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Una familia huye de la ofensiva militar en el valle de Swat, al noroeste de Islamabad.
"Es la peor crisis humanitaria en la historia reciente de este país", dijo Pascal Cuttat, jefe de la delegación del CICR en Pakistán. "Casi todas las organizaciones humanitarias y los periodistas se concentran en las penurias de los centenares de miles de personas que huyeron de su hogar, pero no hay que olvidar a las que quedaron detrás y que se llevan la peor parte en las hostilidades. Debe hacerse todo lo posible por asistir y proteger a los civiles, de conformidad con el derecho internacional humanitario".
Para las personas que quedaron en las zonas de la Provincia de la Frontera del Noroeste afectadas por el conflicto, las condiciones son sumamente desfavorables, ya que el acceso al agua, a la electricidad y a los servicios médicos es extremadamente limitado. Los enfrentamientos y la inseguridad generalizada han perturbado la cadena de suministro en Dir, Buner y Swat, lo que hace que todos los productos, en particular los alimentos, sean ahora escasos y costosos. Por otra parte, los frecuentes toques de queda dificultan el acceso de la gente a los pocos servicios básicos disponibles en las ciudades y aldeas. Por ejemplo, en Mingora, el hospital principal del distrito de Swat ha sido abandonado y el servicio de abastecimiento de agua y de electricidad está interrumpido hace más de una semana.
Se están instalando grandes campamentos para acoger a los civiles que huyen de las zonas afectadas por el conflicto. Sin embargo, según las estadísticas oficiales, sólo una pequeña parte del millón y medio de personas desplazadas oficialmente registradas ha acudido a los campamentos. La mayoría prefiere quedarse con familiares, alquilar un alojamiento o vivir en refugios provisionales, en cualquier lugar. En los campamentos, las temperaturas son insoportables, sobre todo para las mujeres, que tienden a no salir de las carpas.
Además de las acciones destinadas a ayudar a miles de personas desplazadas, el CICR también trabaja en las zonas directamente afectadas por los enfrentamientos. Hoy, la Institución entró por primera vez en Timergara, en el Bajo Dir, para evaluar las necesidades. Ya ha proporcionado suministros médicos al Hospital de Distrito de Daggar, en Buner. Este establecimiento todavía funciona, aunque su personal se ha reducido al mínimo. El CICR también ha distribuido alimentos entre unas 8.500 personas desplazadas y sus familias de acogida en el sur de Buner. Además, en cooperación con la Media Luna Roja de Pakistán, ha proporcionado alimentos y otros socorros esenciales a más de 13.000 personas desplazadas en el Bajo Dir y en Malakand. Sin embargo, la Institución sigue sin poder llevar suministros médicos a Mingora, la capital de Swat, escenario de importantes operaciones militares en el marco de la actual ofensiva.
El CICR y la Media Luna Roja de Pakistán (MLRP) administran conjuntamente un campamento para personas desplazadas en Swabi. Además, el CICR presta apoyo a dos campamentos de la MLRP en Malakand, a fin de permitir que las personas allí refugiadas vivan en condiciones dignas. Los campamentos han sido equipados con letrinas, duchas, surtidores de agua y unidades de atención de la salud. Por encima de las carpas se han instalado toldos, gracias a los cuales las temperaturas se reducen en seis grados centígrados; este valor representa la diferencia entre el calor normal y el insoportable.
"Hace una semana, el campamento estaba prácticamente vacío. Ahora aloja a más de 10.000 personas", explica Jean-Yves Penoy, un delegado del CICR que trabaja en Swabi, mientras supervisa la instalación de unos 20 compartimentos de ducha. "Intentamos responder a la afluencia de personas desplazadas; estamos en una carrera contra el tiempo".
El hospital quirúrgico para personas heridas por arma en Peshawar, inaugurado el 29 de abril de 2009, ya ha atendido a decenas de pacientes heridos por armas procedentes del distrito de Swat desde que se iniciaron las hostilidades, y ahora funciona a plena capacidad.