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Documento archivado (probablemente con información obsoleta)

1-04-1996  Publicación CICR  
Minas terrestres antipersonal ¿Armas indispensables? Estudio sobre el uso militar y la eficacia de las minas antipersonal, hecho por encargo del Comité Internacional de la Cruz Roja

      ¿Están justificados los argumentos militares para continuar utilizando las minas terrestres antipersonal? En los conflictos ocurridos desde 1940, las minas utilizadas sea por ejércitos profesionales, sea por insurrectos, sea en operaciones antisubversivas han sido -y son- rara vez sembradas correctamente e influyen poco o nada en el desenlace de las hostilidades. Las conclusiones recibieron el apoyo unánime de expertos militares de alto rango, de diversos países, en una reunión relativa a ese tema, que tuvo lugar en Ginebra, el mes de febrero de 1996.
Estudio sobre el uso militar y la eficacia de las minas antipersonal, hecho por encargo del Comité Internacional de la Cruz Roja, Ginebra, marzo de 1996

    Dado que el CICR no tiene acceso a material clasificado como secreto, lo contenido en este estudio es información de procedencia solamente pública. El CICR agradecería recibir comentarios por escrito y más datos, en particular estudios de casos, para confirmar o desmentir, con miras a futuras deliberaciones, las aquí consignadas.

    Se puede remitir material a:

    División Jurídica
    Comité Internacional de la Cruz Roja
    19, avenue de la Paix, 1202 Ginebra
    Suiza

Índice

Prefacio

Resumen del contenido

I. Introducción

II. Doctrina y empleo militares de las minas terrestres

1. Conflictos armados internacionales

2. Conflictos armados internos y violencia

3. Control de la población y terrorismo

III. Restricciones jurídicas del empleo de minas

IV. Empleos históricos de las minas

V. Eficacia militar del empleo de las minas antipersonal

1. Conflicto armado internacional

a. Efectos para las fuerzas adversarias

b. Efectos para las fuerzas que emplean minas antipersonal

2. Conflicto armado interno y violencia contra las personas civiles

VI. Viabilidad y utilidad de requisitos para cartografíar y señalar los campos de minas

VII. Nuevas tecnologías en cuanto a minas y sus implicaciones

VIII. Correlación entre lo militar y lo industrial

IX. Alternativas posibles con respecto a las minas antipersonal

X. Responsabilidad política

XI. Conclusiones de un grupo de expertos militares

Anexo I - Participantes y refrendos de las conclusiones

Anexo II - Declaración final de los participantes



Prefacio


No es nueva la preocupación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) por los efectos atribuidos a las armas. Ateniéndose a su cometido de desarrollar y promover el derecho internacional humanitario, no ha cesado de llamar la atención sobre el empleo de las armas cuyos efectos amenazan con menoscabar ese derecho. En años recientes, han suscitado creciente interés las catastróficas consecuencias que, para cientos de miles de personas civiles en decenas de países, tienen las minas terrestres antipersonal. En 1994, el CICR llegó a la conclusión de que el escalofriante costo humano de las minas antipersonal supera con creces la limitada utilidad militar y de que, por consiguiente, habría que prohibir su empleo.

A pesar de lo preocupante que resulta el problema de las minas terrestres entre las organizaciones humanitarias y los líderes políticos, las negociaciones para prohibir o incluso restringir en gran medida el empleo de las minas antipersonal han llegado a un estancamiento, ya que se parte de la hipótesis de que son armas esenciales de gran valor militar y de que su utilidad contrarresta el costo humano. Aunque no se dispone de estudio histórico alguno acerca de esta hipótesis, un creciente número de oficiales militares superiores han impugnado su validez.

Dada la carencia de otros estudios a disposición del público, el CICR decidió encomendar el presente análisis sobre "el empleo y la eficacia militares de las minas antipersonal", que es una evaluación inicial del empleo efectivo de estas armas en los conflictos registrados los últimos 55 años. El texto principal del estudio fue escrito por el general de brigada Patrick Blagden, redaccionalmente secundado por Peter Herby y Louise Doswald-Beck, de la División Jurídica del CICR, y con la colaboración técnica del Departamento de Comunicaciones del CICR. El general Blagden, además de su larga trayectoria como ingeniero de combate y de investigación en armamentos del ejército británico, aportó al estudio su reciente experiencia por lo que atañe a la problemática de las minas terrestres en más de una docena de países como asesor principal para la remoción de minas del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de las Naciones Unidas. Completaron el estudio los participantes en una reunión de expertos militares superiores convocada, en febrero de 1996, por el CICR.

Las conclusiones del estudio, que figuran en la sección XI, fueron unánimemente aprobadas en la reunión de expertos militares y refrendadas por otros muchos jefes militares, tal como se indica. Entre los participantes había eminentes oficiales, en activo y jubilados, procedentes de 8 países, con amplia experiencia personal en el empleo de minas, así como en la conducción de operaciones militares sin estas armas. Su experiencia se fundamenta en guerras convencionales, operaciones de lucha antisubversiva y defensa contra el empleo de minas por fuerzas insurgentes.

El CICR quisiera dar las gracias al general de brigada Blagden y a los participantes en la reunión de expertos militares, que compartieron con nosotros sus conocimientos y su experiencia.

Resumen del contenido

Se considera, en general, que las minas terrestres antipersonal son armas indispensables en la guerra y que sus efectos pueden ser moderados si se respetan la doctrina militar y las normas del derecho internacional humanitario. En el presente estudio se examinan los argumentos militares para seguir utilizando estas armas a la luz de su empleo en conflictos reales desde 1940, sea por las fuerzas armadas profesionales, sea por rebeldes, sea en operaciones antisubversivas. Se ha emprendido este estudio porque no hay a disposición pública otros documentos sobre el uso y la eficacia de las minas antipersonal.

En los 26 conflictos aquí considerados, son pocos los ejemplos que pueden citarse en los que el empleo de las minas antipersonal se haya avenido con el derecho internacional o con alguna doctrina militar, si es que había. Los hechos históricos evidencian que, durante las hostilidades, esas minas rara vez se utilizan "correctamente", tanto por ejércitos "desarrollados", como por ejércitos "del Tercer Mundo" o insurrectos, y que sus efectos no pueden limitarse tan fácilmente como se pretende en derecho y en doctrina. Ese empleo es, las más de las veces, "incorrecto", sea intencionalmente sea por inadvertencia o porque es imposible aplicar normas específicas en el encono de la batalla. En el presente estudio se sugiere que sería poco sensato justificar el continuo empleo de las minas antipersonal partiendo de la premisa de que "se minará" de manera cuidadosa y controlada.

Que se empleen correctamente o no, cabe preguntarse, asimismo, si el empleo de estas armas antipersonal ha permitido alcanzar el objetivo militar legítimo. Una vez más, los hechos considerados muestran que, aun cuando se utilizan en gran escala, las minas no surten, o surten en corta medida, efectos en cuanto al desenlace de las hostilidades. No hay caso alguno que demuestre que el empleo de las minas antipersonal haya desempeñado un papel determinante para los resultados de un conflicto. En el mejor de los casos, estas armas tuvieron un valor táctico marginal en ciertas específicas pero estrictas circunstancias, descritas en las conclusiones.

Se aborda, además, un aspecto a menudo soslayado, esto es, el costo y los peligros para las fuerzas que emplean las minas antipersonal. El precio propiamente dicho de colocar, señalar, observar y mantener campos de minas es elevado en términos tanto humanos como financieros; implica una gran inversión, riesgos para las fuerzas propias y pérdida de flexibilidad táctica. Incluso si se asumen estos costos, los efectos de las minas antipersonal son muy restringidos y pueden ser hasta contraproducentes.

La innovación tecnológica, así como el hecho de sembrar minas lanzadas a distancia, han comenzado ya a modificar la índole de la doctrina militar y el empleo de las minas terrestres. Su creciente empleo podría perturbar considerablemente la naturaleza de la futura guerra de minas e incrementar su amplitud. Las implicaciones de estos y otros acontecimientos, incluida la introducción de captores sísmicos, de minas antipersonal con mezcla combustible-aire y de minas híbridas de uso contracarro y antipersonal se examinan desde el punto de vista tanto militar como humanitario.

Asimismo, se analizan las soluciones técnicas propuestas para los problemas de índole humanitaria planteados por las minas antipersonal, en particular el acrecentado empleo de los modelos provistos de mecanismo de autodestrucción y de autodesactivación. Por una serie de razones, se considera que es bien poco probable que estas soluciones permitan reducir significativamente el número de víctimas civiles y evitar la destrucción de la vida civil a causa de las minas terrestres.

Al examinar los sistemas alternativos de las minas antipersonal, se describen varias opciones, tales como cercados, obstáculos físicos y fuego directo, y se pone de relieve la necesidad de una mejor información, de mayor movilidad y más estrecha vigilancia. Las fuerzas que se enfrentan con diversas situaciones tácticas ya han recurrido a estos medios que, según ellas, son eficaces. Los progresos tecnológicos han abierto vías hacia prometedoras alternativas, que se abordan en la sección IX y que merecen ser examinadas, en lugar de continuar buscando nuevas tecnologías de minas. Se sugieren perfeccionadas técnicas de remoción de minas y el empleo de vehículos contra minas más resistentes como medidas para reducir aun más el incentivo de utilizar minas antipersonal.

Las conclusiones del presente estudio se formularon en una reunión de jefes militares, en activo y jubilados, procedentes de distintos países y fueron unánimemente refrendadas por todos los participantes a título personal.

I - Introducción


1. Se empieza a aceptar generalmente que el problema de contaminación planteado por las minas en el mundo está alcanzando proporciones inadmisibles. El Departamento de Estado de Estados Unidos calcula que hay actualmente unos 84 millones de minas terrestres diseminadas en 64 países. La ONU considera que, si cesara inmediatamente el empleo de las minas, se necesitarían 1.100 años y 33.000 millones de dólares EE.UU. para eliminar, al actual ritmo, las ya sembradas [1]. La lista de los países infestados de minas se compagina con la historia de los recientes conflictos: Angola, Afganistán, Bosnia-Herzegovina, Camboya, Croacia, Etiopía, Irak, Mozambique, Ruanda, Somalia y Sudán. Cada año se siembran de 2 a 5 millones de nuevas minas, añadiéndose a "una de las formas más generalizadas, más letales y de efectos más duraderos de contaminación" [2] que el mundo ha conocido.

2. Éstas armas se cobran unas 2.000 víctimas al mes [3] y, durante los últimos 50 años, es probable que hayan causado más muertos y heridos que las armas nucleares y químicas conjuntamente. Concebidas en un principio para oponerlas a la utilización de tanques y otros vehículos blindados, las minas terrestres se han empleado cada vez más contra los seres humanos. Las minas antipersonal (AP) se han convertido en las armas predilectas de las partes involucradas en operaciones del tipo guerrilla y en conflictos internos por ser poco onerosas, fáciles de colocar y sumamente eficaces para matar y mutilar.

3. Las minas terrestres difieren de la mayoría de las armas, con las cuales hay que apuntar y disparar. Una vez colocadas, las minas son armas totalmente indiscriminadas. Si no se desmina, estas armas pueden seguir matando y mutilando mucho después de que las partes beligerantes contra las que habían sido colocadas hayan cesado de combatir. La ONU considera que su capacidad de matar o de herir a una persona civil después de un conflicto es, por lo menos, diez veces mayor que a un combatiente durante las hostilidades [4]. Además, las minas duran mucho tiempo. Aunque no hay cálculo alguno en cuanto a su duración, las minas colocadas en Libia y en Europa durante la Segunda Guerra Mundial permanecen activas y siguen causando bajas más de 50 años después. Las minas modernas con envoltura de plástico son estables y resistentes al agua y, por consiguiente, pueden constituir un peligro durante muchas décadas.

4. La principal característica de una mina es que está diseñada para ser accionada por la víctima, lo que significa que detonará o explosionará por "la presencia, la proximidad o el contacto" [5] de su víctima (persona o vehículo) con ella o con su mecanismo de detonación. El dispositivo disparador puede estar provisto de una trampa alámbrica, un dispositivo antimanipulación o alguna forma de sensor electrónico. En esto se diferencian principalmente una mina y una munición clásica. Algunas municiones están cargadas para actuar como minas y pueden explosionar al tocarlas o moverlas, pero las más de ellas están provistas de una carga que explosionará por impacto, habitualmente contra un objetivo sólido y, por lo general, cuando no funcionan, son menos peligrosas que las minas. No pocas de las municiones permanecen en la superficie, a no ser que tengan suficiente impulso para penetrar en el terreno. Las municiones pueden seguir siendo mortíferas si son mal manipuladas y las desafortunadas víctimas de muchos accidentes por munición son niños, que no pueden resistir a la tentación de jugar con ellas.

