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Azerbaiyán: protección contra las balas perdidas

10-06-2011 Reportaje

Para los habitantes de la aldea de Gapanli, cuyas viviendas están cercanas a la línea de contacto entre los ejércitos de Armenia y Azerbaiyán, el miedo constante a las balas perdidas forma parte de la vida cotidiana. Ahora, un programa del CICR está ayudando a que las condiciones de vida sean más seguras.

     
©CICR 
   
Lala en la entrada de su casa, ahora protegida contra las balas perdidas. 
           

Pese al acuerdo de cese de las hostilidades firmado en 1984 por Armenia y Azerbaiyán, los ejércitos de ambos países siguen disparándose casi a diario en la línea de contacto, por lo que la vida de los habitantes de la aldea de Gapanli, en el distrito azerbaiyano de Barda, se ha vuelto intolerable.

Lala es habitante de esa aldea y, a continuación, relata su triste historia.

“Me casé en 1987, una hermosa mañana de primavera. La brisa acariciaba el prado, y toda la aldea de Gapanli vino a la celebración de mi boda. Uno de mis mejores recuerdos de ese momento es que pasamos horas y semanas fabricando ladrillos para construir nuestra casa. Poco a poco, la fuimos levantando y, a comienzos de 1988, pudimos mudarnos. Dos meses después, estalló la guerra.

Mi casa se hizo famosa porque es la última de la aldea, apenas a unos pocos metros de la línea de contacto.

La casa fue tomada por soldados enemigos y luego recuperada por nuestros soldados; después, una vez más, la tomaron los enemigos, la saquearon, la desfiguraron y, finalmente, la desocuparon. En todo ese tiempo, me fui de la aldea por sólo 22 días, a buscar refugio a Yevlakh. Mis hijos nacieron allí. Cuando mi hijo Elchin dio sus primeros pasos, me puse a llorar, porque debería haber aprendido a caminar en Gapanli, no en Yevlakh.

Cuando la aldea fue liberada, regresamos a nuestra casa. Estaba transformada y vacía, pero seguía siendo nuestra casa. Hubo muchas noches en las que no pude dormir por los disparos, pero nunca pensamos en irnos. Mi vida y mi destino están profundamente conectados con mi casa, con cada u no de los ladrillos que fabricamos.

Cuando las condiciones de seguridad son más o menos buenas, llevamos las vacas a pastar a la colina. Pero los disparos nos obligaron a reacomodar la casa y, básicamente, terminamos viviendo en el cuarto más alejado de la línea de contacto. Cuando los disparos se vuelven muy intensos, tenemos que salir por la ventana trasera y escondernos en el sótano.

Cuando los colaboradores del CICR llegaron en noviembre pasado, yo sabía que nos iban a escuchar. Todos estos años de entrar y salir nos han desgastado; hemos tenido que pasar noches enteras sentados en la oscuridad; las balas han dejado su huella en las paredes de la casa y las ventanas rotas. Y el miedo. Una se cansa. Y es triste pensar en el pasado, cuando las personas que viven del otro lado eran nuestros amigos y vecinos. No lo deseo esto a nadie, y agradezco mucho al CICR lo que ha hecho por nosotros. "

  Mejorar las condiciones de seguridad  

En colaboración con la Cruz Roja Británica, el CICR está conduciendo un programa, al que se han asignado fondos por dos millones de dólares de EE.UU., para ayudar a las personas a recuperar la autonomía y para refaccionar el sistema de agua y saneamiento a lo largo de toda la línea de contacto. Al realizar una evaluación de las necesidades en el marco de ese programa, el CICR encontró la casa de Lala.

" No teníamos planeado este proyecto, pero vimos la casa y hablamos con Lala y otros pobladores y decidimos que teníamos que hacer algo " , dice Joanna Burton, delegada de seguridad económica, respaldada por la Cruz Roja Británica, que trabaja en la oficina del CICR en Barda.

El equipo decidió refaccionar la casa para proteger a Lala y su familia. Ahora, una pared de p iedra protege la entrada. Las ventajas que daban a la línea de contacto fueron tapadas y reemplazadas por nuevas ventanas que se abrieron del lado seguro.

" Los vecinos de Lala han estado preocupados por ella; nos han ayudado mucho, y el proyecto los ha entusiasmado. En particular, nos ayudaron a encontrar los materiales de construcción más económicos " , continúa Joanna. " Es el primer proyecto de este tipo. Es simple y no es caro, pero puede mejorar significativamente las condiciones de vida. Hemos estado evaluando si otras personas tienen necesidades similares y cómo podemos ayudarlas. "

Lala está muy satisfecha con los cambios realizados en su casa. " El lugar es mucho más acogedor que antes. Incluso podemos mirar televisión a la noche. "