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Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
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9-06-2009  Reportaje  
Haití: la pobreza, caldo de cultivo de la violencia en Cité Soleil
Casi todos los jefes de las bandas armadas están en la cárcel, y la violencia que devastó Cité Soleil entre 2003 y 2007 ha disminuido. Sin embargo, la pobreza alimenta el descontento, y las víctimas de la violencia siguen siendo uno de los sectores más vulnerables de la población.

¡Una pelea!

La razón por la cual un grupo de niños de la calle empieza a golpear a una joven no se sabe. Pero, en cuestión de segundos, se corre la voz de que hay una pelea. Hordas de niños harapientos corren a ver la escena, contentos por la distracción, que interrumpe la monotonía de otro día más sin nada que hacer en Cité Soleil, la extensa barriada situada a lo largo de la costa, en la capital de Haití. Los padres, fatigados, se llevan a sus hijos y la joven golpeada logra escapar.

Los días en que las familias corrían a protegerse contra los tiroteos cotidianos han quedado atrás. Hace unos años, Cité Soleil era uno de los lugares más pobres y peligrosos del mundo, desgarrado por una brutal guerra entre bandas armadas que aspiraban a controlar la zona. En contraste, el incidente de hoy podría haber sucedido en el patio de cualquier escuela del mundo... salvo que el 90% de los niños en Cité Soleil son demasiado pobres para ir a la escuela.

Las tropas de las Naciones Unidas han estabilizado las condiciones de seguridad en Haití, uno de los países más pobres del mundo, y muchos miembros de las bandas armadas han muerto o están tras las rejas. Sin embargo, la violencia, atizada por el hambre y la frustración de tener que sobrevivir con menos de un dólar al día, sigue afectando a los 300.000 habitantes de Cité Soleil.

El CICR realiza actividades en Haití desde 1994, y en Cité Soleil desde 2003. Rob Drouen, jefe de la delegación del CICR, explica: "Haití es un Estado frágil, donde las bandas armadas se usan para provocar disturbios por razones políticas, y la indigencia intensifica el descontento".

Una abuela sin suerte

Haciendo un rodeo para evitar la pelea de los niños, entro en la casa de una mujer que ha sufrido más que la mayoría. Elevanise Tidor, de 83 años, antigua residente de Cité Soleil, quedó atrapada en el fuego cruzado de las bandas armadas en 1993. En 2004, se encontró de nuevo en medio de un tiroteo, y recibió disparos en el pecho y en el estómago. Abre su viejo vestido para mostrarme las cicatrices de su mastectomía. Me cuenta que, además, la atropelló un auto, y ahora apenas puede caminar.

Confinada a una vivienda de chapa casi sin amoblar, se preocupa por las condiciones de vida de sus hijos y nietos.

"Mi cuerpo recibió las balas", dice. "Pero el golpe más duro fue para mis familiares. No puedo trabajar ni hacer nada por ellos. Muchas veces, mis nietos se van a dormir llorando de hambre."

Reparar los daños

Se sabe que las víctimas de la violencia pueden sufrir los efectos del incidente durante años. Pero, en Cité Soleil, el sufrimiento puede durar toda una vida.

Con la ayuda del CICR, un grupo de víctimas de la violencia asiste a otras personas que sufren. En 2007, después de que, por razones políticas, los miembros de una banda armada le propinaran una paliza, Pierre Wilber fundó REVICIS (Agrupación de Víctimas de Cité Soleil). La asociación ya ha identificado a 300 víctimas y está tratando de reunir fondos para ofrecer servicios de asistencia social psicológica y jurídica.

"En Cité Soleil, los problemas sociales son tantos, que todos los que están aquí son víctimas", dice Wilber. "Pero damos prioridad a las personas que llevan cicatrices visibles causadas por la violencia, porque han sufrido doblemente".

Brice Osmer es una de las pocas víctimas que todavía puede trabajar. En abril de 2005, quedó atrapado en un tiroteo entre las tropas de paz de la ONU y las bandas armadas. Recibió tres disparos y perdió un brazo. Desde entonces, recorre las calles vendiendo tarjetas para teléfonos celulares y bolsas de agua.

“En un buen día, gano un dólar", dice. "Pero si mis hijos no pasan hambre, es gracias a mi esposa, que vende comida de la mañana a la noche".

