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30-06-2005  Revista Internacional de la Cruz Roja  por Manoj Kumar Sinha
El hinduismo y el derecho internacional humanitario
En este artículo, se examina la relación entre el hinduismo y la guerra, y se analiza hasta qué punto el hinduismo reconoce los conceptos fundamentales del derecho humanitario. Tras recordar las fuentes del hinduismo, se examina el carácter admisible de la guerra y los tipos de conflictos en la India antigua, así como las normas sobre la conducción de la guerra; se analiza, además, si la guerra era un fenómeno corriente o si, por el contrario, era el último recurso del soberano. Luego, se identifican los principios humanitarios que se aplicaban en esa época. Por último, se considera la medida en que los conceptos del hinduismo han contribuido al desarrollo del derecho internacional humanitario.

Manoj Kumar Sinha es profesor visitante en el Instituto de Derechos Humanos y Derecho Humanitario Raoul Wallenberg, Lund, Suecia, y profesor adjunto (en excedencia) en la Sociedad de Derecho Internacional de la India, Nueva Delhi.

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo, porque tu prójimo eres tú mismo.
Dios está en ambos, en ti y en tu prójimo, y ambos estáis en Dios.
Quien actúa con este espíritu no ha de temer que sus actos lo aten a otra existencia." [1]

En la antigua India, las normas de los conflictos armados se basaban en el principio de humanidad. En los antiguos textos hindúes se aceptaba claramente la distinción entre objetivos militares, que podían ser atacados, y las personas y los bienes no militares, que no podían ser objeto de ataque. De modo que la guerra estaba limitada, en gran medida, a los combatientes, y sólo las fuerzas armadas eran objetivos legítimos. No se permitía destruir ciudades ni aldeas durante la guerra. Las consideraciones de índole humanitaria son también una poderosa fuerza motriz que impulsa la codificación del derecho internacional humanitario moderno [2], cuyo principal objetivo es limitar el sufrimiento causado por la guerra. En este artículo, se examina la contribución del hinduismo al desarrollo de ese derecho.

Fuentes del hinduismo

El hinduismo es un modo de vida, un Dharma [3]. El término Dharma deriva del sánscrito "dhri", que significa "mantener unidos". Quienes profesan el Dharma hindú y procuran seguirlo se guían por normas, acciones, conocimientos y obligaciones de índole espiritual, social, jurídica y moral, las cuales sustentan la unión del género humano. Dharma no significa religión: es la ley que gobierna todas las acciones [4]. El Dharma hindú también se conoce bajo otros nombres, como el Dharma Sanatan (Sanatan significa eterno y omnipresente) y el Dharma védico (Dharma basado en los Vedas [5]). La religión hindú no sólo consiste en normas que abarcan los derechos y los deberes de los reyes y los guerreros, sino que también proporciona normas de Desa Dharma [6] que rigen las relaciones entre Estados [7].

El hinduismo se basa en numerosos textos. Dado que se considera que los hindúes tienen autoridad para introducir nuevos elementos e ideas en su religión, existen incontables volúmenes de comentarios, tradiciones y enseñanzas [8]. Las fuentes primarias del hinduismo son Sruti y Smriti [9]. Sruti significa literalmente lo que es oído, mientras que Smriti designa lo que es recordado. En este sentido, Sruti es revelación y Smriti es tradición. Sruti son los cuatro Vedas, Rig Veda, Sam Veda, Yajur Veda y Atharva Veda. Cada Veda consta de cuatro partes: el Samhita (himno), los Brahmana (rituales), los Aranyakas (interpretaciones) y los Vedanta (Upanishads) [10]. El Baghavad Gita (el "cantar del Señor; aproximadamente 200 a.C.), parte del poema épico Mahabharata, es el texto hindú con mayor influencia [11]. Manu, Yajnavalkya y Prasara son los más célebres hacedores de leyes de la antigua India [12]; los Smritis llevan su nombre. Existen dieciocho Smritis o Dharma Sastras. La jurisprudencia hindú considera los Smritis como el fundamento del derecho. Los poemas épicos Mahabharata y Ramayana también son una fuente de derecho en varias situaciones [13]. Los Sruti, Smriti y Dharma Sastras estipulan normas para la sociedad basadas en el Dharma; las leyes de la guerra pueden extraerse de esos textos.

