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Informe de actividad 2012: principales operaciones

27-06-2013 Informe de actividad

Principales operaciones, por Pierre Krähenbühl, director de Actividades Operacionales del CICR.

Situaciones de conflicto y retos para la acción humanitaria

Pierre Krähenbühl 

Pierre Krähenbühl
© CICR

El análisis detallado de las principales características de los conflictos armados y otras situaciones de violencia en las que ha actuado el CICR durante 2012 revela una serie de factores esenciales.

En primer lugar, en relación con la inestabilidad resultante de la "primavera árabe", algunos países han logrado realizar transiciones políticas ordenadas, mientras que otros afrontaron intensos niveles de violencia social o conflictos armados. En la República Árabe Siria (en adelante, Siria) fue donde se registraron los enfrentamientos armados más intensos y trágicos, lo que se tradujo en graves consecuencias humanitarias: decenas de miles de personas han resultado muertas o heridas, cientos de miles han tenido que desplazarse o buscar refugio en el exterior, y otras miles han sido detenidas. Las repercusiones de la situación a nivel regional y la ausencia de una solución en el corto plazo han sido motivo de honda preocupación.

En segundo lugar, el deterioro de la situación en la región del Sahel, en particular la división de facto de Malí, ha originado nuevas necesidades de ayuda humanitaria, y preocupa que la violencia se extienda a algunos de los países vecinos. Esta creciente tensión se produce en una región ya afectada por la inseguridad alimentaria generalizada y se traduce en una mayor vulnerabilidad de amplios segmentos de la población del norte de Malí, y en la interrupción de la actividad en los mercados locales y de los servicios básicos, como los de salud, agua y electricidad. A finales de año, persistía la incertidumbre en relación con la posibilidad y oportunidad de una posible intervención armada.

En tercer lugar, el acelerado proceso de traspaso de las responsabilidades en materia de seguridad de las fuerzas internacionales a las autoridades afganas plantea graves cuestiones en relación con el futuro de la población afgana que, durante los últimos treinta años, ha sufrido inseguridad y graves abusos en forma cotidiana. En el ámbito más amplio de la lucha contra el "terrorismo", en varios contextos se ha pasado de operaciones militares convencionales a operaciones basadas en fuerzas especiales y aeronaves no tripuladas.

En cuarto lugar, la población de varios contextos donde se libran conflictos armados prolongados ha sufrido las consecuencias de una fuerte inestabilidad. En Somalia, se han intensificado los enfrentamientos entre las fuerzas que apoyan al gobierno, incluidas tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia, y Harakat al-Shabaab al-Mujaahidiin, lo que ha expuesto a muchos somalíes, sobre todo en el centro y el sur del país, a múltiples riesgos y necesidades. Las hostilidades entre Sudán del Sur y Sudán y  los respectivos conflictos internos en esos países han provocado desplazamientos de población a gran escala y afluencias de refugiados, un año después de que Sudán del Sur se convirtiera en un país independiente. En Irak, la población siguió estando muy afectada por la violencia permanente, que a mediados del año llegó a causar un número semanal de víctimas más alto que en muchos otros países afectados por conflictos. En la República Democrática del Congo (en adelante, RDC), la intensificación de los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y el grupo M23 se tradujo en numerosos abusos contra la población civil, sin que se vislumbre una solución política inmediata. En Colombia siguen produciéndose enfrentamientos, si bien el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia entablaron el diálogo para poner término al conflicto que los enfrenta desde hace décadas.

En quinto lugar, se registran diversas y con frecuencia graves consecuencias humanitarias en otras situaciones de violencia, como la violencia entre comunidades en algunas partes de Asia, enfrentamientos entre tribus en varios países africanos y la violencia armada organizada nacional y transnacional, sobre todo en entornos urbanos.

Por último, continuaron sintiéndose los efectos de la crisis económica, como deudas crecientes y desempleo en Europa y la probabilidad de una disminución de las remesas de los trabajadores migrantes a sus familiares en países afectados por conflictos. Tras las crisis del precio de los alimentos que tuvieron lugar en años recientes, volvieron a surgir preocupaciones en el sentido de que los aumentos de los precios de varios productos básicos provocarían mayor inestabilidad y tensiones en países frágiles a nivel económico y social.