5. La finalidad de las minas terrestres es, por lo general, atacar a tanques y vehículos (minas contracarro) o a personas (minas AP). Las minas contracarro suelen tener de 2 a 9 kg. de explosivo y, para activar el mecanismo de detonación, se requiere una presión de unos 100-300 kg. Las minas AP son más pequeñas, con 10-250 g de explosivo, y explosionan con una presión de 5-50 kg.. Pueden dividirse en dos categorías: las minas explosivas que se colocan a ras de suelo o ligeramente enterradas y son accionadas al pisarlas, y las minas de fragmentación, que suelen ser activadas con trampa alámbrica y, al explosionar, proyectan múltiples fragmentos de metal sobre una extensa superficie. Una variante de la mina de fragmentación es la mina "saltadora" que, accionada por medio de una trampa alámbrica, se eleva hasta la altura de la cintura gracias a una pequeña carga explosiva antes de explosionar la carga principal [6]. Más nuevos tipos de minas pueden accionarse por proximidad, en lugar de mediante presión, pero el principio de la activación por la víctima es el mismo.

6. Las más de las minas terrestres empleadas durante la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente después de ella tenían envoltura metálica, pero el desarrollo de plásticos estables y duraderos en las décadas de los 50 y 60 permitió que el plástico se utilizará corrientemente como material de envoltura. Estos plásticos más perfeccionados se utilizan hoy también para los mecanismos de detonación. Una moderna y ligera mina AP explosiva puede contener tan poco metal que resulta casi imposible dar con ella mediante un detector electrónico capaz de localizar pequeñas porciones de metal en una mina. La creciente dificultad para detectar minas ha inducido a proponer que haya un mínimo de metal en cada mina para facilitar su localización recurriendo a las técnicas convencionales de remoción de minas.

7. La remoción de minas puede resultar muy difícil, especialmente si han permanecido en tierra durante más de un año. Se calcula que para eliminar una mina terrestre que cuesta 3 dólares EE.UU. [7] y casi nada colocarla, se necesitan de 200 a 1.000 dólares [8]. Se realiza relativamente una limitada labor de remoción de minas. La ONU mantiene unos 5.000 desminadores sobre el terreno, que extrajeron solo unas 85.000 minas en 1994, mientras que, en ese mismo período, fueron colocadas de 2 a 5 millones de estos artefactos. Así pues, cada año se agrava el problema de las minas terrestres.

8. Un creciente número de organismos internacionales, incluido el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), ha desplegado intensos esfuerzos con miras a lograr la prohibición del empleo de minas AP. Alarmado por el cada vez mayor número de víctimas de minas en sus hospitales y horrorizado por la gravedad de las heridas causadas por estas armas, el CICR organizó una serie de reuniones de expertos sobre el tema y tomó la decisión, en febrero de 1994, de abogar por una prohibición total como única solución realista. Frente a la creciente presión ejercida por diversas organizaciones no gubernamentales (ONG), por los medios de comunicación y por el respectivo parlamento, los Estados Partes en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales [9] decidieron convocar, tras solicitud de Francia, una Conferencia de Examen del tratado, en particular para reforzar sus restricciones sobre el empleo de las minas terrestres.

9. En la primera reunión de esta Conferencia de Examen, celebrada en septiembre-octubre de 1995, se acordó en principio ampliar el ámbito de acción del Protocolo original por el que se rige el empleo de minas terrestres. Sin embargo, muchos países, que sostuvieron que las armas de su elección (o de su fabricación) deberían atenerse a lo estipulado en el Protocolo o que el Protocolo debería avenirse con sus armas [10], se mostraron muy renuentes a aprobar medidas tendentes a la introducción de una prohibición o incluso de estrictas limitaciones. En una segunda reunión de la Conferencia de Examen, en enero de 1996, se pulieron algunas modestas restricciones técnicas sin que se pudieran lograr decisiones firmes. Se prevé una reunión final para abril de 1996.

10. Resultó, en seguida, evidente que la mayoría de los Estados no deseaba renunciar al empleo de las minas terrestres, o de las minas AP, por sus ejércitos, ni siquiera limitarlo considerablemente, inducidos por el respectivo Ministerio de Defensa, reacio a eliminar de sus arsenales lo que consideraba ser un sistema de armas sumamente eficaz. Esta actitud ya se había podido presagiar en una reunión de expertos militares nacionales, organizada por el CICR, el mes de enero de 1994, en la que los participantes, al referirse a la doctrina militar clásica, adujeron unánimemente que las minas siguen siendo un arma para la cual se desconoce un sistema alternativo viable y que sus propias fuerzas utilizan las minas de manera legítima y responsable [11]. Los expertos puntualizaron que la causa principal del actual problema de las minas terrestres es el repetido empleo de estas armas por las fuerzas irregulares en conflictos internos, con el consiguiente número de víctimas. Se arguyó que las naciones "civilizadas" y sus ejércitos no tienen relación alguna con la actual problemática de las minas terrestres, cuya responsabilidad recae ampliamente sobre las fuerzas irregulares combatientes en los conflictos internos.

11. En la mayoría de los casos, los Estados no juzgaban necesario apoyar sus asertos con hechos reales y la índole de los debates no daba cabida a un examen razonado sobre sus declaraciones. Esto se debía, en parte, al hecho de que nunca fue cuestionado el valor militar de las minas AP. Cabe señalar que las organizaciones militares profesionales o los analistas militares no han emprendido estudio sistemático alguno en cuanto a si sus efectos militares han coincidido concretamente con las expectativas en condiciones de combates pasados. A decir verdad, en los documentos históricos de dominio público se presta muy poca atención, si es que se presta alguna, al papel que han desempeñado las minas AP.

12. Los argumentos de índole militar presentados en la Conferencia de Examen sobre la utilidad de las minas terrestres, en especial de las minas terrestres AP, conllevan muy escasas probabilidades de adecuarse con los objetivos humanitarios. La finalidad de este estudio es examinar la práctica militar de empleo continuo de minas AP y cómo tal práctica se justifica a la vista de los resultados reales del empleo de estas minas. Se examinan también las medidas tomadas para reglamentar el empleo de minas AP y se especifica su efectividad sobre el terreno: en guerras internacionales, en conflictos internos, en operaciones de poca intensidad. Se toma en consideración cómo en la doctrina militar relativa al empleo de minas por países desarrollados pueden influir el desarrollo por lo que atañe a minas y la capacidad de producción de esos países, y cómo todo esto puede afectar al empleo continuo de minas terrestres, en especial minas terrestres AP, por fuerzas irregulares en conflictos internos. Se parangonan, asimismo, las contradictorias actitudes adoptadas por gobiernos que, aunque oponiéndose vigorosamente al empleo de minas terrestres AP y contribuyendo, en muchos casos, a la realización de algunos programas de remoción de minas trazados por la ONU y por otras entidades, intentan retener las minas AP como sistema bélico para el propio ejército; se incluye el examen de algunas de las medidas tomadas por gobiernos y por industriales para esquivar las nuevas normas actualmente invocadas para reglamentar el empleo de las minas AP.

II - Doctrina y empleo militares de las minas terrestres


13. Las minas AP tradicionalmente han formado parte del armamento de casi todos los ejércitos del mundo. La diversidad de guerras en las cuales han sido empleadas, o se ha intentado emplear, minas cubre una extensa gama: desde la confrontación de la guerra fría entre la OTAN y el Pacto de Varsovia en Europa central, pasando por los conflictos internacionales de menor envergadura, tales como la guerra entre la India y Pakistán o las guerras entre Irak e Irán y del Golfo, hasta conflictos internos, como los de Angola, Camboya y Nicaragua. En el extremo inferior de la escala, han empleado minas también ejércitos, fuerzas de policía, grupos insurgentes y jefes militares con finalidad de control de la población y de terrorismo. Incluso personas civiles han empleado minas recuperadas para proteger sus propios bienes [12]. Para cada tipo de guerra se ha descubierto un nuevo empleo de las minas AP.

14. Para los ejércitos "disciplinados", los gobiernos autorizan y reglamentan el empleo de minas, en general valiéndose de la doctrina militar. Los ejércitos utilizan las minas, como otras armas, porque su gobierno así se lo permite. Si un gobierno es parte en un acuerdo, en el que se prohíbe el empleo de un tipo de arma específica (por ejemplo, balas que explosionan o armas biológicas y químicas), el servicio concernido no está autorizado a emplear tal arma, a no ser que el gobierno renuncie al tratado. Cuando el empleo de un arma está autorizado, en doctrina militar se especifica cómo y cuándo puede utilizarse, así como quién está habilitado para aprobar su empleo.

1. Conflictos armados internacionales

15. En los conflictos de mayor envergadura y en las guerras convencionales, hasta la guerra del Golfo, las minas terrestres habían sido empleadas principalmente con finalidad defensiva para interponer obstáculos protectores, a menudo en combinación con obstáculos naturales, como relieve de colinas o cauces fluviales. Estos obstáculos, frecuentemente dispuestos para formar un cinturón, suelen tener por objeto retrasar el avance del enemigo rompiendo sus formaciones de ataque, encauzándolas hacia zonas donde pueden ser atacadas por otras armas como artillería, tanques, cohetes y aviones. Cuando se prevé un asalto de fuerzas blindadas en gran escala, normalmente se colocan minas contracarro; pero también se siembran minas AP para impedir que el enemigo retire manualmente las minas durante el asalto en el campo minado. Además, es necesario mantener estos campos bajo vigilancia y en el punto de mira, como medida adicional: a) para evitar la remoción de las minas o el paso sigiloso del enemigo por el campo minado, y b) para lograr que las fuerzas enemigas estén sometidas a un fuego defensivo cuando sean detenidas o hayan sido encauzadas por los campos de minas [13].

16. La finalidad de los campos de minas tradicionales es retardar a las fuerzas adversarias. Cuando se trata esencialmente de fuerzas blindadas, como en el desierto de Libia, en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial, en la guerra del Golfo o en el sur de Angola, se utilizan, sobre todo, minas contracarro. Cuando hay posibilidad de ataques de infantería, como en Corea y en la guerra entre Irak e Irán, se emplean mayores cantidades de minas AP. En las guerras "convencionales", como la Segunda Guerra Mundial, los campos de minas contracarro constituían un gran obstáculo para el avance de los atacantes, principalmente a causa del esfuerzo militar suplementario requerido para romper sus líneas. No obstante, la historia enseña que las minas pueden actuar solamente como elemento de demora y jamás han detenido a fuerzas enemigas decididas a avanzar. Con el equipo de penetración cada vez más perfeccionado, como el que se utilizó para la guerra en Kuwait, ha disminuido considerablemente la efectividad dilatoria de los campos de minas.

17. Durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente, los campos de minas "convencionales" con fines defensivos fueron sembrados a mano principalmente y cada mina fue enterrada con una pala u otra herramienta. Fue un proceso forzosamente lento. A mediados de la década de los 50, se habilitaron diversos sistemas para cavar zanjas, donde las minas eran colocadas mecánicamente y, luego, cubiertas. Esto permitió acelerar el proceso de colocación; en general, se calculaba que una tropa de 30 personas podía colocar a mano 50 minas por hora, pero un minador mecánico podía sembrar 200 en el mismo lapso [14]. Incluso recurriendo a los sistemas de colocación mecánicos de la época, la preparación de cinturones defensivos era un proceso que requería mucho tiempo y una considerable y metódica planificación logística.

18. Las minas pueden utilizarse no solo como armas defensivas sino también con finalidad ofensiva, generalmente como armas para responder a un contraataque. Se sirvieron de estas tácticas las tropas alemanas en 1943: las minas eran colocadas delante de los tanques a medida que éstos avanzaban y luego eran extraídas para volver a utilizarlas, terminado el avance. Las fuerzas rusas solían colocar minas en sus flancos cuando avanzaban, para impedir un ataque de desbordamiento por parte de los defensores. Dicho esto, rara vez se utilizaron las minas como parte de un sistema de ataque hasta la llegada de las minas colocadas a distancia, como se describe más adelante.

19. El desarrollo de las armas en la década de los 60 posibilitaba la colocación de armas contracarro y antipersonal en gran escala mediante cohetes, artillería o aeronaves. Esto implicaba que un cuartel general o un centro de abastecimiento del adversario podía convertirse súbitamente en campo de minas, sembrando el caos en zonas de retaguardia. Esto significaba también que las brechas mantenidas por los ejércitos que se retiraban a través de sus propios campos minados podían ser cerradas gracias a las minas lanzadas a distancia antes de abrirse paso las fuerzas que se replegaban. Así ocurrió en la guerra del Golfo, cuando las fuerzas de la coalición emplearon las minas esparcibles desde aeronaves GATOR, con objeto de bloquear las brechas de retirada del enemigo en los campos de minas irakíes que circundaban Kuwait. Sin embargo, esto no impidió la huida de buena parte de las divisiones de la Guardia Republicana.

20. El desarrollo de las minas esparcibles a distancia (MED) es, para algunos Estados Mayores, la causante de la radical alteración de la índole de la guerra de minas. En muchos ejércitos, la cuestión de las minas se integra hoy en la doctrina militar equiparándolas a armas de ataque; forman parte de la cambiante batalla de maniobras desplegada mediante la artillería dondequiera que el enemigo amenace con avanzar o desbordar. Para contraatacar las operaciones adversarias es posible disponer cinturones de obstáculos y las minas pueden ser masivamente empleadas para neutralizar otras armas, como la artillería móvil. Las minas esparcibles probablemente sean capaces de revolucionar los campos de batalla del futuro, pero aun en este caso cabe dudar de que las minas AP lanzadas a distancia puedan propiciar una significativa ventaja militar.