El hinduismo y la guerra

En la tradición hindú, el espíritu de unidad y universalidad se extiende a todo el mundo. El Rig Veda declara que "hay una sola raza de seres humanos", de modo que siempre se ha respetado, en realidad, la validez de las diferentes tradiciones, religiones, de los diferentes caminos hacia la verdad. Nuestro principio rector ha sido "Sarva Dharma Sambhava" (respeto de todas las religiones) [14]. Antaño, la principal obligación del rey era proteger a su pueblo. La protección consistía en conjurar las amenazas internas, así como las agresiones externas, contra la libertad de los hombres [15]. En el hinduismo, como la mayoría de las religiones, se cree que la guerra es indeseable porque conlleva dar muerte a otros seres humanos y, por ello, debería evitarse como medio para solucionar disputas [16]. Sin embargo, se reconoce, efectivamente, que puede haber situaciones en las que es mejor librar una guerra que tolerar el mal.

En la antigua India, puesto que se comprendía la importancia y la necesidad de disponer de una fuerza militar permanente, se mantuvo, consiguientemente, una milicia permanente para luchar contra toda oposición y agresión [17]. Así pues, las fuerzas armadas se mantenían también en tiempo de paz. Es interesante señalar que era de aceptación general que, antes de recurrir a la fuerza armada, se debían agotar los medios pacíficos. En la antigua India, se desarrolló un método en cuatro etapas sucesivas para la solución de controversias entre Estados: la primera etapa se llama negociación pacífica (sama); la segunda consiste en ofrecer obsequios (dana) para apaciguar al enemigo; la tercera es una amenaza velada (bheda); y la última permite el uso de la fuerza (danda) [18]. Así pues, no cabe duda de que, cuando puede evitarse, no es de desear el enfrentamiento de las armas en el campo de batalla. Antes de iniciar una guerra, debería intentarse la política de conciliación y obsequios.

Tipos de guerra en la antigua India

En los Dharma Sastras y los relatos épicos, se reconocían dos tipos de guerra: Dharma Yuddha (guerra justa) y Adharma Yuddha (guerra injusta). La Adharma Yuddha se conocía también como Kutta Yuddha [19]. Los escritores de la antigua India mencionaban varias causas de guerra, que pueden clasificarse en cuatro categorías generales: el deseo de mantener el poder imperial, a través de la agresión o de los modos permitidos por el Ahwameda o Vajapeya (tipos especiales de sacrificios), la preservación de uno mismo, la conservación del equilibrio de poder, y la prevención por un monarca de la opresión de su pueblo [20]. El robo de una esposa también era una causa de guerra. Por ejemplo, en la epopeya Ramayana, el rapto de la esposa de Rama, perpetrado por Ravana, es la razón por la que se libra la guerra.

La gran guerra descrita en el Mahabharata era la culminación de la profunda enemistad entre dos clanes reales, los Pandavas y los Kauravas. Los Kauravas habían incautado ilícitamente bienes pertenecientes a los Pandavas. La guerra comenzó después de que fracasaron todas las negociaciones que Krishna y otros condujeron para prevenirla y, por ende, se volvió inevitable. A los Pandavas no les quedó más alternativa que elegir entre luchar por sus derechos como un asunto de deber o evitar la batalla y aceptar la derrota en aras de la paz. Antes de que comenzaran las hostilidades, el príncipe guerrero Arjuna, uno de los hermanos Pandava, le pidió a Krishna que ubicara su carro entre ambas partes para que pudiera observar al enemigo. En las filas del enemigo, Arjuna vio a sus primos, a otros parientes y a sus maestros. En ese momento crucial, el apego de Arjuna a sus familiares, sus allegados y sus maestros se hizo manifiesto y le asaltó la duda en cuanto a la "justicia" de la batalla. En su confusión, no sabía cómo obrar. Así pues, se dirigió a Krishna para pedirle orientación, y éste le mostró cómo superar las limitaciones de su propia personalidad, a fin de hacer lo mejor para él y para la sociedad. Krishna le enseñó sabiduría espiritual y los medios para alcanzar la unión con Dios. Los setecientos versos del Baghavad Gita son un diálogo entre Krishna y Arjuna en el campo de batalla de Kurukshetra.

