• Enviar
  • Imprimir

Entrevista a Fergal Keane

31-12-2005 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja

Fergal Keane es corresponsal especial de BBC News. Ha efectuado reportajes en muchas de las principales zonas de conflicto del mundo, desde Irlanda del Norte hasta Ruanda e Irak. Aclamado por la crítica, ha recibido varios premios por sus artículos. Entre muchas otras distinciones, en 1995 fue elegido Periodista del Año, en ocasión de los Royal Television Society Awards. En 1994, su reportaje Journey into Darkness (Viaje a la oscuridad), sobre el genocidio en Ruanda, realizado para el programa Panorama, mereció el premio de Amnistía Internacional para la televisión. Además, fue galardonado con el premio Index on Censorship a la integridad periodística, y recibió el premio George Orwell por su libro sobre el genocidio ruandés, titulado Season of Blood (Temporada de sangre). La entrevista fue realizada el 27 de enero de 2006 por Toni Pfanner, redactor jefe de la Revista Internacional de la Cruz Roja, y Roland Huguenin-Benjamin, portavoz del CICR en Londres (Reino Unido).

  El CICR se basa en principios como la imparcialidad y la neutralidad. ¿El periodismo necesita principios similares?  

     

Si se estudia la evolución del periodismo, se observa que siempre hubo diferentes categorías de periodismo. No se debe pensar que hay un solo tipo de periodismo. Hay personas que escriben comentarios sobre asuntos internacionales en los periódicos, hay periodistas que trabajan para agencias de prensa, que son simples proveedores de datos, y hay personas como yo, que viajan a lugares como Ruanda o Sudáfrica y cuyo trabajo consiste en algo más que suministrar datos. La gente me pide que analice los hechos. Pero, ¿se puede convertir ese análisis en una opinión? En realidad, es inevitable que suceda, porque se da una opinión sobre la evolución futura de una situación. Pienso que, en el periodismo, no existe la imparcialidad en sentido estricto, pero sí creo que se puede ser justo. 

  ¿Existe la necesidad de un marco jurídico o de un código ético para los periodistas?  

     

Creo que un código no es lo mismo que una ley. En general, no estoy de acuerdo con dar a los políticos poder para tomar medidas en relación con los medios de comunicación. Si se les da la oportunidad, procurarán ocultar su venalidad y su proclividad al embuste; así sucede en todo el mundo. Sin embargo, creo que habría buenas razones para impulsar un código más ético para los periodistas, pero me temo qu e sea demasiado tarde.

  ¿Lo dice por el entorno actual, en el que los medios proporcionan noticias en forma continua?  

     

¿Quién va a vigilar eso en el plano internacional? Entonces, ¿qué alternativa tenemos usted o yo? Hay que empezar cuando las personas entran al periodismo. Allí es donde hay que tratar de influir en ellas. Es posible que, al hablar de esta forma, esté revelando mi pasado católico, pero creo que ése es el momento en que hay que inculcarles un cierto sentido de los valores. Cuando oigo a la gente hablar del " negocio de los medios " realmente me irrito, porque no me parece que sea así. Primero y principal: el periodismo no es un negocio. Cuando se considera que es un negocio, que se trata de participaciones en los mercados y de tasas de audiencia, se abre la puerta a los polemistas, a la gente que dice: " Bien, si lo decimos de esta manera, aumentará nuestra participación en el mercado, porque eso es lo que el público quiere " . Para mí, ése es el mayor peligro que corre el periodismo. Nos preocupa la presión que los Gobiernos y los grupos de interés puedan ejercer, pero el peligro verdadero es el dinero: " Sigan al público. Si es redituable alimentar sus prejuicios, ¿por qué no hacerlo? " Creo que no dedicamos suficiente tiempo a reflexionar sobre esta cuestión.

  ¿Están los propios medios cambiando su papel?  

Ese cambio es una gran parte del proceso, y, triste es decirlo, se produce más por la manipulación de los medios que por una campaña fervorosa de los periodistas. Lamentablemente, tiende a pasar lo contrario. Por esa razón, buena parte de lo que pasa ahora, en la era de la información continua, tiene que ver con la manipulación de los med ios.

