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Ruanda: uso de desechos como fuente de energía en las cárceles

30-11-2010 Reportaje

En las cárceles de Ruanda, los tanques sépticos representaban un riesgo sanitario cada vez mayor. Ahora, gracias a un proyecto del CICR, los desechos humanos se convierten en biogás, que se utiliza como combustible en las cocinas de los lugares de detención.

     
©CICR/H. Kamugisha 
     
Cárcel de Nsinda, Ruanda. 
           

La población penitenciaria de Ruanda se estima en unas 68.000 personas. Con los años, las condiciones de vida de los detenidos han mejorado significativamente. Sin embargo, el uso de tanques sépticos para eliminar los desechos humanos representaba un riesgo sanitario cada vez mayor, tanto para los detenidos como para el personal penitenciario.

" Durante muchos años, el CICR asumió el papel de las autoridades penitenciarias en cuanto a satisfacer las necesidades básicas de los detenidos, como la nutrición, el abastecimiento de agua y el cuidado de la salud " , dijo Christoph Hartmann, jefe de delegación del CICR en Ruanda. Por esa razón, era lógico que el CICR interviniese también en este ámbito. Rápidamente, se encontró una solución: los desechos humanos constituyen una abundante fuente de energía, una vez que se convierten en biogás.

En 2005, se puso en marcha un programa para la construcción y la renovación de sistemas de biogás en varias cárceles de Ruanda. El CICR es el principal contratista de estos proyectos y trabaja junto con el Ministerio del Interior, del cual dependen el Servicio Penitenciario Nacional y las 14 cárceles más grandes del país.

Entre 2005 y 2010, el CICR ayudó a construir sistemas de biogás en los siguientes centros de detención: Gikongoro, Gitarama, Remera y Nsinda. Otro proyecto de este tipo se acerca a su etapa final, en la cárcel de Miyove.

Ahorrar madera

El sistema de biogás en la cárcel de Nsinda empezó a funcionar en julio de este año y ofrece dos importantes ventajas: mejora la higiene de la zona contigua a la cárcel y propo rciona parte de la energía necesaria para cocinar los alimentos de los 12.000 reclusos de esta unidad penitenciaria. " Estos sistemas reducen en al menos un 30% la cantidad de madera que normalmente se usa para cocinar en las cárceles " , dice Wellars Ndutiye, encargado del programa Agua y Hábitat del CICR en Kigali. En Nsinda, el sistema suministra el combustible necesario para hacer funcionar 12 cocinas a biogás.

Los sistemas de biogás representan una solución alternativa para la producción de energía a largo plazo, que podría reducir gradualmente la presión sobre los recursos forestales de Ruanda. Pero eso no es todo. En las cárceles de Cyangugu y Butare, la experiencia ha demostrado que, además de biogás, los sistemas producen desechos líquidos y compost, que pueden utilizarse como abono para la tierra.

Un hombre habla por sí y por todos los reclusos, en la cárcel de Nsinda: " Este nuevo sistema mejora nuestras condiciones de vida, ya que la cárcel y la zona que la rodea están más limpias. Han desaparecido casi todos los olores y hay menos insectos. Hay menos humo en la cocina, y podemos comer todos los días " .

El CICR aportó los fondos necesarios para abonar la mitad del trabajo de construcción, que fue realizado por ingenieros del Instituto de Ciencia y Tecnología de Kigali. Las obras fueron supervisadas por el CICR y el Servicio Penitenciario Nacional.

Dijo Christoph Hartmann: " En éste y otros ámbitos, el CICR en Kigali se propone transferir conocimientos técnicos y capacidades a las autoridades penitenciarias, a fin de fortalecer el apoyo estructural a largo plazo " .

     
 
     
    Entre enero y septiembre de 2010, el CICR realizó 150 visitas a 61 lugares de detención en Ruanda, entre ellos cárceles, comisarías, prisiones militares, campamentos militares y campamentos de desmovilización. Se aloja en estos centros de detención un total de 68.000 reclusos.     Los delegados del CICR prestan apoyo a las autoridades penitenciarias en sus esfuerzos por responder a las necesidades de las personas detenidas en lo que respecta a las condiciones de higiene y de salud, las cocinas de las cárceles y el acceso a la atención primaria de la salud. Se presta particular atención a grupos de personas vulnerables como los menores, las mujeres, los niños pequeños, los ancianos, los detenidos a la espera de juicio y los que alegan ser extranjeros.     El CICR comparte sus observaciones con las autoridades carcelarias mediante el diálogo confidencial.