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Editorial - Revista Internacional de la Cruz Roja, N.º 872

07-10-2009 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Toni Pfanner

En situaciones de guerra, los civiles siempre han participado en las hostilidades. En el reciente conflicto en Gaza, se desató una feroz controversia acerca de si Israel utilizó la fuerza en forma indiscriminada, pues la mayoría de las víctimas habrían sido civiles que no estaban armados. Israel se defendió afirmando que la mayoría de las víctimas eran combatientes de Hamas o civiles que hacían frente a las fuerzas israelíes. Durante la guerra en Irak, las milicias y otros combatientes sin uniforme desafiaron a la mayor potencia militar del mundo. En Afganistán, es difícil distinguir un afgano pacífico de un combatiente talibán, lo que suele terminar provocando la muerte de civiles. En Sri Lanka, doscientas cincuenta mil personas —combatientes de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil mezclados con la población civil— quedaron atrapadas en una zona de 250 kilómetros cuadrados en medio de intensos combates.

En todo conflicto interno, hay insurrectos que de día trabajan en el campo y de noche se transforman en combatientes. Los civiles combatientes que vuelven a ser campesinos pacíficos y piden protección pasando por una suerte de “puerta giratoria”, dificultan la capacidad de las fuerzas de oposición armadas de reaccionar eficientemente y pueden llevarlas a atacar, por error o en forma arbitraria, a la población civil.
 
     
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