21. La práctica de minar en gran escala para disponer cinturones de obstáculos implica que, en muchas zonas, la masiva contaminación de minas persiste durante varios años. Así, las minas colocadas con tal finalidad durante la Segunda Guerra Mundial siguen causando accidentes 50 años después. No hay prueba alguna de que los participantes en la Segunda Guerra Mundial hayan asistido a los países contaminados en la labor de remoción de minas en gran escala; lo mismo cabe decir de otros grandes conflictos desde la última conflagración mundial, tales como los de Corea, Vietnam y en algunos países de África [15].

22. Para los ejércitos "disciplinados", la doctrina de la guerra de minas comporta también restricciones en cuanto al empleo de estas armas, o normas de conducta que deben respetarse. Es necesario señalar los campos de minas y trazar mapas de su emplazamiento, sobre todo por el peligro que implican para las tropas que las colocan. Cuando los ejércitos comenzaron a trabajar juntos, como lo hicieron en la Segunda Guerra Mundial, era esencial comprender el señalamiento relativo a las minas utilizadas por los otros y, cuando se fundó la OTAN, se elaboró un código de conducta estándar para los ejércitos de la OTAN, que se normalizó y se promulgó con el nombre de STANAG 2036- Colocación de minas y registro de campos minados.

23. De conformidad con STANAG 2036, es necesario cercar, señalar, registrar y cartografíar los campos de minas. Esta disposición hace pensar que, si las normas son estrictamente aplicadas, las minas no constituyen una amenaza para la población civil y que los ejércitos de la OTAN siempre se atienen a las disposiciones de STANAG, lo que no es cierto. Las grandes guerras entre naciones "desarrolladas" son poco frecuentes y, en condiciones de conflicto de poca intensidad, o cuando se lanzan operaciones contra las fuerzas irregulares o de guerrilla, incluso los ejércitos de los países "desarrollados" recurren, a veces, al empleo de minas, en contra de los mencionados rigurosos requisitos de STANAG (véase, más adelante, sección IV). Al enfrentarse con implacables fuerzas rebeldes que emplean minas de manera irresponsable, incluso los ejércitos "disciplinados" tienen tendencia a seguir tal ejemplo y a imitar las francamente arbitrarias acciones de sus adversarios. Se ha manifestado esta tendencia durante múltiples recientes conflictos internos y guerras en África y en Asia.

24. Se aduce siempre que la doctrina militar evoluciona con el tiempo, que se adapta a los cambios por lo que respecta a la amenaza potencial, a la experiencia adquirida en recientes conflictos, a las mutaciones en los sistemas de armas y a la introducción de nuevas tecnologías. Esto es cuestionable. Es cierto que los importantes avances logrados en la tecnología de minas, tales como la introducción de minas lanzadas a distancia, han modificado radicalmente la doctrina militar de los países donde se han introducido estas armas. Sin embargo, la doctrina relativa al actual empleo de minas no ha evolucionado quizás tan rápidamente. Para muchos ejércitos, la doctrina táctica es ideada por oficiales de Estado Mayor, muchos de los cuales tienen una limitada experiencia, y tratan, pues, de evaluar la doctrina mediante ejercicios de simulación y de adiestramiento.

25. Aunque el empleo de las minas lanzadas a distancia ha sido objeto de repetidos ejercicios de simulación y de maniobras tácticas para probar su eficacia en función del costo, la guerra convencional de minas rara vez es "representada" seriamente en los ejercicios de adiestramiento y se minimiza con frecuencia intencionalmente la amenaza que en el campo de batalla suponen las minas AP para las propias tropas. Los ejércitos "convencionales" han librado pocas batallas recientes en zonas profusamente minadas; las fuerzas de la coalición hubieron de someterse a un intenso entrenamiento antes de estar listas para abrirse paso por entre los campos de minas irakíes en la guerra del Golfo. Incluso entonces, la posición de estos campos y la índole del terreno permitieron desbordar la mayoría de los campos minados reduciéndose, por consiguiente, no poco el impacto de las minas para la mayoría de las fuerzas de la coalición.

26. A pesar de la evidente colocación indiscriminada de minas en los conflictos en todo el mundo, los más de los países siguen sosteniendo que las minas AP tienen para ellos un empleo específico. Incluso los Ministerios escandinavos de Defensa -los de Suecia y Finlandia [16], por ejemplo- aducen que el empleo de las minas AP continúa siendo un baluarte esencial contra la invasión de su territorio, no obstante el hecho de que la única amenaza creíble en ambos casos procede del Este y de que, en este supuesto, es muy probable que se desplieguen, sobre todo, fuerzas blindadas con el más sofisticado equipamiento de incursión. Finlandia arguye también que el señalamiento y la localización cartografiada de los campos de minas forma parte esencial de su doctrina, pero conviene no olvidar que esta tarea resulta notablemente ardua cuando las fuerzas se baten en retirada contra tropas blindadas.

27. No pocos países europeos y los Estados Unidos hacen todo lo posible por mantener el empleo de minas AP, alegando que salvan la vida de soldados. El ejército estadounidense, por ejemplo, aduce que las minas terrestres son un "multiplicador de fuerzas" que posibilita el despliegue de un "ejército menos numeroso con una mayor capacidad de maniobra" y que potencia la eficacia de otros sistemas de armas. La hipótesis es, en este caso, que las minas son armas que funcionan a distancia, limitando los riesgos para las propias fuerzas y maximizando las pérdidas del adversario.

28. Los Gobiernos ruso y chino se atienen a doctrinas militares clásicas y propugnan el empleo de los tipos de minas AP que han utilizado en el pasado. Se muestran reacios a introducir cambios, probablemente por la carga financiera que tales modificaciones suponen, aunque cabe argüir que las minas producidas en estos países figuran entre los principales agentes causantes de heridas y de muertes en África, Asia y América Latina. Por lo que se dice, China se niega firmemente a facilitar la detección de minas antipersonal con onda de choque, incorporando un mínimo de metal en la envoltura [17]. Sin embargo, casi todos los otros países están dispuestos a aceptar que las minas AP sean detectables con la actual gama de detectores electrónicos de minas.

29. Numerosos países se muestran indecisos en cuanto al empleo de minas AP. Veintitrés países, principalmente Estados "desarrollados" productores de minas, han impuesto amplias prohibiciones para la exportación de minas AP y el mismo número de países, pero no los mismos, abogan por una prohibición global de su empleo [18]. Mozambique, como Estado "víctima", anunció que está dispuesto a dirigir una campaña internacional contra la producción, el empleo y la exportación de minas terrestres 19. Apoyan también esta posición en favor de una prohibición el secretario general de la ONU, el Parlamento Europeo, el Consejo de Ministros de la Organización para la Unidad Africana, el Consejo Mundial de Iglesias, el papa y la asamblea de ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de la Conferencia Islámica [20].

30. La reciente presión política ha dado lugar a una revisión del valor militar de las minas AP en 5 países que han llegado a la conclusión de que las vidas humanas que se cobran es un costo muy superior a su limitada utilidad. Austria, Bélgica, Canadá, Filipinas y Suiza han renunciado ya al empleo de todas las minas AP por el respectivo ejército o han decretado moratorias al respecto, incluso para las minas Claymore, utilizadas con trampa alámbrica en lugar de ser accionadas mediante disparador [21]. Se sabe que numerosos otros Estados estudian medidas similares y que otros jamás han introducido esas minas en sus arsenales.

31. En algunos Estados, hay aparentemente diferencias de opinión entre la política nacional y los mandos militares. Dirigentes políticos en Alemania, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Mozambique propugnan que se ponga término al empleo y a la transferencia de minas terrestres AP. En Estados Unidos, los esfuerzos del Congreso han dado paso a la aprobación de una ley 22, en virtud de la cual se prohibirá el empleo de las minas AP por las fuerzas estadounidenses en un período prorrogable de un año, a partir de 1999, excepto a lo largo de las fronteras internacionalmente reconocidas y en las zonas desmilitarizadas (por ejemplo, entre las dos Coreas).

32. Un tema que en raras ocasiones se aborda para el adiestramiento o la planificación operacional de la guerra de minas son los efectos a largo plazo de estas armas en la estructura social y económica del país víctima. Esta faceta de la guerra de minas produce verdadera conmoción entre las tropas de zapadores previamente implicadas en la diseminación de minas y en las incursiones por campos minados, cuando han trabajado en los equipos de remoción humanitaria de minas y se ven confrontadas con los daños que causan los campos de minas. La mayoría de ellos no tenía ni la menor idea de las consecuencias a largo plazo ni del sufrimiento humano que podían causar la colocación y la no remoción de minas terrestres. Aunque es poco realista esperar que se imparta tal formación a nivel de colocadores de minas, los dirigentes políticos, los jefes, los oficiales de Estado Mayor y los asesores deben conocer la serie de efectos de sus planes para la guerra de minas.

2. Conflictos armados internos y violencia

33. En los conflictos armados internos, la guerra suele ser de poca intensidad y no implica el empleo de formaciones blindadas, que hay, a veces, en un conflicto armado internacional, aun cuando una de las partes contendientes, como en Angola y en Afganistán, disponga de fuerzas blindadas. Las minas se han utilizado, sin restricción, en las guerras internas como en Camboya y en muchos lugares de África y de América Latina, y figuran entre las armas más populares de que se dispone por ser baratas y de fácil empleo.

34. En los conflictos internos y de poca intensidad, pocos ejércitos de guerrilla o de fuerzas irregulares tienen, al parecer, una doctrina militar establecida y, sin duda, ninguna se refiere al empleo indiscriminado de las minas terrestres [23]. Dado que sus soldados suelen ser analfabetos, estar escasamente adiestrados y mal disciplinados, no es sorprendente que ninguna ley ni doctrina los obligue a utilizar estos artefactos de manera responsable. La doctrina oficiosa o "implícita" que prevalece parece estar orientada hacia a) el despoblamiento sistemático de zonas específicas mediante hostigamiento de la población, b) el hostigamiento de las fuerzas gubernamentales o c) la perturbación de los movimientos de las fuerzas gubernamentales en las rutas de transporte utilizadas también por las personas civiles [24].

35. Las fuerzas gubernamentales han empleado las minas para establecer zonas protegidas y detener la infiltración de la guerrilla, recurriendo, sobre todo, a las minas AP para proteger sus campamentos o emplazamientos defendidos. Sin embargo, a medida que se recrudece un conflicto y el gobierno o las fuerzas aliadas se dan cuenta de que los insurgentes controlan más territorio, se amplía el teatro real de los combates y acaba extendiéndose, con frecuencia, a todo el territorio nacional. Cuando así sucede, se incrementa el empleo de minas por parte de esos ejércitos profesionales [25]. Esto engendra una presión económica y sociopolítica sobre las fuerzas insurgentes y, al mismo tiempo, las grandes cantidades de minas empleadas tienen muy graves efectos para la población local. Como consecuencia, la población civil ha de vivir así una situación peor que la originada por la guerra internacional clásica.

36. La creación de campos de minas como barrera para impedir la infiltración ha planteado problemas específicos a los gobiernos; su vigilancia, su mantenimiento y su reparación han resultado ser costosos en términos de tiempo, recursos y vidas humanas. En muchos casos, proteger límites determinados apuntando armas contra los mismos ha resultado también imposible, ya que se registran pérdidas innecesarias entre la población local. Varios gobiernos han reconocido lo oneroso y lo relativamente ineficaz de tales campos de minas y han ordenado la correspondiente remoción o se han abstenido de colocar, por cuestión política, más minas en los límites fronterizos existentes [26].

37. Cuando los gobiernos han tenido ventaja por lo que atañe a vehículos, como en el sur de Sudán o en Mozambique, los grupos rebeldes se han concentrado en el empleo de minas contracarro, a fin de bloquear los caminos [27]. También han colocado minas en líneas de ferrocarril y en pistas de aterrizaje. En ciertas ocasiones, durante las fases inestables de la guerra interna, grupos insurgentes han ocupado las anteriores posiciones gubernamentales, añadiendo o cambiando los campos de minas del entorno. Si las posiciones son retomadas, no es extraño que se establezca otro campo de minas junto al primero. En Camboya, Afganistán y Angola, ha habido muchos casos en que los avatares de la guerra han dado lugar a la creación de múltiples campos de minas [28].

38. Esto ha ocasionado una alarmante contaminación de minas en los países donde han tenido lugar esos conflictos internos. En países como Angola y Mozambique, extensas zonas han quedado despobladas; el simple temor a las minas basta para que los habitantes abandonen su vivienda [29].

