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Neurobiología: estudio de caso sobre la inminente militarización de la biología

30-09-2005 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Mark Wheelis y Malcolm Dando

La revolución en las ciencias biológicas, incluidos los avances en genómica, llevarán a un rápido adelanto en el tratamiento de enfermedades mentales, mediante el descubrimiento de ligandos muy específicos que afectan vías neurológicas concretas. Se examinan el lugar que ocupan las investigaciones sobre el cerebro y su empleo potencial en el ámbito militar para aumentar el rendimiento de los combatientes, concebir nuevas armas y facilitar los interrogatorios. Si se concretan esos usos, también ampliarán la gama de opciones a disposición de torturadores, dictadores y terroristas. Se exponen varias soluciones generales para contener los usos malignos de la biología, y se concluye que el éxito o el fracaso de esa tarea dependerán, en gran medida, de la participación activa de las comunidades científica y médica.

 

Mark Wheelis es jefe de la cátedra de Microbiología en la Universidad de California, Davis, CA (EE.UU.), y Malcolm Dando es profesor de Seguridad Internacional en la Universidad de Bradford (Reino Unido) y director del Centro de Investigaciones sobre Desarme de Bradford.

Nota:Una versión anterior de este análisis se presentó en el 20° Taller del Grupo de Estudio sobre Armas Químicas y Biológicas de las Conferencias Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Mundiales, Ginebra, 8-9 de noviembre de 2003. 
 

La revolución permanente en las ciencias biológicas, simbolizada por la culminación del Proyecto del Genoma Humano, presenta sin duda importantes posibilidades de provecho. Ejemplo de ello es el desarrollo de medicamentos más eficaces y seguros. Sin embargo, se han planteado graves preocupaciones acerca de las consecuencias de la aplicación de esas nuevas posibilidades con fines hostiles. Como dijo el profesor Meselson, titular de la cátedra Thomas Dudley Cabot de Ciencias Naturales de la Universidad de Harvard, " un mundo en el que se explote ampliamente este potencial con fines hostiles será un mundo donde habrá cambiado la naturaleza misma de los conflictos. Ofrecerá oportunidades inéditas para ejercer la violencia, la coerción, la represión o la subyugación... " [1]

Cuando, a mediados del decenio de 1990, se renovó el temor que producía la guerra biológica, algunas publicaciones abiertas comenzaron a explorar la forma en que podrían modificarse los agentes microbiológicos tradicionales medi ante la ingeniería genética [2] y la posibilidad de producir, a largo plazo, nuevos tipos de agentes [3] . Posteriormente, se examinaron otros tipos de agentes que podían emplearse indebidamente, como los biorreguladores [4,5] . En recientes análisis se ha descrito la forma en que los agentes tradicionales, los agentes tradicionales modificados y los agentes biológicos de punta (diseñados para intervenir en procesos fisiológicos específicos) podrían, sucesivamente, transformarse en amenazas en los próximos decenios [6,7] .

En un informe publicado a finales de 2003, la Oficina de Asuntos Transnacionales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos lanzaba una advertencia sobre el futuro de las armas biológicas tan sombría como las pronunciadas hasta entonces por distintas organizaciones académicas o no gubernamentales. En el informe, titulado " The Darker Bioweapons Future " (El tenebroso futuro de las armas biológicas), la Oficina afirma que " el mejor conocimiento de las complejas secuencias bioquímicas que subyacen a los procesos de la vida ofrece la posibilidad de obtener una clase de agentes biológicos más virulentos, diseñados para atacar secuencias bioquímicas predeterminadas y producir efectos específicos " [8] . Cita varios ejemplos concretos de las nuevas armas biológicas que sería posible crear, y señala que el grupo de expertos convocado para elaborar el informe consideraba que " los efectos de algunos de estos agentes biológicos producidos en laboratorio podrían ser peores que cualquier enfermedad conocida por el hombre " [9]

Sin embargo, hasta ahora, ningún análisis abierto ha tomado en serio el argumento de Meselson ni se ha preguntado ad ónde iremos a parar, más entrado el siglo, si no se previene la militarización de la biología. Evidentemente, no es posible, examinar, en un solo artículo, todos los sectores de la biología que podrían ser objeto de abusos. Por ende, en este artículo nos centraremos en el potencial que existe para la manipulación hostil del sistema nervioso de los seres humanos. Hemos seleccionado este tema porque la generalizada preocupación pública que suscita el uso indebido de la microbiología ha eclipsado la existencia de otras posibilidades peligrosas, pero además, porque hay razones fundadas para preocuparse por el uso indebido de la neurociencia por parte de los militares. Sin duda, otros también podrían interesarse en usar indebidamente los nuevos conocimientos, pero es poco probable que cuenten con el nivel de recursos de las fuerzas armadas y puedan liderar el movimiento hacia el uso indebido. Por lo tanto, las fuerzas armadas deben constituir el primer motivo de preocupación, y en este artículo, nos concentraremos en la militarización de la neurociencia (en sentido lato).

En la siguiente sección ( " La amenaza futura " ), se examinan las posibilidades de uso indebido que podrían derivarse de los rápidos avances en el estudio del sistema nervioso, y los indicios de que puede haber sectores que se proponen aprovechar los nuevos conocimientos. Se llega a la conclusión de que habrá conocimientos que podrán aplicarse indebidamente y que habrá quienes estén dispuestos a hacerlo. En la sección que sigue ( " Consecuencias " ), se describen las consecuencias que podría tener a mediano plazo y, especulativamente, a largo plazo, el hecho de que no seamos capaces de prevenir el uso indebido. De esto se concluye que pesan terribles amenazas sobre la dignidad y los derechos humanos. En la última sección ( " Respuestas " ), se examinan las respuestas con que se cuenta para prevenir que el uso de la neurociencia y, en forma implícita, de gran parte de los otros ámbitos de la biología, se difunda con fines militares.

  La amenaza futura  

     

No cabe duda de que la revolución en las ciencias biológicas ha acarreado grandes cambios, si comparamos la situación actual con el momento en que el desarrollo de los primeros medios para tratar las enfermedades mentales con fármacos eficaces (en el decenio de 1950) condujo, después, a los primeros esfuerzos de los principales adversarios en la Guerra Fría por desarrollar productos químicos incapacitantes [10] . En particular, la elucidación de la estructura de los diferentes receptores neuronales para las sustancias químicas neurotransmisoras [11] y los crecientes descubrimientos relacionados con los circuitos funcionales del cerebro a través de las técnicas de neuroimagen, anuncian muchos avances positivos. Como señaló Andreasen, vivimos en una época que será testigo del creciente entrecruzamiento de dos grandes bases de conocimientos: el mapa del genoma humano y el del cerebro humano [12]

Sin embargo, en un informe sobre los avances logrados hasta hoy, Andreasen explica claramente que podemos decir que sabemos mucho más que en 1950, pero sólo en relación con el tratamiento de trastornos del estado de ánimo. En el futuro próximo, mejorarán la racionalidad y la eficacia del diagnóstico, la comprensión de la patofisiología, y los métodos para tratar y prevenir las demencias, la esquizofrenia, los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad.

George Poste parece haber llegado a la misma conclusión que Meselson. Por ejemplo, ha sostenido que " a medida que comenzamos a comprender los mecanismos moleculares tan perfectos que regulan esta notable estructura denominada cuerpo humano (...) la capacidad de comprender esos circuitos implica, al mismo tiempo, que adquirimos la capacidad de desbaratarlos " [13] . Poste señaló la necesidad de " no limitarse a pensar en los microorganismos " , y se refirió a la " bomba del cerebro " , indicando que esas capacidades implican que " se puede diseñar una serie, un espectro completo de actividad a partir de una inmovilización transitoria (...) hasta alcanzar efectos catastróficos, que pueden ser agudos o crónicos " [14] .