Según el Dharma Yuddha (guerra justa), el guerrero está moralmente obligado a cumplir su deber sin pensar en una posible recompensa (karmanyevadhikaraste, ma phalesku kadachan). Esa sola exhortación abarca para siempre todo el fundamento de la ética militar, y su importancia universal actualmente sigue intacta en India. La filosofía de la Dharma Yuddha ha servido de inspiración a muchos grandes a lo largo de la historia de India. Antaño, se acostumbraba declarar una guerra, y los poemas épicos Ramayana y Mahabharata subrayan la necesidad de hacerlo en caso de guerra justa. La práctica de detener las hostilidades al atardecer y regresar al campo respectivo para atender mejor a los heridos del día también data de tiempos remotos.
El Manusmriti explica que los tres deberes de un rey eran "no retroceder ante la batalla, proteger a las personas y estar al servicio de los brahmanes" [21]. Si un rey (raja) es desafiado por sus enemigos, sean iguales, superiores o inferiores a él, debe presentar batalla; no puede evitarla, habida cuenta de las disposiciones del Kshaatra Dharma (religión de la clase guerrera) [22], que lo obligan a defenderse cuando es atacado. El Kshaatra Dharma le exige encabezar el ataque contra los que amenazan la vida y el modo de vida de sus súbditos. Además, le ordenan que sacrifique la propia vida, si es necesario, para proteger la vida de los demás [23].

El Arthasastra de Kautilya fue uno de los libros políticos más importantes de la antigua India [24]. Kautilya, también conocido popularmente como Chanakya, era el principal consejero del rey Chandragupta Maurya (317-293 a.C.). Chandagrupta derrotó a los reyes Nanda y detuvo el avance, en particular, de Seleuco, sucesor de Alejandro Magno, impidiéndole invadir India occidental [25]. Por primera vez en la historia de India, la mayor parte del subcontinente indio estaba unida en un solo imperio [26]. En 256 a.C., el nieto de Chandragupta, Asoka, invadió Kalinga. Sin embargo, al ser testigo del sufrimiento causado durante la conquista, renunció a la guerra y retornó al budismo y la no violencia [27]. En la actualidad, se acepta generalmente que Asoka fue uno de los reyes más honorables de la historia mundial.

Según los consejos de Kautilya, es correcto librar una guerra contra un rey injusto que carece de apoyo popular, pero es prudente evitar la guerra contra un rey justo cuyos súbditos lucharán briosamente en su favor [28]. Kautilya señaló también que cuando debe decidirse a quién atacar, siempre es mejor atacar un reino injusto. Por ende, un rey debería marchar sólo contra un enemigo cuyos súbditos estén descontentos. Si un rey tiene la opción de atacar a un rey fuerte que es injusto o a un rey débil que es justo, en realidad, debería atacar al rey fuerte, pues los súbditos de ese rey, hastiados de la injusticia, no ayudarán a su gobernante e incluso podrán sumarse a la guerra que se libra contra él.

Asoka declaró que, en el futuro, sólo conquistaría por la moralidad o por el Dhamma, término prakrit que significa buena conducta, deber, religión, ley, justicia social y responsabilidad. Dhamma era su principio general [29]. Asoka promulgó edictos, inscritos en rocas, que establecieron la ley de la piedad y de no violencia, el más famoso de los cuales es el Edicto 13 [30], porque subraya su preocupación por instituir el principio de no violencia:
"El rey Piyadasi, amado de los Dioses, conquistó a los kalingas ocho años después de su coronación. Ciento cincuenta mil fueron deportados, cien mil fueron asesinados y muchos más murieron. Tras haber conquistado a los kalingas, el rey amado de los Dioses comenzó a sentir una fuerte inclinación por el Dhamma, un amor por el Dhamma y por la instrucción en Dhamma. Ahora el rey amado de los Dioses siente un profundo remordimiento por haber conquistado a los kalingas. (…). En realidad, el amado de los Dioses está profundamente dolido por las matanzas, las muertes y la deportación que tienen lugar cuando se conquista un país inconquistado" [31].

"He escrito este edicto Dhamma para que mis hijos y mis nietos se abstengan de emprender nuevas conquistas o, si emprenden conquistas militares, las hagan con indulgencia y castigos leves, o mejor aún, que consideren emprender conquistas sólo con el Dhamma, para que dé frutos en este mundo y en el próximo. Que apliquen toda su intensa devoción a lo que tiene resultado en este mundo y en el próximo" [32].

