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Haití: los niños discapacitados aprenden a disfrutar de la vida otra vez

15-11-2010 Reportaje

El terremoto que asoló Haití en enero de 2010 causó numerosas amputaciones. A fin de permitir que las personas amputadas recuperen su independencia, deben recibir sesiones de rehabilitación y cambiar periódicamente sus prótesis, sobre todo cuando se trata de niños. Olga Miltcheva conoció a tres pequeños haitianos que, tras haber vivido lo peor, aprenden a disfrutar de la vida otra vez.

     
    ©CICR/O. Miltcheva      
   
Blaurha y su madre adoptiva and Rachelle, en su casa, en Puerto Príncipe.      
               
    ©CICR/O. Miltcheva      
   
Jordanie (de 10 años) en la sesión de rehabilitación, unas semanas después de recibir su prótesis.      
               
    ©CICR/O. Miltcheva      
   
Diez meses después del terremoto, Jordanie and Alexandre (derecha) han redescubierto la alegría de vivir.      
           

" Ésta es mi mamá " , dice Blaurha, una niñita de dos años vestida como una muñeca, que besa cariñosamente a Rachelle, una joven sonriente. La escena es conmovedora. Sería casi trivial, si no fuera porque tiene lugar en el paisaje lunar de un distrito que ahora, quedó limpió de escombros tras el terremoto. Los jeans de Blaurha ocultan una pierna artificial; además, Rachelle no es su madre, sino su tía.

La madre de Blaurha murió bajo los escombros de su vivienda, abrazada a la niña. " Bajo el impacto del terremoto, el edificio se plegó como un acordeón y nunca imaginamos que habría sobrevivientes " , dice Rachelle.  " Tres días más tarde, un vecino oyó un ruido, algo como el maullido de un gato. Era Blaurha, la única sobreviviente, que había escapado a la muerte por milagro " .

Afectada por la pérdida de varios miembros de su familia y de su casa, Rachelle sólo guarda recuerdos fragmentarios de ese período. Recuerda que el cuerpo de la niña estaba ennegrecido por las infecciones, y evoca la frenética carrera por encontrar asistencia médica. Aunque ya tenía tres niños a su cargo, decidió acoger a Blaurha en su nuevo hogar: dos habitaciones con las paredes agrietadas, que 15 personas comparten en medio de las ruinas.

  La importancia de los controles ortopédicos  

Dos veces al mes, Rachelle lleva a Blaurha por el largo camino que conduce a uno de los pocos centros de ortopedia en Puerto Príncipe, una sede provisional organizada como medida de emergencia por las organizaciones Healing Hands for Haiti y Handicap International , que el Fondo Especial del CICR en favor de los discapacitados reconstruirá, volverá a equipar y ayudará a mantener durante los próximos cinco años.

Estos controles son importantes, puesto que Blaurha tendrá que aprender a caminar con su prótesis, la cual, a medida que Blaurha crezca, deberá reemplazarse o ajustarse. Diez meses después de su amputación, Blaurha ya va por la tercera prótesis.

En el mismo centro ortopédico, Alexandre, un alegre niño de cinco años, que espera junto a su madre y su hermanita, empieza a impacientarse. Al igual que Blaurha, Alexandre es una de las víctimas del terremoto. Sobrevivió después de pasar muchas horas bajo los escombros. Un técnico está ajustando su prótesis. Alexandre explica que la prótesis le causaba dolores.

De pronto, su rostro se ilumina al ver a otro niño desplazándose sin vacilar por una escalera especialmente diseñada para la rehabilitación. " Aunque sea mayor que yo, es mi amigo " , dice Alexandre.

Jordanie, el amigo de Alexandre, tiene diez años. El terremoto no sólo lo dejó sin madre y sin casa, sino que también le robó una pierna. Diez meses después, sigue viviendo en una carpa. Unos colaboradores humanitarios repararon en él, en un campamento para personas desplazadas. Recibió la prótesis hace poco tiempo, pero ya se está esforzando por jugar al fútbol con los otros niños.

  Los sueños de los niños  

     

Aunque su prótesis es pesada, Blaurha camina con aire decidido detrás de su juguete. " Realmente me gustaría que Blaurha llegue a ser médica o abogada. En todo caso, que sea una mujer fuerte, porque necesitamos mujeres así en Haití " . Rachelle tiene esperanzas y, pese a las dificultades cotidianas, se muestra optimista con respecto al futuro de Blaurha.

A Alexandre le fascinan los músicos, mientras que Jordanie cree firmemente que, algún día, llegará a ser un gran jugador de fútbol. Diez meses después del terremoto, los tres niños han redescubierto la alegría de vivir, aunque todavía se sobresaltan al escuchar un trueno o el sonido de un camión que pasa. La minusvalía física continuará, pero, mientras tengan acceso a los servicios ortopédicos adecuados, tendrán la oportunidad de crecer con independencia y, tal vez, de convertir sus sueños en realidad.