Pascal Cuttat, jefe de la delegación del CICR en Pakistán.
¿Es preocupante la situación humanitaria en la frontera entre Pakistán y Afganistán, en Bajaur Agency?
La reciente escalada en las hostilidades obligó a más de 200.000 personas a huir de sus hogares en Bajaur Agency, llevando consigo poco más que la ropa que tenían puesta. El Gobierno suspendió las operaciones militares en la región de la frontera a partir del 31 de agosto para observar el Ramadán. Algunas secciones de la oposición armada hicieron lo propio. Esta situación alentó a miles de personas desplazadas a regresar a sus aldeas en Bajaur.
Sin embargo, la situación en el plano humanitario sigue siendo extremadamente inestable, y no hay garantías de que el actual momento de calma sea duradero. Por lo tanto, seguimos muy preocupados con respecto a las personas desplazadas, la mayoría de las cuales son mujeres y niños. Aproximadamente 50.000 desplazados se alojan con familias de acogida o en campamentos improvisados en lugares como escuelas. Para darle una idea de la acuciante situación de estas personas, aproximadamente 14.000 desplazados cruzaron la frontera y entraron en Afganistán, porque sentían que estarían más seguros allí.
Las personas desplazadas necesitan con urgencia agua potable y sistemas de saneamiento, así como alojamiento, alimentos y acceso a servicios de salud.
¿Qué asistencia presta el CICR a las personas afectadas por los enfrentamientos?
El conflicto presenta aspectos muy complejos y la situación cambia constantemente. Aunque los enfrentamientos parecen menguar en ciertas regiones, se intensifican en otras. Hay numerosas personas en movimiento; algunas regresan a sus hogares y otras huyen.
Estamos decididos a hacer una verdadera diferencia y aliviar el sufrimiento de las personas afectadas. En colaboración con la Media Luna Roja de Pakistán (MLRP), respondemos a las necesidades de las personas más vulnerables de la población desplazada.
Teniendo en cuenta el hacinamiento en que viven los desplazados y el riesgo de que contraigan enfermedades, nuestra preocupación principal es velar por que tengan acceso al agua potable y a instalaciones de saneamiento. Los alimentos, los medicamentos y los refugios no sirven de mucho si la gente contrae enfermedades transmitidas por el agua. El CICR ha llevado equipos al distrito del Bajo Dir, en la provincia de la Frontera Noroeste, que ha absorbido unas 50.000 personas desplazadas, a fin de facilitar la instalación de sistemas de abastecimiento de agua y de saneamiento. Se encuentran en el lugar siete ingenieros, que han completado la instalación de tanques de agua y equipos de distribución que ya se encuentran en funcionamiento. Se está transportando agua potable con camiones cisterna.
Algunas de las personas heridas durante los enfrentamientos fueron evacuadas por medio de servicios de ambulancia organizados por la MLRP y tratados con materiales médicos y medicamentos suministrados por el CICR. Estamos prestando servicios médicos a los heridos y organizando esos servicios para las personas desplazadas. Deseamos mantener este ritmo de trabajo.
Todos los días, distribuimos mantas, juegos de cocina, lonas y otros artículos domésticos de primera necesidad entre centenares de familias. Junto con la MLRP, distribuimos comida caliente entre las familias que llegaban a Peshawar. También estamos distribuyendo alimentos.
¿Tienen ustedes libre acceso a todas las personas que necesitan ayuda?
Este conflicto se desarrolla en un contexto muy inestable, lo cual afecta nuestra propia seguridad operacional. Por lo tanto, resulta problemático acceder a las personas civiles que necesitan ayuda. Sin embargo, confiamos en poder seguir accediendo a ellas. Los equipos del CICR y la MLRP están presentes en zonas donde se han producido concentraciones de desplazados. Juntos, identifican a las personas más vulnerables entre los desplazados y les prestan ayuda.
Al mismo tiempo, la delegación del CICR en Afganistán proporciona ayuda a más de 14.000 familias que cruzaron la frontera para huir de Bajaur Agency.
Estamos convencidos de que nuestra colaboración con la Media Luna Roja de Pakistán nos ha permitido desplegar nuestra labor humanitaria con una modalidad que todos los actores sobre el terreno consideran neutral e independiente.
¿Cuenta el CICR con experiencia operacional en estas zonas?
El CICR tiene presencia permanente en Pakistán desde 1981. Hemos realizado actividades en las Zonas Tribales y en la provincia de la Frontera Noroeste. Obviamente, la situación ha evolucionado con los años; el conflicto actual es complejo y sus resultados son impredecibles. Sin embargo, creemos que el Gobierno de Pakistán y sus fuerzas armadas y de seguridad, así como la oposición armada y la población civil, nos conocen bien y reconocen nuestra neutralidad e independencia. Esto nos dará la credibilidad con la que debemos contar para poder movernos y realizar nuestras actividades en el contexto de un conflicto armado.
¿Cree usted que las personas que han regresado a sus hogares podrán permanecer allí, o que probablemente tengan que huir de nuevo?
Por el bien de las víctimas, esperemos que puedan regresar pronto a sus aldeas, recuperar su dignidad y reanudar su vida. Esta situación, que obliga a las mujeres, los niños y los ancianos a vivir en campamentos y con familias de acogida, y en la cual las mujeres están separadas de sus maridos, padres e hijos porque los hombres se han quedado en la zona afectada por las hostilidades para proteger sus bienes, dista de ser ideal.
Dicho esto, tenemos que estar preparados para todo lo que pueda suceder. El conflicto en las Zonas Tribales de administración federal de Pakistán comenzó tiempo antes de la escalada que tuvo lugar en estos últimos días. Por esta razón, seguimos muy de cerca la evolución de los acontecimientos sobre el terreno y estamos listos para intervenir cuando sea necesario.