Actividades operacionales: reseña, enfoque y desafíos

En 2012, el CICR asistió y ayudó a proteger a millones de personas en situaciones críticas, particularmente en Afganistán, Colombia, Irak, Israel y los territorios ocupados, Malí, Somalia, Siria y Yemen. Pese a los  retos que se plantearon a su acción neutral, imparcial e independiente, el CICR logró obtener acceso a diversos grupos armados (gubernamentales e insurgentes), así como entablar y mantener relaciones con ellos. Respondió con rapidez a las necesidades de las personas afectadas por situaciones de emergencia, en particular hacia finales del año en la RDC, Israel y los territorios ocupados (Franja de Gaza) y Filipinas.

En 2012, el CICR asistió y ayudó a proteger a millones de personas en situaciones críticas, particularmente en Afganistán, Colombia, Irak, Israel y los territorios ocupados, Malí, Somalia, Siria y Yemen.

Los aspectos clave del enfoque del CICR son: el establecimiento de asociaciones operacionales sistemáticas y estructuradas con las Sociedades Nacionales; la capacidad de adaptación de sus procedimientos operativos y de la composición de sus equipos; y la disposición a correr riesgos significativos en materia de seguridad. En realidad, 2012 fue el año donde más dificultades afrontó el CICR por lo que a seguridad se refiere, desde 2003 y 2005. En el primer semestre de 2012, el CICR tuvo que hacer frente a tres tomas de rehenes. El trágico asesinato del colega tomado como rehén en Pakistán dio lugar a una significativa reducción de las operaciones del CICR en ese país. En Yemen, otro miembro del personal resultó muerto mientras se hallaba de servicio. El CICR también enfrentó graves incidentes de seguridad en países como Afganistán, la RDC, Libia y Somalia. También resultó afectado personal de las Sociedades Nacionales. En Siria, por ejemplo, durante 2012 murieron siete miembros de la Media Luna Roja Árabe Siria.

Sin embargo, pese a estas dificultades, el CICR logró sólidos resultados por lo que respecta a la realización de los objetivos establecidos en su presupuesto inicial para las actividades sobre el terreno en 2012 (969,5 millones de francos suizos) y en tres extensiones presupuestarias por un total de 62,1 millones de francos suizos (Siria, con 24,6 millones de francos suizos; delegación regional de Niamey, con dos extensiones presupuestarias por un total de 37,5 millones de francos suizos) [1]. La reducción de las actividades en Pakistán se tradujo en una disminución presupuestaria de 37,3 millones de francos suizos (de un presupuesto inicial de 66,2 millones de francos suizos).  

En 2012, los conflictos armados y otras situaciones de violencia afectaron a comunidades en todo el mundo. Hombres, mujeres y niños padecieron graves sufrimientos y debieron abandonar sus hogares y sus comunidades, perdiendo sus pertenencias y medios de sustento. Miles de personas desaparecieron o fueron detenidas. Algunas situaciones y sus consecuencias humanitarias recibieron amplia cobertura en los medios de comunicación, pero numerosos conflictos armados prolongados en los que convivían las necesidades crónicas con las urgentes, el sufrimiento de la población pasó relativamente inadvertido. En todas las situaciones en que se hallaban presentes, los colaboradores del CICR sobre el terreno, a menudo junto con voluntarios de las Sociedades Nacionales, se esforzaron por encarar las vulnerabilidades y sufrimientos de las personas afectadas. Las víctimas y sus necesidades son centrales para los análisis y las respuestas del CICR. Mediante la aplicación de un enfoque global basado en las víctimas, procuraron sistemáticamente comprender las circunstancias específicas de las personas y sus comunidades, los riesgos y los abusos a los que estaban expuestas, así como su género y edad, a fin de garantizar una respuesta significativa y multidisciplinaria que integrase las actividades de protección, asistencia, prevención y cooperación.

En 2012, los conflictos armados y otras situaciones de violencia afectaron a comunidades en todo el mundo. Hombres, mujeres y niños padecieron graves sufrimientos y debieron abandonar sus hogares y sus comunidades, perdiendo sus pertenencias y medios de sustento.