En el Edicto 10, Asoka afirma claramente que apoya la doctrina de Dhamma para que haya felicidad en el próximo mundo. De modo que no sólo previno la violencia, sino que también difundió sus ideas fuera de India.

Thiruvalluvar, el autor tamil de Thirukkural ("Coplas sagradas"), nació aproximadamente en el año 30 a.C. En la región de Tamil, ese libro, que contiene numerosos poemas, se considera el equivalente de los Vedas de las escrituras hindúes. El Thirukkural es una obra célebre, elogiada como código de conducta ética para la humanidad. El venerado poeta no sólo abordó cuestiones de administración general, sino que también codificó un conjunto inequívoco de normas para regular el comportamiento de las personas en los círculos social, político, religioso y familiar. Se aconsejaba al rey no tomar medidas que no fueran morales [33]. Una advertencia concreta que figura en el Thirukkural y que tiene particular importancia hoy en día sostiene que "procurar mejorar el bienestar del Estado enriqueciéndolo mediante el fraude y la falsedad es como almacenar agua en un recipiente de barro sin cocer y esperar conservarla" [34]. Thiruvalluvar destacó el papel de los súbditos, cuyo apoyo económico y político, era la preciada posesión del rey, y del ejército y sus proezas. Los 1.330 hemistiquios (versos pareados) reflejan imágenes simples de la vida humana. Los versos sagrados abordan minuciosamente los asuntos sociales y políticos de la vida.
Sin embargo, algunos de los textos antiguos establecen el recurso a la guerra injusta para la preservación del Estado. Sukra, por ejemplo, sostiene esa posición en Nitisara [35]. Señala que un rey débil siempre tiene problemas para mantener el Estado. Para resolver esa situación, Sukra propone tres acciones posibles: un rey débil debería aceptar un tratado de paz (sandhi) con su enemigo, o recurrir a la Mantra Yuddha (guerra de intrigas) o a la Kutta Yuddha (guerra injusta) [36]. Las Mantra Yuddha y Kutta Yuddha se adoptaban para hostigar al enemigo desde la retaguardia y todos los flancos, a fin de devastar sus fuerzas armadas. Kautilya, en su Arthasastra, menciona tres tipos de guerra para beneficio del Estado: la guerra abierta; la guerra encubierta; y la guerra silente[37]. Aunque Kautilya reconoce que la guerra abierta es la más justa, no se pronuncia en contra de librar alguno de estos tipos de guerra para la consolidación y la expansión del reino; en la Adharma Yudda (guerra injusta) la declaración de guerra era imposible, porque era una guerra secreta.

Hinduismo y humanitarismo

Los orígenes del humanitarismo pueden rastrearse en la India antigua, donde el respeto de las leyes de la guerra estaba profundamente arraigado en las fuerzas armadas. Esas leyes antiguas, establecidas en el código de normas de Manu y sus Dharma Sastra (o Manusmriti), disponían sobre la conducta que los dirigentes debían adoptar respecto de sus súbditos, incluidas, por ejemplo, la obligación de tratar a los vencidos con humanidad y la prohibición de emplear armas envenenadas. El código de Manu aconseja al rey: "cuando el rey luche contra sus adversarios en el campo de batalla, que no emplee armas encubiertas (por madera), ni armas con lengüetas, o envenenadas, o cuyas puntas estén ardiendo en fuego" [38].

El rey, así luche él en persona o envíe a otros a luchar por él, debe garantizar que la batalla sea un duelo honrado.

El código de Manu también proclama:
    "que no ataque a nadie que (en el combate) haya ascendido a un promontorio, ni a un eunuco, ni a nadie que (en súplica) junte las palmas de las manos, ni a nadie que huya con el cabello ondeando al viento, ni a nadie que se siente ni a nadie que diga: "me entrego". Tampoco a nadie que esté durmiendo, que haya perdido su cota de mallas, que esté desnudo, que esté desarmado o que observe sin participar en la batalla o que esté luchando contra otro adversario" [39].

