Ashraf Al Khatib trabaja como técnico de emergencias médicas en una estación de emergencias de la Media Luna Roja Palestina en Rafah, que presta servicios a una población de 100.000 habitantes. La ciudad de Rafah, que se encuentra en el sur de la Franja de Gaza, en el la frontera límite con Egipto, suele ser blanco de las operaciones militares israelíes.
En sus once años de experiencia, Ashraf ha ayudado a muchas personas de la zona prestándoles primeros auxilios o llevándolas al hospital. “Creo que soy un hombre afortunado, porque tengo un trabajo que me permite ayudar a salvar vidas, algo que no muchos pueden hacer”, comenta Ashraf. “Estoy orgulloso de lo que hago; mi trabajo me da muchas satisfacciones. Pero cada vez que voy a prestar un servicio, también tengo miedo”, agrega.
Ashraf está muy preocupado por la seguridad. Como trabaja en una zona de conflicto, sabe muy bien que debe identificarse como trabajador de la salud para que no lo confundan con un combatiente. “Siempre tengo puesto el uniforme, y cada vez que salimos con la ambulancia, encendemos todas las luces y la sirena. La ambulancia tiene una bandera de la Media Luna Roja Palestina para que se sepa que transporta personal sanitario. Me gusta mucho lo que hago; quisiera trabajar siempre en esto, pero la verdad es que también me gustaría sentirme más seguro”, explica.
Todos los que prestan servicios en una ambulancia han pasado momentos difíciles, y Ashraf no es la excepción. Recuerda, en particular, un incidente ocurrido durante el conflicto del invierno pasado en Gaza, época en la cual trabajaba todo el día sin cesar llevando heridos al hospital. “Como vivo cerca de la frontera, en cuanto comenzó la invasión por tierra, llevé a mi esposa y mis dos hijos a vivir a la casa de mis suegros, que está en el centro, donde pensé que estarían más seguros. Poco después de la mudanza, oí unas explosiones muy fuertes. Rápidamente me di cuenta de que habían atacado el barrio de mis suegros y de que, seguramente, habría muchos heridos. Acudí a la zona de inmediato junto con mis compañeros, y no podía creer lo que había pasado. El barrio estaba destruido. Había gente en la calle con heridas espantosas. Empecé a recoger a los heridos -no de ellos era un primo mío- para llevarlos al hospital y me dije: ‘No tengo tiempo para ir a ver cómo están mi mujer y mis hijos, así que voy a seguir haciendo lo que tengo que hacer y, si les pasó algo malo, algún colega mío se ocupará de ellos’. Ése fue el peor momento que me ha tocado vivir en mi trabajo. Me debatía entre la necesidad de saber cómo estaba mi familia y el deber de ayudar a los heridos que tenía frente a mí. Mi primo murió en el hospital pero, por suerte, a mi esposa y a mis hijos no les pasó nada", relata.
Durante la guerra, muchos jóvenes se inscribieron como voluntarios en el servicio de emergencias de la Media Luna Roja Palestina para ayudar en lo que fuera necesario. Algunos incluso decidieron hacer cursos para capacitarse como paramédicos. “Sentimos que nuestra comunidad nos aprecia”, comenta Ashraf, “aunque a veces se enfadan con nosotros porque no hemos podido salvar una vida. Supongo que lo mismo les pasa a los equipos de ambulancias de todo el mundo. La mayor parte del tiempo, sin embargo, sentimos el respeto y la gratitud de la gente por lo que hacemos. A mí eso me hace sentir bien, porque éste no es un trabajo fácil.”