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27-03-2009  Reportaje  
Perú: el hacinamiento multiplica el contagio de tuberculosis en las cárceles
La tuberculosis es una enfermedad que, por su forma de contagio, persona a persona, se propaga con facilidad dentro de aquellos establecimientos penitenciarios que presentan condiciones de hacinamiento. En Perú, el CICR participó en la capacitación de promotores de salud encargados de detectar los posibles casos de contagio para procurar su tratamiento inmediato.

©CICR/M.Mejía/ pe-e-00374
Reclusos esperan para recibir medicamentos.

Se acercaba Navidad y Juan Carlos, un interno del penal de Lurigancho, sospechaba que tenía tuberculosis. Una mañana de diciembre empezó a toser y a escupir sangre. No quería que su madre se enterara de que podría tener tuberculosis porque, en ese caso, no irían a visitarlo en las fiestas. No le dijo nada, pero tampoco quiso comprobar sus sospechas; tenía temor. La tos se hizo más fuerte, ya no podía comer ni respirar bien, el cansancio le ganaba. Cuando ya no podía esconder que estaba enfermo, aceptó que le hicieran una prueba, que resultó positiva. Juan Carlos tiene TBC y ahora también su madre padece la enfermedad.

    Resistencia al tratamiento
    La tuberculosis se trata en principio con cuatro medicamentos durante un período de seis a nueve meses. A veces se desarrolla resistencia a una droga en particular, sea porque el tratamiento se ha interrumpido o no es el adecuado, o por transmisión directa de alguien que presenta esa resistencia. En esta etapa, el tratamiento habitual se torna ineficaz. Dos de los fármacos se consideran básicos, porque matan las bacterias. Cuando el enfermo presenta resistencia a estos dos medicamentos, se habla de tuberculosis multidrogorresistente (MDR). Si bien la variedad MDR se puede curar, el tratamiento es largo, complicado y costoso. En ciertos casos, los internos en las prisiones abandonan el proceso de cura por sus efectos colaterales indeseados y la constancia que requiere llevarlo a término.

“El problema de la tuberculosis en el penal de Lurigancho es que el hacinamiento hace posible que se generen reservorios de TBC que van diseminándose y que traspasan los muros, convirtiendo esta enfermedad en un problema de salud pública. Lurigancho fue concebido para albergar a 2.000 personas, sin embargo, en la actualidad se encuentran más de 11.000 internos”, precisa el Dr. Miguel Angel Melgarejo, coordinador médico del penal. En 2008 se registraron en esta cárcel aproximadamente 900 mil visitas, lo que da una idea de la dimensión del riesgo de contagio.

El número de casos nuevos detectados ha crecido vertiginosamente en los últimos años. “En cuatro años se han triplicado”, apunta el Dr. Melgarejo. Sólo en 2008 se han registrado 730 nuevos casos, y en los dos primeros meses de 2009 se estiman más de 103 nuevos contagios.

En el penal de Lurigancho, la tasa de prevalencia o morbilidad de la tuberculosis fue en 2007 casi 49 veces mayor que a nivel nacional.

Una serie de alternativas y de programas se han puesto en marcha para buscar erradicar la enfermedad. Con el apoyo del CICR y otras instituciones, se han formado promotores de salud. Estos internos están atentos para identificar a quienes muestran síntomas respiratorios y sean posibles portadores del bacilo, para llevarlos de inmediato a la clínica del penal.

La presencia de promotores de salud en el penal de Lurigancho -30 a tiempo completo-, así como el incremento de personal médico, gracias al apoyo del Fondo Mundial, contribuyó con una mayor detección de casos de TBC, lo que permitió sincerar las estadísticas.

"Cuando más se busca, más se encuentra", explica el Dr. Melgarejo, quien sin embargo no deja de esconder cierta preocupación porque, hasta el momento, no se ha estabilizado la curva de crecimiento de esta enfermedad.

"Lo preocupante de la TBC en el penal de Lurigancho es que el incremento de casos es alarmante y no se llegan a estabilizar las cifras, y esto se debe a muchos factores. Además de las condiciones hacinamiento, también cuentan los hábitos de vida de algunos internos, que son más proclives a contraer la enfermedad o reincidir en ella generando casos de resistencia al tratamiento", detalla el funcionario.

El personal de salud además brinda charlas a los internos y a sus familias. Realiza campañas de control en los pabellones de mayor incidencia y recoge muestras que permiten identificar a quienes han contraído la enfermedad. El penal de Lurigancho contó con el apoyo del Fondo Mundial, que financió, entre otros, un laboratorio especializado para analizar muestras y una autoclave, tecnología que sirve para destruir los microorganismos que éstas puedan contener.

©CICR / M.Mejía/ pe-e-00373
Promotor de salud con paciente asintomático.

El área de salud del penal se mantiene alerta, y junto con los promotores de salud, sus representantes se dirigen dos veces al mes a los lugares donde se encuentra la población de riesgo, en los pabellones donde hay mayor hacinamiento.

"Tenemos que ir a las 7:00 de la mañana, antes de que los internos se vayan a hacer sus cosas, dado que justamente la población más afectada se moviliza mucho entre los pabellones. Cuando no hacemos campañas, como al inicio del año, por falta de personal, el número de personas que presenta TBC aumenta", apunta el Dr. Melgarejo.

El penal cuenta con un área de internamiento para los enfermos de TBC que resulta insuficiente. Actualmente, 140 enfermos de TBC se encuentran hospitalizados y el resto recibe tratamiento ambulatorio.

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27-03-2009