3. Control de la población y terrorismo

39. Uno de los más perniciosos empleos de las minas AP ha sido ideado para controlar a la población y sembrar el terror. Este control mediante el empleo de minas AP suele ser el objetivo que persiguen las fuerzas irregulares, que desconocen o desafían deliberadamente el derecho humanitario por el que se rige el trato debido a la población civil. Hace apenas unos años, en 1992, los jemeres rojos en Camboya utilizaron minas para "cercar" las tierras de los campesinos a quienes se las volvían a alquilar, a condición de que la mayor parte de los cultivos perteneciera a los jemeres rojos. Tras haber abierto una zona, cerraban otra colindante, controlando así grandes extensiones de terreno [30]. Durante la guerra en Mozambique, los combatientes de RENAMO aislaron y destruyeron muchas localidades y a menudo las mantenían despobladas amenazando con sembrar minas. En algunos países, donde las minas pueden conseguirse fácilmente, incluso las personas civiles han comenzado a utilizarlas para proteger su hogar, sus bienes o sus cultivos.

40. No obstante, algunos gobiernos también han recurrido al empleo de minas contra la población. Se dijo que el Gobierno irakí utilizó minas como armas de terror en Kurdistán, donde los campos circundantes a muchos poblados están infestados de minas AP [31]. En el norte de Somalia, Siad Barre se valió de las minas para impedir el acceso a pozos y a cauces fluviales, a sendas utilizadas por nómadas y a poblados [32]. El Gobierno de Alemania Oriental recurrió inicialmente a las minas con esta finalidad, estableciendo una barrera entre las dos Alemanias. En este caso, las minas fueron utilizadas junto con un visible sistema de vigilancia y de cercado, lo que indica que las minas AP propiamente dichas eran consideradas como insuficientes para desalentar a las personas que deseaban huir al Oeste. Tras la reunificación de Alemania, fueron limpiados esos campos de minas fronterizos [33].

41. El principal objetivo de esta forma de guerra de minas es matar y mutilar a personas civiles. En tiempo de guerra, se suele pensar que la población civil es un "enemigo", especialmente si se supone que en los poblados de la zona se acoge a "simpatizantes", lo sean realmente o no. Los habitantes inocentes son víctimas de masacres, en todas las formas de conflicto; pero, en general, sus propios líderes políticos no los someten a un terrorismo deliberado, que es la explicación más plausible del empleo de minas AP contra las personas civiles en algunos países. Esta forma de guerra de minas es una flagrante violación de las normas fundamentales del derecho internacional humanitario.

III - Restricciones jurídicas del empleo de minas [34]


42. Dos fuentes del derecho internacional regulan actualmente el empleo de las minas AP. La primera es el derecho internacional humanitario general, en el cual dos normas básicas se aplican directamente a las minas AP:

* Las partes en un conflicto deben distinguir en todas las circunstancias entre las personas civiles y los combatientes. No será objeto de ataques la población civil y se prohíben los ataques indiscriminados y el uso indiscriminado de armas [35].

* Está prohibido utilizar armas que causen sufrimientos innecesarios. Por lo tanto, se prohíbe el uso de armas cuyos efectos nocivos sean desproporcionados con respecto a su objetivo militar [36].

Dado que estas normas forman parte del derecho internacional consuetudinario, se aplican a todos los Estados independientemente de sus obligaciones convencionales.

43. La segunda fuente es el derecho de los tratados, que se aplica solamente a los Estados partes en instrumentos jurídicos específicos. El texto más relevante es la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales que Puedan Considerarse Excesivamente Nocivas o de Efectos Indiscriminados (en adelante: la CAC), aprobada en 1980. El Protocolo II de este tratado se denomina Protocolo sobre prohibiciones o restricciones del empleo de minas, armas trampa y otros artefactos. He aquí sus principales disposiciones:

*Las minas se dirigirán solamente contra objetivos militares: se prohíbe el uso indiscriminado y deberán tomarse todas las precauciones viables para proteger a la población civil.

*No se utilizarán minas lanzadas a distancia, a menos que se registre con precisión su emplazamiento o que cada una esté provista de un mecanismo autoneutralizador.

*Se llevarán registros del emplazamiento de campos de minas previamente planificados y las partes en el conflicto se esforzarán por mantener registros del emplazamiento de otros campos de minas sembrados durante las hostilidades.

*Tras el cese de las hostilidades, las partes tratarán de ponerse de acuerdo tanto entre ellas como con otros Estados y organizaciones a fin de tomar las necesarias medidas para limpiar los campos de minas.

44. Siempre se ha reconocido que en esta Convención hay muchas omisiones y deficiencias. Entre las más importantes, cabe mencionar:

* No se aplica a los conflictos armados internos, que son la forma de conflicto en la que más se utilizan las minas.
* No se atribuye claramente la responsabilidad de la remoción de minas.
* No se prohíbe el empleo de las minas no detectables.
* Contiene disposiciones muy poco terminantes con respecto a las minas lanzadas a distancia.
* Sus disposiciones relativas al empleo de las minas colocadas a mano son también insuficientes.
* No se prevé mecanismo alguno de control o de vigilancia con respecto a la transferencia y a la exportación.
* Carece de sistemas de aplicación y de supervisión.

45. Otro problema es que, a finales de 1995, solo 57 Estados se habían adherido a la Convención de 1980 (en comparación, 186 Estados han ratificado los Convenios de Ginebra de 1949 y 143 han ratificado uno o los dos Protocolos de 1977 adicionales a los Convenios de Ginebra) [37]. Este reducido número de adhesiones puede explicarse tanto por la deficiencia de las disposiciones de la Convención como por la carencia de mecanismos de seguimiento y de examen con regularidad de su aplicación. Sean cuales fueren las razones, la Convención de 1980 no ha surtido o ha surtido muy pocos efectos por lo que atañe a las minas AP en los recientes conflictos, lo que ha tenido desastrosas consecuencias para las personas civiles en muchos lugares del mundo, incluso en los países que son partes en la Convención. Los esfuerzos que actualmente se despliegan para potenciar el Protocolo tienen por objetivo remediar algunas de estas deficiencias.

IV - Empleos históricos de las minas

46. En la práctica, es difícil tener pruebas de una estricta y sistemática aplicación de las restricciones o de los códigos de conducta donde se utilizan minas, a pesar de la intención inicial de muchos protagonistas. Haciendo el presente estudio se llevó a cabo una concienzuda investigación de los documentos a disposición del público en importantes bibliotecas militares [38]. Fundándose en los resultados de dicha investigación y de las consultas con oficiales militares en una docena de países, se comprueba que los analistas o los historiadores militares no han considerado las minas, en particular, las minas AP, como armas cuyos efectos y eficacia merezcan ser estudiados o debatidos a fondo.

47. Aunque el hecho de que se sigan utilizando las minas terrestres AP se justifica por la creencia de que pueden emplearse "correctamente", la documentación histórica a disposición del público no corrobora este argumento. Por el contrario, las pruebas existentes demuestran que el empleo de minas ha sido, las más de las veces, "incorrecto", sea deliberadamente o por negligencia sea por la imposibilidad de atenerse a las normas específicas en el encono de la batalla. Tal documentación tampoco aporta una evidencia analítica de la utilidad militar de las minas AP en un conflicto real.

48. La evaluación que figura a continuación es una revisión inicial de la información a disposición del público acerca del empleo de minas en los conflictos registrados desde 1940:

a. Segunda Guerra Mundial - Egipto y Libia, 1942. Aunque la campaña de la Segunda Guerra Mundial en África del Norte tuvo lugar mucho antes de la aprobación de la CAC, muchos de los ejércitos contendientes se guiaban por códigos de conducta según los cuales se requería el señalamiento y el registro de datos de los campos minados, principalmente para su propia seguridad. A fin de paliar la falta de obstáculos naturales en los desiertos egipcio y libio, se hizo un uso asombroso de los campos de minas previamente planeados, considerados indispensables para las posiciones defendidas 39. Como resultado, se señalaron muchos de los campos de minas más extensos; pero, durante el desconcierto de la guerra, desaparecieron muchos de estos señalamientos. Las fuerzas principales declararon que habían transmitido sus mapas de zonas minadas 40; sin embargo, no estaban obligadas a retirar las minas una vez finalizada la guerra. En el período de la exploración petrolífera en Libia, se organizaron algunas operaciones de remoción de minas por contrato, aunque no se abarcaba toda la zona de combates. Es muy probable que haya desaparecido la mayoría de los registros de datos de los campos de minas [41], que las minas hayan cambiado de emplazamiento a causa del movimiento de la arena y que, si aún hay algún mapa ya no se corresponderá con la realidad. Estos campos minados siguen siendo un peligro en Egipto y en Libia.

b. Segunda Guerra Mundial - Europa. Aunque las campañas en Europa tuvieron lugar antes de 1942, no se recurrió a un empleo masivo de minas hasta que se desencadenó la guerra en el frente oriental, durante la retirada final de las fuerzas alemanas e italianas tras su derrota en Rusia e Italia y durante la liberación de Francia. Todos los ejércitos emplearon minas masivamente con el resultado de que, en 1996, siguen emprendiéndose operaciones de desminado en países como los Países Bajos y Eslovaquia [42]. En Francia, algunas zonas son aún inutilizables debido a la presencia de minas no retiradas. Dada la índole del conflicto, cabe suponer que gran cantidad de las minas utilizadas era del tipo contracarro. Sin embargo, en la documentación consultada no figura estudio alguno sobre el valor adicional de las minas AP en las campañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial. Hay algunas pruebas relativas a batallas en Italia en las que el empleo de estas armas limitó las maniobras tácticas e infligió pérdidas a las fuerzas aliadas [43].

c. Operación de la ONU en Corea, 1951-1953. En este conflicto, las fuerzas estadounidenses, canadienses, británicas, australianas, neozelandesas, turcas, chinas, nor y surcoreanas, todas sin excepción emplearon esencialmente minas AP, habida cuenta de la preponderancia de la infantería norcoreana y china y del poco elevado número de tanques. Sin embargo, se registró la presencia de algunas minas contracarro [44]. De estos campos de minas se obtuvieron resultados combinados. Consideradas por las fuerzas [45] de la ONU como una parte esencial de las posiciones defensivas, las zonas minadas se convirtieron en un lastre cuando fue necesario limpiarlas [46], debido a los cambios tácticos, y en un peligro para las tropas tanto aliadas como adversarias. En un incidente, las fuerzas australianas perdieron a 50 hombres cuando "penetraron involuntariamente en un campo de minas no señalado ni registrado que los canadienses habían sembrado en torno a un puesto periférico" [47].

El señalamiento de los campos de minas se vio considerablemente afectado como consecuencia de los bombardeos de la artillería china y de las lluvias torrenciales, por no hablar de la constante carga que suponía la reparación de cercados donde se habían instalado [48]. Cabe dudar de que, tras el repliegue, se haya mantenido el señalamiento de los campos de minas. No todos los mapas de las zonas minadas eran precisos y es probable que los transmitidos a las autoridades nor y surcoreanas después de la guerra fueran incompletos. Los chinos emplearon con regularidad como fuente de abastecimiento de minas y explosivos, los campos de minas AP sembrados por las fuerzas de la ONU [49].

d. Indochina y Vietnam, 1958-1968. Las minas se emplearon en todas las fases de las guerras en Indochina. Inicialmente colocadas a mano por las fuerzas francesas, se diseminaron posteriormente desde aeronaves de la fuerza aérea estadounidense, con objeto de apoyar a las tropas terrestres. Se dispusieron frecuentemente cinturones de minas y de armas trampa para sitiar poblados del Vietcong [50]; se protegieron también con minas las posiciones estadounidenses [51]. Las fortificaciones de los franceses en Dien Bien Phu carecían de suficientes cantidades de minas por motivos de tiempo y de transporte; se disponía solamente de 23 toneladas de minas y explosivos [52].

Se evidenció que las minas eran una dudosa ventaja: las fuerzas del Vietcong robaron minas y municiones de los campos y depósitos estadounidenses y las utilizaron contra sus adversarios. El ejército y los cuerpos de la marina de los Estados Unidos perdieron a muchos hombres a causa de las minas terrestres, muchas de las cuales eran probablemente de origen estadounidense [53]. Ninguna de las fuerzas francesas, norvietnamitas, survietnamitas, estadounidenses o australianas llevaban registros completos de sus campos de minas, particularmente de las minas lanzadas desde aeronaves. Por lo general, no se marcó el emplazamiento de las minas, sobre todo las numerosas toneladas de minas y submuniciones diseminadas en la pista Ho Chi Minh en Vietnam, en Camboya y en Laos. No hay pruebas de que algún ejército concernido intentara el cese del empleo indiscriminado de minas AP.

e. Guerras indo-pakistaníes 1947-1948, 1965, 1971 [54]. La guerra de minas que se libraron las partes implicadas en los conflictos indo-pakistaníes fue casi única por la manera en que se condujo. Durante la guerra de 1947-1948 en Jammu y Cachemira, fueron colocadas muy pocas minas para proteger ciertas instalaciones. En el período de prolongada propaganda bélica de 1965, las dos partes sembraron campos de minas principalmente en las llanuras. En la guerra de 1971, se diseminaron muy pocas minas, a causa del movedizo terreno ribereño. En los tres casos, dirigieron la guerra de minas equipos muy bien entrenados y disciplinados.

