El mero conocimiento teórico del derecho aplicable a los conflictos armados, aunque de suma importancia, no es suficiente para garantizar que, en las situaciones de combate reales, donde oficiales, comandantes y líderes de batallón deben tomar decisiones prácticas bajo presión, se adopten comportamientos sujetos a las normas de derecho.
"El respeto del derecho internacional humanitario en situaciones de conflicto armado pasa también por una preparación adecuada del personal militar"
De la
entrevista a Martin Lacourt,
delegado del CICR
para las Fuerzas Armadas
en América Latina
La complejidad de la situación de combate requiere que los comandantes se entrenen en la toma de decisiones poniendo en práctica los conocimientos teóricos adquiridos en las aulas. Sin embargo, realizar un "juego de guerra" donde se representen todas las situaciones posibles o que tenga la envergadura de un conflicto que afecte la totalidad del territorio de un país es prácticamente imposible. Por eso, el Centro de Entrenamiento Táctico Computarizado (CETAC) del Ejército salvadoreño desarrolló un programa informático que simula un conflicto armado internacional donde se enfrentan los ejércitos de dos países imaginarios, uno desplegándose como invasor, y el otro defendiendo el territorio.
El programa ofrece a los usuarios información sobre recursos, posición de las tropas propias y enemigas y les requiere indicaciones sobre cursos de acción, a la manera de los juegos de simulación comerciales, lo que genera incidentes (virtuales) en los que se producen heridos, prisioneros, víctimas civiles, o destrucción de bienes. De este modo, en el transcurso del juego, se van planteando situaciones tácticas que los participantes deben afrontar para alcanzar el objetivo que les ha sido encomendado, esto es, básicamente, reconquistar el territorio ocupado por el enemigo.
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Uno de los grupos participantes de la Segunda Simulación analiza la situación creada por el sistema.
En el año 2000, el Ejército de El Salvador realizó su primera experiencia en la utilización de recursos informáticos aplicados a la simulación de situaciones de guerra. En aquella oportunidad, 48 oficiales participaron de tres jornadas de entrenamiento, en las que, tras organizarse en grupos según un orden táctico militar y recibir un "informe de situación de guerra", debieron lograr el objetivo militar fijado cumpliendo, en todo momento, con lo establecido por el derecho internacional humanitario por lo que atañe al trato de prisioneros o al respeto de la población civil o de los bienes protegidos, por ejemplo.
Cada grupo funcionó como la plana mayor de un batallón y contó con un sistema de mandos que debía ser respetado. Se designó a un miembro del equipo como operador de la computadora y responsable de la interacción del grupo con el sistema. Los grupos estaban comunicados entre sí y las decisiones tomadas por cada uno afectaban el desarrollo global del juego. Al final del ejercicio, un grupo evaluador ponderó las decisiones tomadas a la luz del DIH.
Recientemente, el 18 de julio de 2005, el Ejército de El Salvador realizó una nueva experiencia con el sistema, en la que participaron oficiales de las fuerzas armadas de Bolivia, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana y El Salvador.
Durante cinco días, y luego de recibir del Coordinador General del ejercicio una "orden de batalla", los oficiales participantes, divididos en equipos por país, debieron cumplir exitosamente una misión específica en el marco del conflicto armado internacional simulado por la computadora, aplicando las normas del DIH, especialmente las relativas a prisioneros de guerra, heridos y enfermos, personas y bienes civiles, bienes culturales, instalaciones que contienen fuerzas peligorsas, personal sanitario y religioso, bienes sanitarios, transportes sanitarios y campo de prisioneros de guerra.
En ambas oportunidades, el CICR colaboró con las Fuerzas Armadas de El Salvador, aportando especialistas en derecho internacional humanitario. Los Estados tienen, de acuerdo con el artículo 47 del I Convenio de Ginebra, la obligación de difundir el derecho internacional humanitario y, especialmente, de incorporarlo en la formación y el entrenamiento de sus fuerzas armadas, tareas en las que el CICR les presta apoyo a través de programas especializados.