  ¿Cómo hace usted para dedicarse a un tema, informar sobre él y dar su opinión, sin transformarse en defensor de una causa?  

     

Por ejemplo, en Sudáfrica era posible informar sobre el apartheid en una forma que reflejara la naturaleza moralmente odiosa de lo que estaba sucediendo, pero sin actuar como simpatizante de un partido político o grupo de presión. Como periodista, estoy absolutamente convencido de que no es mi trabajo hacer proselitismo para el ANC o para cualquier otro grupo político en otro lugar, aunque sea evidente que representa una causa justa. Lo mismo se aplica a Ruanda, aunque en ese caso, no estoy seguro de que los periodistas hayan desempeñado su papel muy bien desde el genocidio de 1994, debido a la culpabilidad generada por la falta de información periodística durante las masacres. Muchas organizaciones de medios se dieron cuenta de que no habían informado adecuadamente de lo que había ocurrido, y después de los hechos, el nuevo Gobierno de Ruanda recibió un cheque en blanco. ¿De qué otra forma se explica la falta de información periodística adecuada sobre lo que pasó en el Congo? Fue la crisis humanitaria más espantosa de nuestros tiempos, con más de cuatro millones de muertos, pero nadie se enteraba de eso leyendo nuestros periódicos. Para mí, ése es un ejemplo de injusticia o de falta de objetividad.

  ¿La falta de cobertura de los medios se debió a problemas de acceso y de seguridad?  

     

Sí, pero hay otros problemas. En los últimos años, he viajado al Congo cinco veces. Como periodista, lo que más lamento es no haber ido allá antes. Mi excusa es que estaba destinado en Asia cu ando comenzó la guerra y un ejército atravesó toda África para capturar Kinshasa. Pero no estoy seguro de las excusas de los demás. La historia era sumamente importante, pero no le prestamos suficiente atención y no investigamos lo que realmente sucedió.

  ¿Piensa usted que los medios tienen el papel de investigar los crímenes de guerra?  

     

Dejemos de decir que los medios cumplen un solo papel, porque no es así. Tienen muchos papeles y muchos factores que influyen en ellos. Uno se apresura a informar de los hechos en cuanto han sido confirmados. A veces me parece que informamos con demasiada rapidez, sin haber confirmado los hechos, a consecuencia de la presión generada por la era de la información continua. Ése es el primer gran problema. En mi opinión, el segundo factor es que, en los últimos cinco, diez o quince años, se han formado grupos de presión muy poderosos, no sólo en el contexto de Oriente Próximo sino en todas partes. Ahora, movimientos de guerrilla muy sofisticados y con acceso a teléfonos satelitales vigilan de cerca a los medios y los manipulan con mucha destreza. Vimos esto en el Congo. Por último, en mi opinión, la comunidad periodística no se ha dado cuenta cabal de la nueva situación. La dinámica ha cambiado mucho.

Usted preguntó si nuestra función es investigar. Sí, claro que sí. ¿De qué otro modo se confirman los hechos? Gran parte del problema es aceptar información de supuestos testigos, organizaciones no gubernamentales (ONG), o grupos de presión, y darla por sentada. La aceptamos como verdadera, escribimos el artículo, y después descubrimos que, tal vez, el número de muertos que nos señalaron era exagerado. La tendencia a aceptar cualquier información no es nada nuevo en el periodismo, pero, en esta era de la información continua, me preocupa que digan: " En tal lugar, tres millones de personas se vieron obligadas a huir. Bueno, otra persona dice que son dos, pero digamos que son tres. " La gente quiere el número más alto, el más dramático, y no hay suficiente escepticismo con respecto a esta cuestión.

  ¿Eso sucede a causa de la obligación de publicar noticias y no tomarse el tiempo necesario para investigar las historias?  