Es indudable que se han producido avances impresionantes en nuestro conocimiento del sistema nervioso humano [15] desde que, en el siglo XVII, se reconoció que el cerebro controlaba nuestro comportamiento. Sin embargo, hay escépticos bien informados que todavía dudan de que, en el futuro próximo, se pueda llegar a comprender el cerebro desde un punto de vista mecanicista, incluso si se trata de una posibilidad formal [16] .

Para determinar si los nuevos adelantos permitirán la creación de agentes biológicos avanzados, hay que contestar a dos preguntas básicas: ¿qué probabilidades hay de que la neurociencia llegue a obtener los conocimientos necesarios del mecanismo del cerebro para que quepa, al menos en teoría la posibilidad de una manipulación maligna? ¿Quién querría sacar ventaja de ese conocimiento? Nuestras dos preguntas son, en consecuencia, las de siempre: una sobre la capacidad (que podrían surgir del mayor conocimiento del sistema nervioso) y otra sobre las intenciones (el uso indebido de ese conocimiento con fines hostiles).

  Capacidad  

     

En todo el mundo, las enfer medades mentales representan una ingente carga en el plano sanitario en términos de morbilidad, mortalidad y costos sociales y económicos [17] . Justificadamente, se están realizando considerables esfuerzos en el ámbito de la medicina y la biología para comprender las causas de enfermedades como la depresión y encontrar formas más eficaces de ayudar a las personas afectadas. Un aspecto importante de esta actividad parece ser la armonización de enfoques previamente dispares, en relación con el entendimiento del comportamiento humano; como se ilustra en una reciente publicación titulada Neuropsychiatry and Behavioural Neuroscience (Neuropsiquiatría y Neurociencia Comportamental). Esta obra contiene un capítulo sobre los principios de la neurociencia donde se detallan las regularidades (relaciones predecibles entre el cerebro y el comportamiento) que pueden usarse para comprender y ayudar a tratar las enfermedades mentales [18] .

No es difícil aceptar esas ideas, por ejemplo con respecto a la producción y el entendimiento del lenguaje. Se ha sabido por muchos años que el daño en zonas específicas del cerebro causa deficiencias concretas en la capacidad relativa al lenguaje [19] . Del mismo modo, está demostrado que el daño en los lóbulos frontales de la corteza cerebral puede causar deficiencias específicas en el comportamiento humano [20] . Por ejemplo, las personas que han sufrido daños en la corteza orbitofrontal carecen de sentido social, poseen poca intuición con respecto a su propio comportamiento y tienen problemas en su capacidad de identificarse con los estados de ánimo de los demás.

Sin embargo, no todo el comportamiento humano se localiza con tanta facilidad en regiones específicas del cerebro. De hecho, todo lleva a pensar que la base biológica de gran parte del comportamiento humano será muy difícil de comprender incluso si este paradigma mecanicista fuera básicamente correcto. Por lo tanto, la pregunta es: ¿qué diferencia aporta la actual revolución en la biología? ¿Realmente abre posibilidades y capacidades de manipulación radicalmente nuevas?

Además de la influencia de los factores genéticos y ambientales, los principios enunciados en el libro " Neuropsiquiatría y Neurociencia Comportamental " mencionan la idea de que los trastornos neuropsiquiátricos reflejan, por lo general, un desorden en un sistema o un circuito, y además, que las perturbaciones en los transmisores o en los sistemas de transmisores acarrean síntomas neuropsiquiátricos conexos específicos. Cabe preguntarse en qué medida esas afirmaciones resisten la confrontación con las pruebas obtenidas mediante las investigaciones recientes. 

Dentro de las células del sistema nervioso (las neuronas), las señales son transferidas por medios eléctricos; pero entre una neurona y otra, esa transferencia se realiza mayormente por medios químicos. Durante el siglo pasado, se descubrieron amplias variedades de los denominados neurotransmisores químicos (ligandos), así como los receptores especializados que los ligandos afectan cuando son liberados [21] . Las neuronas que producen diferentes neurotransmisores participan en distintos circuitos del cerebro, y, para los que estudian enfermedades mentales como la depresión, resultan particularmente interesantes los grupos particulares de transmisores " neuromoduladores " . Las neuronas con estos transmisores (por ejemplo, la dopamina, la noradrenalina y la serotonina) están situadas en partes más bajas y antiguas del cerebro; no tienen conexiones precisas y limitadas con otras neuronas, sino que sus conexiones son muy difusas, de lo que se desprende que tienen amplios efectos en el cuerpo.

En 2003, la revista Science , en su artículo " El descubrimiento del año " , presentó un estudio sobre la energía oscura y la materia oscura que nos permitió determinar con certeza la edad del universo y la velocidad precisa de su expansión. El segundo lugar lo ocupó el estudio de las enfermedades mentales [22] , y se mencionó, en particular, un artículo que había aparecido en Science en julio de ese año [23] . El artículo se titulaba Influence of life stress on depresion: moderation by a polymorphism in the 5-HTT gene ( " Influencia del estrés de la vida sobre la depresión: moderación mediante un polimorfismo del gen 5-HTT " ). Un polimorfismo es una ligera variación natural en un gen particular, y el gen 5-HTT es el gen que codifica la proteína transportadora que elimina la serotonina (5-HT) de la sinapsis. Antes, muchos creían que, mientras que algunas enfermedades mentales gravísimas, como la enfermedad de Huntingdon, eran causadas por trastornos en genes individuales, la gran mayoría se originaba en las acciones combinadas de muchos genes con efectos pequeños, lo que hacía muy difícil llegar a elucidaciones causales. Sin embargo, el estudio sobre la depresión concluía con la siguiente afirmación: " Estimamos que algunos trastornos multifactoriales, en lugar de derivar de variaciones en muchos genes, de efectos reducidos, pueden ser causados por variaciones en menos genes cuyos efectos dependen de la exposición a los riesgos del entorno " [24] . En pocas palabras, si se tiene en cuenta tanto la genética como la experiencia relativa al entorno, pronto podremos comprender algunas enfermedades mentales, gracias a nuestros nuevos conocimientos sobre el genoma. 

El polimorfismo en el gen 5-HTT se relacio na con la estructura del promotor. Esta región determina cuán eficientemente se expresa el gen, y consecuentemente, la cantidad de proteína que produce. Hay dos formas diferentes ( " alelos " ) del promotor. La forma " larga " permite una mayor expresión del gen que la forma " corta " . Así pues, la forma larga significaría que hay más proteína transportadora, y, presumiblemente, una acción sináptica más precisa (porque la serotonina sería devuelta con mayor rapidez a la neurona presináptica). Todos tenemos dos copias del gen, de modo que, sobre esta base, las personas pueden clasificarse en tres grupos. Las personas pueden tener dos formas largas del promotor, dos formas cortas, o una de cada una. Evidentemente, los investigadores tenían buenas razones para sospechar que este gen podría tener alguna relación con la depresión, porque una clase de fármacos que se utiliza con eficacia en el tratamiento de la depresión actúa inhibiendo la reabsorción de serotonina. 