Las situaciones más acuciantes que afrontó el CICR se daban cuando las hostilidades y las restricciones impedían a las comunidades acceder a los productos o los servicios básicos, como los de atención médica, educación, agua y saneamiento. Esto sucedió en lugares donde las hostilidades habían causado daños y destrozos a los edificios y la infraestructura, y en zonas rodeadas por una u otra parte, en las que los civiles quedaban atrapados y no se atrevían a acercarse a soldados o combatientes por temor a ser hostigados o arrestados. Las principales infracciones observadas por el CICR fueron: ejecuciones sumarias, asesinatos selectivos, amenazas de muerte, desapariciones, desplazamientos forzados, reclutamiento de menores, ataques contra el personal médico y violencia sexual.

Los conflictos armados y otras situaciones de violencia también provocaron desplazamientos masivos y con frecuencia múltiples, tanto dentro de un mismo país como hacia países vecinos. A menudo, las medidas adoptadas por los Estados en relación con los desplazamientos internos resultaron inadecuadas, en especial por su limitado control de algunas partes del país, la falta de capacidad, o la renuencia a reconocer la magnitud del fenómeno.

En muchos conflictos, la inseguridad y la proliferación de puestos de control separaban a algunos barrios de los servicios de atención médica, causando demoras a la hora de evacuar a pacientes con riesgo de vida y reduciendo sus probabilidades de sobrevivir. Lo mismo sucedía cuando las líneas del frente impedían que las poblaciones rurales llegaran hasta los puestos de salud locales, o cuando las fuerzas de seguridad armadas se desplegaban en las inmediaciones o en el interior de los hospitales, amenazando y a veces arrestando a los pacientes heridos por armas. Además, hubo casos de portadores de armas que han atacado, ocupado y/o saqueado hospitales y secuestrado a pacientes.
Además de su diálogo confidencial con sus contactos acerca del DIH y del derecho de los derechos humanos y de las infracciones de sus normas, y en el marco del proyecto Asistencia de Salud en Peligro, el CICR movilizó a sus delegaciones, a sus asociados del Movimiento y a la comunidad de la salud con miras a encontrar los medios de reforzar la protección de los agentes de salud y de sus pacientes.

El CICR siguió atendiendo a las generalizadas consecuencias físicas y psicológicas de los malos tratos, la tortura y la violencia sexual. Numerosos detenidos seguían  sufriendo, largo tiempo después de haber sido liberados, las consecuencias de los malos tratos que padecieron durante los interrogatorios. En zonas afectadas por conflictos o la violencia, numerosas mujeres, pero también hombres, siguieron afrontando la pesadilla recurrente de las violaciones que, en general, forman parte de una serie de hechos traumáticos como saqueos, destrucción de bienes o asesinatos. Ese sometimiento causa tal estigmatización de las víctimas y de sus hijos que se ven impedidos de regresar a sus hogares. Los efectos de estos actos son sumamente perturbadores para las poblaciones afectadas y plantean importantes retos por lo que a su atención se refiere.

En muchos conflictos, la inseguridad y la proliferación de puestos de control separaban a algunos barrios de los servicios de atención médica, causando demoras a la hora de evacuar a pacientes con riesgo de vida y reduciendo sus probabilidades de sobrevivir.

A lo largo del año, también se pusieron de manifiesto las dificultades que afrontan numerosas organizaciones de ayuda para acceder a las zonas de conflicto, estar cerca de las personas necesitadas y llevar adelante sus actividades en forma directa y no a través de diferentes asociados. Esas dificultades se evidenciaron en el norte de Malí y en Siria, donde sólo un puñado de organismos pudo desplegar actividades en forma estructurada y continua. Numerosas organizaciones humanitarias fueron amenazadas y rechazadas por los grupos armados. En efecto, diversos estudios han señalado que el número de trabajadores humanitarios asesinados, heridos o secuestrados en 2011 fue el más alto que jamás se haya registrado, hecho que sin duda influyó en las decisiones de muchos organismos. Se observaron casos en que las organizaciones tuvieron dificultades para distinguirse en forma suficiente y clara de organismos políticos o militares, o no lograron hacerlo, por ejemplo recurriendo a escoltas armadas para llegar hasta las poblaciones afectadas; de ese modo se difumina la línea que separa los programas políticos y militares de las actividades humanitarias.