Otras víctimas no han gozado de un apoyo similar. En 2006, Roudeline Lamy, de 23 años, dejó caer a su bebé de tres meses cuando recibió un disparo en el estómago. Ella todavía tiene dolores en el estómago, pero el impacto de la caída dejó a su hija paralizada de la cintura para abajo. El marido de Roudeline murió a manos de las bandas. Ella y su hija duermen sobre el piso de cemento de una vivienda que se inunda con cada lluvia, y viven gracias a la caridad de algunos amigos, esperando que Dios no las abandone.

El Estado casi no tiene servicios para los pobres, y a éstos sólo les queda la fe en Dios. Dos escuelas y un hospital público atienden a una población cada vez más numerosa; los organismos humanitarios y los grupos religiosos procuran llenar los vacíos.

La respuesta de la Cruz Roja

El CICR realiza actividades en todo Cité Soleil, ayudando a los más pobres de entre los pobres. No hay ambulancias públicas y, desde 2003, los voluntarios de la Cruz Roja prestan servicios de primeros auxilios y trasladan a los enfermos y heridos. En 2004, en el momento álgido de la guerra entre las bandas armadas, la Cruz Roja garantizaba que los pobladores tuvieran acceso seguro al agua. Antes, arriesgaban la vida cruzando las líneas del frente para llenar sus baldes.

Hoy, el CICR colabora con las autoridades encargadas del abastecimiento de agua, manteniendo y operando 53 grifos comunitarios esparcidos por todo Cité Soleil. Esos grifos se ponen en funcionamiento un par de horas, veinte días al mes.

Prospere Borgelin trabaja en el proyecto de abastecimiento de agua del CICR. También colabora con otras organizaciones internacionales a fin de mejorar las condiciones de vida en Ti-Haiti, donde vive (Ti-Haiti significa, en creole, "Petit Haiti", o Pequeño Haití).

Al igual que otros dirigentes comunitarios, ha comprobado las ventajas de colaborar estrechamente con las organizaciones humanitarias y con las tropas brasileñas de la misión de estabilización de la ONU, encargada de mantener la seguridad en Cité Soleil.

"Las tropas nos han traído seguridad. Las comunidades están comenzando a organizarse. Los resultados se ven, porque se están construyendo carreteras, se recoge la basura y se eliminan las aguas residuales", dice Borgelin.

Con grave riesgo para su persona, Borgelin ha ayudado a la ONU y a la policía haitiana a detener a miembros de las bandas armadas en su barrio, y sigue atento a los acontecimientos.

Como muchas personas en Cité Soleil, teme que la ONU se retire antes de que la policía esté lista para tomar su lugar, y que las calles vuelvan a resonar con los tiroteos.

"La miseria genera violencia", dice Borgelin. "Y en Cité Soleil, todavía hay mucha miseria".

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Puerto Príncipe. Unas tortas de barro se secan al sol sobre los escalones. Cité Soleil es hoy un lugar menos violento, pero sigue tan pobre como antes. Para la mayoría de los residentes, es sumamente difícil acceder a la comida y al agua, y muchos se ven obligados a comer tortas de barro mezcladas con mantequilla y sal para paliar el hambre.

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-ht-e-00296
Puerto Príncipe. Elevanise, de 83 años, antigua residente de la barriada denominada Cité Soleil, quedó atrapada en el fuego cruzado entre bandas armadas por primera vez en 1993; en 2004, se encontró de nuevo en un tiroteo y recibió disparos en el pecho y el estómago.

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-ht-e-00341
Puerto Príncipe. Cité Soleil. Brice Osmer, que perdió un brazo a raíz de un tiroteo en 2005, sale de la iglesia y se dirige a su casa con su hija.

©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-ht-e-00402
Puerto Príncipe. El 90% de los niños en Cité Soleil so demasiado pobres para ir a la escuela. El aburrimiento lleva a peleas entre los niños de la calle. Muchos se van a dormir con hambre porque sus familias no pueden acceder a los alimentos.
©CICR/VII/Ron Haviv/v-p-ht-e-00410
Puerto Príncipe. Roudeline y su hija de tres años, víctimas de la violencia, duermen sobre baldosas de cemento en Cité Soleil.

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9-06-2009