Los investigadores realizaron un estudio sobre 1.037 niños en Nueva Zelandia, desde la fecha de su nacimiento. El 96% de esas personas todavía era objeto de estudio a los 26 años. Pudieron estudiarse muchos aspectos de sus vidas. Por ejemplo, se catalogaron cuidadosamente los sucesos de la vida que causaron estrés a cada una de esas personas entre los 21 y los 26 años. Esos sucesos incluían diferentes tipos de factores de estrés, como el empleo, la situación económica, la vivienda, la salud y las relaciones. También se evaluó a los miembros del grupo con respecto a la aparición de depresiones de los 25 a los 26 años de edad. Los resultados obtenidos al evaluar la interacción de los diferentes alelos del gen 5-HTT y los factores de estrés de la vida fueron muy nítidos. Como informaron los autores, " los individuos con una o dos copias del alelo corto del polimorfismo del promotor del gen 5-HTT exhibieron más síntomas depresivos, depresiones diagnosticables y tendencias suicidas en relación con los sucesos estresantes de la vida, en comparación con los individuos homocigotas para el alelo largo (es decir, con dos formas largas) " . Aquí se demostró en forma concluyente que el impacto de los sucesos de la vida era moderado por la constitución genética de la persona, un descubrimiento muy notable que fue posible sólo gracias a las modernas capacidades que ofrece la biotecnología [25] .

Evidentemente, se puede decir que haber demostrado que la interacción entre el gen y el entorno puede afectar el comportamiento es un descubrimiento trascendental, pero antes de adquirir un conocimiento detallado del mecanismo que realmente permita la manipulación maligna del cerebro y del comportamiento humano, hay mucho camino por recorrer. Sin embargo, cabe recordar que la revolución en la genómica no se produjo en forma aislada, sino que hubo también grandes avances conexos en los ámbitos de la bioinformática, la química combinatoria, la técnica de neuroimágenes y otras tecnologías.

Esta situación se refleja claramente en un informe publicado en Science en 2002. El tema era, nuevamente, el gen transportador de la serotonina, y el artículo se titulaba " Variaciones genéticas del transportador de serotonina y la respuesta de la amígdala humana " . Se sabe que la amígdala tiene una participación central en el procesamiento de situaciones de amenaza y de estados de miedo y de ansiedad [26] . Si nos encontramos en una situación potencialmente amenazadora, una vía de señalización rápida, que pasa por la amígdala, dispara el conjunto de reacciones del cuerpo que lo preparan para la acción (la respuesta conocida como " luchar o huir " ). El estudio de 2002 se publicó antes que el trabajo mencionado más arriba sobre las interacciones entre los genes y el entorno. Sin embargo, un estudio posterior y mucho más amplio, en el que participaron unas 90 personas, confirmó los resultados obtenidos en 2002 [27] . Este estudio concluyó, en parte, que " la variación heredable en la señalización 5-HT asociada con el gen 5-HTT (...) da lugar a una capacidad de respuesta de la amígdala relativamente superior ante los principales estímulos ambientales " . En pocas palabras, si la persona tiene la versión corta del promotor, es probable que la respuesta de su amígdala a las situaciones de peligro sea más fuerte. Además, los autores argumentaron que si esas situaciones se producen en etapas tempranas de la vida, antes que se haya desarrollado por completo el control que los centros superiores ejercen sobre la respuesta excesiva de la amígdala, podrían predisponer al sistema a una reacción excesiva. En consonancia con esta opinión, un estudio de personas con fobias sociales demostró que, en situaciones de estrés, las personas con alelo corto mostraban una respuesta más fuerte en el sector derecho de la amígdala [28] , y concluyó que " los actuales resultados confirman que hay un vínculo genéticamente determinado entre las funciones serotoninérgicas, la propensión a la ansiedad y una región del cerebro que es central para la experiencia y el procesamiento emocionales " . Actualmente, se examinan en modelos animales los detalles mecanicistas de la forma en que surge la disfunción del sistema [29] .

Como queda claramente demostrado en este ejemplo, nuestro conocimiento del cerebro y del comportamiento humano está alcanzando un nivel en el cual la posibilidad de efectuar una manipulación precisa con fines benéficos está cada vez más cercana. Sin embargo, esa información podría usarse también para fines malignos, por ejemplo para inducir trastornos de ansiedad.

  Intenciones  

La pregunta que resta es si alguien querría utilizar indebidamente esa información a fin de crear nuevas armas bioquímicas. A medida que avanza la revolución en la genómica, es obvio que ya no podemos mantener la diferenciación entre las armas químicas y las biológicas, y que tenemos que considerarlas como un espectro continuo de amenaza bioquímica, con una superposición de la Convención sobre las armas químicas y la Convención sobre las armas biológicas y tóxicas en el ámbito de los agentes de espectro medio, como las toxinas y los biorreguladores. Las armas químicas letales, como los gases neurotóxicos que atacan al sistema neurotransmisor de acetilcolina, están completamente prohibidas por la Convención sobre armas químicas, pero es dudoso que todos los países coincidan en que también están prohibidas las así llamadas armas químicas " no letales " . Como se señaló en el momento en que se negociaba la Convención, en el núcleo del texto hay una ambigüedad causada por la exención para fines pacíficos relativa a las denominadas sustancias químicas para el mantenimiento del orden: " ¿Realmente ha de interpretarse que la Convención permite desarrollar, producir, utilizar en armas, acopiar o vender cualquier sustancia química tóxica o precursor que no esté mencionado en el Anexo 1, siempre que se diga que sirve para " el mantenimiento del orden? " [30] . Cabe esperar que no, porque ese vacío jurídico permitiría el desarrollo de agentes químicos nuevos y secretos. Además, aunque en la Convención relativa a las armas biológicas y tóxicas no haya tal vacío jurídico, es razonable preguntarse si esta débil convención, que carece de organización y de un sistema de verificación eficiente, podrá responder con eficacia a la actual ola de cambios científicos y tecnológicos y a las " oportunidades " que esos cambios ofrecen a las fuerzas armadas y policiales del mundo.

El interés que los militares han demostrado reci entemente en las sustancias químicas que afectan el cerebro se ha centrado sobre todo en los productos químicos incapacitantes. Una sustancia química incapacitarte puede definirse como un agente que " produce un estado de incapacidad que persiste por horas o días después de la exposición al agente " [31] . Concretamente, el término ahora se refiere a los agentes sumamente potentes, que son capaces de producir efectos alterando la actividad reguladora superior del sistema nervioso central. Como se señala en un reciente informe de la OTAN sobre las futuras operaciones de imposición de la paz [32] ,   los productos químicos incapacitantes pueden actuar sobre " el sistema nervioso central a través de agentes calmantes, agentes disociativos o agentes que actúan sobre el equilibrio " . Por lo tanto, es evidente que aquí no se trata de agentes tradicionales utilizados para la represión de disturbios.

Los Estados se interesan desde hace tiempo en los agentes químicos de ese tipo. Por ejemplo, en Gran Bretaña, durante los decenios de 1950 y 1960 se realizaron en Porton Down importantes estudios sobre los glicolatos (que se ligan a una subcategoría de receptores de acetilcolina). Estados Unidos también ha intentado obtener un agente químico incapacitante y, durante un tiempo, fabricó y acopió el glicolato BZ, que causa delirio [33] . En ese momento, no se contaba con la información actual sobre los subtipos de neurorreceptores en el cerebro, por lo cual es improbable que se hayan desarrollado agentes con la especificidad adecuada. El uso de un opiáceo de la familia de los fentanilos para poner fin a la toma del teatro en Moscú, en 2002 [34] , indica un interés permanente de Rusia en esta cuestión. Aunque murieron unas 120 personas, podría argumentarse que el uso de ese agente facilitó la liberación de 700 otras.