     

Hay una combinación de factores. En Irlanda del Norte, observé que el más importante era la inercia. Los temas se arrastran en el tiempo, la historia no " cierra " y la gente pierde interés. O se reduce a una especie de fórmula: por ejemplo, sucede una atrocidad en Bagdad, y alguien, desde la azotea de un edificio de esta ciudad, nos cuenta qué pasó. Tal vez se puedan ver algunas imágenes filmadas por camarógrafos árabes que están en el lugar, y eso es todo. Si es un asunto realmente importante, como la desbandada en el puente, puede alcanzar los titulares. Pero en lo que respecta a investigar lo que realmente sucede sobre el terreno, creo que el temor a ser víctima de un atentado es un factor muy importante. Pero no debería ser así. Tiene que haber otras formas de hacer las cosas. Lo que me preocupa es la falta de creatividad, la falta de energía para encontrar otra manera de averiguar lo que está sucediendo.

El advenimiento de la información continua ha cambiado al periodismo, y los periodistas no son conscientes de esa revolución, esto es, del hecho de que vamos a perder el poder de la información, porque nos lo quitarán las personas con teléfonos móviles. Las bitácoras Web   forman parte del nuevo poder. Vea lo que pasó aquí, en Londres, el 7 de julio de 2005, con la cuestión de los atentados. Los noticieros empezaron mostrando 10 seg undos de increíbles imágenes de vídeo, tomadas por un transeúnte con un teléfono celular. Esas imágenes dieron la vuelta al mundo en cuestión de instantes.

  A veces, se critica a los periodistas por su perspicacia para señalar los defectos de los Gobiernos o de los políticos, en lugar de informar acerca de las facetas positivas o proponer soluciones.  

Hay que tener mucho cuidado con esto. A lo largo de su historia, el periodismo ha sido importante como formador de la opinión pública. Fuimos testigos del genocidio de Ruanda y de las guerras de la sucesión yugoslava. En una época en que la gente presencia cosas terribles, respecto de las cuales Occidente hace poco y nada, se genera, en los periodistas, una mentalidad muy intervencionista. Por donde se mirase, había periodistas que tenían soluciones para diversos problemas, casi siempre basadas en la intervención militar.

Transpongamos ese marco a las guerras más recientes que presenciamos ahora: Irak, o posiblemente, Irán. Estoy muy, muy preocupado por la idea de recurrir a periodistas que no hayan sido elegidos, que, en última instancia, no representen a nadie salvo a la compañía que los emplea. En la BBC podemos decir: " Sí, representamos a los millones de personas que pagan nuestros derechos de licencia " . Y eso es importante. En el mejor de los casos, podemos representar el ideal de un intento por llegar a la verdad: un concepto bastante difícil.

Pero cuando se dice que tenemos la responsabilidad de aportar soluciones, me temo que encontraremos demasiadas personas listas para ofrecerlas. Aparecen movimientos de izquierda y de derecha, exigiendo la intervención en distintos lugares, y de repente, estamos embarcados en una intervención militar lograda mediante presiones, mediante argumentos intelectuales, como fue el caso de la intervención de Estados Unidos en Irak, qu e tuvo un fuerte respaldo de sectores muy poderosos de los medios de comunicación estadounidenses y que, al mismo tiempo, no fue suficientemente examinada por los demás. Si se mira el periodismo de la guerra de Irak desde el lado de los partidarios de la intervención, se observa que ese periodismo ejerció, en mi opinión, un grado de influencia inédito en la formulación de las políticas públicas. ¿Es eso enteramente sano?

Si el argumento se plantease así: cuando los periodistas analizan una situación, ¿tienen la responsabilidad de sugerir posibles cursos de acción que los Gobiernos y otros participantes puedan tener en cuenta?, responderíamos que, efectivamente, ésa es nuestra función. Si, en Bagdad, alguien me dijera: " ¿Qué piensa usted que hará el Gobierno nacional sobre tal situación (digamos, los abusos en las prisiones)? " , yo contestaría: " Una de las opciones es iniciar una investigación. La segunda posibilidad es pedir la intervención de un investigador externo. Otra opción es escuchar al CICR y tener en cuenta sus recomendaciones. Incluso se podrían combinar las tres posibilidades " . Lo que no se debe hacer es gritar a los cuatro vientos: " Yo opino que lo que realmente debe hacer el Gobierno es iniciar una investigación exhaustiva y despedir a todos los que participaron en los abusos " .

