| 17-09-2009 Colección de fotografías Irak: familiares visitan por última vez a sus parientes detenidos en Bucca Para visitar a sus familiares detenidos en Campamento Bucca, en el sur de Irak, muchas personas debían emprender un viaje largo, peligroso y costoso, pero que bien valía la pena. En octubre de 2005, el CICR comenzó a ayudarlas a realizar el viaje, al menos cubriendo parte de los costos. En septiembre de 2009, el centro de detención de Bucca, administrado por Estados Unidos, cierra sus puertas, por lo que el CICR da por terminado su programa de ayuda a las visitas de familiares. Durante los cuatro años que se realizó el programa, unos 30.000 detenidos recibieron 146.000 visitas de sus familiares, con el apoyo del CICR.
© CICR / F. Pula / iq-e-00743
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Para visitar a sus familiares detenidos en Campamento Bucca, en el sur de Irak, muchas personas debían emprender un viaje largo, peligroso y costoso, pero que bien valía la pena. En octubre de 2005, el CICR comenzó a ayudarlas a realizar el viaje, al menos cubriendo parte de los costos. En septiembre de 2009, el centro de detención de Bucca, administrado por Estados Unidos, cierra sus puertas, por lo que el CICR da por terminado su programa de ayuda a las visitas de familiares. Durante los cuatro años que se realizó el programa, unos 30.000 detenidos recibieron 146.000 visitas de sus familiares, con el apoyo del CICR.
Leila (con un pañuelo blanco en la cabeza) es madre de tres hijos y vive en el distrito Adhamiya en Bagdad. Está visitando a su hijo, Mohamed, de 27 años, que está detenido en Campamento Bucca desde principios de 2008. Hace dos meses desde que ella y otros familiares lo visitaron por última vez. Son las cinco de la mañana, y la sala de espera en la sección de visitas de familiares de Campamento Bucca ya está repleta. Los familiares llegan muy temprano para evitar el abrasador calor del verano en el sur de Irak.
Leila, su marido y Tabarok, su pequeña hija discapacitada, han ido a visitar a Mohamed. Conteniendo las lágrimas, Leila recuerda el día en que su hijo desapareció. “Fue una pesadilla, lo busqué por todos lados, hasta que una persona del CICR me llamó y me dijo que estaba en Bucca.” Desde entonces, Leila ha visitado a Mohamed con regularidad, para darle noticias de la familia, entregarle cartas y mostrarle fotografías.
Se sube al autobús que la llevará hasta donde está su hijo. Unas pocas horas después, Leila vuelve a la sala de espera, triste e incapaz de ocultar su dolor. “Mohamed estaba tan feliz de ver las fotos. Tan sólo ruego que pronto pueda volver a estar con sus hermanos y hermanas.” Según Leila, el CICR ha hecho muchísimo para ayudarla a ella, a sus familiares y a otras personas que tienen parientes detenidos.
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