¿Cómo describiría usted la situación actual de Somalia en el plano humanitario?
La situación es extremadamente compleja y es importante tratar de evitar las simplificaciones. El país está en guerra desde hace más de quince años, y de tanto en tanto, se producen sanguinarios picos de violencia. La población civil ha pagado un precio muy alto durante los enfrentamientos de los últimos meses, que han sumado nuevos sufrimientos a la serie de desastres naturales ocurridos a lo largo de 2006.
La situación se agrava a causa de la falta de infraestructuras públicas: las escuelas y hospitales han dejado de funcionar. La criminalidad y la violencia crónica que reinan en gran parte del territorio causan sufrimientos permanentes a la población. Por último, la multiplicación de los actores de la violencia no ayuda en nada, sobre todo porque se está produciendo un nuevo fenómeno de insurrección. Este fenómeno, relativamente reciente, tal vez demuestra que, en Somalia, el fin de la violencia sólo puede provenir de los propios somalíes y que la resolución del conflicto será política antes que militar.
Una vez más, el CICR exhorta a todos los beligerantes a aplicar las normas fundamentales del derecho internacional humanitario con respecto a la distinción entre militares y civiles, el trato humano de los prisioneros y los heridos, y el respeto del personal de las organizaciones humanitarias. Por desgracia, todavía nos resulta difícil comprender las complejas, variadas y siempre cambiantes cadenas de mando. Por otro lado, en Somalia, los portadores de armas prestan muy poca atención a nuestros sucesivos llamamientos, a pesar de que les sean transmitidos por nuestros numerosos contactos en la sociedad civil.
¿La compleja situación somalí sobrepasa la capacidad de la comunidad humanitaria? ¿Cómo hace el CICR para funcionar en un entorno como éste?
Es verdad que todas las organizaciones humanitarias se enfrentan con enormes dificultades para proporcionar protección y asistencia a las víctimas del conflicto armado. Yo diría que el valor añadido del CICR es nuestra aceptación en el terreno, que se origina en nuestra presencia continua en el país desde 1977. Todos han podido observar nuestra labor y comprender que nuestras actividades se realizan con neutralidad e imparcialidad. Además, los somalíes perciben nuestra neutralidad como un compromiso apolítico, lo que nos permite mantener nuestros contactos con todas las partes en el conflicto.
También contamos con el apoyo de una densa red de interlocutores y socios como la Media Luna Roja Somalí (MLRS). Sin esta última, es evidente que no podríamos comprender la realidad del país ni llegar a tantas víctimas.
¿Qué actividades concretas realiza el CICR en Somalia?
Todos los años, prestamos apoyo a unos 300 proyectos de largo plazo diseminados en todo el territorio, como la rehabilitación de pozos de agua existentes y la perforación de pozos nuevos, la recuperación de tierras agrícolas y la mejora de las capacidades de producción de los agricultores. El CICR también administra un importante programa de restablecimiento de contactos entre familiares, a fin de ayudar a las personas que han perdido el contacto con sus seres queridos.
Lo que es más importante aún, contamos con la capacidad de organizar y ejecutar operaciones de ayuda de emergencia destinadas a responder a las necesidades de índole humanitaria causadas por estallidos de violencia o desastres naturales. Esas operaciones en gran escala tienen por objeto la distribución inmediata, entre las personas desplazadas, de artículos de primera necesidad, así como agua y alimentos cuando es necesario. Por ejemplo, tras los últimos enfrentamientos, suministramos más de 10 millones de litros de agua a las personas desplazadas en Mogadiscio, artículos de primera necesidad a más de 350.000 personas y alimentos a más de 210.000 personas.
Además de esas actividades, el CICR presta apoyo a varios hospitales que atienden a los heridos de guerra, dos de los cuales se encuentran en la capital. Desde principios de 2007, esos establecimientos han atendido a más de 3.000 heridos de guerra. En ocasiones, el equipo de cirujanos somalíes ha tenido que trabajar día y noche sin parar, y ha prestado servicios de muy alta calidad. Asimismo, el CICR presta apoyo a una veintena de clínicas de la MLRS en el centro y el sur del país. Esas clínicas están destinadas principalmente a prestar servicios a la población residente, pero también pueden atender a personas desplazadas.
¿Puede el CICR cumplir su tradicional misión de protección en favor de la población?
La labor de protección del CICR en favor de los detenidos es particularmente difícil en un país como Somalia, donde el Estado de derecho dejó de existir hace muchos años. En ciertos contextos, el CICR puede tener interlocutores en la administración penitenciaria o en los ministerios del Interior, de Justicia o de Salud. A causa de la situación actual en Somalia, para el CICR es mucho más difícil mantener un diálogo permanente con las autoridades. En el futuro, sería necesario estructurar mejor este diálogo, en la medida de lo posible y conforme a las expectativas, las necesidades y las capacidades de todas las partes interesadas.
Nos estamos esforzando por resolver el problema de las personas arrestadas a raíz del conflicto, pero, por el momento, no podemos acceder a ellas. A pesar de todo, mantenemos contactos frecuentes con las autoridades del país y con las de otros países que participan en el conflicto. Nuestro propósito es obtener acceso a las personas detenidas, para comprobar que reciben un trato conforme con las normas internacionales y que puedan comunicarse con sus familiares. Sin embargo, las condiciones de seguridad son tales que no podemos actuar con eficacia, sea en materia de protección o de detención.
¿Cuál es el futuro de Somalia?
Por el momento, es imposible realizar predicción alguna. Sin embargo, independientemente de la evolución que siga la situación general, estamos convencidos de que la situación del país en el plano humanitario seguirá siendo extremadamente preocupante por muchos años. Junto con un proceso político destinado a poner fin a la violencia, será necesario poner en marcha un proceso de reconstrucción de las infraestructuras y de los servicios públicos. Todo esto llevará mucho tiempo.
Frente al caos existente, muchos somalíes se sienten indefensos y, en este contexto de anarquía y violencia, sería ilusorio pensar que personas extranjeras puedan formular una solución a la crisis. La solución sólo puede provenir de los propios somalíes, con el apoyo masivo y unánime de la comunidad internacional. Mientras tanto, es importante que las organizaciones humanitarias en general, y el CICR en particular, se mantengan neutrales y no intervengan en el proceso político. Por un lado, es necesario establecer un proceso político que ponga fin a la violencia, y por el otro, la acción humanitaria neutral e independiente debe continuar a fin de aliviar los efectos de esta violencia.