La historia de Mahmud es inusual, incluso para alguien nacido en una familia de refugiados palestinos en Líbano. La guerra civil provocó un doble exilio, seguido de una larga condena en prisión. Hoy, a sus 51 años, Mahmud está de vuelta en un campamento de refugiados en el sur de Líbano y recuerda su azarosa vida.
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Mahmud, que pasó quince años detenido en la India, ahora está de vuelta en un campamento de refugiados en Líbano.
"El ejército indio me arrestó un día en que yo iba al dentista, cerca de Srinagar", recuerda Mahmud. Por supuesto, nunca habría imaginado que eso le sucedería cuando, en 1986, ingresó en la zona de Cachemira administrada por India. "Yo era sólo un inmigrante que estaba tratando de encontrar trabajo para sobrevivir", dice.
Cuando era muy joven, al principio de la década de 1980, ya había tenido que buscarse una nueva vida en Alemania, cuando Líbano estaba asolado por una guerra civil. Cachemira fue su siguiente destino. "Como era extranjero, llamaba la atención", dice, al explicar cómo fue reclutado por un grupo armado que se oponía a las autoridades indias.
Tras ser arrestado, pasó quince años en la cárcel, sospechoso de ser un "combatiente extranjero". Y así es cómo Mahmud conoció al CICR, en una cárcel de Nueva Delhi. "Es duro ser extranjero. Imagínese entonces qué duro es ser un detenido extranjero y estar a miles de kilómetros de la familia", agrega. Mientras Mahmud habla, su esposa Atidal, con su joven y alegre rostro enmarcado por un hijab azul, convida a café y dulces caseros a las visitas.
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Campamento palestino Maachuk, Tyre. Mahmud con su esposa.
Una ventaja de esperanza
En ese terrible vacío, los delegados del CICR "que venían de muchos países" le dieron más que apoyo moral, se convirtieron en "amigos de verdad". "Sentí que alguien me cuidaba y se preocupaba por mí, cuando todo el mundo parecía haberme olvidado", recuerda. Cuando se anunciaba una visita, "limpiaba la celda para recibirlos, como si estuviera recibiendo a mis amigos. Entendían mi vida en la cárcel y me hacían sentir que existía. Sus visitas eran una ventana de esperanza".
Y fue el CICR el que hizo todo lo necesario, cuando Mahmud fue liberado, para que pudiera regresar a Líbano. Esto finalmente sucedió en mayo de 2007, más de 24 años después desde que se fue por primera vez de su país.
En el campamento de refugiados de Maachuk, cerca de Tyre, encontró a un padre que "se había vuelto loco" y que murió unos pocos meses después. La madre de Mahmud ya había muerto, a pesar de su más preciado deseo. "Cada vez que la visité, me dijo que rezaba para vivir hasta que su hijo volviera", dice Riad Dbuk, colaborador del CICR que mantuvo regularmente informada a la familia de Mahmud mientras éste estaba detenido.
Apoyo de la familia
En esas circunstancias, podría esperarse que Mahmud fuera un hombre amargado, quebrado. Sin embargo, es muy positivo sobre su nueva vida, lo que atribuye al apoyo permanente de su familia. "Gracias a Dios, cuando volví a mi hogar, encontré a mi familia", dice en su inglés con acento indio, y termina con una tímida pero cálida sonrisa. "Siento que todos me aman, mi hermano, mi hermana. Hicieron mucho por mí, salen a caminar conmigo para que logre olvidar la cárcel y los problemas."
A pesar de su frágil estado de salud, deteriorado por los quince años en prisión, Mahmud logra ganarse la vida como jornalero. Pero lo mejor de su nueva vida es sin duda Atidal, su sonriente esposa, que se ocupa atentamente de las visitas en la pequeña sala de estar.
Pan y aceitunas
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Aldea de Terharfa. Mahmud ha encontrado trabajo en un olivar.
Otras mujeres, dice Mahmud, le habrían pedido dinero por el casamiento y alguna joya de oro. "Ella no pide nada. Me dice que vivirá conmigo aunque sólo tengamos pan y aceitunas. No quiere nada más."
Atidal era huérfana, dice Mahmud. Pero ahora "me tiene a mí. Soy su padre, su madre, soy todo para ella". A su vez, ella "me ha ayudado en la vida, me ha ayudado a ser feliz y olvidar todo, a seguir adelante".
La pareja llevó sus pocas pertenencias a la casa que ahora comparten con los hermanos de Mahmud, casa donde éste nació. Para Mahmud, no vale la pena quedarse en un pasado amargo, "es mucho mejor partir del presente". Se ríe con timidez, y los ojos se le iluminan cálidamente.