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13-02-2009  Entrevista  
República Democrática del Congo: los desplazamientos y sus consecuencias
La amplia mayoría de las 1.200.000 personas que han tenido que desplazarse desde el año pasado está alojada temporariamente en casas de familia. Manuel Duce Marques, nutricionista del CICR, explica por qué esto ha deteriorado la economía local.

©ICRC
Manuel Duce Marques, nutricionista del CICR en la República Democrática del Congo


¿Cómo está la situación en Kivu Norte por lo que respecta a las necesidades de ayuda humanitaria?

En general, uno imagina que la situación de los civiles en el este de la República Democrática del Congo es que las personas desplazadas y otras personas vulnerables viven en campamentos. Pero en realidad la situación es mucho más compleja, dado que muchas personas están alojadas en casas de familia. Cada vez que llegan nuevos desplazados o que algunas personas regresan a su casa, toda la población se hace más vulnerable.

En las zonas donde realizamos nuestra evaluación de las necesidades en materia de nutrición, la mayoría de las personas desplazadas no tiene prácticamente nada. Están alojadas en casas de familia o en edificios públicos y cada día salen a buscar alguna actividad que les permita obtener algún ingreso en un contexto donde el mercado laboral está saturado y las pagas son muy bajas. La preocupación de cada día es encontrar qué comer.

¿De qué modo afecta esta situación a la población local?

Los residentes no están en mejores condiciones que los desplazados, ya que ellos también han tenido que abandonar su hogar varias veces desde el mes de septiembre para escapar de los enfrentamientos. Cerca de Kamandi, por ejemplo, en Lubero Sur, la población ha tenido que desplazarse tres veces desde abril de 2008, por períodos de entre una semana a dos meses. La temporada de la cosecha en esta zona es en noviembre y diciembre, y este año los rendimientos han sido bajos debido a la falta de precipitaciones. Por todas estas razones, los residentes no han podido cultivar lo suficiente como para responder a sus propias necesidades.

Debido a las precarias condiciones de seguridad, para las personas es difícil ir al mercado, lo que significa que no pueden vender lo que cosechan ni comprar lo que necesitan. Los civiles también sufren robos, y algunos grupos armados que los interceptan por los caminos los obligan a darles dinero.

A pesar de todas estas dificultades, los residentes comparten la poca comida que tienen con las familias desplazadas.

¿Cuáles son las consecuencias de esta situación?

Para dar otro ejemplo, en lugar de comer tres veces por día, como debería ser, las familias que viven en esta zona comen un promedio de una comida por día. El valor nutricional de las comidas tampoco es el mismo que en una situación normal, ya que es difícil conseguir algunos de los alimentos más comúnmente consumidos.

También hemos observado un empobrecimiento general de la población en esta zona. Algunas familias, cuando se desplazaron por primera vez, se vieron obligadas a encontrar formas alternativas de llegar a fin de mes. Algunas han tenido que vender algo de ropa, enviar a menos hijos a la escuela o, si estaban enfermas, han tenido que elegir entre comer o buscar atención médica.

Las cosechas fueron malas debido a las precarias condiciones de seguridad, y la gente no pudo guardar semillas para plantar en la próxima temporada de siembra. Si no llega ayuda externa y si no se restablece la seguridad en esta zona, la situación económica y nutricional de la población lamentablemente seguirá deteriorándose a largo plazo.

¿Qué fue lo que más le impresionó durante la evaluación que realizaron en las zonas afectadas por el conflicto?

Al inicio de la evaluación, me encontré con una joven que hervía de fiebre y estaba con sus tres hijos. El marido había sido asesinado meses antes por hombres armados y ella había tenido que desplazarse para buscar un lugar más seguro donde vivir. Cuando llegó a Lubero Sur, comenzó a trabajar para un campesino por un salario de miseria. Se agotó y se sintió enferma, pero como tenía tan poco dinero decidió no ir a ver al médico para poder comprar comida para sus hijos.

En esta misión me he dado cuenta de que ese tipo de situaciones es muy común. Estos hombres y estas mujeres tienen que tomar decisiones muy dolorosas. Sinceramente admiro el coraje de las mujeres congoleñas, que trabajan en condiciones muy duras y hacen sacrificios enormes para alimentar a sus familias.


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13-02-2009