Hay claras pruebas del constante interés de las fuerzas armadas estadounidenses en los nuevos agentes químicos no letales. Por ejemplo, en 2000, un grupo universitario conocido por sus estrechos vínculos con la Dirección Conjunta de Armas No Letales de EE.UU. produjo un informe titulado The Advantages and Limitations of Calmatives for Use as a Non-Lethal Technique ( " Las ventajas y limitaciones de los calmantes como técnica no letal " ) [35], en el que se mencionaban diversos subtipos de receptores como objetivos de interés potencial para el desarrollo de agentes nuevos. Este descubrimiento no sorprende, dados los antecedentes sobre las investigaciones estadounidenses de dichos agentes [36] , y Estados Unidos no es el único país que ha investigado el tema recientemente [37] .

La reciente búsqueda de sustancias químicas no letales se ha realizado, por supuesto, en el marco de una muy rápida e intensa investigación por parte de científicos civiles relacionada con los agentes que afectan el cerebro [38] . Sin embargo, el interés militar ya está dirigido hacia la próxima generación de agentes. En un Anuncio de Ámbito Amplio, publicado por Estados Unidos en 2004, el objetivo se describió del siguiente modo [39] :

" La Dirección Conjunta de Armas No Letales solicita propuestas para la investigación, el desarrollo, la integración y la demostración de armas no letales de próxima generación y de sus capacidades... "

Entre las actividades solicitadas, se contaban las siguientes:

" Estudios/análisis que aborden cuestiones relativas a la aceptab ilidad, desde el punto de vista jurídico, convencional y público, de tecnologías específicas relacionadas con: (1) la incapacitación de larga duración (...) y (3) los ataques de precisión, a larga distancia, contra amenazas... "

Además de las sustancias que inducen la calma o la inconsciencia, los compuestos que se avizoran, con potencial para uso como agentes militares, son, por ejemplo, los antagonistas de la noradrenalina, como el propanolol, para causar pérdidas concretas de la memoria; los agonistas de la colecistoquinina B, para ocasionar ataques de pánico, y los agonistas de la sustancia P, para inducir depresión. No se trata tanto de cuándo se alcanzarán esas capacidades (porque no cabe duda de que se alcanzarán), sino de los fines que persigan los que las adquieran.

  Consecuencias  

     

El análisis que antecede es una descripción del estado actual de la neurociencia mecanicista, y sugiere que, muy pronto, se alcanzará un conocimiento suficientemente detallado de las funciones cerebrales para permitir intervenciones mucho mayores, con fines benignos o malignos. También hemos demostrado que existe un permanente interés de las fuerzas armadas en el potencial uso de los agentes como armas. Retomemos ahora nuestra pregunta inicial: ¿Cómo será el futuro en el corto y mediano plazo, si no se frena el impulso hacia la militarización de la biología?

  Potencialidades actuales  

Es evidente que la utilidad militar irá más allá de la esfera de las armas y abarcará también los agentes que mejoran el desempeño, que se aplicarían a las propias tropas. Las anfetaminas se utilizan desde hace tiempo para estimular la atención; la manipulación del ciclo de sueño y vigilia se usa act ualmente para mejorar el desempeño de las tripulaciones aéreas (y probablemente de los grupos de fuerzas especiales) en misiones prolongadas. Pero, como se ha señalado en un reciente informe de las Academias Nacionales [40] , en unas pocas décadas se dispondrá de medios para mejorar el desempeño de las tropas que, casi con certeza, se basarán en el uso de diversos compuestos farmacéuticos, y surtirán efectos en diferentes sistemas fisiológicos y no solo en el ciclo del sueño. La reducción del miedo y del dolor, y el aumento de la agresividad, la hostilidad, la capacidad física y la atención, podrían mejorar notablemente el desempeño de los soldados, pero también podrían incrementar significativamente la frecuencia de las violaciones del derecho humanitario. Por ejemplo, el hecho de potenciar la agresividad y la hostilidad de una persona en situaciones de conflicto, difícilmente puede favorecer las actitudes de moderación y el respeto de las prohibiciones jurídicas en relación con la violencia.

Teniendo en cuenta que, actualmente, las intervenciones militares más comunes que actualmente son tipos de operaciones diferentes de la guerra, también es probable que veamos a soldados armados no sólo con las armas letales tradicionales, sino también con diversas " armas no letales " acústicas, electromagnéticas y químicas. Entre las armas químicas, se contarán los agentes tradicionalmente usados para reprimir disturbios, como el gas lacrimógeno y el gas pimienta, así como diferentes compuestos farmacéuticos que, en dosis muy bajas, causan pérdida de la conciencia, parálisis o delirio. No es seguro que las leyes de la guerra tradicionales (por ejemplo, la protección de las personas civiles y de los soldados fuera de combate) puedan resistir este cambio en las circunstancias [41] . Los antecedentes históricos son, sin duda alguna, poco tranquilizadores, ya que los compuestos químicos " no letales " se han usado, principal y tradicionalmente, para amplificar la fuerza letal, no para reemplazarla. Por ejemplo, en Vietnam, Estados Unidos utilizó aproximadamente 10.000 toneladas de gas lacrimógeno. Se alegaba que este gas se utilizaba con fines humanitarios, en situaciones en las que se entremezclaban los combatientes y los no combatientes, o cuando atacar al enemigo en entornos urbanos hubiera causado graves daños a la propiedad. Sin embargo, un estudio del Ejército, redactado en 1973 [42] , examina los informes sobre el uso de gas lacrimógeno en las acciones, e indica que en esos informes no se encontró mención alguna del uso humanitario.

Actualmente, Estados Unidos utiliza, en Irak, armas de haz acústico para sacar a los francotiradores de sus escondites y luego matarlos [43] . Y en el ejemplo antes citado sobre el sitio del teatro en Moscú, los chechenos que habían tomado a los rehenes y que cayeron en coma a causa del derivado del fentanilo, fueron fusilados en ese estado [44] . Es plausible que los agentes nuevos se apliquen a usos militares similares, y que los agentes " no letales " se usen a menudo para potenciar la letalidad de las otras armas, más que para reemplazarlas.

También existe un grave potencial para el uso indebido de fármacos durante los interrogatorios [45] . Durante la Guerra Fría, la CIA, por ejemplo, buscaba sustancias que cambiaran la personalidad e indujeran una mayor dependencia de los demás [46] . Los abusos recientemente cometidos contra los prisioneros interrogados por fuerzas de Estados Unidos tras la segunda Guerra del Golfo nos recuerdan que incluso los países democráticos, con un largo historial de apoyo al derecho humanitario, pueden actuar ilícitamente cuando les parece que esa acción e s vital para la seguridad. Los detenidos liberados por Estados Unidos [47] han informado sobre la administración de medicación forzada con drogas psicoactivas, y las historias clínicas de los detenidos se pusieron a disposición de los interrogadores [48] . Los avances en el entendimiento de la base biológica de la represión [49] pueden posibilitar la supresión selectiva de memorias específicas, lo cual no sólo protegería la información sensible contra interrogatorios hostiles, sino también ayudaría a los interrogadores a evitar omisiones concretas.

