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Comité Internacional de la Cruz Roja
28-10-2008  Reportaje  
Filipinas: atender a los heridos y los enfermos
Desde que se reanudaron los enfrentamientos entre el Gobierno de Filipinas y el Frente Moro de Liberación Islámica en agosto, el personal médico de Mindanao central ha estado trabajando sin respiro. A continuación, Iolanda Jaquement, del CICR, describe las tareas que están realizando.

El poblado de Datu Piang, en Mindanao central, sur de Filipinas, está sobrepasado por la gran cantidad de personas desplazadas (unas 25.000) que han llegado en busca de refugio, tras haber huido de los enfrentamientos en su lugar de origen. Las carpas azules instaladas por todos lados –en la mezquita, en la iglesia, bajo el puente, donde la vieja leyenda de "Mantengamos limpio nuestro parque" ha sido reemplazada por la de "Centro de Evacuación"– señalan su presencia.

Debajo de un techo de paja sostenido por postes de madera, los cinco pacientes –todos con suero– están acostados en camas muy precarias. "Como este refugio no tiene paredes, los pacientes a veces tienen que ser trasladados a clínicas rurales cuando llueve", dice, con expresión cansada, Ulambay Lidasan, médico a cargo de la clínica. "Pero los acuestan en el piso porque no hay espacio para más camas en ese edificio."

La clínica de salud de Datu Piang es una versión en miniatura de este pintoresco poblado. Cumple una función crucial en la vida de los desplazados. La doctora Elizabeth Samama, directora adjunta de salud de la provincia de Maguindanao, la región más afectada por el conflicto, recuerda los hechos que transformaron la clínica. "Los problemas comenzaron el 21 de agosto. Desde entonces, hemos estado trabajando sin respiro, no tenemos descanso. Hacemos lo mejor que podemos, con recursos limitados."

Los servicios de salud están desbordados

La doctora Lidasan señala que el personal de la clínica está desbordado. "Aquel joven médico que está atendiendo a una niña con diarrea ha venido a ayudarnos y le estamos muy agradecidos", dice. Junto con otra colega, la doctora hace turnos de 24 horas, descansa dos días y luego recomienza. Han venido cinco médicos de otras municipalidades para ayudar a los diez empleados de este centro.

Las estadísticas de la doctora Lidasan son elocuentes: "En las últimas siete semanas, hemos atendido 6.769 consultas e internado a 280 pacientes. Once de ellos fueron trasladados al hospital de Cotabato City, la capital regional." El número de pacientes podría haber sido mucho más alto, dada la intensidad de los enfrentamientos.

La pequeña clínica de Datu Piang ya ha tenido que atender a ocho víctimas de disparos en un solo día. "Era casi el final del mes de ayuno del Ramadan, y yo estaba preparando café cuando un proyectil me dio en el espalda", recuerda Samira Endosan, embarazada y madre de siete hijos. Le preocupa que el incidente haya causado daños a su bebé.

El obús explotó en el pantano que está cerca de la escuela primaria de Datu Gambay Piang y que actualmente se usa como centro de evacuación, donde la familia Endosan comparte un aula con otras tres familias. Los proyectiles también alcanzaron a tres de los niños, que estaban jugando afuera. En un refugio tan pequeño, los "evacuados", como se los llama aquí, están apiñados incluso debajo de los postes que sirven de soporte al edificio principal de la escuela.

"Desde hace más de un mes, las clases están suspendidas en todas las escuelas públicas, debido a los evacuados", dice Musib Uy Tan, un funcionario municipal, sin quejarse. Comparte el sentimiento de la doctora Samama, que dice: "Tenemos que dar a nuestros desplazados la ayuda que necesitan".

Pero su mayor preocupación son las epidemias. Ha habido casos esporádicos de sarampión y otros, más frecuentes, de diarrea, infecciones del tracto respiratorio superior y afecciones de la piel. No se han registrado casos de enfermedades más graves, como el cólera o la fiebre tifoidea. "Es fundamental mantener un alerta permanente y buenas condiciones de higiene", explica la doctora Lidasan.

Dos veces por día, su equipo de voluntarios recorre los 23 centros de evacuación en Datu Piang "para efectuar el seguimiento de la situación". Los ingenieros del CICR ayudan a prevenir las epidemias, proporcionando contenedores de agua potable y construyendo letrinas en los centros de evacuación.

Ayuda de los amigos

La doctora Samama está preocupada por el futuro. "Si esta situación se prolonga, nos quedaremos sin recursos y el personal estará agotado". Señala que, para responder adecuadamente a las necesidades de las personas desplazadas, esta región pobre de Filipinas necesitará ayuda externa. "Necesitamos fondos y más recursos humanos, logística, medicamentos y suministros médicos."

El coordinador médico del CICR en Filipinas, el doctor Robert Paterson, estuvo en el terreno desde los primeros días de los enfrentamientos. Está impresionado "tanto por la dedicación como por el profesionalismo del personal médico local. No es una tarea fácil la que están cumpliendo, ya que, con la llegada de los desplazados, la población se ha duplicado en algunas municipalidades".

El Ministerio de Salud lanzó una campaña de vacunación contra el sarampión casi inmediatamente después de que comenzaron los primeros enfrentamientos. El doctor Paterson destaca el papel crucial de la campaña. "Dadas las condiciones en que están obligados a vivir los desplazados, existe el riesgo de que se produzca un brote de sarampión, que puede causar discapacidades o incluso la muerte a los niños, sobre todo porque muchos de ellos ya tiene un estado de salud frágil." Hacia finales de octubre, el 75% de los niños de entre seis meses y cinco años han recibido las vacunas.

El CICR, dice el doctor Paterson, está preparado para ayudar al sistema de salud nacional a responder a las situaciones de emergencia. "Estamos prestando apoyo a ocho centros de salud y prevemos aumentar nuestros esfuerzos en los próximos meses. El CICR fue la primera organización en llegar a Datu Piang", dice la doctora Samama. "Nos dan suministros médicos de emergencia y medicamentos, así como drogas contra el tétanos. Es decir que nos ayudan a cubrir nuestras falencias."

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Los desplazados viven en carpas precarias en Lower Salvo, pequeña aldea de Mindanao central.


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El centro de salud de Datu Piang está desbordado. El CICR le presta apoyo, así como a otras siete estructuras sanitarias en Mindanao.


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Datu Piang, Mindanao central. Estas personas desplazadas viven en la escuela primaria de Datu Gumbay Piang. Cuatro familias comparten un aula.

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Datu Piang, Mindanao central. En el centro de salud rural, los pacientes tienen que acostarse en el piso del laboratorio. Debido a la llegada de los desplazados, la población de Datu Piang ha aumentado en un 50% desde agosto de 2008.


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Sección: En el mundo > Asia y el Pacífico > Filipinas
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