Las guerras propiamente dichas tenían objetivos limitados, fueron de corta duración y bastante estáticas. Ambas partes llevaban un meticuloso registro de los campos minados y pusieron a disposición los respectivos mapas después del conflicto, posibilitando así una pronta remoción de las minas y una rápida reanudación de las actividades agrícolas de producción tras el cese de las hostilidades. Cabe resaltar que los más de los campos de minas eran tierras cultivables de gran valor para ambos países, a lo cual éstos prestaron particular atención. Gracias a la disciplinada forma en que las minas fueron colocadas y retiradas, se registraron realmente muy pocas víctimas entre la población civil, aunque hubo algunas bajas entre el personal desminador. La contribución de estos campos de minas al desenlace final del conflicto fue marginal.

f. Guerra entre China y la India, 1962. Al comienzo de la guerra no había cartografía previa de los campos de minas; pero, a medida que progresaba el conflicto, se sembraron algunos en zonas montañosas. Esto planteó no pocos problemas, dado que las minas AP no surten efectos si hay nieve y, peor aun, se deslizaron pendiente abajo, a pesar de estar sujetas, a causa de precipitaciones y de aludes. Cartografíar resultaba ser tarea sumamente ardua e ineficaz.

g. Rodesia-Zimbabue, 1963, 1974-1980 [5]. Al obtener su independencia en 1980, Zimbabue heredó más de 1.500.000 minas AP, diseminadas en 8 campos a lo largo de 766 km. de sus fronteras con Zambia y Mozambique. El primero fue sembrado antes de 1963 por el Gobierno federal de Rodesia en torno a la central eléctrica de Kariba, tras una disputa por el control de las instalaciones con el incipiente gobierno nacionalista en el norte de Rodesia (actual Zambia). El objetivo de los otros campos minados era servir de barrera contra la infiltración de la guerrilla durante la guerra de liberación, iniciada en 1974. Su superficie abarcaba desde los parques nacionales al oeste de las cataratas de Victoria hasta Mlibizi y desde Kanyemba, a lo largo de la frontera mozambiqueña, hasta cerca de la frontera con Sudáfrica.

A finales de la guerra civil, la colocación de minas resultó ser muy caótica. En la región del nordeste de Mutare, ante la frustración causada porque los 359 km. de superficie minada no lograban impedir la infiltración de los grupos de guerrilla (equipos de remoción con palas), los reservistas de la policía decidieron intercalar armas trampa entre las minas. Con el tiempo, cada escuadrón de ingenieros del ejército desarrolló sus propios métodos de guerra de minas de tal manera que era imposible para un escuadrón entrar con toda seguridad en el campo de minas del otro. Cuando se dispuso la primera zona minada en 1975, se cubrió con vigilancia y recurriendo a las armas; pero, dado que en la práctica esto no podía mantenerse en toda la zona, esta táctica se abandonó al cabo de unos meses, sin que se lograra finalmente evitar la infiltración. Tras haber reexaminado la experiencia de Rodesia en cuanto a la guerra de minas y numerosos otros estudios al respecto, una autoridad concluyó que "la guerra de minas en Rodesia funcionó sencillamente al margen de la estrategia nacional y, por lo tanto, tuvo un impacto desdeñable en el desarrollo global de la guerra" [56]. Desde 1980, se ha limpiado solo el 10% de los campos minados. De los que quedan, el 87% está a lo largo de zonas habitadas, dado que la estrategia de Rodesia consistía en utilizar estas barreras para establecer una separación entre los insurgentes que podían infiltrarse y estas comunidades de base. Los habitantes de las comunidades circundantes han quitado todos los cercados y signos de advertencia que previamente señalaban los campos de minas. Como consecuencia, desde 1980, más de 66 personas, en su mayoría campesinos, han muerto y se calcula que otras 402 han sido mutiladas por las minas AP. En el mismo período, también se han perdido unas 9.000 cabezas de ganado y un número desconocido de otras reses, que con frecuencia representan los ahorros de toda una vida para el campesinado [57]. Hasta el presente, los intentos coordinados por el Gobierno han resultado ser ampliamente insuficientes con respecto a la magnitud del problema de las minas.

h. Sudáfrica y Estados vecinos, década de 1960-1994 [58]. Se emplearon minas, sobre todo minas AP, en los conflictos entre Sudáfrica y las fuerzas insurgentes en los países vecinos, en el marco de la lucha contra el apartheid y por la independencia de Namibia. Se ha dicho que las minas utilizadas por las Fuerzas de Defensa Sudafricanas (FDSA) se sembraron en zonas cercadas y señaladas en torno a los campamentos y a las instalaciones militares. Las empleadas por los insurgentes fueron diseminadas de manera más azarosa, con objeto de hostigar o limitar la movilidad de las FDSA.

A pesar de las estrictas precauciones tomadas, el mantenimiento de los campos de minas por las FDSA en las zonas limítrofes de sus campamentos resultó ser difícil y peligroso. Tal mantenimiento era necesario, porque las minas se movían a causa de los efectos climáticos y porque, por razones de higiene, había que evacuar los cadáveres de animales que con frecuencia penetraban en los campos de minas. Sin embargo, los propios soldados encargados del mantenimiento eran víctimas de accidentes no solo porque intentaban simplificar el procedimiento, sino también porque precisamente las minas ya no estaban en el mismo lugar. Algunas minas AP se desplazaron con el tiempo hasta 30 cm; otras se desprendieron y fueron vistas flotando a causa de lluvias torrenciales.

A sabiendas de los costos y de las dificultades para colocar y mantener un campo de minas, las FDSA decidieron abandonar, en 1988, los planes de sembrar un campo de minas con fines de protección de solo 30 km. de longitud, en el norte de Namibia. Según los planes originales, se habría establecido una barrera, combinando campos de minas (AP y contracarro) y zanjas contracarro, con objeto de retrasar un posible ataque de una fuerza cubana contra dos ciudades en el norte de Namibia. El personal ingeniero convenció al mando para que descartara el plan por las siguientes razones: habría requerido un gran número de regimientos de ingeniería de combate y meses para llevar a cabo la operación; el costo habría sido elevado en términos de horas-hombre, máquina y material; habría sido necesaria una constante vigilancia para cubrir el cinturón de obstáculos y el fuego de armas habría sido casi imposible; y, por último, su mantenimiento habría requerido una numerosa fuerza y millones de rands. Desde un punto de vista táctico, era poco probable que la realización del plan hubiera resultado eficaz, porque el terreno era plano sin forma alguna de obstáculo natural. Por consiguiente, una fuerza adversaria podía obviar el cinturón de obstáculos con relativa facilidad en un lapso de aproximadamente 30 minutos. En este caso, lo más sensato eran las alternativas de buena información, alerta temprana y óptimo estado de preparación.

i. Conflictos internos en Filipinas, 1945-hasta la fecha. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Armadas de Filipinas (FAF) han estado implicadas en los conflictos internos contra diversos grupos separatistas comunistas y musulmanes. Estos grupos han aplicado tácticas clásicas de insurgencia móvil en las zonas de selva, incluido el hostigamiento de poblados. Aunque los insurgentes han empleado contras las FAF tanto las minas improvisadas como las vendidas en el comercio, el Gobierno no autoriza el empleo de minas AP, e incluso se han empezado a eliminar de los arsenales y a destruir las minas Claymore M18A1 [59]. Políticamente, Filipinas considera que el empleo de minas AP no se aviene con su objetivo de "granjearse el corazón y la mente" de la población local.

Dado que la movilidad es un elemento esencial de las operaciones antisubversivas de las FAF, se consideraba que las minas AP tienen escaso valor. Sin embargo, estas fuerzas se fundan en una precisa información, en la configuración natural del terreno, en las barreras como alambradas, pozos de disparo y trincheras. Además, se emplean municiones direccionales de fragmentación con detonación a distancia.

j. Guerras árabo-israelíes, 1967 y 1973. Los ejércitos israelí, egipcio y sirio sembraron campos de minas en las respectivas fronteras. Ambos bandos colocaron muchas minas en el Sinaí; y aunque el ejército israelí facilitó aparentemente todos los mapas de los campos de minas, se siguieron registrando bajas entre los soldados egipcios e israelíes tras el alto el fuego. Las Fuerzas de las Naciones Unidas para la Observación de la Separación (FNUOS) también registraron pérdidas en sus filas, a pesar de haber realizado sus propias operaciones de remoción de minas [60]. En 1992, se conocía la mayoría de los campos de minas en la parte siria de los Altos del Golán cerca de las posiciones de las FNUOS, aunque muchos campos no estaban señalados y estaban mal cercados [61]. Las tropas israelíes retiraron muchas, pero no todas las minas por ellos diseminadas [62].

Tras un importante estudio sobre las guerras árabo-israelíes, se concluyó que los campos de minas fijos con fines defensivos son eficaces siempre y cuando haya una vigilancia y un adecuado mantenimiento. De todos modos, se consideran menos útiles para perturbar los avances del enemigo que las barreras, profundas o elevadas [63].

k. Chad, 1973-1994 [64]. Las fuerzas invasoras libias dejaron un reguero de minas AP y contracarro en la franja de Aozú, en el norte de Chad. Algunas fueron colocadas según un plan definido mientras que otras lo fueron de manera totalmente desordenada, las mas de las veces en tierras de cultivo. Los campos de minas no fueron señalados ni cercados; tampoco se facilitaron mapas al Gobierno chadiano tras el cese de las hostilidades.

l. Angola, 1975-hasta la fecha. Han colocado minas el ejército cubano, el ejército angoleño, UNITA y el ejército sudafricano. Durante el conflicto, se señalaron o se cartografiaron con precisión contadísimos campos de minas. Se han empleado sin escrúpulos tanto minas AP como contracarro; se han minado los caminos para impedir el acceso al centro del país, así como las pistas de aterrizaje y las vías férreas. A lo largo del conflicto se minaron y se reminaron las mismas zonas: hoy se reconoce que algunas ciudades importantes están rodeadas de minas dispuestas en círculos concéntricos. Tras los acuerdos de paz de Bicesse en 1991, las partes efectuaron algunas operaciones de remoción, pero ha habido poca actividad de desminado desde los acuerdos de paz de Lusaka, en noviembre de 1994. Angola es probablemente en la actualidad el país más infestado de minas de África, con una proporción de amputados que lo sitúa en segundo lugar, después de Camboya [65].

m. Mozambique 1976-1993 [66]. Las minas fueron inicialmente colocadas por el ejército portugués y, después, por FRELIMO y RENAMO, así como por los ejércitos y las fuerzas especiales de Sudáfrica y Rodesia. Ninguna de las partes implicadas señaló o cartografió sus zonas minadas, cuyos datos, en algunos casos, ni siquiera fueron registrados. Al parecer, FRELIMO levantó mapas, pero no los transmitió a la sede de remoción de las Naciones Unidas. No se encontró señalamiento alguno de campos de minas.

El ejército nacional de Zimbabue (ENZ) desplegó tropas en Mozambique, en apoyo de las fuerzas de FRELIMO, para vigilar el pasillo de Beira y su pista, el oleoducto y la vía férrea, saboteados en repetidas ocasiones por RENAMO en 1983-1984 hasta la firma del tratado de Roma, el año 1992. Durante el conflicto, RENAMO recurrió libremente al empleo de minas contra las instalaciones y las pistas utilizadas por el ENZ. Éste basó su estrategia de combate en el patrulleo agresivo y las emboscadas, así como en el despliegue de fuerzas de contraataque terrestres y aéreas, pero no empleó minas AP. Esto es tanto más significativo cuanto que gran parte de las fuerzas del ENZ habían estado en las filas de los insurgentes y habían empleado estas minas contra las fuerzas de seguridad rodesianas antes de la independencia en 1980.

n. Camboya, 1978-hasta la fecha. Ninguna de las facciones contendientes en Camboya ha cartografiado ni señalado debidamente los campos de minas, lo que implica que cuando se inició la remoción de minas no se disponía de mapa alguno. Las partes tampoco han intentado siquiera controlar la diseminación de minas, muchas de las cuales han sido colocadas para controlar a la población [67]. El empleo de minas contra la vida y los bienes de la población civil ha sido una táctica sistemática de los jemeres rojos. Los llamamientos del Gobierno en favor de una prohibición de las minas terrestres y de la destrucción de los arsenales de estas armas han coincidido con el reminado de zonas laboriosamente limpiadas por organizaciones humanitarias [68]. A pesar de la reciente restauración de la paz, al parecer tanto el Gobierno como los jemeres rojos han seguido minando [69]. Según informaciones, el número de bajas aumentó en 1994 con respecto a 1991 y Camboya tiene el triste récord de ser el país con el mayor número de amputados en proporción con su población. Hasta la fecha, los jemeres rojos han hecho todo lo posible por impedir que los equipos de evaluación de las Naciones Unidas y del Gobierno camboyano comprueben el nivel de contaminación en las zonas que se encuentran bajo control suyo [70].

o. Afganistán, 1979-hasta la fecha. El ejército soviético, el ejército afgano y muchas facciones de los muyahidines colocaron profusamente minas AP, sin contar las innumerables minas AP ligeras lanzadas desde aeronaves contra diversos poblados. Como consecuencia, Afganistán es, junto con Camboya y Angola, uno de los países más minados del mundo [71]. Aunque los soviéticos adujeron que habían señalado y cartografiado inicialmente los campos de minas, los mapas de estos campos eran cada vez más inexactos debido, en parte, al "sobreminado" efectuado por las diferentes facciones. El empleo indiscriminado de minas por todas las partes implicadas hacía que los mapas no fueran de gran utilidad [72]. Fueron minadas casi toda la infraestructura nacional y gran parte de las tierras de cultivo. Hay también extensos campos de minas a lo largo de las fronteras con Pakistán e Irán [73].

