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Irak: remoción de bombas para evitar peligros en el campo

23-11-2010 Reportaje

Cuando las armas enmudecen, los civiles suelen quedar ante una terrible decisión: cultivar una tierra sembrada de municiones sin estallar o no comer. Los expertos del CICR en la cuestión de contaminación por armas recientemente eliminaron las municiones sin estallar de un poblado del noroeste de Basora, en el sur de Irak. Una de las familias habló con nosotros y nos contó cómo es vivir con ocho niños en un campo plagado de bombas.

     
©CICR/S. Jovanovic /iq-e-00969  
   
Kesra, distrito de Amara, gobernación de Missan, Irak. Haji Jassim Mohammed Asmar cuenta su historia al coordinador de comunicación del CICR. 
               
©CICR/S. Jovanovic/ 
   
Kesra, distrito de Amara, gobernación de Missan, Irak. Algunos de los familiares de Haji Jassim. Ahora que su campo está limpio de municiones sin estallar, la familia y el ganado pueden ir y venir con total seguridad. 
               
©CICR/ G. Leite Piccolo / iq-e-00970 
   
Kesra, distrito de Amara, gobernación de Missan, Irak. Sesión de información sobre el peligro que conllevan las municiones sin estallar organizada conjuntamente por el CICR y la Media Luna Roja de Irak. 
               
©CICR/ S. Jovanovic / iq-e-00971 
   
Gobernación de Missan, Irak. Municiones sin estallar eliminadas por el CICR. En el campo de Haji Jassim, había 118 dispositivos letales de este tipo. 
               
©CICR/K. Sigfusson  
   
Distrito de Amara, gobernación de Missan. Un equipo del CICR elimina las municiones sin estallar. 
           

Haji Jassim Mohammed Asmar, de 63 años, es de Amara, una localidad del sur de Irak. Él y su familia ampliada se mudaron de Kesra en 2003 y se instalaron en una casa a unos pocos kilómetros del poblado. La familia ampliada está integrada por Haji Jassim, su esposa, tres de sus hijos, ya adultos (un hijo y dos hijas), y sus ocho nietos. Una de sus hijas perdió a su marido durante la guerra y regresó al hogar paterno con sus tres hijos, mientras que la otra hija entraba en el noveno mes de embarazo cuando el CICR se reunió con ella en octubre de 2010. El hijo de Jassin está detenido en Missan.

" Vivimos de forma muy simple, pero aun así nos cuesta llegar a fin de mes " , explica Jassim. La vivienda no tiene agua, y pagan unos 5.000 dinares iraquíes (cerca de 4 dólares) por el suministro correspondiente a una semana. " Sabíamos que había municiones sin estallar en el suelo antes de mudarnos, pero no teníamos opción. Tratamos de enterrar las que fuimos encontrando, y sabíamos cómo desactivar algunas. Hacerlo fue un riesgo para nosotros, pero gracias a Dios ninguno resultó herido. Yo no permitía que los niños jugaran aquí, tenían que quedarse cerca de la casa, lejos del campo. "

Los expertos del CICR en materia de contaminación por armas evaluaron la zona en junio y comenzaron las tareas de remoción poco después. Al cabo de cuatro días, el equipo declaró que el campo de la familia era seguro; eliminaron 118 bombas y municiones sin estallar.

Limpiar las tierras ha significado mucho para la vida de la familia. " El CICR nos ha sacado un gran peso de encima. Cuando les conté que a veces nosotros mismos desactivábamos algunos dispositivos, nos dijeron que habíamos hecho algo muy arriesgado. Nos mostraron el peligro de esos objetos, y me di cuenta de que habíamos tenido mucha suerte de no resultar heridos. "

Haji Jassim sonríe al ver a los niños correr. " Ahora que han quitado esos objetos, mis nietos pueden jugar en el campo, y me siento mucho más seguro cuando llevo las ovejas a pastar " . Y agrega: " El CICR tiene que hacer lo mismo para otras personas, porque esas armas pueden causar mucho sufrimiento. Las familias sólo quieren saber que sus niños y su ganado volverán del campo sanos y salvos. "