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1-10-1999 Guatemala: Los niños de la guerra Tomado de "región - América Central y Caribe - Nº 1
Pacoxom es tristeza. La mañana del 13 de marzo de l982, los patrulleros civiles de Xococ y efectivos militares llegaron a Río Negro. Reunieron a las mujeres y los niños, y los concentraron en una escuela que ya no funcionaba porque los maestros habían huido de la violencia. Al mediodía enfilaron a una quebrada: Pacoxom. Un patrullero había violado a una muchacha y durante el camino se burlaban de los niños porque lloraban. Algunas mujeres ofrecían sus vacas y dinero para que las dejarán libres mientras un oficial del Ejército, granada en mano, decía que nada le costaba matar a unos cuantos guerrilleros. Al llegar al lugar empezaron a llevarse a la mujeres y los niños en grupos de cinco. Tecú Osorio, entonces de 10 años de edad, cargaba a su hermano Jaime de tres. Me fui haciendo para atrás y llegué a un claro, pero un militar que violaba a una mujer, me mandó de regreso. Ahí vi que Pedro Gonzáles le pegaba un machetazo en la espalda a una señora, el niño que llevaba se partió en dos y ella también cayó. En esos momentos le cuesta hablar, una candela de cera amarilla empieza a quebrarse entre sus dedos. Dice que los niños y las mujeres fueron degollados o ahorcados. La vida en Xococ Ahora habita en Pacux, una colonia lotificada por el Instituto Nacional de Electrificación y entregada a los propietarios de la tierra que quedó bajo la presa de Chixoy, junto a su hermana Cruz, quien también vivió en Xococ. Cruz era de las niñas más grandes del grupo, tendría 14 años cuando en la madrugada del 15 de marzo de l982 llegó a la casa de Pablo Xitimul, en Xococ. El me trataba muy mal pero su mujer se portaba mejor, dice Cruz con ayuda de interpretación que le hace Juan, debido a que no habla bien el español y prefiere expresarse en achí. Mientras le da pecho al menor de sus cuatro hijos, sonríe cuando Juan cuenta que uno de sus tíos lo reconoció en el mercado de Rabinal, después de un año de estar en Xococ, La primera vez que llamaron a Marcelo Osorio al tribunal no me llevó, pero la segunda vez fuímos con Cruz y vimos a mi tío, yo no me acordaba de él, pero Cruz sí lo reconoció cuenta Juan. Fueron dos años que los Pérez vivieron en la aldea de los patrulleros. Igual destino tuvo María Uscap Iboy, quien recuerda bien esos tiempos y la suerte de encontrar en la plaza de Pacux a unos conocidos que le informaron que sus familiares estaban vivos. Fueron muchos meses de trámites, por medio de los alcaldes auxiliares de la localidad, porque María tenía otros tres hermanos viviendo con otros patrulleros de Xococ, finalmente en 1984, se reunió con los que sobrevivieron de su familia. Jesús Tecú Osorio recuerda los golpes que recibió de Gonzáles, hoy detenido en la cárcel pública de Cobán, Alta Verapaz. Yo siempre contaba que Pedro Gonzáles había matado a mi familia y a mi hermano Jaime y el me pegaba después afirma. Un día el patrullero le preguntó: Por qué estás contando eso? Tenía un lazo en las manos me lo amarró en el cuello y lo haló. Diez minutos después, cuando recobró el conocimiento, la esposa de Gonzáles le daba un vaso con agua. Aunque algunos digan que me rescató de morir, la verdad es que me secuestró, porque yo no quería vivir con él sino con mi familia, expresa con un tono de tristeza, que igual que los otros niños que vivieron en Xococ, 16 años de distancia no se pueden borrar. La Travesía Tecú Osorio asegura que Gonzáles le dijo: Te vas a ir conmigo. Pero el problema que suponía llevar a Jaime de tres años fue resuelto por el patrullero de forma radical, mató a mi hermano, refiere. Aproximadamente 20 patrulleros y unos 10 soldados empezaron a caminar rumbo a Xococ. En Chitacán, una pequeña aldea ubicada entre las dos poblaciones, el patrullero Fermín Lajuj se desmayó, los otros decían que era por lo que había hecho en Pacoxom. Es que en esa quebrada los niños habían sido ahorcados o degollados, mientras que las personas que intentaban escapar caían bajo las balas de los soldados, es algo que recuerdo bien porque dolió mucho, puntualiza. Ver la segunda parte del reportaje: Las huellas de la guerra (El CICR no asume la responsabilidad de las opiniones expresadas por los autores del siguiente texto. La publicación del mismo no es una toma de posición del CICR.) |