  Por lo tanto, ¿los medios también cumplen una función constructiva?  

     

Sí, pero con respecto a ese punto, somos diferentes. El interés de ustedes es solucionar problemas, se trata de poner fin a los abusos cometidos en una prisión o de intentar alcanzar una situación en la que esos abusos no se produzcan más. Ustedes no tienen absolutamente ningún interés en que haya un gran alboroto público para lograr ese objetivo. Para nosotros, no es lo mismo. En nuestro caso , se trata de dejar constancia de lo que ocurre. En ciertos momentos, la exposición pública de cuestiones tales como los malos tratos infligidos a prisioneros no convendrá a aquellos que están intentando hacer algo para ponerles fin. Pero como periodistas, si conociéramos la verdad y no hiciésemos nada al respecto, nos encontraríamos en una situación sumamente comprometida. Es cuando se empieza a suprimir información, pensando: " No voy a informar sobre esa masacre, porque tendría consecuencias muy desfavorables en las negociaciones de paz " . Cuando uno emprende ese camino, ¿dónde se detiene? Contar la historia es nuestro trabajo, pero no el de ustedes. Yo nunca tuve problemas con la función del CICR en ese sentido. La función de ustedes es alcanzar ciertos objetivos. La nuestra es averiguar qué sucede, pero eso no implica tener una actitud intencionalmente destructiva.

  Un autor que escribe sobre la labor periodística en las dos guerras del Golfo (1991 y 2003) llega a la conclusión de que, si la gente considera que una guerra es lícita, los medios publican menos información sobre las violaciones graves. Pero si, a los ojos del público en general, la guerra no es lícita, los medios hacen mucho más hincapié en las violaciones y los crímenes de guerra.  

     

Si pensamos en el conflicto en Irak, lo que pasó en Faluja fue uno de los grandes fracasos del periodismo. Supongamos que la BBC hubiera asignado a alguien a Faluja, pero solo, sin incorporarlo a las fuerzas de la Coalición. ¿Qué cree usted que habría pasado con esa persona? Probablemente, habría sido secuestrada y asesinada. El hecho de que uno dependa de ciertas personas para su protección física hace que la información periodística sea parcial. Uno sólo ve una parte muy limitada de la historia: las bombas y balas que van en una sola dirección. No ve lo que pasa del otro lado.

Pero ¿esa percepción está sostenida, de algún modo, por la aceptación de la licitud de lo que se está haciendo? No lo creo. Si usted le pregunta al corresponsal promedio de la BBC enviado a Irak, que tiene que informar sobre una situación como la de Faluja, si piensa que se trata de una operación lícita y si por ende estaría dispuesto a suavizar sus informes sobre la guerra como tal, creo que la respuesta sería negativa.

  ¿Puede usted expresarse en forma enteramente independiente?  

     

Al igual que en toda organización importante, estamos sometidos a presiones. Antes de entrar en la BBC, trabajé en el Servicio Irlandés de Radiodifusión, en los momentos críticos del conflicto en Irlanda, y curiosamente, la presión era infinitamente superior a la que experimentamos aquí, porque tanto el Estado como la radiodifusora se administraban con criterios mucho más estrictos. Aquí, el Gobierno británico nos detesta cordialmente buena parte del tiempo. En muchos casos, no aprecia nuestro trabajo. Creo que la nuestra es una posición muy sana. Pero nuestras respuestas tienen que ser muy enérgicas. En la BBC, hemos tenido nuestras dificultades, como usted sabe, con el informe Hutton y el Dr. David Kelly. El episodio fue sumamente dramático para la organización, y ahora debemos velar por no acobardarnos, por no suavizar nuestras posturas. No debemos apartarnos de ciertas cuestiones porque podrían causar problemas u ofender a algún grupo en particular. Si la verdad ofende, que así sea. Quiero decir que hay que mantenerse firme. Éste es el mensaje que trato de difundir con la mayor fuerza posible dentro de esta organización.