Debido a la persistente tendencia a la intervención de organismos nacionales en situaciones de crisis, cobró mayor importancia la idea de establecer asociaciones para el desarrollo con ONG nacionales o instituciones estatales. La comunidad humanitaria de la ONU ha pasado a una nueva etapa de reforma, con el llamado "programa de transformación" y varios países africanos, asiáticos y latinoamericanos participaron cada vez más directamente en actividades de ayuda humanitaria y de cooperación para el desarrollo. En tanto que algunas ONG de larga data parecían haber perdido la capacidad de desplegarse en situaciones de conflicto graves, diversos organismos del mundo islámico comenzaron a realizar cada vez más actividades en contextos como el norte de Malí y Somalia. Estos cambios del ámbito humanitario contribuyen a diversificar los enfoques y las políticas humanitarias, cada uno de los cuales conlleva sus propias ventajas y desventajas.

Africa

 


Central African Republic, Bangassou.  A mother is reunited with her son one year to the day since they were separated.
© ICRC/C. Herby

Millones de personas afectadas por situaciones de violencia que se extienden desde el Sahel hasta Somalia recibieron una ayuda vital de las Sociedades Nacionales y del CICR. En el norte de Malí, donde el acceso de la población al agua, a la salud y a los medios de subsistencia sufrió graves perturbaciones, el CICR restableció algunos servicios esenciales, como la capacidad quirúrgica del hospital de Gao, aportando medios, materiales y personal. Las distribuciones de alimentos realizadas en colaboración con la Cruz Roja Maliense beneficiaron a más de medio millón de personas.

En Nigeria, la violencia derivada de los enfrentamientos entre comunidades y entre las fuerzas nacionales de seguridad y Boko Haram causaron graves sufrimientos en las regiones del norte del país. El CICR accedió a estas regiones, entabló el diálogo sobre cuestiones humanitarias con las autoridades y otras partes y proporcionó asistencia médica en cooperación con la Cruz Roja de Nigeria.

Más de 1,7 millones de somalíes se beneficiaron de las distribuciones de alimentos, los proyectos de abastecimiento de agua y el apoyo médico a hospitales y clínicas llevados a cabo por la Media Luna Roja Somalí y el CICR.  El CICR comenzó a visitar a personas detenidas por autoridades somalíes, mientras que en Etiopía, el gobierno autorizó la reanudación de las visitas a los detenidos alojados en sus cárceles federales.

En Sudán, prosiguieron las actividades en Darfur, pero el CICR no logró acceder a las regiones de Kordofan del Sur y Nilo Azul ni realizar actividades significativas en ellas. Reforzó sus operaciones en Sudán del Sur, centrándose en el abastecimiento de agua, la ayuda médica y la rehabilitación física.

En la RDC, cuando los enfrentamientos entre las fuerzas armadas y el grupo M23 alcanzaron su máxima intensidad y se combatía por el control de la ciudad de Goma y la región aledaña, el CICR siguió presente en Goma, donde sus equipos quirúrgicos y sus importantes distribuciones de agua potable ayudaron a salvar vidas.

En la República Centroafricana, en respuesta a las necesidades ocasionadas por la reanudación del conflicto a finales de 2012, el diálogo con todas las partes permitió al CICR prestar ayuda a las personas desplazadas, visitar a detenidos y prestar apoyo a los establecimientos de salud.

Mediante el diálogo con la Unión Africana acerca de su misión de mantenimiento de la paz en Somalia y con la Comunidad Económica de Estados de África Occidental acerca de la situación en Malí, el CICR alentó a ambas organizaciones a que integraran el DIH en su planificación y en sus operaciones.

Asia

Philippines, Davao Oriental. The ICRC, with help from Philippine Red Cross volunteers, distributes emergency food kits and basic household items. © ICRC/P. Roque

En Afganistán, el CICR centró sus actividades en el apoyo a los hospitales -sobre todo en la región de Kandahar- y a la red de clínicas de la Media Luna Roja Afgana, y en la prestación de servicios a miles de pacientes en los centros de rehabilitación física de todo el país. Asimismo, visitó a personas detenidas por las autoridades afganas o por las fuerzas internacionales.

El asesinato de su delegado médico en Pakistán marcó un cambio negativo en las actividades del CICR en ese país. A finales de 2012, el CICR seguía debatiendo con las autoridades pakistaníes una propuesta relativa a sus actividades futuras.