Se otorgaba suma importancia a la distinción entre combatientes y no combatientes durante la guerra. Según Manu:
    " a menos que participen en la guerra, no se deberá dar muerte a quienes vayan a pie por los caminos y no participen en el conflicto, los simples viajeros, quienes estén comiendo y bebiendo o abocándose a sus actividades u ocupaciones especiales, los diplomáticos en misión y, por supuesto, los brahmanes" [40].

El principio de distinción

Las leyes de la guerra en la antigua India establecían una clara distinción entre civiles y beligerantes. Ese mismo principio se halla en el artículo 48 del Protocolo adicional I [41], mientras que en el artículo 51 de ese instrumento se dispone que deberá protegerse a los civiles de las operaciones militares [42]. En Manu también se establecieron algunos principios que deberían observar ambas partes beligerantes [43].

Por ejemplo, estaban estrictamente prohibidos los combates entre soldados montados y no montados. Tampoco se permitían los combates entre guerreros con el rango de oficiales y soldados de infantería, dado que aquellos por lo general estaban mejor armados y entrenados que éstos. Estaba categóricamente prohibido atacar colectivamente a un soldado solo y matar a un guerrero que estuviera temporalmente en desventaja durante la batalla.

Según el Manusmriti, sólo los guerreros que realmente participan en el combate pueden tomar los botines de guerra. Pero deben compartirlos con el gobernante, puesto que los reyes que los han empeñado en enfrentamientos contra el enemigo piden la mejor parte del botín [44]. Así, se aconseja al conquistador que conceda exenciones en los cánones, en lugar de saquear el territorio conquistado. Debe procurar persuadir a los plebeyos del territorio conquistado y no hacer nada que alimente su encono. No debería ser vengativo y debería conceder amnistía a todos los que se han rendido ante él [45].

El Rig Veda también estableció la conducta que ha de adoptarse en la guerra. Las normas védicas sostienen que es injusto golpear a alguien por detrás, envenenar cobardemente la punta de la flecha y que es abominable atacar a los enfermos y los ancianos, los niños y las mujeres. El Ramayana describe una interesante conversación entre Ravana y su hermano Vibhishana acerca de la inviolabilidad de un embajador. Ravana planeaba asesinar al embajador Hanuman, que apareció en su corte en nombre de Rama. Su hermano Vibheeshana le recordó que si mataba al embajador, estaría actuando en contra del Raj Dharma (el deber de los reyes) [46].

El Ramayana relata otra interesante historia en el transcurso de la guerra épica: un arma ultradestructiva a disposición de Lakshmana, el hermano menor de Rama, podría destruir a toda la raza enemiga, incluidos los que no portaban armas [47]. Rama aconsejó a Lakshmana que no empleara esa arma porque las destrucciones masivas estaban prohibidas por las antiguas leyes de la guerra, aunque el enemigo, Ravana, estaba librando una guerra injusta con un objetivo injusto [48].

Una historia similar se narra en el poema épico Mahabharata: Arjuna, observando las leyes de la guerra, se abstuvo de emplear un arma ultradestructiva en una guerra convencional, puesto que cuando la lucha estaba restringida al empleo de armas convencionales comunes, era inmoral el empleo de armas extraordinarias o no convencionales, además de infringir los principios religiosos de las leyes de la guerra reconocidas [49]. El Agni Purana menciona claramente que los prisioneros de guerra no debían ser esclavizados. Si los soldados eran capturados como prisioneros, debía liberárseles al término de las hostilidades.

Kautilya recomendó el trato humanitario de los soldados y los ciudadanos conquistados. En particular, sostuvo que era conveniente adoptar una política humanitaria hacia el pueblo derrotado y señaló que si un rey masacrara a los derrotados, atemorizaría a los reinos vecinos y a sus propios ministros [50], mientras que podría ganar más territorio y granjearse el apoyo de sujetos más leales, si tratara a los vencidos magnánimamente. Kautilya recomendó que el rey conquistador debería ordenar la liberación de todos los prisioneros y ayudar a los necesitados, los desamparados y los enfermos. Instó así al establecimiento de una conducta justa para una política militar sólida [51]. Al adoptar esa postura, Kautilya seguía el consejo tradicional que dan los Dharma Sastras, según los cuales los arios condenan que se mate a quienes hayan depuesto las armas, a quienes tengan el cabello despeinado, de quienes junten las manos a modo de súplica o a quienes estén huyendo. Afirma que el conquistador justo queda satisfecho con la obediencia del gobernante derrotado [53].