Se colocaron más de 30 tipos de minas, procedentes de 6 países diferentes, incluidas las minas AP "Papagayos Verdes" esparcibles desde aeronaves (de fabricación soviética, PFM-1) y las minas saltadoras conectadas a detectores sísmicos. Rara vez se emplearon las minas contracarro, porque los muyahidines perfeccionaron un sistema de trampas basado en minas contracarro para hacer volar los tanques provistos de rodillos desminadores [74]. Tampoco se señalaron adecuadamente los campos de minas, con el resultado de que, tras la retirada del ejército soviético, la afluencia de refugiados dio lugar a un escalofriante número de víctimas. Se facilitaron al Gobierno afgano algunos mapas de campos minados cuando se retiró el ejército soviético, pero muy pocos sirven por lo imprecisos que son para las operaciones de remoción, y quedan aún muchos campos de minas no señalados [75].

p. Guerra entre Irak e Irán, 1980-1989. Durante la guerra entre Irak e Irán, ambas partes emplearon minas sin restricción. Probablemente el empleo más masivo tuvo lugar en Kurdistán, escenario de numerosos ataques en gran escala por el ejército iraní contra posiciones atrincheradas, muy minadas y sumamente fortificadas. A veces, se efectuaban incursiones en los campos de minas, utilizando, en ausencia de medios modernos, a "mártires", incluidos niños, que se aventuraban a través de los campos para abrir paso a las fuerzas profesionales. Las bajas registradas entonces se consideraban aceptables. Las partes señalaban o cartografiaban muy limitadamente los campos de minas, que tampoco fueron limpiados excepto por organizaciones voluntarias. Las minas dejadas desde la guerra entre Irak e Irán en Kurdistán se han añadido desde entonces a las del Gobierno irakí, como deliberado acto de hostigamiento contra la población civil [76].

q. El Salvador, 1980-1991. El FMLN sembró grandes cantidades de minas y armas-trampa de fabricación artesanal sin señalar ni cartografiar su emplazamiento; pero tras las hostilidades, cooperó con el Gobierno y con las Naciones Unidas en la labor de remoción. A menudo eran los propios minadores quienes estaban presentes durante el desminado [77].

r. Islas Falkland/Malvinas, 1983. Las fuerzas argentinas colocaron masivamente minas AP y contracarro; lanzaron algunas desde aeronaves. Muchos campos de minas no fueron señalados ni cartografiados. Los intentos de retirar las minas fueron abandonados a causa de las bajas sufridas por el grupo de remoción. Las extensiones de tierras más contaminadas deberían haberse delimitado para el desminado, pensando en que se dispondría de un método de detección más perfeccionado. Sin embargo, el Gobierno argentino ha comenzado a trazar un programa de remoción de minas para algunas zonas afectadas. Las fuerzas británicas sembraron una pequeña cantidad de minas en terrenos que fueron cartografiados; fueron retiradas tras el conflicto [78].

s. Somalia, 1985-1991. Los principales campos de minas fueron sembrados por las fuerzas de Siad Barre. Los correspondientes mapas son casi inutilizables para efectos de remoción y los campos de minas quedaron sin señalar. Las minas se emplearon masivamente para hostigar a la población civil y las diversas partes las utilizaron para propiciar enfrentamientos entre clanes y facciones [79].

t. Liberia, 1989-hasta la fecha. El FPNL colocó, en un principio, un limitado número de minas contracarro cuyos objetivos eran las fuerzas gubernamentales y las fuerzas de mantenimiento de la paz del ECOMOG. Cabe suponer que se ha seguido minando en las fases más recientes del conflicto en Liberia. Durante una misión de reconocimiento de las Naciones Unidas, en 1993, se comprobó que no había ni señalamiento ni mapas de las zonas minadas [80].

u. Ruanda, 1989-hasta la fecha [81]. Entre el genocidio de abril-junio de 1994 y la expulsión de las fuerzas gubernamentales, éstas emplearon minas AP, minas contracarro y armas-trampa contra el Frente Patriótico Ruandés en una franja muy bien delimitada en el norte del país, que pasó a ser posteriormente la proyectada zona desmilitarizada. Se registraron los datos de algunos campos de minas, que se pusieron a disposición de las Naciones Unidas, pero eran incompletos. Durante la retirada de las fuerzas hutus a Zaire, se enterraron desordenadamente minas AP en el frente de los emplazamientos defendidos, muchos de los cuales eran ciudades como Ruhengeri y Kigali; no fueron señalados y los correspondientes datos no fueron registrados.

v. Croacia, 1991-1995. Durante los conflictos entre Croacia y la República Federal de Yugoslavia y entre las fuerzas croatas y los serbio-bosnios, se colocaron muchas minas AP y contracarro en Croacia [82], a lo largo de las fronteras y de las líneas del frente, pero se descubrieron también algunos campos de minas aislados fuera de esas zonas. Cabe observar que la existencia de dichos campos de minas no prestaron (o prestaron escasa) protección a las fuerzas serbias en Krajina, cuando el ejército croata decidió, en agosto de 1995, desplazarse a esa región. No había un señalamiento significativo de las zonas minadas, pero hubo algunos intentos de remoción. Los mapas mostrados a las Nacionales Unidas eran incompletos y su calidad no era buena; recientemente se han puesto a disposición otros mapas mejores. Croacia convino en transmitir a las Naciones Unidas todos los mapas de campos de minas [83]. Croacia es parte en el Protocolo sobre minas terrestres de la CAC.

w. Operación Tormenta del Desierto, 1992. Las posiciones defensivas irakíes tras la captura de Kuwait incluían unos 9 millones de minas, diseminadas en las playas hacia el este y en cinturones minados con fines de protección hacia el sur y el oeste. En esos cinturones se combinaron, sobre todo, minas AP y contracarro. La mayoría de las minas fue sembrada según pautas y en la superficie, pero la arena no tardó en cubrirlas parcial o totalmente. Las fuerzas de la coalición levantaron mapas relativamente precisos de los campos de minas irakíes que luego fueron remitidos al Gobierno kuwaití. A pesar del empleo masivo de minas contra ellas, las fuerzas de la coalición, equipadas con modernas técnicas de apertura de brechas y dotadas de gran movilidad, se demoraron muy poco en su avance hacia Kuwait, una vez iniciada la guerra terrestre [84].

x. Bosnia-Herzegovina, 1992-1995. Los años de conflicto en Bosnia-Herzegovina han dejado tras sí una alarmante contaminación; se calcula que hay de 3 a 6 millones de minas no retiradas, incluidas algunas sofisticadas minas AP. Todas las partes en el conflicto emplearon minas, de las cuales la mayoría de fabricación ex yugoslava y esencialmente de plástico. Había algunos mapas y los facilitados por la Federación de Bosnia-Herzegovina se integraron en la base de datos constituida bajo la dirección de FPRONU. Esta base de datos se comparte actualmente con la OTAN (IFOR), que la ha actualizado fundándose en los mapas puestos a disposición en el marco del Acuerdo de Dayton. Aunque se señalaron adecuadamente solo unos pocos campos de minas, el número de bajas entre las personas civiles se ha mantenido artificialmente bajo, dado que no hay refugiados que regresan. Grupos militares han emprendido algunas operaciones de remoción, pero se ha registrado un elevado número de muertes entre los desminadores. Cabe recordar que Bosnia-Herzegovina es parte en el Protocolo sobre minas terrestres de la CAC [85].

y. Georgia, 1993-1994. Se sembraron minas a lo largo de la frontera entre la zona controlada por el ejército georgiano y la zona ocupada por los separatistas abjazios. Según se sabe, no se señalaron esas zonas minadas y tal vez no fueron cartografiadas totalmente.

z. Ecuador-Perú, 1995. En el transcurso del breve conflicto desencadenado, en 1995, entre Ecuador y Perú, que duró solamente un mes, se esparcieron decenas de miles de minas en las zonas fronterizas entre ambos países. Tras el cese de las hostilidades, se retiró gran cantidad de ellas. Sin embargo, hasta la fecha, dada la ausencia de un acuerdo fronterizo entre las dos partes o porque no ha sido designado un equipo de desminadores aceptable para ambas partes, se calcula que quedan todavía en el territorio disputado unas 6.000 minas, muchas de ellas en un remoto territorio de bosque tropical; son peligrosas para la población civil residente o que pasa por aquella zona.

49. Aunque es cierto que los ejemplos más arriba citados son incompletos, demuestran que escasean los casos en que las minas han sido empleadas de conformidad con el derecho internacional o, si es que la hay, con una doctrina militar. Por consiguiente, sería desatinado fundar el hecho de que se siguen empleando las minas terrestres en la premisa de que éstas pueden utilizarse de forma legal y responsable. Los hechos históricos evidencian que rara vez lo son tanto por los ejércitos "desarrollados" como por los ejércitos del "Tercer Mundo" o por insurgentes y que no pueden limitarse sus efectos tal como se pretende en doctrina. Los ejemplos más arriba consignados reflejan los efectos reales del empleo de minas AP: un pavoroso legado mundial de la plaga de minas.


    El CICR ha recibido del ministro de Defensa de Australia, Su Excelencia Ian McLachlan MP, los siguientes comentarios sobre el punto 48 (d), pp. 28-29, del presente estudio:

    Los campos minados por las fuerzas australianas fueron registrados por los australianos de conformidad con nuestra doctrina. Estos registros fueron remitidos al Cuartel General de las fuerzas australianas en Vietnam y, después, fueron distribuidos a todos los Cuarteles Generales aliados que operaban en Vietnam. Pueden obtenerse copias de estos registros en los archivos del ejército.

    El entonces jefe de Ingenieros del ejército australiano ha confirmado el hecho de que estos campos minados fueron escrupulosamente cercados, señalados y registrados. Además, estos campos fueron desminados antes de la retirada de los australianos de aquella zona (pasaje de una carta del 17 de mayo de 1996, reproducido con el debido permiso).

    Esperamos recibir comentarios de otras fuentes sobre el registro histórico del empleo de minas terrestres.


V - Eficacia militar del empleo de las minas antipersonal

1. Conflicto armado internacional

a. Efectos para las fuerzas adversarias

50. El grupo de expertos militares convocados, en enero de 1994, por el CICR declaró unánimemente que las minas son eficaces armas de guerra y reafirmó la utilidad tanto de las minas AP como de las minas contracarro [86]. En un reciente documento de información del ejército estadounidense [87] se reiteran estas afirmaciones, aduciendo que las minas AP salvan la vida de los soldados estadounidenses (es interesante observar que se citan las dos conflagraciones mundiales, la guerra de Corea, las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto, pero no la guerra de Vietnam). No obstante, merece la pena examinar estos argumentos, particularmente por lo que respecta a las minas AP, haciendo especial referencia a sus efectos en las fuerzas adversarias. En las guerras "convencionales", no hay campañas en las que las minas AP sean capaces por sí mismas de hacer ganar una batalla. En todas las operaciones importantes, cuando se recurrió a la guerra blindada, por ejemplo sembrando masivamente campos de minas en el desierto de África del Norte durante la Segunda Guerra Mundial, la presencia de minas retardó el desarrollo de las batallas, pero los elementos decisivos en su desenlace fueron el liderazgo y el material [88].

51. En la guerra del Golfo, las minas dieron probablemente al ejército irakí un falso sentido de seguridad por lo que respecta a la fortaleza de sus posiciones defensivas en torno a Kuwait, puesto que, cuando comenzó la guerra terrestre, pudieron obviarse los más de los campos de minas [89]. Cuando tuvieron que atravesarlos, las fuerzas de la coalición utilizaron arados montados en tanques y mangas rellenas de explosivo, penetrando con aparente facilidad en los campos de minas irakíes cuando quisieron. Las fuerzas estadounidenses sobreestimaron también la eficacia de las minas irakíes y declararon posteriormente: "En lugar de necesitar 18 horas para pasar por entre las posiciones irakíes como en un principio se había calculado, la 1ª división de infantería tardó 2" [90]. Aunque el ejército irakí colocó 9 millones de minas en Kuwait, se registraron muy pocas bajas a causa de las minas, si es que las hubo, entre las fuerzas de la coalición. Sin embargo, después del conflicto se encontraron en esas zonas minadas numerosos vehículos civiles dañados [91]. Difícilmente se podría argumentar que las innumerables minas AP colocadas por los irakíes surtieron efectos "multiplicadores de fuerza".