Los torturadores de todos los países contarán con un repertorio de capacidades mucho más amplio. Actualmente, el uso de dispositivos policiales " no letales " como las porras eléctricas y los rociadores de gas pimienta para la tortura se encuentra ampliamente difundido, y no hay razón para pensar que los dispositivos y productos químicos futuros no se utilizarán del mismo modo [50] . En las manos de un torturador ingenioso o de un interrogador dispuesto a usar la tortura para obtener información, los agentes químicos ofrecerán la capacidad de inducir, a voluntad, estados de pánico, depresión, psicosis, delirio y dolor extremo, y podrán también brindar alivio instantáneo o incluso causar euforia.

La posibilidad de que esas capacidades caigan en manos de dictadores que las usen para reprimir la disensión representa un peligro incluso mayor. Además de fortalecer la capacidad de las dictaduras de hacer uso de la tortura a fin de obtener información durante los interrogatorios, podría existir la posibilidad de pacificar pueblos enteros, añadiendo productos químicos a los alimentos o al agua.

Desde luego, es probable que los productos desarrollados para el uso de los Estados se tornen fácilmente accesibles para los criminales y los grupos terroristas, quienes podrían usarlos con igual eficacia que los Estados, pero con fines diferentes. Incluso es posible que sean más adecuados para sus fines que para los fines de los Estados, ya que éstos están restringidos por sus propias leyes y por los compromisos asumidos en el marco de tratados internacionales, pero los criminales y los grupos terroristas no están afectados por ninguna de esas limitaciones. Por esta razón, hay margen para que ellos usen estas armas con efectos desproporcionados.

Esta breve reseña de los posibles usos indebidos de los compuestos farmacéuticos como armas puede parecer exagerada, pero nuestro análisis del estado actual de esta rama de la ciencia indica que esos usos son sólo una ligera extrapolación de la neurofarmacología conocida. Las capacidades parecen casi haberse materializado ya, y sabemos que las fuerzas armadas y los Ministerios de Justicia de muchos países tienen gran interés en ellas. Como ya se ha dicho, Rusia utilizó un producto químico incapacitante como arma en el rescate de rehenes realizado en Moscú, en 2002, y Estados Unidos ha financiado amplias investigaciones preliminares. También hay otros países interesados en esta cuestión. Es evidente que al menos algunas, y tal vez la mayoría, de las capacidades que hemos descrito ya están al alcance, o lo estarán en pocos años más. También es evidente que serán utilizadas para fines militares, a menos que los Gobiernos intervengan activamente para prevenir el desarrollo de armas farmacéuticas.

  Posibilidades futuras  

En el largo plazo, pueden vislumbrarse manipulaciones de los seres humanos incluso más trascendentales. Por ejemplo, los trabajos realizados con primates sobre interfaces directas entre el cerebro y la computadora [51] , han demostrado que los animales pueden aprender a controlar un brazo mecánico a través de electrodos conectados a neuronas individuales que antes no se habían usado para fines similares. En otras palabras, pueden aprender a usar, a voluntad, neuronas específicas, que a su vez pueden controlar un dispositivo externo. Esta técnica puede conducir a grandes descubrimientos en el tratamiento de pacientes con lesiones permanentes en la columna vertebral, pero también puede desembocar en el control mental directo de equipo militar, y tal vez, incluso en el control remoto de seres humanos. Ya se han " cableado " insectos y roedores para permitir a los investigadores controlar sus movimientos a distancia, anulando las intenciones endógenas [52] . Evidentemente, todavía falta mucho para materializar esas capacidades, pero es necesario comenzar a prever, cuanto antes, los posibles resultados malignos de este tipo de investigaciones.

Así pues, vislumbramos que en un futuro próximo (entre 10 y 20 años) podrá haber fuerzas armadas constituidas de tropas cuya agresividad y resistencia al miedo, al dolor y a la fatiga estarán potenciadas por el uso de productos químicos. Su memoria de las atrocidades cometidas se borrará químicamente, en sesiones de información posteriores a la acción. Los soldados estarán equipados con armas de diversos tipos, con inclusión de sustancias químicas para incapacitar a los adversarios, los cuales podrán entonces ser ejecutados a sangre fría. Los civiles que interfieran serán atacados con productos incapacitantes, y muchos morirán por sobredosis o efectos secundarios. Los civiles en territorios ocupados serán pacificados mediante sustancias químicas incorporadas a los alimentos que se les distribuyen (y del mismo modo podrá pacificarse a los civiles en el país de origen de las tropas). Los cautivos enemigos y los civiles sospechosos de colaborar con ellos serán tratados con productos químicos psicoactivos para sonsacarles información y, cuando haga falta, se utilizarán métod os de tortura con sustancias químicas, que tendrán devastadora eficacia. Los compuestos químicos se metabolizarán con rapidez y serán indetectables en laboratorio. En este sombrío panorama futuro, muchas democracias frágiles se rendirán ante el totalitarismo y los respectivos Gobiernos reprimirán la disensión con brutal eficacia, acudiendo a sustancias químicas para pacificar a poblaciones enteras, al uso de agentes incapacitantes para controlar las muchedumbres y capturar a líderes disidentes, y a la utilización de productos químicos como método de tortura y para interrogar a los opositores. Los bajos fondos en el mundo entero aplicarán las mismas tecnologías tanto a las víctimas como a los rivales. Los grupos terroristas del mundo sacarán con frecuencia provecho de los productos químicos que tengan el efecto de acrecentar la fuerza.

Dado que las posibilidades futuras son muy difíciles de discernir con certeza y no pueden definirse en este momento (contrariamente a lo que sucede con las posibilidades de corto plazo descritas en el párrafo anterior, que podemos vislumbrar con mayor claridad), ofrecemos a continuación algunas ideas especulativas, sólo para esbozar lo que podría suceder a largo plazo. Podemos imaginar que, en el futuro mediato (¿50 años?) los soldados podrán ser " cableados " para lograr una comunicación rápida y directa con el cuartel general y para que controlen poderosos aviones robot militares con el pensamiento. Mediante controles remotos, se les hará actuar según patrones de comportamiento específicamente programados: evasión, suicidio, locura, etc. Será posible modificar y suprimir sus memorias y convicciones.

Quisiéramos abrigar la esperanza de que no sea éste el mundo que dejemos a nuestros hijos, pero no somos muy optimistas. La historia del género humano ofrece innumerables razones para ser pesimistas respecto de nuestra capacidad de prevenir la amplia explotación de las posibilidades de manipulación hostil y maligna q ue las tecnologías en ciernes pondrán a nuestro alcance.

  Respuestas  

Lo que se sugiere en este artículo es que los biólogos, los médicos y los juristas deberán dar casi por sentado que, a menos que adopten medidas activas para prevenirlo, la biología se será la próxima tecnología militar de mayor importancia, y que la neurociencia, y consecuentemente, gran parte del resto de la biología moderna, serán altamente vulnerables al uso o al abuso en formas jamás deseadas, pero claramente previsibles. No conocemos ninguna tecnología importante con utilidad militar que no haya sido vigorosamente explotada con fines hostiles, y no hay razón alguna para pensar que no se aprovechará también la revolución en la biología para fines militares. Es cierto que anticipar esa posibilidad y afrontarla con eficacia son dos cosas muy diferentes. En nuestra opinión, hay tres estrategias generales para intentar contener las aplicaciones malignas de la biología.