En Myanmar, la Cruz Roja de Myanmar y el CICR, en un avance significativo, respondieron a las necesidades de atención médica ocasionadas por la violencia entre comunidades en el estado de Rakhine. El CICR siguió dialogando con las autoridades acerca de otras cuestiones, en una atmósfera constructiva.

Junto con la Cruz Roja de Filipinas, el CICR lanzó una importante operación de emergencia en el este de Mindanao, en respuesta al impacto causado por el tifón Bopha. Además, prosiguió sus actividades en la India, Nepal y Tailandia, donde sus delegaciones regionales profundizaron y diversificaron las relaciones con los contactos clave, con miras a fortalecer el conocimiento de las prioridades humanitarias y las modalidades de la Institución y promover el apoyo a sus actividades.

Europa y América

Mexico, Etat de Guerrero. An ICRC employee delivers a Red Cross message to a detainee's wife. © ICRC/S. Silva

Las actividades del CICR en América Latina se centraron en las necesidades de las personas afectadas por el conflicto en Colombia, donde los desafíos más importantes se relacionaron con la prestación de asistencia médica a las personas que residen en zonas distantes afectadas por las hostilidades y con la respuesta a los efectos de la contaminación por armas y a la violencia sexual.

En respuesta a las graves consecuencias de la violencia armada en América Central, las Sociedades Nacionales y el CICR reforzaron las capacidades médicas para atender a los heridos y ayudaron a los migrantes a restablecer el contacto con sus familiares.

El CICR visitó a personas privadas de libertad en todo el territorio europeo y americano, incluso en el centro de internamiento de Estados Unidos en la estación naval de la Bahía de Guantánamo, Cuba. En América Latina y Europa oriental, siguió llevando a cabo actividades en beneficio de los familiares de personas desaparecidas y alentando y apoyando a las autoridades y otras partes en la tarea de responder a las necesidades de esos familiares.

En Brasil y México se fortaleció el diálogo sobre el DIH y las prioridades humanitarias en el mundo, a la vez que las delegaciones regionales de Bruselas y de Moscú se transformaron en foros activos donde las instituciones gubernamentales, regionales y multilaterales mantuvieron debates sobre cuestiones humanitarias, sobre todo en relación con las situaciones en Malí y Siria.

Oriente Próximo

Iraq, Sulaimaniyah. Displaced people receive from the ICRC enough essential hygiene, household and basic food items for one month. © ICRC/M. Pawlak

Pese a severas limitaciones en materia de seguridad, la presencia sobre el terreno de la Media Luna Roja Árabe Siria y del CICR permitió distribuir socorros de emergencia y mejorar el acceso a los servicios médicos y al agua para las personas más afectadas por el conflicto en Siria, tanto en las regiones controladas por el gobierno como en las zonas que se hallan bajo la autoridad de la oposición armada. Por ejemplo, más de 1,5 millones de personas se beneficiaron de paquetes de alimentos y más de 600.000 recibieron paquetes con artículos de higiene. La falta de acceso del CICR a las personas detenidas en el país siguió siendo motivo de grave preocupación. El CICR colaboró con los asociados del Movimiento en los países vecinos, en particular Líbano, para encarar algunas de las necesidades de los refugiados procedentes de Siria.

En Yemen, el CICR prestó importantes servicios médicos a los heridos, ayudó a los desplazados y visitó a personas detenidas. El CICR no interrumpió estas actividades a pesar de que uno de sus delegados fue tomado como rehén y un miembro del personal resultó trágicamente asesinado mientras se hallaba de servicio. En Irak, el CICR extendió su presencia a las denominadas zonas en disputa y prestó asistencia médica para paliar las consecuencias de graves actos de violencia. El apoyo del CICR benefició a los hogares encabezados por mujeres y a un mayor número de detenidos. En Bahrein, las visitas a detenidos se reanudaron a principios de año.

En Israel y los territorios ocupados, el CICR asistió a las personas que sufrían las consecuencias de la ocupación y, en colaboración con la Media Luna Roja Palestina y el Magen David Adom, respondió a las necesidades urgentes causadas por las hostilidades en la Franja de Gaza e Israel.

Nota:
1. Un llamamiento preliminar por 10 millones de francos suizos también contribuyó a sufragar las operaciones del CICR en respuesta al tifón Bopha, en Filipinas.