  Pero su posición es completamente diferente cuando informa sobre una situación de conflicto en la que su país de origen tiene una participación directa, ¿verdad? Sus artículos sobre Costa de Marfil no tendrán las mismas repercusiones que lo que usted pueda decir sobre el comportamiento de las tropas británicas en Irak.  

     

Claro que no, porque los hijos e hijas de esos soldados no están mirando la televisión, y uno es plenamente consciente de ello. Pero ¿significa eso que yo suavizaría mis comentarios si me tropezase con una historia en la que soldados británicos se han comportado de una manera espantosa? No, preferiría irme y no hacer el trabajo. Pero hablo estrictamente por mí mismo.

  ¿Usted tiene que escribir para su comunidad? ¿Significa eso que su opinión será inevitablemente influenciada por su público potencial, tanto nacional como internacional?  

     

Creo que eso es lo que hay que evitar. Yo crecí en Irlanda, y solíamos recibir las ediciones irlandesas de los periódicos británicos. Si uno leía un artículo que ellos habían escrito sobre Irlanda del Norte, y después leía la versión que nos daban a nosotros, se notaba que la versión irlandesa estaba escrita de un modo totalmente diferente. El texto se había diluido para los lectores irlandeses. En Gran Bretaña, se hablaba de los " terroristas brutales " . No se pueden elaborar diferentes versiones según el público destinatario; hay que tener una norma básica a la cual atenerse.

  En el plano mundial, el público de la BBC quizás esté formado por clases o grupos, pero no necesariamente por comunidades geográficas. Ahora, la BBC está a punto de establecer un canal en árabe y Al Jazeera va a crear un servicio en inglés. La gente deliberadamente opta por un solo canal de medios en oposición a otro, y la mayoría de las personas no pueden escuchar ambos a causa de la barrera del idioma. Aunque exista una BBC en árabe, es posible que gran parte de la población árabe no la escuche.  

     

Con ese canal, ¿intentaremos competir con Al Jazeera? Sería imposible. Hay que quedarse con lo que uno hace mejor. Tal vez, una persona no confíe en los medios de su propio país, pero sí en la información más cercana a la verdad que suministra la BBC. ¿Somos perfectos? De ningún modo. ¿Somos víctimas de las presiones de los grupos de interés y de la desinformación? Desde luego que sí, como lo son todas las organizaciones de medios de comunicación. No seamos moralizadores. ¿Estamos haciendo todo lo posible por contar la verdad? Creo que sí, pero tenemos que reconocer nuestras limitaciones. Nuestra actitud ha mejorado porque estamos reconociendo nuestros errores; pero no hemos mejorado lo suficiente para decir: " En este caso, podemos llegar sólo hasta aquí, debido a tales y cuales razones " .

  ¿Considera usted que se puede mantener la credibilidad, teniendo en cuenta que hay públicos que simplemente rechazan a cierto medio a causa de su origen?  

     

La gran tragedia de la época en que nos toca vivir, es el abandono de la racionalidad, y en mi opinión, la guerra en Irak es el ejemplo perfecto. Con respecto a la guerra de Irak, yo observaba lo que sucedía con ambas partes y se me ocurrió la frase " el éxtasis moral " . Es, sin duda alguna, el criterio que define la era mediática en la que vivimos, tanto en el plano interno como internacional. La gente quiere que sus prejuicios se confirmen, no que se cuestione n. Es un abandono de los valores del Iluminismo, de los ideales de la argumentación y del debate abierto. Los partidarios de la izquierda o la derecha se endilgan entre sí los términos más abominables. Es el reino de la maldad, de la cólera, de las mentes cerradas a todo cuestionamiento. No hay argumentos racionales, y la mayor parte de las veces, no es ni siquiera gracioso, sino solamente peligroso. Sólo podremos cambiar esta situación después de un proceso muy, muy largo. Esta situación tiene que ver más con los movimientos de la historia que con aspectos que podamos cambiar nosotros. El cambio estará relacionado con la evolución de los acontecimientos que se vayan sucediendo en Irak y en Oriente Próximo.

  ¿Los escritores y periodistas famosos pueden todavía influir sobre los grandes movimientos, a pesar de la cantidad y la envergadura de las herramientas de comunicación existentes?  