La primera consistiría en lo que podríamos describir como el enfoque de " mercado libre " [53] . Esencialmente, este enfoque acepta que el conocimiento necesario para las aplicaciones benignas es el mismo que para las malignas, y postula que, básicamente, no hay forma alguna de prevenir el desarrollo de las capacidades que hemos descrito más arriba. Según este enfoque, se recomienda dejar que el mercado impulse a la tecnología y confiar en que el interés propio restrinja las aplicaciones malignas. Somos escépticos acerca de la eficacia de este enfoque. Desde luego, no ha funcionado así en el caso de ninguna tecnología anterior, probablemente en gran parte porque los Gobiernos impulsan el desarrollo de aplicaciones hostiles de las nuevas tecnologías a puertas cerradas, con financiación no competitiva, con escasa supervisión pública y poco asesoramiento en materia de políticas, y co n ingentes beneficios financieros para muchos.

Otro enfoque sería el neoludita: intentar detener la revolución biológica por completo, o al menos frenarla antes de que cause más problemas a la sociedad. Este enfoque tampoco nos parece eficaz, simplemente porque hay demasiadas comunidades que esperan y dependen de las aplicaciones benignas que promete la biología. Además, detener el avance de la biología exigiría que todos los países que cuentan con una activa comunidad de investigaciones biomédicas y con una industria farmacéutica dinámica lleguen a la misma conclusión. Obviamente, ésta no es una solución eficaz, aunque para muchos sea muy conveniente.

Como única opción viable para controlar las aplicaciones malignas de la biología, queda un camino intermedio, que consiste en imponer reglamentaciones nacionales e internacionales a la investigación biológica y al desarrollo militar. Este enfoque aprovecharía las normas de larga data contra el uso hostil de la química y la biología y el régimen existente de tratados internacionales, que comprende el Protocolo de Ginebra de 1925, la Convención sobre armas biológicas y tóxicas de 1972, y la Convención sobre armas químicas de 1993. Sin embargo, la aplicación de este enfoque exigiría un nivel de transparencia muy superior en el ámbito de la defensa biológica y la defensa química, y en la investigación de los temas en cuestión [54] . Además, aunque en este artículo nos hayamos concentrado en las fuerzas armadas porque es más probable que el ámbito militar disponga de los recursos necesarios para realizar los inquietantes cambios descritos más arriba, es evidente que una vez que se inicie el proceso, podrían surgir muchos otros peligros. En consecuencia, es posible concebir muchas alianzas con las personas que se preocupan por las posibles amenazas al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos en general. Sin embargo, según nuestro enfoque, los propios biólogos tendrían que cobrar mayor conciencia y preocuparse más acerca de los usos indebidos de su ciencia. Hay cuestiones que no han sido percibidas más que por unos pocos miembros de las comunidades de la biología o la medicina, al menos desde el activismo contra la guerra biológica emprendido, en el decenio de 1960, por las sociedades de microbiología. Por lo tanto, se impone un cambio fundamental en la cultura de las ciencias biomédicas. De otro modo, la militarización de la biología en gran escala formará parte integral de la revolución permanente en la biología moderna.

Afortunadamente, las personas concernidas no tienen que empezar desde cero. Los tres tratados mencionados prohíben efectivamente el desarrollo, la producción, el acopio o el uso de todas las armas químicas, sean letales o incapacitantes. Pero hay lagunas jurídicas (por ejemplo, en relación con el mantenimiento del orden) y ambigüedades que, en conjunto, ofrecen a los países decididos a desarrollar nuevas armas bioquímicas la oportunidad jurídica de dar, al menos, los primeros pasos en esa dirección. Dado que las nuevas armas brindan la posibilidad de ampliar las opciones militares, y en vista del interés que despiertan en los Estados más poderosos, muchos controladores de armas temen el desmoronamiento del régimen jurídico internacional que proscribe esas armas. Los científicos interesados en encontrar una solución, no necesitan inventar un nuevo régimen de control de armas, pero sí aportar sus conocimientos para fortalecer el régimen existente y las normas en él consagradas contra el uso hostil de la biología y la química.

En particular, a través de sus asociaciones profesionales o en forma individual, los científicos dedicados a la biomedicina podrían dedicarse activamente a aplicar sistemas de supervisión como los que recomienda el Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos en un reciente informe [55] . El primer intento ha sido la creación, en Estados Unidos, del Consejo Nacional de Asesoramiento Científico en materia de Bioprotección [56]; sin embargo, para que el sistema sea realmente eficaz, tendrá que adquirir un carácter mucho más intervencionista e internacional, y deberá incluir, de hecho, a los laboratorios militares [57] . Otra oportunidad importante reside en el actual interés internacional en la elaboración de códigos de conducta para los investigadores en el campo de las ciencias biológicas [58] , que pueden ayudar a prevenir el uso indebido de estas ciencias con fines hostiles. Las contribuciones a la reflexión por parte de las sociedades científicas y de las academias nacionales de ciencias podrían ejercer una importante influencia sobre el resultado de estos debates.

En última instancia, el hecho de que la biología se transforme o no en una tecnología militar ofensiva en las próximas décadas probablemente dependa, en gran medida, de la participación activa de los científicos en los debates de índole jurídica, y del asesoramiento que ofrezcan a los encargados de formular políticas [59] . Es de esperar que las cuestiones planteadas en este artículo reciban de la comunidad científica la urgente atención que ameritan, y que los científicos se sumen a las comunidades dedicadas al control de armas, la diplomacia y el derecho humanitario, a fin de explorar mecanismos que protejan a la humanidad del temible potencial para el uso abusivo que encierran las tecnologías desarrolladas por los científicos, y que, a la vez, preserven sus aplicaciones benéficas.

  FOTOGRAFÍAS (incluidas en la versión impresa)  

     

  Dresde  

La ciudad de Dresde el 14 de febrero de 1945. Nunca se pudo determinar el número exacto de víctimas fatales. Algunos historiadores de la época calcularon que hubo 400.000 muertos, cifra que resultó ser una burda exageración. Hoy, los historiadores y la ciudad de Dresde aceptan, en general, que murieron aproximadamente 35.000 personas, de las cuales 25.000 fueron identificadas.

  Londres  

Desde principios de septiembre de 1940 hasta mayo de 1941, la Luftwaffe bombardeó sistemáticamente las ciudades inglesas para desmoralizar al enemigo. La fotografía muestra el metro de Londres, transformado en refugio durante la batalla de Inglaterra.

  Gas utilizado en la Primera Guerra Mundial  

Soldados ingleses cegados por el gas, en abril de 1918.

Se lanzaban agentes lacrimógenos no letales para obligar a los soldados a que se quitaran las máscaras antigás, lo que los hacía más vulnerables a un ataque posterior con uno de los gases más nocivos, como el gas mostaza o los gases asfixiantes.

  Gas mostaza  

Efectos del gas mostaza en un paciente recogido por una ambulancia de la Cruz Roja Noruega durante la guerra de Abisinia, que tuvo lugar en 1935-1936.

  Atentado con gas sarín en el metro de Tokio  

Atentado con gas sarín en el metro de Tokio, cometido en 1995 por la secta religiosa japonesa Aum Shinriko.

  Equipo militar usado como protección contra el gas sarín  

El gas sarín es un agente de guerra química incoloro, inodoro, insípido, de origen artificial. La imagen muestra el equipo militar usado para protegerse contra el gas sarín (ejército de Estados Unidos).

  Notas  

[1 ]  Matthew Meselson, “Averting the hostile exploitation of biotechnology " , Chemical and Biological Conventions Bulletin , vol. 48, junio de 2000, pp. 16-19.

[2 ]  William Cohen, Proliferation: Threat and Response , Departamento de Defensa, Washington DC, 1997.

