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Golán ocupado: reunión de familiares separados

24-11-2010 Reportaje

Cientos de peregrinos drusos cruzaron del Golán ocupado a Siria propiamente dicha en septiembre, para visitar lugares santos, familiares y amigos durante una visita de cuatro días a Damasco. Este año, más de 220 mujeres —una cifra inédita— fueron autorizadas a cruzar y visitar a sus parientes. Dado que Siria e Israel no tienen relaciones diplomáticas, el CICR actuó como intermediario neutral, lo que permitió que 666 personas cruzaran la línea de demarcación.

     
 
   

         

A las ocho de la mañana, el primer autobús se detiene en el cruce de Kuneitra, que separa el Golán ocupado del resto de Siria. La puerta se abre, y sale un grupo de peregrinos drusos, todos sonrientes y hablando al mismo tiempo. Se saludan y conversan mientras van sacando sus bolsos del compartimiento de equipaje. Unos minutos más tarde, el grupo, conducido por el CICR, comienza a ponerse en movimiento para ir a reunirse con los familiares que los esperan del otro lado de la línea.

  Una reunión muy esperada  

Pese al buen humor reinante, cada una de esas personas tiene una historia de separación que ha marcado su vida y dejado una cicatriz en su corazón. Siham Kasem Abu Saleh está de pie cerca de su marido, protegiéndose del sol con una sombrilla amarilla y un pañuelo haciendo juego. Tenía quince años cuando vio por última vez a su hermano, en 1967. " Apenas terminó la guerra, yo iba a las montañas del Golán con un megáfono para hablar con mi hermano. Esta es la primera vez que se me autoriza a ingresar en Siria propiamente dicha desde entonces. Estoy tan emocionada de volver a verlo, pero mi alegría está teñida de tristeza, porque tengo cáncer. E s la primera vez que voy a verlo en 43 años, y tal vez sea la última.

Wessam Shebly Sabagh se fue de Siria propiamente dicha hace dieciséis años para casarse con su marido nacido en el Golán y, desde entonces, no ha vuelto a ver a su familia. " Recuerdo cuando el CICR me acompañó al Golán. Yo tenía sólo diecinueve años y llevaba puesto un hermoso vestido de novia. Estaba feliz de casarme, pero al mismo tiempo estaba dolida porque no sabía cuándo volvería a ver a mi familia. Mi padre murió hace un tiempo y no pude estar con él. Hoy el CICR me está acompañando de vuelta, pero esta vez estoy regresando a Siria propiamente dicha para ver a mis seres queridos y mis amigos. Mis lágrimas son de tristeza, pero también de profunda felicidad y gratitud. "

  Cuando los sueños se hacen realidad  

El calor de mediodía es intenso. Salha Mahmoud Al Saleh, de 69 años, se acerca en su silla de ruedas a uno de los colaboradores del CICR. Quiere asegurarse de que su nombre esté en la lista aprobada por los dos gobiernos. Esta será la primera vez en 43 años que regresa a Siria propiamente dicha. Está tranquila mientras habla de su hijo, al que no ha visto en 35 años. " Hace poco tuve que someterme a una cirugía de corazón, pero no sabía que finalmente me permitirían ver a mi hijo. Fue como un sueño hecho realidad cuando me enteré de que mi nombre estaba en la lista. Los médicos me dijeron que no hiciera un viaje tan arriesgado, pero sé que, más allá de lo que me pase, nunca más tendré la oportunidad de ver a mi hijo y abrazarlo " .

El cruce de Kuneitra en general está cerrado. Desde que los dos gobiernos suspendieron las visitas familiares sin restricciones en 1992, las autoridades de Israel y de Siria sólo lo abren en ocasiones muy especiales e incluso en esos caso s sólo permiten el paso de una lista de personas seleccionadas. Esto significa que la mayoría de los hombres y las mujeres del Golán no pueden albergar la esperanza de cruzar a Siria propiamente dicha hasta tanto se reanuden las visitas familiares sin restricciones. 

  De vuelta en casa  

Sulaf Adnan Shaalan, de 31 años, se sienta a la sombra de una carpa instalada para proteger a los peregrinos del sol abrasador del mediodía. Toma su teléfono móvil y murmura unas palabras, después se pone a llorar. Su hermana Fedaa, de 38 años, se acerca y trata de consolarla. Ambas nacieron en Damasco y se casaron con hombres nacidos en el Golán. Ambas tienen hijos. Tienen sentimientos encontrados de felicidad y remordimiento. Y, sobre todo, ansían abrazar a sus familiares, que las han estado esperando desde la mañana. Es la primera vez que regresan desde que se mudaron al Golán, hace once y dieciséis años. " Este es uno de los días más felices de mi vida; es tan difícil para nosotros poder verlos con frecuencia. No podemos creer que finalmente haya llegado el día de volver a verlos. "

Cuando llega el último autobús, ya ha pasado el mediodía. El calor y el cansancio se hacen sentir en las personas que todavía esperan para cruzar la línea de demarcación. Pero sus rostros se iluminan cuando piensan en los cuatro ansiados días que pasarán en Siria propiamente dicha, rodeados de sus seres queridos. Los otros habitantes del Golán, los que no han tenido la suerte de ser incluidos en las listas, deberán esperar a que vuelvan a autorizarse las visitas familiares sin restricciones.