     

Creo que, actualmente, ciertas personas, sobre todo en Estados Unidos, tienen un peso enorme. Tienen una gran influencia en las políticas públicas. Los columnistas conservadores, como Irvine Kristol o Robert Novak, son sumamente influyentes; también lo es la gente de izquierda, pero en menor medida, simplemente porque la derecha está en el poder. Mi queja con respecto a ellos es que, contrariamente a los pensadores del Iluminismo, no son racionalistas. Estamos en la época de los polemistas, no de los racionalistas. Es posible que la gente no discuta las ideas de Robert Novak en las universidades y en los cafés, pero créame, en otros círculos se las toma en serio.

  Volviendo al terreno, en la última guerra en Irak, durante los últimos treinta meses murieron más de setenta periodistas. Para la labor periodística, ¿es imprescindible el periodismo "incorporado", como se practica en Irak?  

     

No estoy seguro. Había periodistas a quienes respeto, incorporados en las unidades de Marines estadounidenses. Pero quien finalmente denunció el uso de fósforo blanco en Faluja fue un grupo de documentalistas italianos. ¿Por qué les tocó hacerlo a ellos? ¿Por qué tanto tiempo después de los hechos? Nuevamente, hay una especie de inercia. A mi leal saber y entender, no estamos haciendo un seguimiento activo y apropiado de las historias de ese tipo. Si lo hiciéramos, hubiésemos descubierto esa historia. Alguien hubiera encontrado la forma de observar el sitio de Faluja desde el otro lado. Pero no fue así; en la BBC, no lo hicimos, y no sé de nadie más que lo haya hecho, aparte de los italianos, que son verdaderamente dignos de encomio.

  Las organizaciones humanitarias en Somalia, Irak y otras regiones donde es demasiado peligroso llevar a cabo actividades, buscan otros medios para llegar a las víctimas de la guerra, por ejemplo prestando más apoyo a los colaboradores locales. En el ámbito de los medios ¿también es necesario evaluar otras opciones para poder realizar la labor informativa en situaciones de gran peligro?  

     

Ha planteado un punto interesante, sobre el que me explayaré porque se relaciona exactamente con lo que estaba diciendo sobre Faluja. Si es demasiado peligroso para mí, o para alguien con un aspecto parecido al mío, estar en el terreno, ¿por qué no recurrimos a periodistas árabes? ¿Por qué no? ¿No pueden ellos contar la historia? ¿Quién puede trabajar para nosotros que esté en condiciones de hacerlo en ese lugar? Tenemos que encontrar otros medios. Sería suicida enviar a alguien como yo a Faluja en estos momentos. P ero ¿significa eso que nos quedamos sin cobertura periodística? ¿Y por qué todos los medios occidentales han esperado tanto para intentar encontrar una solución?

  Sin embargo, la gran mayoría de los periodistas muertos en Irak eran iraquíes. Uno no pierde la vida en Irak por ser una persona internacional. Uno pierde la vida porque está allí, con una cámara, en el lugar y en el momento equivocados.  

Pero eso se parece más a la situación que estamos acostumbrados a afrontar, sea en África o en cualquier otro lugar. Es el riesgo calculado que debemos correr. Lo que agudiza ese riesgo y lo hace diferente es que el precio por mi cabeza será mucho mayor que el ofrecido por los periodistas locales.

Nuestro problema son las restricciones físicas para llegar hasta la historia, no las presiones políticas. Yo estuve en Irak en las semanas que siguieron a la caída de Bagdad, y escribí artículos sobre las bombas racimo. Cuando llamaba a Londres, me preguntaban: " ¿Está absolutamente seguro de que los hechos de que informa son correctos? No creo que me hubieran hecho esa pregunta si se hubiese tratado de un atentado suicida. El nivel de atención es muy superior cuando uno informa de hechos y cifras posiblemente controvertidos y chocantes relacionados con las fuerzas de la Coalición. Pero, ¿es tan intenso como para que la gente prefiera no informar? No lo creo.

  Por lo tanto, ¿el verdadero problema es el peligro físico?  

