El plazo impuesto por los secuestradores de Mary Jean, Eugenio y Andreas para que se hiciera retroceder las tropas se cumplió ayer. ¿Qué puede decir al respecto?
Estamos muy preocupados por lo que les pueda ocurrir a Mary Jean, Eugenio y Andreas, y por su seguridad. Esperamos que no haya pasado ni que pase lo peor. La seguridad de nuestros tres colaboradores es de suma importancia para el CICR. La situación es muy complicada, pero tenemos esperanza de que los acontecimientos de los últimos días no tengan consecuencias negativas para nuestros colegas y para la población de la isla de Sulu.
Actualmente no estamos en condiciones de confirmar cuál es la situación en el lugar. El CICR mantiene contactos con las autoridades. Tenemos la esperanza de lograr una resolución positiva de la crisis.
Repetimos nuestro pedido a los secuestradores de que preserven la vida de Mary Jean, Eugenio y Andreas, y de que los liberen sanos y salvos.
Además, reiteramos nuestro pedido a las autoridades filipinas de que hagan todo lo que esté a su alcance para salvar la vida de los secuestrados y de que eviten toda acción que podría ponerlos en riesgo.
¿Cuál es la reacción del CICR ante la declaración del estado de emergencia en Sulu?
Hemos tomado nota de que se ha decretado el estado de emergencia en la isla de Sulu. No estamos en condiciones de comentar acerca de los movimientos o el posicionamiento de las tropas, tampoco deseamos hacerlo.
El CICR mantiene la esperanza de que estos cambios en la crisis, como las nuevas medidas impuestas, no afecten las condiciones de vida y de seguridad de la población civil en la isla de Sulu.
¿Qué más puede hacer el CICR en esta situación?
El CICR sigue haciendo todo lo posible para resolver la crisis. Hay muchas personas que están trabajando, con un muy bajo perfil, para que esto sea así, y estamos muy agradecidos por todos los auténticos esfuerzos que están haciendo para encontrar una solución. No podemos dar más detalles sobre esos esfuerzos para lograr la liberación de nuestros colegas porque no queremos complicar las cosas.
Estamos muy preocupados por ellos, pero también nos preocupan las demás personas que han sido secuestradas en las últimas semanas en el sur de Filipinas. Deploramos todos los secuestros de personas, que infringen los principios humanitarios fundamentales y el derecho internacional. Entendemos el sufrimiento de todas las personas secuestradas y de sus familiares, y sentimos mucha solidaridad hacia ellos.
¿Cuándo fue la última vez que habló con sus colegas?
Mary Jean, Eugenio y Andreas se comunicaron con el CICR la semana pasada. Las dificultades que están pasando son enormes. Nuestros sentimientos están con nuestros colegas y sus familiares; es imposible imaginar la angustia que están atravesando en estos días.
Hemos tomado nota de la información según la cual no se llevó a cabo la amenaza de los secuestradores. Sin embargo, circulan muchos rumores. Esperamos poder hablar lo más pronto posible con Mary Jean, Eugenio y Andreas.
En algunos medios de comunicación se ha cuestionado el enfoque del CICR respecto de la seguridad de su personal. ¿Qué puede decir al respecto?
El CICR toma muy en serio la seguridad y la protección de su personal, y siempre se ha destacado por ello en todo el mundo. La situación que ahora estamos atravesando en Filipinas es de mucha preocupación para todos en el CICR. La visita de nuestros colegas a la cárcel provincial de Sulu el día en que fueron secuestrados fue notificada a todas las autoridades correspondientes y se nos había dado el permiso necesario. Nuestros colegas fueron secuestrados a plena luz del día en el centro de la localidad de Jolo, a unas pocas decenas de metros de edificios oficiales. Luego decidimos suspender todos nuestros proyectos en la zona.
Sin embargo, seguimos realizando actividades en Filipinas a fin de prestar protección y asistencia a las personas afectadas por conflictos armados y por otras situaciones de violencia. Junto con la Cruz Roja de Filipinas, el CICR está prestando asistencia a las personas que todavía viven en centros para desplazados en Mindanao central. Seguimos llevando adelante nuestros proyectos de salud, agua y saneamiento, así como nuestras actividades en las cárceles y en otros centros de detención en todo el país.
Estamos convencidos de que debemos ayudar a las personas necesitadas sin recurrir a guardias armados o a protección militar. Las armas no son el medio para defender nuestra labor y nuestros principios. No demostraremos nuestra neutralidad ni nuestra independencia, necesarias para ser aceptados por todas las partes, bajo la protección de las armas, todo lo contrario. Queremos realizar nuestra acción humanitaria en medio de enfrentamientos armados y de otras situaciones de violencia sin tomar partido por ninguna causa. Cuando el CICR llega a la conclusión de que un determinado lugar es demasiado peligroso para trabajar sin recurrir a guardias armados y no está logrando una aceptación mínima, o si no se comprende la índole estrictamente humanitaria de su labor, por lo general suspende sus actividades o se retira. Repito que lo que sucedió el 15 de enero en la localidad de Jolo fue totalmente imprevisto.