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Comité Internacional de la Cruz Roja
8-05-2009  Reportaje  
República Democrática del Congo: en pleno conflicto, un médico solo dirige el hospital de Minova
Tharcysse Synga es el único médico del hospital de Minova, en Kivu Sur, y recuerda los últimos días de 2008, cuando el establecimiento recibía decenas de heridos de guerra y personas desplazadas. En esos días, el Dr. Synga realizaba hasta 16 operaciones diarias.

©CICR/VII/Ron Haviv
El Dr. Tharcysse Synga atiende a sus pacientes.

Es una luminosa mañana de enero. La hermosa vista del lago Kivu y de los montes azules que lo rodean podría realzar la publicidad de cualquier clínica de alto nivel en Europa. Pero, las exiguas salas del hospital y la larga fila de pacientes ambulatorios que esperan al único médico del establecimiento cuentan una historia distinta, al igual que los campamentos donde se hacinan las personas desplazadas. Esta historia tiene lugar en el hospital de Minova, situado en lo que, hasta hace unas semanas, era una zona de guerra. El Dr. Tharcysse Synga, de 35 años, no ha tenido ni un solo día de licencia en meses.

Era un día relativamente tranquilo. La única operación que el médico tenía que realizar era una cesárea, que ayudó a traer al mundo a una niñita en buen estado de salud. Esto no es nada, en comparación con las 16 operaciones diarias de los últimos meses. Recuerda el Dr. Tharcysse: "Un día llegamos a hacer 17, pero era demasiado, porque el material que teníamos en el hospital no alcanzaba. La lavandería tuvo que acelerar su trabajo, porque necesitábamos volver a utilizar el material para hacer nuevas operaciones".

Las decisiones sobre la vida y la muerte son experiencias dolorosas. "Llegaban muchos heridos de guerra al mismo tiempo, con diferentes pronósticos. Teníamos que dar prioridad a los heridos graves, pero con probabilidades de sobrevivir, y tratar los casos más leves después. Pero, cuando los casos eran muy graves, no podíamos hacer casi nada, salvo acompañarlos hasta el fin".

Sin tiempo para descansar

En octubre y noviembre de 2008, la afluencia de personas desplazadas y de heridos de guerra a Minova coincidió con una huelga del personal del hospital. El Dr. Tharcysse quedó solo con cuatro pasantes para realizar todas las actividades: las consultas, las operaciones, los ultrasonidos y las demás prácticas. El descanso "no estaba en el orden del día", y pasaban las noches en el hospital, porque "era peligroso viajar después del atardecer para atender urgencias médicas", explica el Dr. Tharcysse. "Esto no es exactamente lo que tenía en mente cuando acepté este trabajo hace un año", añade con una sonrisa.

Para este joven médico formado en Kisangani y Kinshasa, trabajar en un hospital pequeño, en una provincia remota, parecía una opción lógica: "Cuando empecé a estudiar medicina, quería ayudar a aliviar los sufrimientos de mis hermanas y hermanos. Pensaba que esos sufrimientos estarían más a la vista en ciudades pequeñas, sobre todo las situadas en zonas de guerra". Las regiones de Kivu Norte y Kivu Sur, situadas en la frontera oriental de la República Democrática del Congo, con su larga historia de conflictos, parecían el destino adecuado para el Dr. Tharcysse. El hospital de Minova, que atiende a una población de casi 160.000 personas, necesitaba con urgencia profesionales de la salud calificados y motivados.

El Dr. Tharcysse recuerda que los últimos meses de 2008 fueron "muy dramáticos". Como el día en que los enfrentamientos se acercaron demasiado. "Como se puede observar, debido a su ubicación, el hospital es muy visible. Los pacientes entraron en pánico, creyendo que el hospital sería bombardeado. Entonces, con los ayudantes, tuvimos que cargarlos sobre la espalda y regresarlos a sus casas, donde se sentían más seguros". En ese momento, todas las organizaciones humanitarias extranjeras ya se habían ido de Minova. Sin embargo, "los materiales quirúrgicos que el CICR había donado al hospital fueron de gran utilidad", dice el médico.

La violencia sexual, barómetro del conflicto

©CICR/VII/Ron Haviv
El Dr. Tharcysse Synga realiza una de sus 16 operaciones diarias.


Otro aporte del CICR muy apreciado son los tratamientos preventivos para casos de violación. Si el medicamento se administra menos de 72 horas después de la violación, reduce al mínimo de contraer una enfermedad de transmisión sexual.

Durante sus 18 meses de trabajo en el hospital de Minova, el Dr. Tharcysse aprendió hasta qué punto la violencia sexual puede causar traumas gravísimos. "Recuerdo a una mujer de 69 años que había sido violada por ocho hombres armados. Imagine el daño causado a su cuerpo".

"Además, la violación es un barómetro del conflicto", explica. "He visto cómo el número de mujeres víctimas de la violencia sexual que llegaban a mi hospital aumentaba y disminuía en paralelo con las hostilidades". Desde este punto de vista, el médico tiene dudas acerca del último alto el fuego declarado por los principales beligerantes en los Kivus.

Dice que en diciembre, había atendido a treinta mujeres violadas; en enero, los casos eran, hasta el momento, más de treinta, y el mes todavía no había llegado a su fin. "Sólo ayer, tratamos siete casos nuevos", dice el Dr. Tharcysse con tristeza.


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