¿Por qué no hice una película sobre el sitio de Faluja? Porque no quiero que me maten. Es muy sencillo. No importa quiénes son las personas sobre las que escribo ni lo influyentes que sean, porque puedo hacerles frente; pero no quiero morir.

Una de las cosas que aprendí no hace mucho –aunque parez ca que 45 años es una edad bastante avanzada para aprender esta verdad en particular– es que hay preguntas que no tienen respuesta. Hay situaciones que no tienen solución. Ustedes también transitan por caminos muy difíciles gran parte del tiempo.

  El CICR todavía guarda una actitud bastante conservadora con respecto a la prensa. ¿Cómo ve usted la relación entre los trabajadores humanitarios y los medios?  

     

Es curioso, pero, hace unos años, yo hubiera tenido una actitud más crítica con respecto al CICR. Cuanto más veo la estrecha relación entre los medios y las organizaciones no gubernamentales, tanto más admiro la actitud un tanto reservada y distante del CICR. Creo que es mejor para ambos. En muchas situaciones, los medios y las ONG se manipulan entre sí para salirse con la suya, y no me parece que, a largo plazo, eso sea positivo. Si un periodista estuviese trabajando en cualquier otro ámbito que no fuera el humanitario, consideraría que lo que hoy sucede es totalmente contrario a la ética: llega a un lugar, y efectivamente, una organización humanitaria le entrega una buena historia, servida en un plato; habla con el director del campamento de refugiados, y ya tiene listo el artículo. Puede que, gracias a este sistema, la ONG consiga fondos con rapidez, pero no creo que sea beneficioso para nadie a largo plazo: ni para las ONG, ni para los medios. Siempre terminamos por criticarnos mutuamente, a causa de esta relación intrincada. Reconozco que yo mismo he caído en esa trampa. Es necesario tomar distancia. El CICR merece más confianza porque los periodistas saben que no está buscando desesperadamente llamar la atención de los medios. Ustedes no necesitan la atención. Ésa es la diferencia.

  Un periodista señaló que no podía diferenciar entre la narración de la persona que contaba la historia, lo que decía la víctima, y lo que decía la ONG.  

Sí, el otro aspecto de lo que suele suceder, sobre todo en África, es que la narración está básicamente concebida por extranjeros. Se ve al periodista blanco hablando con el colaborador de la ONG, también blanco, contando la historia de los africanos. Eso no es bueno; acentúa los sentimientos de impotencia, de dependencia. Es sacar la historia de la boca de la gente y apropiársela. El viejo mito en el cual la cámara roba el alma del sujeto es más que un simple mito. En lo que respecta al CICR, dado que vivimos en una época saturada y obsesionada con los medios, la presión por que cambie y se adapte al entorno será muy fuerte. Pero si lo hacen, despídanse del trabajo que es más importante para su organización. Si emprenden ese camino, amigo mío, no habrá vuelta atrás. Ustedes lo saben, no estoy diciendo nada nuevo.

  ¿Quiere usted decir que no conviene arriesgar la legitimidad y la credibilidad incursionando en el mundo de la información continua?  

     

¡Así es! Hay otras formas de ejercer la moralidad que correr detrás de la publicidad. Mi forma de ver las cosas ha cambiado mucho. Antes, yo era mucho más preceptista; siempre estaba dispuesto a decir cosas como " Pienso que habría que hacer esto o aquello " . Ahora, simplemente pienso que la forma en que ustedes logran sus objetivos es un poco diferente, y por eso ha cambiado mi opinión acerca del CICR. Ya no me desespero por ir a los lugares donde los combates son más intensos. ¿Qué dicen muchos periodistas en sus artículos? " Se intensifican los combates, es terrible " . ¡Eso no es ninguna novedad! Cuando uno cae en esa trampa, es preciso darse cuenta y retroceder. Me incomodan las actitu des moralizadoras. Pero sigo creyendo firmemente en las cosas que siempre me han conmovido: los principios fundamentales de los derechos humanos, que me tocaron en lo profundo mucho antes de que lo hiciera el periodismo. 




Páginas relacionadas