|
|||||||||||||||||||||
Portada > En el mundo > América > Perú |
24-08-2006 Reportaje "No tengo cómo expresar este dolor" Rufina Romero Figueroa perdió el contacto con su hermana mayor a fines de la década del 80 y todavía la busca. Ambas habían sido separadas de sus padres, que siguen desaparecidos, unos años antes. Sus padres fueron dados por muertos pero sus cuerpos no fueron hallados. En cambio, alberga la esperanza de que su hermana esté viva. CICR
Rufina, acompañada por sus hijos, durante una entrevista con representantes del CICR.
"Vivíamos con mis padres en el caserío Mutuyccocha, cerca del distrito de Iguain. Eso es Huanta, en Ayacucho. Una noche del 83 o el 84, no recuerdo, los de Sendero se llevaron a mi padre Miguel Romero, quien tendría en ese entonces unos 24 años. Los militares llegaron luego y empezaron a quemar las casas, acusando a todos de senderistas. Por temor, mi madre, Simovia Figueroa, que tenía también unos 24 años, mis hermanas y yo, nos fuimos hacia Huanta. Recuerdo que por el camino nos alojamos en la casa de un señor en el Centro Poblado de Huayhuas. Esa misma noche, como a la media noche, tres personas entraron a la casa y sacaron a mi madre, que tenía cargada a mi hermanita, de un año, y se las llevaron. Después de unos días las tres personas que se habían llevado a mi madre volvieron y nos llevaron al caserío de Chiua, en la parte baja de Huanta. Nos dejaron en la casa de una señora que nos dijo que mi mamá no volvería pronto.
"Cuando tenemos hermanos y padres que han muerto, siempre hay una tumba que visitar, pero en mi caso no sé dónde están los restos de mis padres y de mi hermanita menor. No tengo cómo expresar este dolor."
En 1990, bajaron los ronderos a la zona de Chiua en busca de senderistas; es cuando mi tía, hermana de mi madre, se entera de mí y me reclama. Viví con ella unos meses y después me vine a Ayacucho, estudié primaria y secundaria y después enfermería; en ese tiempo conocí a mi esposo y fuimos a vivir a la casa de mi suegro, con mis dos hijos. |