52. Otros dos ejemplos de guerra blindada "convencional", que es cada vez más la excepción, son las guerras árabo-israelíes y las guerras indo-pakistaníes. Las guerras indo-pakistaníes se distinguieron por la moderación y la responsabilidad de las que dieron muestras las dos partes implicadas. Su índole limitada y su corta duración contribuyeron a que el problema de las minas permaneciera dentro de una dimensión relativamente reducida y ambas partes dispusieron de los recursos para retirar las minas casi inmediatamente después de cada conflicto. Como una cuestión de opción política, se había decidido restringir los efectos de las minas. La correspondiente rápida remoción evitó que hubiera bajas entre la población civil y permitió que las zonas de combate, que eran tierras de gran calidad agrícola, se volvieran a utilizar. Asimismo, se decidió que no se colocarían minas AP a lo largo de la frontera indo-pakistaní en la lucha contra las infiltraciones en tiempo de paz, aun cuando su empleo hubiera frenado un tanto los movimientos transfronterizos [92].

53. Un factor que se suele subestimar es el tiempo, el costo y los recursos humanos necesarios para disponer un campo de minas-barrera, mantenerlo adecuadamente 93, garantizar su constante vigilancia y tenerlo a tiro. De no ser así, tal barrera no retardará el avance del enemigo ni impedirá la infiltración. La falta de adecuado mantenimiento y de vigilancia han privado de toda utilidad a muchos campos de minas [94], instalados con finalidad de control fronterizo, de protección de bases o de protección de ciertas infraestructuras 95. En otros casos en que se realizaron esas tareas, se abandonaron los planes para disponer dichos campos y se adoptaron con éxito otras tácticas [96].

54. Por otra parte, algunos terrenos son particularmente inaptos para sembrar campos de minas, ya que éstas pueden desplazarse considerables distancias sin llegar a ser, por lo tanto, el obstáculo que se suponía al colocarlas, por ejemplo en arena movediza o en pendientes. Ésta era una de las razones por las que el ejército indio no esparció minas en el desierto de Rajastán y empleó solamente unas pocas durante la guerra de 1962 contra China en el Himalaya [97].

55. En ninguno de los casos de guerra "convencional" hasta aquí estudiados las minas AP han surtido efectos "multiplicadores de fuerza", como se afirma, sobre todo debido a la creciente utilización de formaciones blindadas y al empleo cada vez menos frecuente de una infantería desmontada en conflictos de esta índole. Se ha alegado que las minas AP siguen siendo necesarias en combates de blindados para detener a los zapadores que se apean durante un avance blindado y retiran a mano las minas contracarro; pero, por lo visto, esto no es posible en una guerra de blindados [98].

56. Las tácticas soviéticas, en las que se funda considerablemente la doctrina de la guerra de minas de la OTAN, implicaban el despliegue de tanques desminadores en las líneas de vanguardia del ataque, pero no el de zapadores de a pie en una zona donde estarían a tiro del adversario. Otros países continúan planeando la utilización de la infantería y del cuerpo de ingenieros para preparar el paso de las columnas blindadas a través de los campos de minas; pero, incluso en tales casos, se conviene en que la mina AP es solamente un elemento retardatorio, que no impide la ruptura o el ataque consiguiente. Así pues, cabe argüir que las minas AP son menos importantes para la guerra moderna de blindados.

57. El empleo de minas en el campo de batalla ha inducido a los militares a idear múltiples sistemas de remoción de minas, lo que a su vez ha originado contramedidas para hacer frente a tales sistemas. En la guerra "convencional", de blindados, algunos países han concebido toda una gama de equipos de remoción: mayales, arados y dispositivos con explosivos para accionar las minas delante de las fuerzas de avance, o para retirarlas. Esto explica la fabricación de detonadores de minas que destruyen los arados de desminado montados en la parte frontal de los tanques y dispositivos dis-paradores específicamente resistentes a la breve y gran presión generada por una explosión de gas o de una manga rellena de explosivo.

58. Esta batalla de ingenios entre los diseñadores se ha concentrado principalmente en el ámbito de las minas contracarro; gracias a las modernas técnicas, es más fácil abrirse paso por entre minas AP, dados su tamaño más pequeño y su diseño más sencillo. Entre las opciones preferidas para abrir brechas en un campo minado cabe mencionar la de apartar hacia un lado las minas, en lugar de destruirlas, para las personas civiles el beneficio de esta tecnología es mínimo en situaciones postconflictivas. El principal objetivo de este progreso tecnológico ha sido garantizar que las minas no surtan efectos "multiplicadores de fuerza", para lo cual han sido realmente concebidas.

59. Un factor a menudo soslayado al calcular el valor de las minas AP es la disposición del adversario para aceptar víctimas en sus filas. En casos como la guerra entre Irak e Irán, la guerra de Corea o las luchas revolucionarias muy motivadas, las minas AP pierden significativamente su utilidad y las fuerzas se lanzan sin más a través de los campos minados, incurriendo en los riesgos que ello comporta. En las guerras entre la India y Pakistán, se calcula que la tasa de bajas entre las fuerzas bien entrenadas que intentaron abrir brechas fue de un 1-3% [99].

60. En Corea, los chinos recurrieron a masivos ataques de infantería, atravesando con frecuencia extensos campos de minas AP sembradas en torno a las posiciones de las Naciones Unidas [100]. Es muy probable que un pormenorizado estudio sobre el empleo de minas por las fuerzas francesas, estadounidenses y australianas en Vietnam muestre que las tropas del Vietcong también estaban dispuestas a sufrir pérdidas humanas. En la guerra entre Irak e Irán, los jóvenes voluntarios iraníes lanzaron masivos ataques de frente haciendo caso omiso de los campos de minas AP irakíes. Por otra parte, puede ser que el éxito de los campos de minas del Vietcong contra las tropas estadounidenses y australianas fuese sustancial, pero probablemente no influyó en el desenlace de la guerra, excepto por lo que atañe al número de muertos y de heridos, así como a las consecuencias políticas de dichas cifras para el respectivo país.

61. En Afganistán, el ejército soviético empleó muchos millones de minas, incluidas miles de minas "Mariposas" (PFM-1) esparcibles desde aeronaves, lo que tuvo como resultado un pavoroso número de víctimas entre la población residente en las zonas concernidas. Durante la guerra en las Islas Falkland/Malvinas, el ejército argentino empleó minas AP lanzadas desde helicópteros. En ninguno de los dos casos, la parte que sembró la mayoría de las minas logró éxito militar alguno. En ambos casos, la parte adversaria tenía suficiente entrenamiento o determinación para resolver el problema planteado por los campos de minas.

62. Ciertos analistas con autoridad han llegado a la conclusión de que las minas AP han demostrado ser armas de utilidad muy limitada. El general ke Sagrèn, cuando era comandante en jefe del ejército sueco, declaró, ya en 1994, que "las minas antipersonal no son de vital importancia para la defensa nacional sueca" [101]. El general británico Sir Hugh Beach testimonió ante la Cámara de los Comunes, en 1995: "Por lo que al 'empleo militar regular' se refiere, en ningún caso las minas AP como tales han influido, de una manera cualquiera, en una campaña, una batalla o incluso una escaramuza. Refuerzan marginalmente la utilidad de los campos de minas contracarro como instrumentos de demora e incrementan marginalmente el costo humano cuando en ellos se abren brechas. Mi opinión es que estos efectos (marginales y no multiplicadores), aunque no desdeñables, no valen la pena cuando se los compara con la magnitud del sufrimiento humano que causan" [102].

63. El ex comandante de la marina estadounidense Alfred Gray es aun más tajante: "No conozco situación alguna en la guerra de Corea, ni en los cinco años que pasé en el sudeste de Asia, ni en Panamá, ni en las operaciones Tormenta del Desierto- Escudo del Desierto, en la cual el hecho de recurrir a la guerra de minas haya encauzado concretamente al enemigo o lo haya llevado a la destrucción. No tengo noticias de ventaja operacional alguna como resultado de un amplio despliegue de minas" [103]. En un estudio que por encargo del Pentágono realizó el Instituto de Análisis de la Defensa, se llega a conclusiones análogas:

*"las minas antipersonal tienen una utilidad sustancialmente más restringida que las minas contracarro" y
*"el hecho de que las minas antipersonal, logren, por su gran utilidad, impedir nuevas consideraciones sobre el control armamentístico requiere un conjunto especialmente convincente de hipótesis acerca de la índole de la guerra en el futuro; pero que sean válidas las hipótesis alegadas dista mucho de ser evidente" [104].

b. Efectos para las fuerzas que emplean minas antipersonal

64. Las minas AP pueden ser con frecuencia tanto un lastre como una ventaja y, por lo visto, en la doctrina militar no se han sabido aprovechar las experiencias pasadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, se dieron muchos casos en que los campos de minas dispuestos a la ligera y mal señalados obstaculizaron el movimiento de las fuerzas aliadas [105], ocasionando accidentes fatricidas [106]. Refiriéndose a la campaña italiana, Ernest Fischer hace constar que "los jefes a todos los niveles de la jerarquía intentaban dar con métodos para eliminar las pérdidas a causa de los campos de minas aliados, pero el principal problema no se resolvió" [107]. Más recientemente, el comandante en jefe del ejército sueco recomendó que su Gobierno eliminara las minas AP accionadas por presión precisamente por la amenaza que suponen para las tropas propias [108].


65. En Corea, las tropas británicas, canadienses, surcoreanas y turcas dispusieron extensos campos de minas AP para reprimir a los norcoreanos y a sus aliados chinos. Mantenerlos era una tarea engorrosa; se derribaban los cercados, los soldados se aventuraban en los campos, resultando muertos o heridos [109] y, dados los frecuentes cambios en la situación táctica, los campos de minas no estaban en el lugar apropiado [110], convirtiéndose en un estorbo, en lugar de ser una protección, pues coartaban la flexibilidad táctica. Asimismo, se señaló que las patrullas tenían miedo de utilizar las "vías de seguridad" abiertas a través de los campos minados y patrullaban solamente hasta sus lindes, reduciendo así la seguridad de la posición, en lugar de mejorarla [111]. Estas experiencias se repitieron en Vietnam, donde las fuerzas estadounidenses, como ya se dijo, tuvieron muchas bajas a causa de sus propias minas.

66. Se considera que las minas empleadas para proteger los campamentos militares tienen cierto valor disuasivo, pero plantean, al mismo tiempo, problemas específicos [112]. A fin de impedir una fácil infiltración, es indispensable vigilarlas continuamente, como en el caso de los demás campos de minas. Requieren un constante mantenimiento debido a los daños causados con regularidad por intensas precipitaciones, erosión del suelo (particularmente cuando se utilizan productos químicos para que no crezca la vegetación), ataques enemigos y frecuentes incursiones de animales. Si hay animales muertos, se deduce que las minas explosionaron y ya no están activas; los cadáveres de los animales comienzan a pudrirse y, además del hedor, son un peligro de índole sanitaria. Por consiguiente, los soldados han de penetrar con regularidad en estas zonas para limpiarlas y reemplazar las minas. Los accidentes son frecuentes, no solo porque las minas se desplazan con respecto a su posición original sino también porque los soldados no siempre toman las debidas precauciones. Otro problema grave es que las minas en torno a los campamentos militares cercan a las fuerzas que las colocan y, en caso de que éstas deban abandonar la base a causa de un asalto enemigo, se ven obligadas a dirigirse hacia la salida o las salidas que para ellas dejaron y, en su intento de escapar, se exponen al fuego directo.

67. Las minas sembradas por los irakíes en Kuwait casi no surtieron efectos para las fuerzas de la coalición y no hay registros del gran número de entre sus propios soldados muertos en el despliegue de los gigantescos cinturones de minas protectores en torno a Ciudad de Kuwait y en las playas. Se encontraron varios vehículos irakíes destruidos en los campos de minas; ninguno pertenecía a la fuerzas de la coalición. En realidad, los propietarios de la mayoría de los vehículos dañados en las zonas minadas eran kuwaitíes civiles que intentaron huir de Kuwait durante la ocupación [113].

68. Sería interesante conocer los efectos, si es que hubo, de las diversas experiencias arriba descritas en la doctrina de los ejércitos mencionados por lo que respecta al empleo de minas AP. El problema central es que los más experimentados en el trabajo de desminado de campos se jubilaron hace mucho tiempo. Los jefes de los contingentes de las Naciones Unidas han recibido muchas lecciones interesantes sobre los estragos que pueden causar los campos de minas, particularmente en Somalia y en Bosnia-Herzegovina, pero transcurrirán algunos años antes de que sus experiencias pasen a ser parte integrante del fundamento de la doctrina militar.