[3 ]  Steven M. Block, “Living Nightmares: Biological Threats Enabled by Molecular Biology " , The New Terror: Facing the Threat of Biological and Chemical Weapons , Sidney D. Drell, Abraham D. Sofaer, George D. Wilson (eds.), Hoover Institution Press, Stanford, 1999, pp. 39-75.

[4 ]  George Poste, “Advances in biotechnology: Promise or peril " , 2002, en www.upmc-biosecurity.org/pages/events/2nd_symposia/transcripts/trans_post.html (consultado el 24 de agosto de 2005).

[5 ]  Claire Fraser y Malcolm Dando, “Genomics and future bioweapons: The need for preventive action by the biomedical community " , Nature Genetics , vol. 29, 2001, pp. 253-255.

[6 ]  James B. Petro, Theodore R. Plasse y Jack A. McNulty, “Biotechnology: Impact on biological warfare and biodefense”, Biosecurity and Bioterrorism , vol. 1, 2003, pp. 161-168.

[7 ]  Mark Wheelis, “Does the ‘new biology’ mean new weapons?”, Arms Control Today , julio/agosto 2004, p. 6.

[8 ]  Oficina de Asuntos Transnacionales, The Darker Bioweapons Future , Agencia Central de Inteligencia, Washington, DC, 3 de noviembre de 2003, p. 1.

[9 ]  Ibíd .  

[10 ]  Malcolm Dando, The New Biological Weapons: Threat, Proliferation and Control , Lynne Rienner, Boulder, 2001.

[11 ]  Una forma de lo que normalmente se denominan ligandos, esto es, pequeñas moléculas que se ligan a las proteínas.

[12 ]  Nancy C. Andreasen, Brave New Brain: Conquering Mental Illness in the Era of the Genome , Oxford University Press, Oxford, 2001.

[13 ]  Poste, op. cit. , (nota 4).

[14 ]  Ibíd .  

     

[15 ]  Stanley Finger, Minds behind the Brain: A History of the Pioneers and their Discoveries , Oxford University Press, Oxford, 2000.

[16 ]  Dai Rees y Steven Rose (eds.), The New Brain Sciences: Perils and Prospects , Cambridge University Press, Cambridge, 2004.

[17 ] Organización Mundial de la Salud, Salud mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas, Informe sobre la salud en el mundo 2001, OMS, Ginebra.

[18 ]  Jeffrey L. Cummings y Michael S. Maga, en Neuropsychiatry and Behavioural Neuroscience , Oxford University Press, Oxford, 2003, examinan unas treinta de esas regularidades, y evidentemente describen una ciencia mecanicista. Por ejemplo, los primeros principios dicen: “Las relaciones entre el cerebro y el comportamiento que subyacen a los síndromes neuropsiquiátricos están gobernadas por reglas y pueden reproducirse en diferentes individuos (…) Todos los procesos mentales derivan de procesos cerebrales (...) Los síntomas neuropsiquiátricos son manifestaciones de disfunciones cerebrales (…) que reflejan anormalidades en la función cerebral subyacente, ya sean producidas por influencias genéticas, estructurales o del entorno…”

[19 ]  Trabajando en el siglo XIX, Broca demostró que el daño en la parte de la corteza cerebral que ahora se denomina el área de Broca causa la pérdida de la capacidad de generar el habla, y Wernicke demostró que el daño en un sector vecino, que ahora lleva su nombre, causa la pérdida de la capacidad de comprender el lenguaje.

[20 ]  Los lóbulos frontales ocupan casi un tercio del volumen cortical total, son los que más se han desarrollado al final de la evolución filogenética y son unas de las regiones del cerebro que más tardan en desarrollarse en cada individuo. Como sucede con el lenguaje, es razonable sugerir que intervienen en comportamientos humanos característicos. El daño en esta parte de la corteza produce tres síndromes comportamentales, que se manifiestan según el lugar del daño: el síndrome orbitofrontal, caracterizado por la desinhibición y la impulsividad; el síndrome prefrontal dorsolateral, que se manifiesta principalmente a través de la disfunción ejecutiva, y el síndrome frontal medial, que se presenta en forma de apatía y acinesia.

[21 ]   Cuando un impulso eléctrico llega al extremo de la proyección larga o axón de una neurona, produce la liberación de moléculas neurotransmisoras que cruzan la pequeña brecha, o hendidura sináptica, hasta la siguiente célula, y se ligan a los receptores pertinentes de esa célula. Cuando lo hacen, la segunda célula afectada experimenta cambios que pueden aumentar la probabilidad de que en esa neurona se genere un impulso eléctrico (excitación) o disminuir esa probabilidad (inhibición). Diversos mecanismos eliminan de la sinapsis la sustancia química transmisora, por lo cual su efecto es transitorio. Normalmente, es destruida por las enzimas en la hendidura sináptica, o es recuperada por la célula secretora mediante proteínas transportadoras de membrana y después reutilizada.

[22 ]   Anónimo, “Breakthrough of the year: The runners-up " , Science , n.º 302, 2003, pp. 2039-2040.

[23 ]   Avshalom Caspi et al ., “Influence of life stress on depression: Moderation by a polymorphism in the 5-HTT gene " , Science , n.º 301, 2003, pp. 386-389.

[24 ]  Ibíd.

[25 ]  Los investigadores también demostraron un efecto similar del maltrato en la infancia, en personas con uno o dos alelos cortos. Se ha demostrado una asociación análoga en monos (v. Christina S. Barr et al . “Sexual dichotomy of an interaction between early adversity and the serotonin transporter gene promoter variant in rhesus monkeys " , Proc. Nat. Acad. Sci ., vol. 101, 2004, pp. 12358-12363) y en otros niños (v. Joan Kaufman et al ., “Social supports and serotonin transporter gene moderate depression in maltreated children " , Proc. Nat. Acad. Sci. , vol. 101, 2004, pp. 17316-17321). Sin embargo, este último informe también demostró que el apoyo social adecuado puede reducir notablemente el riesgo que corren los niños maltratados. Este resultado favorable también tiende a confirmar otro principio: que “los aspectos benéficos de la psicoterapia se incorporan mediante cambios en las funciones cerebrales” (v. Cummings and Maga, op. cit. , nota 18). Lamentablemente, en trabajos más recientes se ha demostrado nuevamente el vínculo entre el polimorfismo del promotor transportador de serotonina y el suicidio (v. Pao-Yen Lin y Gaochuan Tsai, “Association between serotonin transporter gene promoter polymorphism and suicide: Results of a meta-analysis " , Bio. Psychiatry , vol. 55, pp. 1023-1030).

[26 ]  Ahmad R. Hariri et al. , “Serotonin transporter genetic variation and the response of the human amygdala " , Science , vol. 297, 2002, pp. 400-403. Estos investigadores utilizaron una forma de la técnica funcional de imágenes por resonancia magnética para evaluar las reacciones de los sujetos a imágenes de rostros que provocaban miedo. Dividieron a los sujetos en dos grupos: los que tenían dos alelos largos del gen 5-HTT y los que tenían una o dos copias de la forma corta del gen. Los sujetos eran todos sanos; sin embargo, hubo una clara diferencia en las respuestas de ambos grupos. Las personas dotadas de la forma corta mostraron mayor actividad en la amígdala, en respuesta a los estímulos que provocaban miedo, que las personas dotadas sólo de la forma larga. La diferencia se localizó en el sector derecho de la amígdala, lo que es coherente con la conocida función del hemisferio derecho en el procesamiento de imágenes de rostros.