Kautilya también sostuvo que la norma fundamental sobre los bienes inmuebles era que no pertenecían al vencedor por derecho; sólo los carros, los animales y el material de guerra pertenecía a las fuerzas vencedoras. El rey debería examinar personalmente todos los bienes capturados, conservar una parte para él y distribuir el resto entre sus fuerzas armadas, según el rango de cada miembro [54].

Un rey conquistador debería apaciguar al pueblo derrotado, haciéndole saber que, salvo por los gobernantes, su situación no ha cambiado mucho. Debería adoptar un carácter, una vestimenta, un lenguaje y un comportamiento similar a los que tenía el rey anterior (similares a los de los súbditos). Además, debería mostrar la misma devoción en las fiestas en honor de las deidades de ese país, las reuniones festivas y los entretenimientos deportivos [55]. Debería venerar a las deidades locales y hacer concesiones de tierra y dinero a los hombres distinguidos por su sabiduría y su piedad. El rey conquistador debería dar prueba de buena voluntad hacia los derrotados instituyendo una costumbre justa que no se haya incorporado previamente. Kautilya sostenía que "uno debe matar a una persona peligrosa; sin embargo, el rey debe dejar sus bienes intactos y no debe apropiarse de la tierra, los hijos o las esposas de la persona muerta" [56]. Las leyes de la guerra en la antigua India con respecto a la ocupación de territorios eran más humanas y más amplias que las del derecho internacional humanitario actual.

Conclusión

Prácticamente, por lo que respecta a los ideales de humanitarismo en la antigua India, no cabe duda de que, las leyes de la guerra de ese entonces eran más progresistas. Las leyes modernas de la guerra fueron desarrolladas, principalmente, en las Conferencias de la Paz de La Haya de 1899 y de 1907, y en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y sus dos Protocolos adicionales de 1977. India es Parte en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y los ha incorporado en su legislación nacional [57]. A pesar de que no se ha adherido formalmente a los dos Protocolos adicionales, la índole informal de la adopción de esos instrumentos no ha sido obstáculo para la aplicación efectiva del derecho internacional humanitario en India.

En el hinduismo se cree que la guerra es indeseable y debe evitarse porque conlleva el hecho de dar muerte a seres humanos. Kautilya subraya, en particular, la importancia de las negociaciones entre soberanos que tienen un papel significativo en la concertación de alianzas y en cuestiones relativas a la guerra y a la paz. Concretamente, se pedía a los reyes que, antes de librar una guerra, recurrieran a la negociación como medio principal para resolver conflictos. En el Arthasastra, Kautilya define la guerra como una operación ofensiva (reprensible). El Sukranitisara, el Agni Purana y otras obras anteriores sostienen posiciones más o menos similares. Por razones morales y económicas, la política de agotar los recursos pacíficos antes de iniciar una guerra fue defendida por la mayor parte de los escritores antiguos. El concepto hindú de Ahimsa, que significa no violencia o no lesión, fue empleado eficazmente por Mahatma Gandhi, como medio para luchar contra el colonialismo británico en India en los albores del siglo pasado. La guerra se justifica sólo cuando su finalidad es luchar contra la injusticia, no para agredir o para atemorizar a la población.