2. Conflicto armado interno y violencia contra las personas civiles

69. En conflictos internos y en operaciones de poca intensidad, el empleo de minas ha logrado mejor el objetivo de desorganizar operaciones militares, porque para muchas de las partes es inferior el grado de destreza. Además, las minas se han sembrado desordenadamente sin señalamiento ni registro alguno, dificultando aun más su detección y, por lo tanto, la posibilidad de evitarlas. Incluso en tales circunstancias, las minas no han sido decisivas a la hora de "hacer ganar una batalla", sino que se ha demostrado que son armas de doble filo. En la prolongada (y actual) lucha en Camboya, todas las partes han recurrido al empleo de minas y los jemeres rojos siguen utilizándolas, a pesar de haber sufrido por su causa pérdidas en sus propias filas. Probablemente ello prolongará el conflicto, pero no bastará por sí solo para derrocar al gobierno.

70. En las guerras a escala limitada, el apoyo prestado a las fuerzas gubernamentales se ha visto eclipsado debido al número de víctimas civiles causadas por minas. En algunos casos, se ha imputado al gobierno tanto la responsabilidad de las bajas a causa de las minas colocadas por el gobierno como la de las bajas infligidas por las minas de los insurgentes. En el primer caso, el gobierno es responsable de sus propios actos y, en el segundo, se le culpa de la perturbación que origina la contraofensiva de los insurgentes ante las operaciones gubernamentales contra ellos lanzadas. Tal pérdida del apoyo político se ha tenido rara vez en cuenta cuando se ha examinado la eficacia de las minas como armas en tales confrontaciones.

71. En Mozambique, ni FRELIMO ni RENAMO lograron una victoria decisiva, aunque ambas partes emplearon minas en gran escala. Sin embargo, agravaron la hambruna que llevó posteriormente a los líderes de RENAMO a sentarse a la mesa de negociaciones. Lo mismo cabe decir de las luchas entre las fuerzas gubernamentales y UNITA en Angola, donde ambas partes emplearon minas con devastadores efectos. La responsabilidad de las muertes causadas por minas debe atribuirse, en muchos de los casos, al nivel de entrenamiento de los ejércitos concernidos; es probablemente cierto que la única parte en la lucha por Angola que tuvo muy pocas bajas fueran las tropas sudafricanas que apoyaron a UNITA, porque estaban bien entrenadas y equipadas con vehículos protegidos contra minas.

72. En ex Rodesia, los grupos de "infiltradores", armados de palas, tardaron dos horas en abrirse paso por entre los campos de minas fronterizos originalmente dispuestos en un cinturón de 25 metros de ancho, ampliado a 300 metros y, luego, a 2 kilómetros, sin por ello impedir la infiltración; se añadieron finalmente armas-trampa pero las fuerzas seguían determinadas a aceptar el riesgo de cruzar los campos minados.

73. El empleo de minas AP para proteger diversas infraestructuras tales como centrales eléctricas, vías férreas y torres de alta tensión ha tenido dudosos resultados. En Rodesia, dado que no se reforzó la protección de la central eléctrica de Kariba con vigilancia y fuego directo, los saboteadores simplemente palearon un paso a través de los campos minados, causaron daños y se fueron. En Bosnia, los soldados no tuvieron más que hacer volar los aisladores en las torres de alta tensión con fuego directo desde fuera de las zonas minadas. En ambos casos, era más probable que las bajas se registraran entre los equipos de remoción y de reconstrucción que penetraron en la zona para reparar las instalaciones dañadas.

74. Es deplorable que el único objetivo para el cual el minador ha empleado con éxito las minas y ha logrado un impacto total en el blanco es para contener u hostigar a las personas civiles. Las minas colocadas por las fuerzas gubernamentales irakíes alrededor de poblados en Kurdistán resultaron muy eficaces, alcanzando plenamente el objetivo de paralizar la zona e impedir que se reanudaran las actividades agropecuarias [114]. Asimismo, las minas empleadas, en 1990, para contaminar las zonas civiles del norte de Somalia por las fuerzas de Siad Barre y las minas sembradas en Camboya por los jemeres rojos han surtido terribles efectos en la vida de los clanes nómadas somalíes y de la población local camboyana. Sin embargo, el empleo de minas con tales objetivos carece de todo valor militar y no se puede alegar el éxito de las minas AP para justificar militarmente su no prohibición.

75. Las minas, en particular las minas AP, han demostrado surtir tal efecto aterrador para la población civil en conflictos de poca intensidad que la sola amenaza de su presencia es capaz de despoblar toda una zona o hacer cerrar una red viaria. Durante una operación de remoción de minas en la provincia de Maputo (Mozambique), se envió a un equipo para limpiar la localidad de Mapulenge, que había sido el centro de una comunidad de 10.000 personas y que había quedado desierta durante cuatro años por tener la reputación de estar plagada de minas. Después de tres meses de trabajo, el equipo de remoción comunicó que había encontrado cuatro minas; esto, junto con el rumor de que había muchas más, bastó para que la zona quedara totalmente despoblada [115]. Asimismo en Mozambique, las Naciones Unidas hicieron un contrato para limpiar 2.010 kilómetros de red viaria, mucha de la cual permaneció cerrada durante varios años, por la amenaza de minas; en este caso, se hallaron solo 28 minas, aunque en la búsqueda también se encontró gran cantidad de material bélico menos peligroso [116].

76. Resulta, pues, a todas luces evidente que la eficacia de las minas es proporcionalmente inversa al nivel de equipamiento y de entrenamiento de las personas contra quienes se emplean. Los soldados están mejor equipados para hacer frente a un entorno minado; cuanto mayor sea el grado de disciplina, de equipamiento y de entrenamiento, tanto mejores serán las contramedidas y las precauciones que puedan tomarse. Se ha demostrado que las personas civiles inocentes son un blanco fácil a largo plazo, porque están mal equipadas y mal entrenadas para enfrentarse con esas armas y, tras el cese del conflicto, deben seguir realizando las labores de la vida cotidiana en zonas contaminadas de minas.

77. Nada preparadas para afrontar las consecuencias de la guerra de minas, las personas civiles soportan indecibles sufrimientos: según estadísticas de amputaciones solamente, en Camboya hay una persona amputada por cada 236, en Angola una por cada 470 y, en Somalia, una por cada 650. Estas cifras son espeluznantes cuando se comparan con las relativas a Estados Unidos, cuyo territorio no está plagado de minas, donde por cada 22.000 habitantes hay una persona amputada [117]. Si se calcula que solo un 5% de las víctimas de minas logra sobrevivir suficiente tiempo para llegar al hospital [118] y teniendo en cuenta el hecho de que muchas muertes no se contabilizan, las cifras resultan sumamente elevadas. Aunque durante el conflicto hasta el 49% de las bajas pueden ser soldados [119], una vez terminado, sobre todo cuando los refugiados comienzan a regresar a su país, la proporción de personas civiles heridas aumenta de manera alarmante [120].

78. La falta de preparación de las personas civiles frente a la amenaza de minas se evidencia incluso en las medidas de autodefensa intentadas en muchas zonas. Un grupo de 60 ex soldados somalíes emprendió, en 1991, operaciones de remoción de minas sin entrenamiento ni adecuado equipamiento; en los primeros seis meses, un 40% de esos soldados resultaron muertos o heridos y se puso término a la iniciativa [121]. Son muchas las historias de esfuerzos locales de desminado en Camboya; pero, sin entrenamiento ni equipamiento adecuados, tales empresas están condenadas al fracaso.

79. Examinando los efectos de las minas terrestres en las personas civiles en una situación postconflictiva, el presente estudio se centra esencialmente en las minas AP por ser, en general, una amenaza directa para la población local. Los argumentos a favor de un mantenimiento militar de las minas contracarro son más comprensibles [122], aunque su colocación en grandes cantidades es, a la vez, más difícil y más onerosa. Además, los objetivos que se persiguen normalmente empleando estas armas contracarro son de gran valor militar. No obstante, es conveniente observar que las minas contracarro también pueden constituir un peligro inminente para la población civil y para las organizaciones humanitarias.

80. Las minas contracarro causan graves daños cuando los refugiados regresan al respectivo lugar de origen en vehículos o reanudan los cultivos utilizando tractores y otros aperos pesados. En 1993, un remolque en el que iban 18 personas pasó sobre una mina contracarro en Mozambique; murieron todos los ocupantes. En 1995, uno de estos artefactos hizo volar un Land Rover atestado; mató a las 19 personas que en y sobre el vehículo viajaban. Por si fuera poco, algunos grupos rebeldes, con muchas reservas de minas contracarro, se las ingenian para manipular el sistema de detonación de estas minas, que pueden así explosionar con el simple peso de una persona. Lo ideal sería que el empleo de las minas contracarro pudiera controlarse estrictamente. He aquí las medidas mínimas que habría que tomar: (a) imponer el requisito de que las minas contracarro sean detectables, a fin de facilitar la tarea de remoción tras el conflicto; (b) reforzar los requisitos relativos al registro de datos y (c) adoptar el uso de mecanismos de autoneutralización para hacer inofensivas las minas tras cierto período de tiempo. Convendría, asimismo, examinar la prohibición de los dispositivos antimanipulación y de las minas contracarro que explosionan con el peso de una persona [123].

81. Otra amenaza para las personas civiles es el creciente empleo de dispositivos con detonación a distancia o de explosivos improvisados con detonador de acción retardada. A pesar de ser muy utilizados por las fuerzas rebeldes contra tropas gubernamentales en lugares como Irlanda del Norte, España y Sri Lanka, estos dispositivos suelen causar más muertos entre las personas civiles que entre los soldados. Es sumamente difícil controlar su empleo ya que por lo general, a las personas que los emplean importa muy poco a quiénes matan o mutilan [124].

VI - Viabilidad y utilidad de requisitos para cartografiar y señalar los campos de minas

82. De conformidad con el Protocolo de la CAC y el STANAG, el señalamiento de los campos de minas debe ser visible y mantenerse mientras no se haya limpiado el campo de minas. Esto implica que el señalamiento de dichas zonas debe hacerse de tal manera que los signos permanezcan, no sean dañados y no puedan ser retirados, lo cual puede convertirse en una verdadera prueba de ingenio para las entidades encargadas del señalamiento. En los países más pobres, los postes y las alambradas no duran mucho tiempo, porque los habitantes del lugar los aprovechan como enseres de vivienda o de corral. Los pequeños signos de metal son perfectos como material de refuerzo y los grandes signos de plástico se transforman en recipientes colectores o, si son impermeables, se utilizan para techumbres [125]. En muchos países, los hitos pintados son la única forma de señalamiento cuyo valor comercial no es suficientemente atractivo como para retirarlos. En cuanto a los cercados, los habitantes utilizan este material y, como conocen el emplazamiento de las minas, consideran que no hay necesidad de reemplazar los signos de advertencia. Pero, cuando los refugiados o las personas desplazadas regresan a esas zonas o pasan por ellas, aumenta de forma alarmante el número de víctimas .

83. En la práctica, los grupos de militares que se retiran de una zona, dejando tras sí campos de minas señalados, consideran problemático mantener el señalamientos de esos campos, aunque así lo deseen, porque, en los más de los casos, ya no regresarán a esa zona. Es poco frecuente que otro organismo, exceptuadas entidades de desminado como las Naciones Unidas o diversas ONG, se ocupe del mantenimiento de los cercados protectores y de los signos de advertencia [126]. La única solución concreta es que las propias fuerzas encargadas de la colocación lleven a cabo la remoción de minas en las zonas afectadas.

84. Como ya se puso de relieve, en los conflictos de poca intensidad escasean los casos en que se haya cartografiado y registrado, incluso parcialmente, el emplazamiento de las minas. Cuando se ha hecho, los mapas de campos de minas con frecuencia se han perdido o son inexactos, debido a las cambiantes condiciones del terreno. En algunos casos aislados en que se han levantado mapas, como en Camboya, se han abandonado rápidamente. En Ruanda, se cartografiaron algunas zonas minadas, pero los mapas eran poco precisos para la remoción y, en las fases posteriores del conflicto en este país, se sembraron minas alrededor de las localidades defendidas sin hacerse esfuerzo alguno para señalarlas ni cartografiarlas.

85. En situaciones como las de Afganistán, Camboya, Mozambique y Angola, las partes contendientes fueron incapaces de cartografiar los campos de minas con precisión. Todos los mapas hechos son incompletos y es difícil hacerlos corresponder con los de las partes adversarias. En los casos en que hay cuatro o cinco partes implicadas, como en Camboya o en Angola, es casi imposible obtener un cuadro completo. Algunas fuerzas niegan rotundamente que hayan empleado minas, mientras que otras facciones tienen tropas cuyos miembros no saben ni leer ni escribir, por lo tanto, es insensato esperar que puedan hacer un mapa con exactitud. Por lo demás, las partes contendientes pueden mostrarse reacias a facilitar este tipo de información, incluso si el conflicto ha cesado, por temor a que se reanuden los enfrentamientos y la información sea utilizada militarmente.

86. Incluso para los ejércitos profesionales, cartografiar el emplazamiento de las minas es un ejercicio muy exigente que requiere conocimientos técnicos de los que no siempre se dispone. Estas operaciones son sumamente engorrosas en terreno montañoso o boscoso. La compilación, la integración y la conservación en lugar seguro de los mapas de campos de minas en un emplazamiento central pueden ser una arredradora tarea logística y administrativa. Aunque estas operac