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Cédric Piralla
¿Cuáles son las principales preocupaciones del CICR en cuanto a las necesidades humanitarias en Haití?
Las preocupaciones del CICR en Haití son tantas como las necesidades humanitarias que tiene ese país. Las prioridades son muchas, y la población, fragilizada desde hace décadas, sobrevive en condiciones tan precarias, que tratamos, ante todo, de responder a las necesidades básicas.
Sin embargo, creo que la preocupación fundamental del CICR en ese contexto es la revalorización de la dignidad humana. Por ejemplo, cuando el CICR rehabilitó las fuentes de agua en Cité Soleil, el objetivo no era sólo garantizar el acceso de la población al agua potable, sino también protegerla, prestando particular atención a las mujeres y los niños. Al no estar obligada a salir de la Cité para abastecerse de agua, la población ahora evita exponerse a la violencia que impera en la periferia del barrio. Y garantizar la protección y la seguridad también significa devolver la dignidad a quienes la habían perdido.
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Fuente pública en el barrio popular de Cité Soleil.
En ese contexto, ¿qué valor agregado tiene la labor del CICR?
El CICR está en contacto y dialoga con todos los actores en ese contexto de violencia. Su capacidad de escucha a lo largo del tiempo le ha permitido encontrar un anclaje en esa sociedad y ser respetado y reconocido como institución que aporta una perspectiva humanitaria de los problemas. Ante la complejidad del contexto haitiano, el CICR se esfuerza por cumplir el papel de intermediario neutral entre las diversas fuerzas presentes.
Creo que la población haitiana que está expuesta a tantos peligros debe poder contar con una institución que funcione sobre la base de principios humanitarios, que se preocupe y se comprometa y, sobre todo, que escuche a la gente. La proximidad es un factor esencial.
¿Está previsto seguir adelante con los proyectos de mejoramiento de las condiciones de vida en Cité Soleil?
Durante estos tres últimos años, el CICR ha favorecido el regreso de los servicios estatales a Cité Soleil, que se ha convertido en un verdadero ghetto. El regreso de las instituciones al barrio era fundamental: la magnitud de los problemas era tal, que sólo el Estado o instituciones estatales podían intentar responder a ellos.
Por eso, el CICR se asoció con algunas instituciones, como la CAMEP (organismo encargado de la administración del agua en la zona metropolitana) y las ha apoyado y acompañado para que puedan trabajar sin convertirse en blanco de la violencia. La rehabilitación de las fuentes de agua significó el regreso de la noción de bien público al barrio, lo cual es fundamental.
El objetivo del proyecto era favorecer una concertación de todas las partes para permitir la creación de una estructura de distribución de agua capaz de existir sin la presencia del CICR. Ello será posible cuando los costos del programa (combustible para bombear el agua y gastos de reparación de las fuentes) sean cubiertos por la venta de agua.
Otro proyecto realizado en Cité Soleil con la Cruz Roja de Haití permitió la evacuación de numerosas personas heridas hacia las estructuras médicas adecuadas, así como el establecimiento de un servicio de primeros auxilios y salud primaria.
Hay otros barrios sensibles en Haití en los cuales el CICR también podría realizar actividades. Por ejemplo, se está realizando un proyecto en la parte sur de la zona metropolitana, en Martissant. Se trata de una zona donde la población suele pagar el precio de los enfrentamientos violentos entre grupos armados que controlan los barrios y donde es muy difícil desplazarse, ya que hay sólo dos rutas principales y, por lo general, los habitantes tienen que cruzar dos "líneas de frente" para llegar a un centro de salud. Se trataría de promover un servicio de evacuación de los heridos gracias a voluntarios de la Cruz Roja de Haití procedentes de esos barrios.
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Niños de Cité Soleil.
¿Qué actividades realiza el CICR en los lugares de detención?
La atención médica, la calidad de la atención de los prisioneros, el acceso al agua y la gestión de los residuos son los principales problemas a los que tratamos de responder en los lugares de detención que visitamos en Haití.
En 2005 y 2006, reapareció el beriberi en las cárceles haitianas, donde esa enfermedad es recurrente. El CICR trabajó entonces con las autoridades penitenciarias para provocar un cambio radical del régimen alimentario de los detenidos, así como para permitir una mejor gestión de las reservas de alimentos.
En Haití, las estructuras penitenciarias son muy débiles y no pueden responder a las necesidades de los detenidos. Por eso, el CICR trató de sensibilizar a la comunidad internacional sobre la necesidad de ayudar al Estado haitiano en ese ámbito. Ahora está en curso un proyecto estatal muy ambicioso, que cuenta con el apoyo de países amigos de Haití, como Canadá, Francia y Estados Unidos. El objetivo es realizar una reforma estratégica y coherente del sistema penitenciario. El papel del CICR consistirá en identificar los principales problemas y hacer un análisis que integre la perspectiva humanitaria.
¿Qué es lo que más lo ha marcado de su contacto con los haitianos?
He tenido la oportunidad de hacer dos misiones como jefe de la delegación de Haití, la primera fue en 1994. Lo que me ha marcado es la manera en que los haitianos nos ven, la aceptación y el respeto que tienen por nuestra Institución, gracias a nuestra presencia en los períodos más difíciles que ha atravesado el país en los últimos años. Con el transcurso de los años, los haitianos han comprendido plenamente la importancia de los principios humanitarios. Y lo que más me ha impresionado es la fantástica capacidad de imaginación que tienen.