Notas
[1] Bhagavad Gita, citado en http://wrc.lingnet.org/hindueth.htm (según consulta del 4 de febrero de 2005).
[2] Los principios humanitarios se sientan principalmente en los Convenios de La Haya de 1907 y los cuatros Convenios de Ginebra de 1949 y sus dos Protocolos adicionales. Estos instrumentos pueden consultarse en el Manual del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, CICR, Ginebra, 1994, decimotercera edición.
[3] K. R. R. Sastry, “Hinduism and international law”, Recueil des Cours, 1966 (I), vol. 117, pp. 507-614.
[4] Ibíd.
[5] Los Vedas, enseñanzas filosóficas escritas por antiguos habitantes de la India, son textos fundamentales del hinduismo.
[6] El término Desa Dharma combina dos palabras en sánscrito, Desa, que significa tierra, y Dharma, que significa deber.
[7] C. J. Chacko, “India’s contribution to the field of international law concepts”, Recueil des Cours, 1958 (I), vol. 93, pp. 121-221.
[8] V., en general, Lakshmikanth Penna, “Traditional Asian approaches: An Indian view” Australian Yearbook of International Law, 1985, vol. 9, pp. 168-206.
[9] Ibíd., pp. 176-181.
[10] Ibíd.
[11] Surya P. Subedi, “The concept in Hinduism of just war”, Journal of Peace and Conflict Studies, 2003, vol. 8, pp. 339-361.
[12] Chacko, op. cit. (nota 7), p. 124.
[13] V., en general, Penna, op. cit. (nota 8), pp.168-206.
[14] El fundamento del principio de sarva dharma sambhava puede hallarse, en particular, en las palabras de Krishna en el Bhagavad Gita: “Consolido la fe de todo aquel que desee profesar fe a una deidad (cualesquiera que sean el nombre, la forma y el método que invoque)", Sarva Dharma Sambhava and Religious Freedoms, disponible en http://www.globalengage.org/issues/2002/11/hinduism-2.htm (según consulta del 6 de febrero de 2005).
[15] Pandurang Varman Kane, History of Dharmasastra, Poona, 1973, vol. 3, p. 56.
[16] A. L. Basham, The Wonder that was India, Grove Press, Nueva York, 1954; Percival Spear, A History of India, Penguin, Londres, 1956; Romilla Thapar, A History of India, Penguin, Londres, 1966.
[17] Sastry, op. cit. (nota 3), pp. 566-70.
[18] Ibíd., pp. 507-10.
[19] Ibíd., p. 568.
[20] Chacko, op. cit. (nota 7), pp. 122-124.
[21] V. Nagarajan, “Manusmriti as Socio-political Constitution”, disponible en http://www.geocities.com/vnagarajana402/manusmrti1.htm (según consulta del 2 de marzo de 2005).
[22] Ibíd.
[23] Ibíd.
[24] C. H. Alexandrowich, “Kautilyan principles and the law of nations”, British Yearbook of International Law, 1965-66, vol. 41, pp. 301-320.
[25] Romila Thapar, The Mauryas Revisited, K. P. Bagchi Company, Calcuta, 1987.
[26] Ibíd.
[27] Gerald Draper, Contribución del emperador Asoka Maurya al desarrollo del ideal humanitario en la guerra, Revista Internacional de la Cruz Roja, nº 128, 1995, pp. 214; Romila Thapar, Asoka and the Decline of the Maurya, Oxford University Press, Delhi, 1997.
[28] Roger Boesche, Kautilya’s Arthasastra on War and Diplomacy in Ancient India, disponible en http://muse.jhu.edu/demo/journal-of-military-history (según consulta del 1 de marzo de 2005).
[29] Thapar, op. cit. (nota 27).
[30] Edictos disponibles en inglés en http://www.cs.colostate.edu/~malaiya/Asoka.html (según consulta del 17 de febrero de 2005).
[31] Ibíd.
[32] Ibíd.
[33] Sastry, op. cit. (nota 3), p. 530.
[34] Ibíd., p. 530.
[35] Ibíd., p. 132.
[36] Chacko, op. cit. (nota 7), p. 138.
[37] Boesche, op. cit. (nota 28).
[38] V. Nagarajan, op. cit. (nota 21).
[39] Ibíd.
[40] Ibíd.
[41] Manual, op. cit. (nota 2), p. 223.
[42] Ibíd., p. 224.
[43] Penna, op. cit. (nota 8), pp. 180-191.
[44] Ibíd.
[45] Ibíd.
[46] Chacko, op. cit. (nota 7), pp. 126-128.
[47] Penna, op. cit. (nota 8), pp. 191-192.
[48] Ibíd.
[49] Ibíd.
[50] Boesche, op. cit. (nota 28).
[51] Alexandrowich, op. cit. (nota 24), pp. 301-320.
[52] El término "ario" deriva del término en sánscrito "arya", que significa noble. Se aplica a los extranjeros que ingresaron en India por el noroeste entre 1500 y 1200 a.C. http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/2104/aryans.html (según consulta del 5 de marzo de 2005).
[53] Boesche, op. cit. (nota 28).
[54] Ibíd.
[55] Ibíd.
[56] Ibíd.
[57] V. S. Mani, “International humanitarian law: An Indo-Asian perspective”, International Review of the Red Cross, n.º 841, 2001, pp. 59-76.

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