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Eric Burnier, CICR, médico responsable del control de enfermedades transmisibles
La tuberculosis mata a unas 5.000 personas por año en todo el mundo.
2.000 millones de personas son portadoras del bacilo que causa la tuberculosis.
425.000 casos nuevos de tuberculosis fármacoresistente surgen cada año.
Vea también el sitio de la OMS
¿Qué amplitud tiene el problema de la tuberculosis en el ámbito carcelario?
Se pensaba que se podría erradicar la tuberculosis hace unos veinte años gracias a los avances de la medicina, pero la enfermedad se ha mantenido y sigue siendo un problema muy grave en el plano mundial, sobre todo en las cárceles de numerosos países.
La fuerte contagiosidad de la enfermedad, sumada a la promiscuidad de los detenidos, es una de las razones de ese problema. La prevalencia de la tuberculosis en las cárceles es mucho más elevada que entre la población en general, hasta 100 veces más en algunos países. La tuberculosis es hoy, en numerosos países, una de las principales causas de enfermedad y muerte en las cárceles. Un fenómeno particularmente preocupante es el de la manifestación de cierta resistencia con respecto a los tratamientos clásicos, resistencia que se debe, principalmente, a una incorrecta administración del tratamiento o a medicamentos de mala calidad.
¿Cuál es la relación entre la tuberculosis y el VIH/SIDA?
La relación entre esas dos enfermedades es sumamente estrecha, y la propagación de la pandemia del VIH/SIDA es una de las razones que explica que la tuberculosis haya recrudecido nuevamente, sobre todo en el continente africano.
Cuando una persona está contagiada con el virus del VIH/SIDA, su inmunidad disminuye poco a poco, lo que favorece la aparición de la tuberculosis; puede tratarse de una infección nueva o puede reavivarse una infección pasada. Y al igual que en el caso de la tuberculosis, el porcentaje de enfermos de VIH/SIDA es particularmente elevado en el ámbito penitenciario, sobre todo en los países donde esa enfermedad está vinculada al uso de drogas intravenosas, como en los países de la ex Unión Soviética, por ejemplo.
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Armenia, Erevan, hospital penitenciario. Detenido enfermo de tuberculosis toma sus medicamentos en presencia de una enfermera.
¿En qué circunstancias el CICR ha efectuado actividades de lucha contra la tuberculosis en las cárceles del Cáucaso meridional?
El CICR no es un organismo médico y su cometido no es la lucha contra pandemias, como las de la tuberculosis y el SIDA.
Sin embargo, cuando hace diez años, en Azerbaiyán, tras el conflicto del Nagorno Karabaj, los delegados del CICR pudieron comprobar que numerosos prisioneros de guerra estaban contagiados y morían de tuberculosis, no podían conformarse con denunciar la situación. La enfermedad estaba propagándose, y no se estaba administrando ningún tratamiento a los enfermos. Ante esa realidad y debido a la falta de medios a disposición del Gobierno, el CICR inició un programa de lucha, prevención y tratamiento de la tuberculosis en las cárceles del país. El programa fue desarrollado en colaboración con el Ministerio de Justicia y su departamento médico. En los años siguientes, se iniciaron programas similares en Georgia y en Armenia.
¿Qué dificultades se presentaron?
No fue fácil, porque esos países todavía estaban muy marcados por las técnicas de detección y tratamiento de la tuberculosis heredadas de la época soviética, que funcionaban cada vez peor… Para luchar eficazmente contra la tuberculosis, había que convencerlos de adoptar un nuevo modelo, el que propone la OMS, el DOTS (directly observed treatment, short course, es decir tratamiento acortado estrictamente supervisado).
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Georgia, Tibilisi, laboratorio nacional de detección de la tuberculosis.
Otra dificultad se debió al hecho de que, en la mayoría de los países, y sobre todo en los países del Cáucaso meridional, no corresponde al Ministerio de Salud tratar los problemas de salud en las cárceles. En caso de enfermedades pandémicas como la tuberculosis, es fundamental que el Ministerio de Justicia y el de Salud trabajen conjuntamente. Por lo tanto, el CICR, desde hace tiempo, intenta reunir a ambos ministerios en mesas redondas, negociaciones, debates, recordándoles que los detenidos son ciudadanos que deben tener acceso al mismo sistema de salud que el resto de la sociedad.