[27 ]  Ahmad R. Hariri et al ., “A susceptibility gene for affective disorders and the response of the human amygdala " , Arch. Gen. Psychiatry , vol. 62, 2005, pp. 146-152.

[28 ]  Tomas Furmark et al ., “Serotonin transporter polymorphism related to amygdala excitability and symptom sev erity in patients with social phobia " , Neuroscience Letters , vol. 362, 2004, pp. 189-192.

[29 ]  V. Christina S. Barr et al ., “Rearing conditions and rh5-HTTLPR interact to influence limbichypothalamic-pituitary-adrenal axis response to stress in infant macaques " , Biol. Psychiatry , vol. 55, 2004, pp. 733-738. Además, el transportador de serotonina no es el único gen para el cual el nuevo enfoque de la genómica basado en imágenes produce tales resultados; v. Ahmad R. Hariri, and Daniel R. Weinberger, “Imaging genomics " , British Medical Bulletin , vol. 65, 2003, pp. 259-270.

[30 ]  Editorial, “New technologies and the loophole in the Convention " , Chemical Weapons Convention Bulletin , vol. 23, 1990, pp. 1-2.

[31 ]  Graham Cooper y Paul Rice, (eds.), “Special issue — chemical casualties: Centrally acting incapacitants " , Journal of the Royal Army Medical Corps , vol. 148 (4), 2001, pp. 388-391.

[32 ]  Research and Technology Organization, Non-Lethal Weapons and Future Peace Enforcement Operations , TR-SAS-040, Organización del Tratado del Atlántico Norte, noviembre de 2004.

[33 ]  Martin Furmanski y Malcolm R. Dando, “Midspectrum incapacitant programs " , en M. Wheelis, L. Rosza y M. Dando, Deadly Cultures: Biological Weapons from 1945 to the Present . Harvard University Press, Cambridge, 2006, pp. 236-251.

[34 ]  Robin Coupland, “Incapacitating chemical weapons: A year after the Moscow theatre siege " , The Lancet , vol. 362, 2003, p. 1346.

[35 ]  Joan M. Lakoski et al ., The Advantages and Limitations of Calmatives for Use as a Non-Lethal Technique , Laboratorio de Investigación Aplicada, Facultad de Medicina, Universidad Estatal de Pensilvania, 2000. Según el informe, los investigadores identificaron varias clases de sustancias químicas (por ejemplo, agonistas adrenorreceptores alfa2) y sustancias químicas individuales (...dexmedetomidina), que consideraron apropiadas para estudiarlas de inmediato como agentes no letales destinados a inducir, por ejemplo, estados de inconsciencia o de calma.

[36 ]  Malcolm R. Dando, The Danger to the Chemical Weapons Convention from  Incapacitating Chemicals , Primera Conferencia de Examen de la Convención sobre Armas Químicas, Ponencia n.º 4, Universidad de Bradford, marzo de 2003.

[37 ]   A Survey of Biological and Biochemical Weapons Related Research Activities in France , Country Study n.º 2, Sunshine Project, noviembre de 2004.

[38 ]  Michael Williams et al., “Same brain, new decade: Challenges in CNS drug discovery in the postgenomic, postproteomic era " , Annual Reports in Medicinal Chemistry , vol. 36, 2001, pp. 1-10.

[39 ]  Anuncio de Ámbito Amplio, Ciencia y tecnología de las armas no letales: investigación y desarrollo tecnológico aplicados, M67854-05-R-5009, 2004, página de inicio de la sección Contratos, sitio Web del Cuerpo de Marines de EE.UU. 

[40 ]  Consejo Nacional de Investigaciones, Opportunities in Biotechnology for Future Army Operations , National Academies Press, Washington, DC, 2001.

[41 ]   David P. Fidler, “‘Non-lethal’ weapons and international law: Three perspectives on the future " , Medicine, Conflict and Survival , vol. 17, 2000, pp. 194-200.

[42 ]  Paul L. Howard, Technical Report: Operational Aspects of Agent CS , Deseret Test Center, Fort Douglas, Utah, April 1973, DTC-FR-S700M. Se usaba el gas lacrimógeno principalmente para rechazar la presencia del enemigo en el terreno (terrain denial) (en el sendero Ho Chi Minh y alrededor del perímetro de las bases de apoyo de artillería estadounidenses aisladas se aplicaban cantidades enormes de gas lacrimógeno persistente). En los combates, se usaba este gas sobre todo para obligar al enemigo a salir al descubierto, a fin de hacerlo más vulnerable al fuego letal, y para interrumpir el combate cuando las tropas estadounidenses caían en una emboscada.

[43 ]  Bryan Bender, “US testing nonlethal weapons arsenal for use in Iraq " , Boston Globe , 5 de agosto de 2005.

[44 ]  John Hart, Frida Kuhlau y Jacqueline Simon, “Chemical and biological weapons developments and arms control " , capítulo 16, en SIPRI Yearbook 2003: Armaments, Disarmament and International Security , Oxford University Press, Oxford, 2003, pp. 645-682.

[45 ]  Mark Bowden, “The dark art of interrogation " , Atlantic Monthly , vol. 292, octubre de 2003, pp. 51-76.

[46 ]  Julian P. Perry-Robinson, Disabling Chemical Weapons: A Documented Chronology of Events , 1945-2003 , Harvard Sussex Program, University of Sussex, 2003, pp. 8-9.

[47 ]  James Meek, “People t he law forgot " , The Guardian , 3 de diciembre de 2003, en www.guardian.co.uk/g2/story/0,3604,1098391,00.html (consultado el 24 de agosto de 2005).

[48 ]  P. Slevin y J. Stephens, “Detainees’ medical files shared: Guantanamo interrogators’ access criticized " , Washington Post , 10 de junio de 2004, A01.

[49 ]  Michael C. Anderson et. al ., “Neural systems underlying the suppression of unwanted memories " , Science , vol. 303, 2004, pp. 232-235.

[50 ]   The Pain Merchants: Security Equipment and Its Use in Torture and Other Ill-Treatment . Amnistía Internacional, Londres, 2 de diciembre de 2003.

[51 ]  Jose M. Carmena et al ., “Learning to control a brain-machine interface for reaching and grasping by primates " , PLoS Biology , vol. 1, n.º 2, 2003, pp. 1-16.

[52 ]  Ben Harder, “Scientists ‘drive’ rats by remote control " , National Geographic News , 1º de mayo de 2002.

[53 ]  Robert Carlson, “The pace and proliferation of biological technologies " , Biosecurity and Bioterrorism , vol. 1, 2003, pp. 203-214.

[54 ]  Mark Wheelis y Malcolm R. Dando, “Back to bioweapons?”, Bulletin of the Atomic Scientists , enero/febrero de 2003, pp. 40-46.

[55 ]  Consejo Nacional de Investigaciones, Biotechnology Research in an Age of Terrorism , National Academies Press, Washington D C, 2004.

[56 ]  V. www.biosecurityboard.gov (consultado el 24 de agosto de 2005).

[57 ]  Elisa D. Harris y John D Steinbrunner, “Controlling dangerous pathogens " , Issues in Science and Technology Online , primavera boreal de 2003, pp. 74-78.

[58 ]  Con respecto a novedades importantes relacionadas con los códigos de conducta, v.: www.ex.ac.uk/codesofconduct/ (consultado el 24 de agosto de 2005).

[59 ]  Robin Coupland y Kobi-Renee Leins, “Science and prohibited weapons”, Science , vol. 308, 2005, p. 1841.




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