Tras los ataques a su delegación en Bagdad, el CICR se mudó a otra parte de la ciudad. Además, abrió una oficina en Ammán, Jordania, para sus actividades en Irak.
Riyad, Jacqueline, Khalid y Sally, cuatro colaboradores del CICR que se quedaron en Bagdad luego del ataque, tienen un fuerte compromiso con su tarea de salvar vidas, tarea que suele ser difícil y peligrosa. Su vida cotidiana se ha convertido en una lucha por la supervivencia, en la que el peligro de muerte nunca está demasiado lejos. Incluso la simple acción de ir a trabajar puede ser sumamente riesgosa.
Riyad: "Hoy en día, el mero hecho de llegar al trabajo se ha convertido en algo muy peligroso. Ya estamos acostumbrados a este nuevo clima de miedo. No sé si es bueno o malo, pero no tenemos opción."
Jacqueline: "Todo lo que quiero es poder caminar por las calles, mirar a la gente conversar y reírse, que todos volvamos a sentirnos seguros."
Khalid: "Siento gran respeto por mis colegas que siguen trabajando en Bagdad; su fuerza de voluntad es inquebrantable."
Sally: "Se dice que lo que a uno no lo mata, lo fortalece; y es exactamente lo que yo sentí. Todavía pienso que tuve mucha suerte al salir con vida, y esto me ha dado fuerzas para seguir adelante."