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Editorial - RICR septiembre de 2010 No. 879

30-09-2010 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, No. 879

El medio ambiente natural cumple un papel fundamental para la supervivencia de las generaciones presentes y futuras, de modo que la evolución de la humanidad depende en gran medida de su calidad y de los recursos que ofrece. El planeta y su medio ambiente potencialmente corren peligro, debido a numerosos factores causados por el hombre, y el cambio climático podría modificar considerablemente las condiciones de viabilidad de la especie humana.  En numerosas partes del mundo, son cada vez más visibles las consecuencias del cambio climático para las comunidades. Lejos de limitarse a una cuestión ambiental, científica o económica, el fenómeno se ha convertido en un reto humanitario. La mayor variabilidad del clima, combinada con el aumento de la amplitud y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, agrava las necesidades humanitarias en las situaciones de urgencia y provoca un estado de escasez alimentaria y estrés hídrico, así como una modificación del modo de propagación geográfica de las enfermedades. En los últimos años, se ha duplicado el número de catástrofes (de unas 200 a más de 400 por año), y se ha triplicado el número de damnificados en el transcurso del último decenio.

Es muy probable que los efectos del cambio climático tengan una incidencia mayor en los movimientos demográficos y en los lugares de asentamiento de la población, dentro de un mismo país o fuera de sus fronteras. Si bien la migración puede ser, para algunos, una forma de adaptación, los millones de personas que deben desplazarse forzosamente a causa de catástrofes súbitas o de evolución lenta serán particularmente vulnerables y tendrán necesidad de una protección y una ayuda humanitaria sustanciales.

La magnitud del reto humanitario que podría representar el cambio climático sin lugar a dudas es considerable, por lo que los directivos de las organizaciones miembros del Comité Permanente entre Organismos y de su Equipo Especial Informal sobre el Cambio Climático, copresidido por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja  y de la Media Luna Roja y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA),  han alertado a la comunidad internacional. Si bien la respuesta que ésta debe dar a los problemas que plantea el cambio climático debe ser estructural y global, el componente humanitario de esa respuesta no ha de subestimarse. Los esfuerzos tendientes a limitar los efectos del cambio climático deben acompañarse de medidas de adaptación que permitan aumentar la capacidad de resistencia de las comunidades a las consecuencias inevitables de ese fenómeno.

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Por otro lado, la degradación del medio ambiente puede acelerar el estallido de conflictos armados o incluso ser su factor desencadenante. Por ello, no conviene plantear relaciones directas de causa-efecto entre el cambio climático y los conflictos armados, ya que son malos indicadores que no reflejan la complejidad de las relaciones existentes entre las repercusiones físicas del fenómeno y efectos como la migración o los conflictos armados. Son muchas las condiciones, económicas, sociales y políticas, que deben reunirse para que las consecuencias del cambio climático terminen provocando un conflicto armado, de modo que establecer relaciones de causalidad simplistas puede conducir, en definitiva, a la adopción de medidas inadecuadas.

Sin embargo, se observa claramente que los más afectados por el fenómeno son los países menos avanzados (que son los que menos responsabilidad tienen en las causas del cambio climático) y las comunidades con menos recursos, en todas las sociedades, ya que su capacidad de adaptación es más limitada. Esa contradicción ha inducido a forjar el concepto de “justicia climática”, que expresa la necesidad moral y económica de definir una estrategia de lucha contra el cambio climático según la cual quienes contaminan deben pagar. Ese concepto permite presagiar la que podría llegar a ser, en el transcurso de los próximos decenios, una característica esencial de la relación entre el norte y el sur.

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Los debates sobre la degradación del medio ambiente tienden a centrarse en el cambio climático. Sin embargo, es importante no perder de vista la situación en su conjunto: si bien es una de sus causas principales, el cambio climático no es el único responsable de la degradación del medio ambiente. La deforestación, la contaminación del aire o del suelo, la sobreexplotación de los recursos naturales, la presión demográfica o la urbanización tienen las mismas repercusiones sociales y humanitarias que el cambio climático, pero el debate político actual tiende a dejar de lado esos aspectos.
Por otra parte, el medio ambiente ha sufrido las consecuencias de la guerra; los daños considerables que le han provocado numerosos conflictos armados no han sino aumentado la vulnerabilidad de las personas afectadas por los combates. Por ello, el CICR considera que los Estados deberían esclarecer y fortalecer las disposiciones del derecho internacional humanitario relativas a la protección del medio ambiente.

Como primera medida, el CICR se abocará a actualizar sus Directivas para los manuales de instrucción militar relativas a la protección del medio ambiente en período de conflicto armado, publicadas en 1994. El derecho que protege el medio ambiente en los conflictos armados no es demasiado claro ni está suficientemente desarrollado. Las disposiciones del derecho internacional humanitario relativas a la protección del medio ambiente en las hostilidades presentan algunas falencias fundamentales: la definición de la prohibición de los ataques contra el medio ambiente es restrictiva e imprecisa; hay una vaguedad jurídica por lo que respecta a la protección de partes del medio ambiente consideradas bienes de carácter civil; y es problemática la aplicación del principio de proporcionalidad cuando los ataques contra el medio ambiente constituyen daños secundarios. Por lo demás, el derecho convencional no contiene ninguna disposición específica que permita proteger y preservar el medio ambiente en el marco de un conflicto armado sin carácter internacional. En su Estudio sobre el estado del derecho internacional humanitario, que se publica en este número de la International Review, el CICR aborda cuestiones de importancia crucial, como la acción preventiva, un régimen de protección fortalecido y la necesidad de encarar las consecuencias inmediatas y de largo plazo de los daños causados al medio ambiente.

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El CICR es consciente de las responsabilidades que le incumben por lo que respecta a la degradación del medio ambiente. Su papel, en calidad de organización humanitaria de primera importancia, es fundamental: debe transmitir un mensaje claro para que se tomen en cuenta los problemas ambientales que sufren las víctimas de los conflictos armados, sin descuidar que éstas sigan siendo el centro de su acción. Su Framework for Environmental Management in Assistance Programmes  (marco para la gestión ambiental en los programas de asistencia) es un primer paso concreto hacia la definición de un método de abordaje de las cuestiones ambientales y responde al interés general que la cuestión del medio ambiente suscita en toda la Institución. Alienta a sus colaboradores que trabajan en el terreno a evaluar, determinar y comprender sistemáticamente las consecuencias y las repercusiones que sus actividades pueden tener en el medio ambiente, así como a tomar medidas para reducir los efectos nefastos y aumentar la eficacia, la adecuación y la calidad de los programas del CICR.

Toni Pfanner
Redactor jefe