¿Cuál ha sido el papel del CICR en la elaboración de programas de lucha contra la tuberculosis?
El CICR, que trabaja en estrecha colaboración con la OMS, ha aplicado el método recomendado por esta organización, el DOTS. Según ese método, el registro y la detección de los casos se efectúan según normas estrictamente definidas, las reservas de medicamentos deben ser regularmente abastecidas a fin de poder responder a la demanda y evitar correr el riesgo de que se agoten, y los medicamentos deben tomarse bajo supervisión estricta, durante todo el tratamiento. Por último, el registro sistemático de los casos debe permitir una evaluación constante de la situación.
En los tres países del Cáucaso meridional, la primera acción del CICR fue persuadir a las autoridades de que adoptaran esa estrategia. Dada la imposibilidad, para las autoridades, de hacer frente a la complejidad del problema y a los costos de la estrategia, el CICR inició un programa muy sustitutivo, que incluía, en particular, la formación del personal de salud, el abastecimiento de medicamentos y de material para laboratorio, la detección, el tratamiento y el seguimiento de los reclusos tuberculosos, pero también obras de rehabilitación de las secciones sanitarias de la cárcel.
Los resultados de la aplicación del método DOTS
– en Azerbaiyán :
unos 7.000 detenidos enfermos de tuberculosis recibieron tratamiento
la tasa de mortalidad a causa de la tuberculosis cayó del 14% en 1995 al 3% en 2004
– en GeorgiaMás de 3.000 detenidos enfermos de tuberculosis recibieron tratamiento
el porcentaje de detenidos enfermos cayó del 6.5% en 1998 al 0.6% en 2005
¿Cuáles fueron los resultados?
El primer resultado, que probablemente es el más destacable, es el de haber logrado convencer plenamente a las autoridades médicas de los Ministerios de Salud de los tres países del Cáucaso meridional de que la técnica del DOTS es la técnica adecuada, que no sólo es eficaz en los países del tercer mundo, sino también en todo el mundo. Los buenos resultados del programa ayudaron a convencerlos.
El segundo punto, también muy positivo, es que la detección de la tuberculosis en los reclusos se efectúa ahora apenas ingresan en la cárcel. Todos los prisioneros son examinados y si presentan síntomas de tuberculosis, se procede a confirmar el diagnóstico, luego se les pone bajo tratamiento y se les separa de los otros detenidos.
Actualmente, el CICR busca retirarse progresivamente delegando la responsabilidad final de esos programas a las autoridades, que poco a poco van asumiendo su conducción. El traspaso de los programas es hoy más fácil que hace diez años, gracias a la existencia del "Fondo mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo".
¿Qué sucede en los casos de resistencia al tratamiento?
Ese problema es muy grave, porque entonces se debe recurrir a medicamentos mucho más caros, más complicados de administrar, y por una duración más prolongada. El tratamiento clásico del DOTS permite a todo enfermo de tuberculosis curarse definitivamente en seis a ocho meses, mientras que en los casos de resistencia a los medicamentos del DOTS, se deben tomar esos medicamentos de segunda línea durante períodos de hasta dos años, lo que genera costos y dificultades considerables. El problema de la resistencia al tratamiento en los países del Cáucaso meridional fue abordado conjuntamente con otros organismos, sobre todo con la cooperación alemana, a fin de tratar de hallar las respuestas adecuadas.
¿De qué manera ha evolucionado el papel del CICR en los últimos años?
Cada vez más, el papel del CICR en el Cáucaso meridional consiste en adoptar una actitud de apoyo a las autoridades para que puedan luchar por sí mismas contra la tuberculosis en las cárceles. También se moviliza para ayudar a esos Gobiernos a obtener los fondos necesarios.
En otras regiones, particularmente en el continente africano, donde la estrategia del DOTS se está utilizando en forma generalizada desde hace unos veinte años, el CICR ha desempeñado, desde el comienzo, ese papel de apoyo a las autoridades, recordándoles que los detenidos son ciudadanos y tienen derecho a recibir los mismos medicamentos, tratamientos, atención, que la población en general.
El castigo de un recluso, si ha cometido un delito, es estar en la cárcel, no contagiarse una enfermedad infecciosa y potencialmente mortal, como la tuberculosis, en el encierro.