialmente a los habitantes de zonas rurales que huyen hacia las ciudades. De este modo, no sólo pierden sus bienes sino que se ven inmersos en un entorno nuevo al que, frecuentemente, les resulta difícil adaptarse.
Muchas veces, comunidades enteras abandonan sus lugares de residencia y se desplazan a los arrabales de ciudades más importantes. En esos casos, equipos del CICR se trasladan hasta el lugar de reunión y distribuyen paquetes de alimentos.
Pero además de estas situaciones de desplazamiento masivo, grupos de más de nueve familias huyen de sus hogares hacia las ciudades, a raíz de actos de violencia perpetrados sobre un familiar o a causa de amenazas, y allí buscan reconstruir sus vidas. Espontáneamente, se dirigen a las oficinas del CICR o de la Cruz Roja Colombiana, donde, si satisfacen los criterios de la Institución, reciben ayuda en especies, consistente en paquetes estándar con alimentos suficientes para cubrir las necesidades de una persona por dos semanas.
La institución ha establecido un límite de tres meses para la entrega de este tipo de ayuda, salvo en los casos de hombres o mujeres solos a cargo de sus familias, discapacitados, huérfanos o adultos mayores de 65 años, para quienes se contempla un período de seis meses.
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Facsímil de un bono del CICR. Cada bono lleva impreso el nombre de la persona que puede utilizarlo.
A fin de brindar una mejor cobertura de las necesidades específicas de estas personas, el CICR ha iniciado en noviembre de 2005 un proyecto de asistencia mediante bonos que los beneficiarios pueden canjear por alimentos directamente en comercios minoristas de su área de residencia. La prueba del sistema se realizó en la ciudad de Bogotá.
Durante seis meses, el CICR observó el funcionamiento del nuevo sistema y pudo comprobar su buena acogida.
El uso de bonos permitió a las personas desplazadas enriquecer su dieta con vegetales y carnes frescos, que no están incluidos en el paquete estándar de alimentos que el CICR provee. Además, al poder canjear los bonos en comercios cercanos a su lugar de residencia, los costos de transporte disminuyen.
Por otra parte, y esto es lo más significativo para el CICR, la utilización de bonos redujo la sensación de mendicidad que muchas personas afirmaron tener cuando recibían ayuda en especies. Al mismo tiempo, la posibilidad de realizar las compras en su zona de residencia fue reconocida como una oportunidad para la integración en los procesos sociales y en la vida comunitaria, acelerando el retorno a una situación que se percibe como normal y haciendo menos traumática la adaptación al medio urbano.
El CICR está interesado en extender el programa a otras ciudades donde la infraestructura en materia de tiendas y supermercados lo permita.